REZA EL GLOSARIO: FAMA

Por SERGIO MONSALVO C.

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 ESA CRIATURA ALADA

La dicotomía humana más actual (y global) es la que se produce entre anonimato y fama. Ambas cosas forman parte hoy del cielo y el infierno del capitalismo (generalmente del más salvaje y cotidiano), de su Penthouse y sótano, como las ubican los medios.

En el acontecer diario el trabajo más extenuante para una persona razonable no es el de la supervivencia, sino el de la defensa de su intimidad. Desde que decide utilizar la tecnología en cualquiera de sus formas como herramienta de comunicación, económica, educativa o de diversión, el efecto colateral desde entonces será el combate denodado contra los feroces perros de la exposición pública.

A diferencia de los personajes creados por el hoy: populares, celebrities, influencers, trendies, bloggers, socialities, por huecos que sean, que buscan por cualquier medio (websites, blogs, Facebook, Twitter, MySpace, Instagram,  intertelefonía, etcétera, o las antiguallas de la televisión, la radio y la prensa) dar a conocer hasta su última y dudosa puntada (que no idea), acción o estulticia, el ser pensante sólo quiere el anonimato.

Pero al parecer ya no basta encerrarse a piedra y lodo para conservar lo que le pertenece por derecho propio: su espacio interior. Esa rara avis en que se ha convertido, sabe que aunque recurra a la legislación y a la jurisprudencia para evitar lo contrario, será prácticamente imposible conseguirlo (los algoritmos, ya se sabe).

“Los sentimientos de anonimato y oscuridad de una persona constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”, declaró un escritor en uno de tantos juicios que emprendió contra  la exposición no voluntaria.

“Vida privada” es un concepto actualmente tan insignificante que quien quiera defenderlo tendrá que hacerlo desde un lugar inaccesible, incógnito, desconectado.

Pero, ¿cómo fue posible llegar a estas circunstancias? Lo primero fue ser tocado por la fama, aquella criatura alada de las mitologías griega y romana que cumplía con rapidez inaudita su misión: extender los rumores y los hechos de los hombres, sin importarle si éstos eran ciertos o no, justos o negativos. Por eso mismo no era bien recibida en el Olimpo aunque fuera una mensajera de Zeus.

Tal diosa tenía el poder de hacer grande lo pequeño y viceversa. Eso la hacía todopoderosa ante los hombres, que siempre terminaban dando por ciertos todos sus argumentos y venerándola como la única portadora de la inmortalidad que los acercara a los dioses.

Hoy su poder sigue siendo el mismo y sólo existen los tribunales para protegerse de ella. Incluso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (adoptada por la ONU) está escrito que “Nadie será objeto de injerencias en su vida privada, su familia, su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación”. La ley protege contra dichas injerencias. Sin embargo…

El sistema rampante que hoy nos guía ha transformado las cosas. El anonimato, la privacidad, ya no es un valor y la fama se ha erigido en ideología.

Las escuelas de economía, negocios y publicidad, entre otras, de donde emergen los nuevos gurús para toda disciplina, imponen el siguiente edicto: “Primero la fama y luego todo lo demás”.

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De esta manera el proyecto de vida para cualquiera que se acerque a ellos consistirá en inventar estrategias para conseguir la fama y, luego, para administrarla.

Invitan a sus seguidores a no meterse en camisa de once varas éticas, cultas o informadas. No. La ley del menor esfuerzo: “Hazlo con lo que tengas más a mano”.

No hay que darle muchas vueltas a ningún asunto, y mucho menos a los importantes. La simpleza es un elemento básico y la vacuidad, oro molido.

No buscar los términos medios para nada. Hay que ser maniqueo. O se es bueno o se es malo, y cuando no te funcione uno hay que cambiarse al otro, sin chistar.

Eso sí, siempre y bajo toda circunstancia “cacarear el huevo”, es decir difundir la puntada, el hecho, la acción por todo medio posible. “Que el mundo entero (literalmente) se entere sobre ti”. Lo contrario será el anonimato, la insignificancia, como alternativa.

El credo sobre el que edifiques tu estrategia debe ser como tu guardarropa: cámbialo a tu gusto, sobre todo en lo que a los escrúpulos se refiere. No hay que ser sincero sino siempre claridoso, y entre más ríspida y burda la frase que lances al respecto de cualquier cosa –porque puedes decir lo que quieras sobre cualquier tema, faltaba más— mayor será el impacto en las redes, que multiplicarán tu dicho o acto ad infinitum.

Y si te atacan por ello mucho mejor, ya estarás del otro lado. Serás alguien. Aunque hablen mal de ti, pero que hablen. Te odian, luego existes, aunque sea por nanosegundos.

De esta manera ideológica el sistema ha sentenciado socialmente a los que quieren ser anónimos, a quienes intentan tener una vida privada, a quienes buscan sus propias opciones, fuera del conglomerado del snap chat. La fama tiene que ser aquí y ahora, nada de posteridades o peor: post mortem, eso no causa beneficios.

Los nombres a seguir: Andy Warhol, Damien Hirst, cualquier ex estrellita del Disney Channel, de los concursos musicales de televisión, de los reality shows…. Toda personalidad extrema, todo exabrupto, será bienvenido y se evocará como un referente, casi como dato curricular.

Demostrar que desde el vientre materno ya se tenía a la fama no como objetivo, sino como modelo de vida. La fama es el escaparate para quienes buscan proyectar su imagen y sólo prestan atención a sí mismos, es el gran selfie.

Eso debe quedar bien claro: ninguna otra causa (amor, inteligencia, pasión, utopía, revolución, etcétera) se equiparará a su consecución. Las estrategias serán de diseñador en tales escuelas, en los libros de autoayuda, en las emisiones para seguir a los famosos.

En estos tiempos, cuando el éxito depende de lo momentáneo, del glamour o de la novedad, la exposición personal es más fugaz que nunca, y quienes logran atraer la atención pública ya únicamente se (pre)ocupan, las 24 horas del día, por la posibilidad de perderla.

La Fama ha revoloteado a su alrededor para beneplácito narcisista del actual quehacer humano. Las otras divinidades esperan impacientes para cobrársela.

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BABEL XXI-483

Por SERGIO MONSALVO C.

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 F/H/K

(FELLINI/HITCHCOCK/KUROSAWA)

 

 Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

http://www.babelxxi.com/?p=7586

 

 

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LAS BOLAS DE MOZART

Por SERGIO MONSALVO C.

LAS BOLAS DE MOZART (FOTO 1)

 (CRÓNICA)

 Estamos en Salzburgo, en 1991. Llegó la hora cero. Para iniciar o terminar los homenajes a Wolfgang Amadeus Mozart.  Hace 200 años, el 5 de diciembre de 1791, falleció en Viena este compositor que se ha convertido en el máximo bestseller de la música clásica.

La Getreidegasse, la calle donde se encuentra la casa en que nació el artista en Salzburgo –ya de por sí congestionada– será prácticamente intransitable y acceder a la casa-museo será imposible debido a la muchedumbre. Por lo tanto los turistas, luego de intentarlo, dirigirán sus pasos hacia las tiendas circundantes para adquirir algún souvenir que les recuerde su visita a tan requerida meca, mientras comen los deliciosos bosnas con pimienta y mostaza.

Existe en tal caso una variedad infinita de objetos que de una u otra manera llevan la imagen y el nombre del genio austriaco:  mayonesas, calcetines, tostadores de pan, frisbees, relojes, rompecabezas, hologramas, barajas, postales, abrecartas, dedales, campanas, licores, cajitas para píldoras, plumas, sacacorchos, tijeras, abanicos, playeras, servilletas, etcétera, etcétera.  Sin embargo, la demanda más grande siempre ha sido para otro tipo de artículo: las Mozartkugeln, las famosísimas bolas de Mozart (en su traducción).

Estas solicitadas bolas son chocolates que han disfrutado a través de los años de la preferencia del turismo internacional. Se pueden adquirir por doquier en la ciudad y se distinguen por su forma redonda y envoltura de papel aluminio dorado, rojo o verde con la efigie de Amadeus.

De dicho dulce las fábricas austriacas producen casi 100 millones al año.  Aunque paradójicamente el líder del mercado respectivo es Reber de Bad Reichenhall, industria ubicada en el territorio alemán. Desde ahí explota el mercado mundial. En otras ciudades, por cierto, circulan chocolates con ese nombre pero que no son en absoluto originales, sino puro engaño chino.

Independientemente del aspecto parafernalio, con el aniversario del fallecimiento de Mozart en todo el planeta se están llevando a cabo infinidad de actividades en torno al hecho. La televisión japonesa, por ejemplo, hizo un concurso para investigar y presentar los gustos culinarios del muchacho de Salzburgo: aparecieron entonces la sopa de bagre sin escamas; la codorniz capeada acompañada de col roja y de postre el “Salzburger Nockerl” (huevo batido con mucha azúcar, un poco de harina y limón; todo ello frito en mantequilla).

En Londres, a su vez, los mozartianos británicos han sido convocados para participar durante todo un año en torneos de billar efectuados en honor a Wolfgang Amadeus, un descubierto virtuoso de tal juego. En Nueva York, por su parte, varias empresas financiaron más de 500 horas de interpretación de todas las auténticas obras de Mozart (supuestamente 835), las cuales se iniciaron el 27 de enero (su fecha de nacimiento) de este año y se extenderán hasta julio de 1992.

Las compañías disqueras han hecho lo propio: Philips inundó el mercado digital con 180 CDs, 675 obras, 250 “piezas selectas”. El “Todo Mozart” ha abarcado desde los célebres directores Herbert von Karajan y Karl Böhm hasta las orquestas para supermercado como la de James Last o la Pops Orchestra.

En los sitios donde se interpreta la música sinfónica el asunto ha sido igual.  La Opera de Niza realizó un maratón con 14 obras dramáticas, todas las sinfonías, todos los conciertos para piano, instrumentos de viento, metales y violín, todas las arias para concierto y toda la música religiosa. París no se quedó atrás y ofrecerá en Notre Dame como remate un oportuno réquiem cuyo acorde final se desvanecerá el 5 de diciembre a las 0:55 horas en punto, o sea, el minuto exacto en que murió el prolífico artista.

Y así sucesivamente alrededor del orbe hubo o habrá series infinitas de festivales, concursos, exposiciones y simposios, en todas las salas de ópera, de conciertos y cafés; en castillos, al aire libre, en catedrales e iglesias.

En otros tantos países seguramente se ofrecerá “Un día de música en el Palacio de Bellas Artes. Homenaje a Wolfgang Amadeus Mozart en el bicentenario de su muerte”. Los programas incluirán desde minuetos en puntas de pie, hasta Coro de Madrigalistas, recitales de piano, solistas, violines, orquestas sinfónicas juveniles, cuartetos, violoncellos, exposiciones iconográficas y documentales, videos, concursos y entregas de premios, concierto de clausura y el consabido Réquiem.

Es seguro que en tales sucesos no habrá un gramo de novedad y sí gastadísimas visiones que no aportan ni arriesgan nada. Sólo el conservadurismo fundamental en la política de homenajitis que caracteriza a todas las actividades.

 

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LEONARDO DA VINCI

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA INTELIGENCIA COMO ESPECTÁCULO

 Leonardo da Vinci murió el dos de mayo de 1519, a los 67 años de edad, en la mansión francesa de Cloux (hoy Clous Lucé), al servicio del rey Francisco I. Así que este año se cumplen los 500 de tal suceso. Este italiano fue un inventor, escritor, ingeniero, arquitecto, pintor, escultor, científico, filósofo y gran conversador, no solo del más alto nivel en cada uno de los mundos que se instauró, sino además una luminosa presencia que ha honrado a la humanidad entera.

Medio milenio desde que falleció ese deslumbrante ser sin generación que seguirá brillando con sus textos, sus óleos de delicada sonrisa, el puñado de pinturas que le sobreviven o los miles de dibujos y apuntes, esa es la biografía de un genio consumado que trabajaba incluso cuando estaba dormido.

Escribió textos doblados sobre sí mismos e insertados unas dentro de los otros que formaban cuadernos, hechos con diminuta escritura (de derecha a izquierda, solo legible con un espejo) y donde insertaba sus diagramas sobre diversas observaciones. Se calcula que fueron 30.000 páginas las que debió de escribir —de las que 7.000 han sobrevivido hasta hoy— que certifican la inmensidad de un artista dedicado a la física, la arquitectura, la botánica, la escultura o la filosofía, etcétera, etcétera.

Se cumplen cinco siglos de su muerte, y al borde de ella quiso que su cuerpo fuera llevado en procesión, que se dijeran por él tres misas mayores y 30 menores, que se repartieran 18 kilos de cera para alumbrar con cirios las iglesias y que, para su funeral, hubiera 70 velones que fueran llevados por 70 pobres a los que se les pagará a tal efecto. Esas fueron sus últimas voluntades, cuyo paso mortuorio hoy calificaríamos de performance, porque a Leonardo da Vinci finalmente también le gustaba ser un espectáculo.

Cuando Leonardo da Vinci accedió a la corte de los Sforza, en Milán, procedente de la Florencia de Lorenzo de Médici, llamado el Magnífico y mecenas de muchos artistas de la época y en cuya corte trabajaba el padre de Leonardo, éste lo envió al Ducado de Milán para ganarse los favores de un poderoso aliado, una peculiar ofrenda para asegurar la paz entre las dos potencias italianas.

Su estancia en Milán fue prolongada y resultó prolífica en realizaciones. Llegó con 31 años y una carta de presentación que se escribió él mismo. En aquel sitio gobernaba Ludovico Sforza, regente del Ducado, de instrucción humanista y también mecenas de las artes. Tomó bajo su manto de buen grado al joven florentino. No sólo como pintor sino como muchas cosas a la vez. En su corte Leonardo trabajó de arquitecto, músico, escultor e ingeniero. Pero, sobre todo, se encargó de ser animador de las fiestas que organizaba su jefe.

En las cortes del Renacimiento italiano los nobles rivalizaban por ver quién daba las mejores fiestas, organizaba los espectáculos más impresionantes, mostraba las maravillas más memorables. Da Vinci se mostró verdaderamente ingenioso inventando atracciones para el público y construyendo tramoyas. Fue en aquella época, en 1495, cuando diseñó uno de sus mayores espectáculos: presentó a un caballero mecánico, cubierto de una armadura de placas a la moda germánica del siglo XV, que podía sentarse, levantarse, mover los brazos y la cabeza.

Este primitivo robot humanoide tenía las proporciones ideales del cuerpo humano, plasmadas por el artista en el Hombre de Vitruvio algunos años antes. Leonardo había estudiado a conciencia la anatomía. Hacía bocetos de gente de toda ralea para sus estudios y fue de los pocos que se arriesgó a diseccionar cuerpos en aquella época.

También exploró a fondo la biomecánica. Aquel caballero mecánico, el Automa cavaliere, por su nombre en italiano, reunía parte de estos conocimientos. Se ha especulado que su interior era de madera, con elementos de cuero y metal, y que sus funciones imitaban las de una persona.

Este invento permaneció perdido en el tiempo durante casi cinco siglos. Hasta la década de los cincuenta en que el historiador Carlo Pedretti, especialista en da Vinci, encontró unas páginas intrigantes entre una nutrida colección de documentos del artista, que eran la primera noticia que se tenía de un autómata con forma humana diseñado por él. Además de levantarse, sentarse y mover los brazos y la cabeza, se cree que el robot emitía sonidos por la boca mediante un mecanismo de percusión.

LEONARDO DA VINCI (FOTO 2)

Los investigadores de la vida de da Vinci creen que el Automa cavaliere fue construido en su tiempo, aunque no hay ninguna prueba documental que lo confirme, pero sí han asegurado, en cambio, que el robot se ha podido construir y es plenamente funcional. Varios proyectos han logrado reproducir la máquina según los diseños del inventor. Es probable que 500 años atrás, en alguno de los festejos que organizaba Ludovico Sforza en su palacio, Leonardo se solazara con su espectáculo frente al pasmo de los asistentes cortesanos al contemplar el resultado de sus diseños.

Quinientos años después, según las informaciones periodísticas, en este 2019, ha aparecido en escena “el primer ‘robot de salón’. Se trata de un aparato llamado Debater con forma de columna negra y voz metálica que, reza el texto, ‘razona, entiende argumentos e incluso bromea’.

Como al final todo es espectáculo  en el mundo que vivimos (mercantil en este caso), en algún momento Debater se comercializará, con pequeñas adaptaciones según el mercado local. Al principio puede que solo haya un Debater por conversación, pero no es descartable que termine habiendo coloquios solo entre máquinas. Todas escuchándose unas a otras, tomando la palabra, utilizando argumentos y construyendo una charla tal vez fascinante. La pregunta ante dicho futuro que ya está aquí es ¿cómo vamos a vivir (asumir) ese mundo tecnificado en el que quizá ya ni participe un ser humano?

Como en el caso donde da Vinci y la tecnología aparecen en una nueva espiral. Ahora en el mundo de las subastas, Un espectáculo más en este quinto centenario del genio renacentista. La famosa casa de subastas Sotheby’s, puso  a disposición de los interesados, por primera vez, una obra de arte generada por inteligencia artificial. Una pieza de Mario Klingemann titulada Memories of Passersby I, que tuvo un precio de salida de entre 30.000 y 40.000 libras esterlinas (35.000 y 45.000 euros).

La instalación está formada por un mueble de madera que contiene un ordenador dotado con inteligencia artificial y dos pantallas enmarcadas. En estas pantallas se visualizan los retratos creados en tiempo real por la máquina; inquietantes rostros imaginarios de hombre y mujer. Esta obra no muestra un producto final comisariado por humanos, con lo que es la primera obra de inteligencia artificial completamente autónoma.

Las imágenes que aparecen en la pantalla no siguen una coreografía predefinida, sino que son el resultado del análisis en tiempo real: la máquina contiene los algoritmos necesarios para generar retratos nuevos siempre que esté funcionando, sin repeticiones. Si bien el resultado ha sido comparado con obras de Francis Bacon, los pares de retratos han sido influenciados por obras de entre los siglos XVII y XIX.

La tecnología ha tenido desde siempre el beneficio y apoyo de las vanguardias, pues ha estado abierto para ellas y para todos sus profetas, sin límites ni restricciones. Estos últimos pugnan sin descanso por dar rienda suelta a “la obsesión lírica de la materia”; por liberar a las máquinas de cualquier sujeción; por abolir la esclavitud del cliché mecánico y por divulgar la belleza del sonido artificial.

La de la tecnología es una nación industrializada que ha asumido su condición intelectualmente y promovido el experimentalismo artístico interesado en el proceso de cambio y asimilación; en la manera de pensar y producir. La triple orientación ha dado lugar a una intensa e histórica búsqueda en las relaciones entre arte y tecnología, la high-tech, concebida ésta como la máxima manifestación cultural, la cual vino a romper con todo, incluyendo la rigidez sobre la manera en que debía mirarse, escucharse o asumirse lo creado a su semejanza, por lo humano, sin serlo. Leonardo da Vinci lo pensó, diseñó y puso en práctica hace 500 años. Como experimento de la ciencia y el arte. Con el agregado colateral del espectáculo, del que también era Maestro.

VIDEO SUGERIDO: Uncanny Mirror – Seoul Mediacity Biennale 2018, YouTube (Mario Kligemann)

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TRUMAN CAPOTE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 A SANGRE FRÍA

Tras cumplirse los 50 años de la publicación primera de A sangre fría, del escritor estadounidense Truman Capote, el mundo editorial en general puso en el mercado multitud de ediciones del importante libro.

Capote con su hábil fusión de elementos, que incluyen lo grotesco, lo horripilante, lo verídico, el humor, la sensualidad y la metafísica, logró que el público y la crítica lo consideraran escritor de difícil etiqueta, un indagador preciso y lírico de los aspectos más engañosos, secretos y perversos de una realidad aparentemente simple.

Con vigoroso golpe de timón y no menor originalidad estilística, este autor inserto dentro de la mejor tradición narrativa estadounidense (ya había publicado Otras voces, otros ámbitos y Desayuno en Tiffany’s), a mediados de los años sesenta mostró una faceta desconocida al escribir la obra que puede ser considerada como la fundamental en su producción literaria: A sangre fría.

Este término, un episodio verídico fundamentado en la crónica policiaca, le sugirió la elaboración de esta novela-verdad, minuciosa y realista, documental y despiadadamente magistral. Inauguró un género (Nonfiction) que dio un giro novedoso tanto a la literatura del siglo XX como al periodismo más contemporáneo (Nuevo Periodismo).

Capote usó las herramientas de la literatura para escribir la crónica de un hecho inentendible y bárbaro: el sangriento asesinato de una familia en un pueblo del estado de Kansas, en el medioeste de la Unión Americana. En cuanto de enteró del hecho en 1959 se metió de lleno en el asunto con el objetivo absoluto de ceñirse a lo acontecido y que la realidad hablara por sí misma.

Se relacionó con los victimarios, conversó largamente con ellos – sobre todo con uno: Perry Smith— hasta límites peligrosos y se afanó en saberlo todo; en adentrarse en la maquinaria maligna que produjo aquel horror; en indagar hasta encontrar quizá la clave que descifrara matanza semejante.

El resultado de tal investigación apareció primero en cuatro entregas en el periódico The New Yorker y en 1966 en forma de libro. Fue todo un éxito, en más de un sentido. Un acto de nota roja creció hasta convertirse en gran literatura, por una senda distinta. Y el periodismo también, al descubrir la aplicación de los recursos novelísticos a la crónica de una acción salvaje. Nuevos horizontes abiertos principalmente por la buena escritura.

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