BLUES: JOHN MAYALL´S BLUES BREAKERS

Por SERGIO MONSALVO C.

“Me conozco, porque conozco la música que me gusta. Eso es todo lo que sé”. Aunque lo parezca, quien dijo esto no es un personaje de ficción, sino alguien tan concreto y transparente como John Mayall: el padrino del British Blues, con todos los derechos. Este hombre de la música creó su autorretrato y su razón de ser a partir del sonido que lo formó: el blues.

Una afirmación como la anterior no es nada desdeñable en un mundo desencantado, al contrario, es el producto de la búsqueda, del encuentro y del desarrollo de una filosofía íntima que se volvió pública e histórica, cuyos frutos se encuentran por doquier, y tras su fallecimiento (en julio del 2024) a los 90 años de edad y en activo.

Tener plena conciencia de la identidad a corta edad brinda todas las posibilidades en el propio campo de acción. Y más cuando tu primera manifestación en él se convierte en un clásico imperecedero y te lo confirma.

De esta manera la naturaleza le proporcionó a Mayall la inteligencia y la brillantez expresiva para ser un Maestro, un guía genérico y también el buen ojo (u oído) para escoger a sus pupilos en sus diversas etapas de desarrollo como tal y hacer de ellos, a la larga, también estrellas y grandes ejemplos. Bajo circunstancias así varias oleadas de escuchas se identificaron con sus hechuras y no dejan de evocarlo cuando la ocasión se presenta.

Mayall hizo grandes álbumes durante un par de décadas y escribió con ello historias inmortales sobre ese lenguaje hermoso y conmovedor que es el blues. Para que su forma de describir los sentimientos y las emociones, así como la disposición del espacio para que los acompañantes y sus virtuosismos fueran inmediatamente reconocibles.

Este guitarrista, armoniquista, tecladista, compositor, cantante y, sobre todo, líder de banda representa el estilo, la profundidad y la lucidez de una generación allende el Atlántico, que supo comprender y fundir en su experiencia vital tal música afroamericana, que en su propia tierra no tenía aprecio alguno a mediados de los años sesenta.

Aquel primer disco que se volvió clásico en la historia del blues y del rock con su mítico grupo The Bluesbreakers y, con él, la de Eric Clapton, como el primero de un impresionante listado de nombres que harían historia con esta banda y con las que irían a integrar después del paso por la Universidad Mayall.

John fue un hombre fogueado en las visicitudes de la vida. Nació en 1933, en Macclesfield, un pequeño pueblo inglés cercano al centro industrial de Manchester. Era el mayor de tres hermanos de una familia de clase obrera, que a pesar de las muchas limitaciones creció escuchando la colección de jazz de su padre, reunida con muchos esfuerzos, para a final de cuentas ser seducido por el blues.

Con los ecos de músicos como Leadbelly, Albert Ammons, Pinetop Smith y Eddie Land, a los 13 años se convirtió en autodidacta gracias al piano de un vecino, a guitarras prestadas y a armónicas usadas.

El tiempo que siguió dedicó sus esfuerzos a estudiar en una escuela de arte, luego pasó tres años enrolado con la Armada inglesa en Corea y, a la postre, desarrolló una carrera como diseñador gráfico. El blues se mantuvo en segundo plano hasta que se decidió por él como forma de vida. De 1956 a 1962, lideró dos formaciones semiprofesionales: The Powerhouse Four y The Blues Syndicate.

Estaba con este último grupo cuando la banda de Alexis Korner, Blues Incorporated —pionera de lo que se habría de llamarse el «boom del blues británico» junto a otras agrupaciones encabezadas por Chris Barber, Cyril Davis, Acker Bilk, Graham Bond y Lonnie Donegan—, pasó de gira por su ciudad. Tras conocerlo, Alexis lo animó a viajar a Londres donde, dada su calidad y argumentos artísticos, pronto se aseguró trabajo en los clubes, donde el impulso del blues (con tintes rockeros) por parte de los nacientes Rolling Stones comenzaba a atraer a mucho público.

Ya como músico profesional, Mayall reunió en torno a sí a Roger Dean (en la guitarra), John McVie (al bajo) y Hughie Flint (en la batería), los primeros nombres de un gran catálogo de futuras estrellas bajo el nombre de Bluesbreakers (el cual terminó su andar en el 2008 con su disolución definitiva).

Con esta formación se presentó en el circuito de clubes de la capital británica que acogían a grupos cada vez mejores, más compenetrados con la música afroamericana, y a los seguidores de tal culto que pronto rebasaría la élite y alcanzaría a un público mayoritario tanto en la Gran Bretaña como en la Unión Americana, paradójicamente.

Con los primeros Bluesbreakers, Mayall grabó en 1965 otra rareza en el medio, un disco en vivo en el club Klooks Kleek que fue editado por la compañía Decca. Los detalles a destacar: la combinación de versiones (lo regular) y temas propios de  John, quien desde entonces se caracterizó por ello —la pieza descollante del LP era de su autoría: “Crawling Up a Hill”—. Asimismo, mostró sus amplios conocimientos bluesísticos; sus dotes como director tanto como motivador para sacar lo mejor de sus integrantes.

Sin embargo, John —consciente de las influencias que tenía del guitarrista T-Bone Walker— buscó otra directriz. Había seguido de cerca las actuaciones de Eric Clapton con los Yardbirds y al saberlo liberado de compromisos despidió a Dean e invitó a aquél a formar parte de su grupo, uno que tocaba blues puro, clásico: el único pan que pedía el ex Yarbird en esa época.

Clapton aceptó la invitación y de inmediato pusieron manos a la obra. Eric se aprendió el repertorio y con él una mayor paleta sonora, que a su vez le amplió el horizonte a sus cualidades intrínsecas. Tanto que seguidores extasiados por sus siguientes actuaciones en los clubes Ricky Tik y Flamingo señalaron su advenimiento en las paredes de la ciudad: «Clapton es Dios».

Sabido es que los muros citadinos son las hojas donde escribe la conciencia urbana. Ahí se encuentran las sentencias sobre el acontecer social, político y amoroso o acerca de la identificación de los habitantes. No obstante, jamás se habían utilizado para citar por su nombre a las deidades profanas. Surgía de la pintura grafitera el grito por un nuevo héroe, uno que enarbolaba la guitarra como su artilugio mágico y poderoso. Un mito moderno iniciaba su carrera hacia el Olimpo, los dioses antiguos aún dormían y no escucharon el clamor.

Pero John Mayall sí. Y prestando atención a sus oídos y a su ojo clínico, decidió que luego de tres meses de andanzas y ensayos era el momento idóneo para entrar en los estudios de grabación. Eric estaba poseído por el espíritu de la música y no era cosa dejarlo pasar. Corría el mes de mayo de 1966. El productor sería Mike Vernon, exdirector de una revista de r&b, quien se estaba creando una carrera como tal y ansiaba solidificar su estancia en Decca Records.

Eric había recibido cátedras enteras sobre el blues a cargo de Mayall. La experiencia, sabiduría en la materia, información, discografía y actitud ante la música le habían ganado el respeto del joven hambriento de conocimiento. Clapton hizo de John su mentor; y de los más recientes expositores de la escuela de Chicago (Freddie King, Otis Rush, Buddy Guy, entre otros), sus nuevos paradigmas.

Así que para la aventura con Mayall y los Bluesbreakers en el Studio 2 de la compañía, se compró una guitarra Gibson Les Paul Sunburst de segunda mano, modelo con el que había visto fotografiado a Freddie King en una revista. El uso del instrumento lo quiso combinar con un amplificador Marshall que le proporcionara el sonido deseado para las sesiones: un tanto distorsionado, cremoso y con cuerpo, perfecto para su estilo en la slide.

Vernon se comportó como un verdadero productor, dejó que los artistas hicieran lo suyo —incluso cuando vio la colocación que Eric le daba al micrófono frente a su amplificador— mientras él registraba con toda fidelidad lo creado a niveles y límites de volumen sin precedente. Había aprendido la lección viendo cómo Jimmy Page produjo el sencillo del grupo, “I’m Your Witchdoctor”, del que extrajo todo el crudo poder de la banda, ya con Clapton en la guitarra.

La selección del repertorio no les llevó tiempo, sería el mismo de sus últimos sets en los clubes: apropiadas versiones de Otis Rush, Freddie King, Ray Charles y Moose Allison, entre ellas. Un muestrario en el empleo de diversas sonoridades, combinadas con temas originales de John. Sólo un tema llevó la firma de Clapton, al alimón con Mayall: “Double Crossing Time”.

Mayall hizo gala de orquestación e inspirado liderazgo: hubo piano, órgano y armónica (bajo su brillante peculio), solos de batería (a cargo de Flint), bajos presentes  y ampulosos (con John McVie), un uso discreto, justo y preciso de los metales; puso en relieve la guitarra de Eric y lo instó a cantar por primera vez en “Ramblin’ On My Mind”, pieza con la que nació el largo idilio musical entre éste y Robert Johnson (su influencia definitiva).

El resultado fue Blues Breakers with Eric Clapton, una obra maestra, única en el tiempo, ejemplar en el posterior desarrollo del blues blanco, quizá el mejor disco de blues británico de todos los tiempos. Piedra de toque del blues-rock cargada de espontaneidad, sentimiento y dureza, tanto como de parámetros para la ingeniería de sonido y el uso del amplificador como otro instrumento.

Su influencia resultó tan expansiva como para llegar a los Estados Unidos y al mismísimo Jimi Hendrix, quien al arribar a las tierras de Albión lo primero que quiso fue obtener para sí un amplificador Marshall y comenzar su propia leyenda.

John Mayall fue el maestro ideal para Eric. Le mostró sus capacidades y le amplió el campo de visión dónde desarrollarlas. Lo ilustró con nombres y escuchas. Le enseñó la templanza y a confiar en sí y en sus raíces cada vez que perdiera el rumbo. Eric, a su vez, fue un discípulo estudioso y disciplinado que supo aquilatar la instrucción y el talento que poseía.

Ambos se compenetraron a la perfección, quizá sabedores que lo único con lo que no contaban era con tiempo. John tenía sus metas y su grupo; Eric las primeras también (exponer lo aprendido con su propio material, con sus particulares ideas y espacios, producto de músicas ignotas), pero buscaba lo segundo. La separación fue cordial y plena de buenos deseos para ambos.

Los Bluesbreakers serían a partir de entonces un semillero inacabable de buenos discos de blues, de músicos de todas las especialidades, con Mayall como guía visionario. Eric se convirtió en el primer héroe de la guitarra, con el tan ansiado carisma mediático, además.

El espíritu revolucionario de aquel lapso de tiempo aspiraba a la permuta en todos los órdenes de la vida, y en cada aspecto resultaba fundamental encontrar idearios, conceptos, que respaldaran en teoría las realizaciones concretas de cada campo. Lo que estaba claro era que la actitud tenía que ser de conceptos totales. La que buscaba una nueva visión del mundo, en cada una de sus áreas. La que fundamentaba el cambio. La música lo hizo desde sus raíces. La de John Mayall fue un semillero conceptual.

John Mayall no solo tuvo el mérito de ser una de las ramas principales del árbol genealógico del rock. También fue uno de los responsables de la expansión del blues más allá de los límites del purismo (fue el primer experimentador de un género al que ha construido y deconstruido a voluntad estética, incluida la grabación de un disco con el sólo).

En su larga trayectoria pasó por distintas épocas, como buen artista: del blues-rock británico (con el fuerte ascendente del Chicago Sound), al blues acústico, a la fusión  con el jazz, al unplugged (sin baterista), al blues de metales (swing y jump), al uso del violín (de tonos country), de coristas y de vuelta al blues de raíces, como solista y así sucesivamente.

Un registro más amplio de los integrantes que pasaron por el grupo en alguno u otro momento es el siguiente: Eric Clapton, Peter Green, Jack Bruce, John McVie, Mick Fleetwood, Mick Taylor, Don “Sugarcane” Harris, Harvey Mandel, Larry Taylor, Aynsley Dunbar, Hughie Flint, Jon Hiserman, Dick Hekstall-Smith, Andy Fraser, Dave Navarro, Johnny Almond, Walter Trout, Coco Montoya y Buddy Whttington, entre otros.

Es por eso una de las figuras blancas más importantes, si no la más, del blues moderno (fue su primer bluesman), de gran auge a partir de los años sesenta del siglo XX. Siempre tocó tal música, pero revistiéndola cada vez de una envoltura distinta, al punto de en ocasiones volverla irreconocible, logrando así además mantenerse en la escena durante seis décadas con una discografía de alrededor de cincuenta grabaciones. Por todo ello a John Mayall le sobran los epítetos.

VIDEO: All Your Love – John Mayall’s Blues Breakers, YouTube (WASPQueen)

TIEMPO DEL RÁPSODA: ALL BY MySELFIE (TEXTO VIII)

Por SERGIO MONSALVO C.

(TEXTOS)*

VIII

Siempre me pregunto

si esto tiene sentido

La cuestión se mantiene

frente a cada figura que veo

del tipo que fui

¿Hay distancias marcadas

entre el descubrimiento

y lo que no lo es?

Como hecho ambivalente

creo que el selfie

puede devolver confianza

con su visión

pero también puede esconderla

para no encontrarle

sentido al ser y estar

Asumo que se aloja ahí

para datar de lo que significa estar

y con ello mostrar también

ser un singular tipo de locura

en el que se mistifica la propia imagen

*Las imágenes que acompañan los textos son parte del libro de fotografías All By Myselfie, de Sergio Monsalvo C., publicado por la Editorial Doble A y, de manera completa y seriada, en el blog Con los audífonos puestos.

All By MySelfie

(Poemario)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2023

LIBROS: BLUE MONK Y OTRAS LÍRICAS SENCIJAZZ*

Por SERGIO MONSALVO C.

(POEMARIO)

bluemonk

naciste con dedos visionarios

          que lo invisible y extraño

                                                  /atan

volviste por más de veinte mil días

          hasta que el tiempo rondó

                                                  /tu medianoche

nos contaste el momento del regreso

          sus maravillas instantáneas

                    /y juraste sobre la vida

de una música continua

          hiciste el saber puro

 con tu improvisar-peregrinaje/

          di dónde está el pasado

o a quién le clavó la garra el diablo

          muestra tus sonidos y sus cuerpos/

tan lejos de nosotros que los anhelamos

          por ser nuestros

inteligencia y atmósfera/

          te debemos el acercamiento

          su fuerza y sus sentidos

aleación del todo/

          los cielos infieren en el hombre

          al imprimirse sobre el aire

y un alma se vierte en otra/

          pidiendo auxilio al cuerpo

                    son necesarios tus dedos monk

                              para ordenar este concierto

*Texto extraído del libro Blue Monk, publicado por la Editorial Doble A.

Blue Monk

y otras líricas sencijazz

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

México, 1994 (primera edición), 1997 (segunda)

CONTENIDO

It’s Always You

Blues

Tuxedo’s

Balada

Ornette sabe

Impresiones

Invitación al viaje

Brass band

Para salvar ahogados

Con Lionel de fondo

Hawk

Shirley

Tan cerca, tan lejos

Ojalá hubieras estado ahí, conmigo

Jazzmatazz

Un violín para el deshielo

Ángel desolado

Riley b.

A saxofón abierto

Bobby’s beat

Mingus ordena

Bluemonk

Montreux

Historias de Nueva York

Plegaria al sax

p.h.

Blackbird

Atypical

Rave

Sun o ra

A orillas de los clochards

Batacas y vocablos

4 del sax

*Todos los textos del libro Blue Monk, de la Editorial Doble A, han sido publicados de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos, bajo tal rubro.

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/VIII)

Por SERGIO MONSALVO C.

Lo único seguro es que la mayoría de los músicos revolucionarios genuinos, esos que encontraron el sentido de sus vidas en la sublevación, nunca terminaron como aquellos a quienes combatieron. A veces también murieron jóvenes (la revolución siempre devora a sus hijos), pero la mayoría de las veces acabaron como locos iluminados, con su propia existencia mal asegurada y una afición especial por lo marginal.

JOHN COLTRANE

La conducta revolucionaria es a menudo la más constructiva de todas las conductas sociales, porque constituye una afirmación del derecho del individuo a existir como tal en una estructura colectiva.

El artista revolucionario presenta una visión de algo que puede ser mejor de lo que es, sobre la base del respeto a la libertad.

John Coltrane fue el primero que mostró esta capacidad en el jazz: tocar de manera multifónica, simultánea, varias notas o varios sonidos; la práctica de combinaciones rítmicas asimétricas, independientes de la pulsación básica, así como la elaboración de un sistema increíblemente sofisticado de acordes de sustitución.

Coltrane amplió de forma prodigiosa la extensión de su instrumento, el sax soprano; de las diferentes texturas que era capaz de extraer de él y de la cualidad humana de su sonido. Sobrepuso una serie de complicados acordes de paso y proyecciones armónicas sobre estructuras armónicas ya complejas.

Estaba dispuesto a tocar todas las notas posibles, a recorrer sonido a sonido, hasta sus últimas consecuencias, cada acorde con el que se enfrentaba, a buscar escalas, notas y sonidos imposibles en el sax, que parecía a punto de estallar de tanta tensión. El estilo modal de interpretación.

VIDEO: John Coltrane – A Love Supreme, Pt. IV – Psalm…), YouTube (JohnColtraneVEVO)

LIBROS: ASAMBLEA DE POETAS JÓVENES DE MÉXICO

Por SERGIO MONSALVO C.

(ANTOLOGÍA)*

“México ha sido siempre tierra de poetas, pero la situación actual no tiene paralelo histórico. Hay unos 600 poetas jóvenes que han empezado a publicar después de nuestras antologías. Poesía en movimiento(1966), Poesía joven de México(1967) y Ómnibus de poesía mexicana(1971). Esta Asamblea de poetas jóvenes de Méxicoreúne a 164 nacidos entre 1950 y 1962.

“El concepto de asamblea, el método para reunirla y presentarla, han sido creados para un caso sin precedentes: una explosión de la población poética que, como fenómeno de conjunto, rebasa los marcos ordinarios de la crítica y resulta difícil de apreciar.

“Desde mediados del siglo XIX, hay un crecimiento sostenido de la poesía mexicana, una tradición creadora, una autonomía y originalidad que México no ha logrado en muchos campos (artísticos, intelectuales, científicos, económicos, deportivos). No hay razón alguna para suponer que esta tradición vaya a interrumpirse. La abundancia, la juventud, cierta falta de oficio, algunos cambios de gusto, la dispersión de grupos y publicaciones, hacen confuso el panorama. Pero de la abundancia quedarán las excepciones, el tiempo corre, el oficio se adquiere: la confusión oculta una explosión de salud”.

*Contraportada del libro Asamblea de Poetas Jóvenes de México. Publicación en la que incluyeron dos textos míos en la página 107.

“ALGUNA VEZ”

Alguna vez realizaré

ese sueño conmovedor

de amarte

diciendo todo

sin decir nada

delatándome

besando tue labios

modulando bajo el cielo

el gran himno del amor

al lento compás de las caricias

ascendiendo cálidamente

desde mi prisión terrena

hacia la belleza de tu noche

“CONFESIÓN EXTEMPORÁNEA”

Anoche

quise burlarme de mí

y me salió una risa débil, enferma

De pronto

me vi invadido de una esperanza absurda

Indudablemente

te has convertido

en mi nostalgia favorita

Asamblea

De Poetas Jóvenes

De México

Presentación de Gabriel Zaid

Siglo XXI Editores

México, D.F., 1980

pp. 290

BABEL XXI-798

“PERSONAL JESUS”

(EN VARIEDAD DE TALLAS)

Por SERGIO MONSALVO C.

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

LOS RECOMENDABLES: WATI (AMADOU AND MIRIAM)

Por SERGIO MONSALVO C.

El matrimonio de músicos invidentes formado por Amadou y Mariam sólo toca en los estadios más grandes allá en su país, Mali. Pertenecen a los pocos intérpretes del África Occidental que han rebasado las producciones en cassette para convertirse en estrellas, aunque sea a nivel continental.

Su accesible mezcla de acordes regionales con el funk, soul, blues y jazz, tiene todo el potencial para el hit, por lo que una compañía como Universal se fijó en ellos.

Es este disco el guitarrista y la cantante elaboran el trabajo sobre sus obras anteriores y el producto resultante es a todas luces agradable. Amadou amplía su arsenal de sonidos para incluir el country, mientras Mariam aporta su expresiva voz, aguda y nasal, a los doce temas del disco.

VIDEO: Amadou & Miriam – Lahilala, YouTube (Raymond Beck)

MY BACK PAGES: 75 AÑOS EN LA HISTORIA DEL ROCK (VII-II)

Por SERGIO MONSALVO C.

70’s

SEGUNDA PARTE

La aventura allende el Atlántico de los proto punks como New York Dolls, primero, y de los Ramones, después, sembraron el germen de lo que en muy poco tiempo explotaría por las tierras de Albión: el punk británico, que encontraría en dicha geografía el mejor caldo cultivo dado el contexto social, político y económico que se vivía por entonces en tal lugar.

La victoria electoral de Margaret Thatcher al final de la década fue la culminación de una estrategia de marketing político de un conjunto de publicistas muy bien financiados por el partido de tal señora, que lograron desplazar el sentido común de la mayoría social hacia la defensa del neoliberalismo, con el resultado de una clausura ideológica completa.

La campaña orquestada por el Partido Conservador se impuso como objetivo destruir la cultura obrera que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial había apoyado el Estado, con la solidaridad necesaria en los años de racionamiento. Los sindicatos eran fuertes y los subsidios y el proteccionismo habían creado una sociedad menos injusta y desigual, pero lastraban la competitividad de los productos ingleses, según los políticos.

El neoliberalismo acabó con todo eso. También destruyó la cohesión social. Dicha sociedad se convirtió en una de las más desestructuradas de Europa. El recorte de impuestos a los ricos, la venta de recursos públicos, las trabas a la seguridad social, el debilitamiento de los sindicatos, etcétera, todo eso se quiso hizo pasar como “la normalidad”, pero los entendidos hablaron de la desigualdad como una epidemia que devastaba el cuerpo social.

En sus orígenes el punk británico fue un fenómeno musical y social que se manifestó a mediados de los setenta como reacción contra el pop artificioso, la vacua moda Disco y el onanismo del rock progresivo y metalero, emparejado con el descontento social de una nueva generación, en un país atormentado por la conciencia de clases y por el retroceso económico.

Con orgullo y la capacidad para burlarse de sí mismos, los punks adoptaron tal término para denominarse. Así como la decisión de no permitir que los ricos se apropiaran del mundo, comenzando por el rock, el vehículo de la identidad, cuyo espíritu había dejado de pertenecer a los Rolling Stones, Genesis o Led Zeppelin. Descubrieron que era mucho más divertido tocar en el bar de la esquina: Hacerlo uno mismo (con el ejemplo del Pub rock, con Dr Feelgood o Eddie & The Hot Rods).

El movimiento punk fue un combate contra el sistema, la sociedad y el orden establecido (por ello se afirmó como el heredero más directo del dadaísmo). Sin embargo, en lugar de salir a la calle para vociferar y pelearse con la policía, prefirieron empuñar las guitarras. A eso se le llamó provocación. Con su insistencia en los estándares bizarros y desdeñosos el punk despedazó la máscara de la cultura dominante e implantó la suya: la de quienes padecen una economía destructiva.

Dicha reacción se expresó a través de una música que partió de su forma más sencilla: el rock and roll (al igual que en 1951 y en 1963). Salvaje, enardecido, enérgico y provisto de textos contra la autoridad y la opresión, y distanciados de la industria discográfica.

En el pasado, los fans del rock and roll, en el contexto exclusivo de la revuelta juvenil, siempre consideraron al género como un fin en sí mismo (denunciando la educación, la brecha generacional, la unidimensionalidad de la vida, la guerra, las prohibiciones al sexo, a las drogas, la censura a los actos libertarios e individualistas). No enfocaban, aún, cuestiones de justicia económica, igualdad social, tiranía estatal o de rechazo estético.

De ahí la condena expresada por los punks  contra lo establecido y puesto que eran creyentes del género tocaron rock, pero reduciendo la música a los elementos primarios, esenciales, de velocidad y ritmo, con un regocijo enloquecido de ruido y furia al que nadie había llegado anteriormente. Utilizaron el rock como antídoto contra su estrellismo.

Desde luego no faltó la imagen “escandalizadora”.  El  slogan “No Future” fue una queja muy realista durante esta era punk que comenzó por cortarse el cabello para no ser confundido con un fan de Pink Floyd o Black Sabbath; se le tiñó de colores y se moldeó cruelmente a tijeretazos para no serlo con los de los Bee Gees, Travolta o de la Disco. La zanja quedó abierta.

Fue su señal de un pensamiento libre, así como la ropa desgarrada, el cuero negro, las insignias, los seguros, los piercings y la parafernalia sadomasoquista, pero mayor importancia revistió la mentalidad prevaleciente del “Hazlo tú mismo” (DIY), que por medio de expresiones tangibles como fanzines, antros alternativos y disqueras independientes tuvo consecuencias enormes en aquel entonces y para la posteridad, los cuales a la larga constituyeron la verdadera fuerza de esta explosión de caos y rebelión.

Este aspecto del punk devolvió un poco de poder a los artistas, echó a andar la descentralización de la industria musical, la democratizó y estimuló el trabajo autónomo y la creatividad. De esta manera, la corriente aseguró su permanencia y transformación en la contracultura activa con muchas vertientes posteriores, antes de que su primera ola se hiciera pedazos por su propio carácter anárquico, descontrolado y por ello sumamente vulnerable.

Los pioneros de la primera hora (The Damned, Sex Pistols, The Clash, Buzzcocks, The Stranglers, The Adicts, Sham 69, entre otros) se convirtieron en los emblemas de un movimiento que, en forma subterránea y a través de coloridas etapas (que incluyeron al reggae en principio), continuó su desarrollo hacia una subcultura dentro de la cual han podido subsistir, una al lado de la otra, con interpretaciones variadas y muy distintas entre sí del concepto punk.

Éste reveló rencores, temores, odios y deseos tan intensos que su aparición amenazó la legitimidad del orden social y descubrió su tiranía. ¿A dónde quería llevar la revuelta preconizada por él? A destituir a la reina Elizabeth y su régimen, que privilegiaba a los ricos. Nunca se le difundió por la radio ni por la televisión.

Dejaron muy en claro que su ataque musical representaba sólo un medio instintivo que contenía otro mucho más perturbador: contra todo lo institucional, contra el sistema de clases como mixtificación tras el capitalismo y, finalmente, contra la noción misma del progreso como la mixtificación última tras la sociedad occidental de la era postindustrial.

El rock (a través de sus distintas manifestaciones) nunca ha pretendido sostener una verdadera revolución, aunque a menudo exhorta a la insurrección. Como todo arte, no es más que el reflejo, la expresión de una realidad. Un medio. Una voz. Un instrumento, que como el punk, en este caso, lo hizo en los años setenta.

VIDEO SUGERIDO: Sex Pistols – Anarchy In The U.K, YouTube (Canal de BoPTePegar)