PRIMERA Y REVERSA: RECYCLER (ZZTOP)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Por fin. Después de cinco largos años tras la aventura intersideral con el disco Afterburner (1985), el trío texano de ZZ Top formado por Bill Gibbons, Dusty Hill y Frank Beard volvió a grabar.  De hecho, en este disco de nombre Recycler (WEA, 1990), su décimo álbum, estuvieron más urbanos que nunca.

La producción fue hasta las raíces de lo que constituía su sonido, un sonido de blancos como negros, como las buenas fotografías que ilustran la historia del rock.

Si hubiera que buscar a toda costa una obra que se le emparentara, tendríamos que recurrir a Eliminator, su acetato de 1983.  El boogie-blues de aquél se impuso en Recycler, el cual se escuchó más acerado que nunca y con referencias constantes a piezas como «Legs», «Under Pressure» y «Gimme All Your Lovin'». Y eso definitivamente fue una buena selección.

ZZ Top borró en Recycler todos los defectos que machaconamente entorpecían su disco anterior Afterburner, para ser más precisos, los sintetizadores de los cuales uno se preguntaba qué hacían ahí.  Aún presentes en el nuevo álbum, sirven sobre todo para dar consistencia a la explosiva energía, como en la canción «2000 Blues».

En cuanto a lo demás, siguieron teniendo los mismos ingredientes. La sección rítmica constituida por Beard y Hill estaba erigida con cimientos sólidos y sin fisuras. La batería de Beard era, en este sentido, ejemplar dentro del género. Sin efectos gratuitos e inútiles, inyectó un beat despiadado sin tratar de imponerse al resto de la instrumentación.

A partir de ahí, hacer hablar a la guitarra le resultó fácil a Gibbons, y éste envuelve las notas sin maltratar al instrumento, lo cual le fluye por instinto.

El grupo realizó un disco con pedigree, haciendo tan bien lo que tan bien conoce.  Para ello sólo hay que escuchar «Concrete and Steel», «My Head’s in Mississippi» o «Give It Up». El productor Bill Ham en esta ocasión sí puso en juego sus habilidades.

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PRIMERA Y REVERSA: THE SWINDLE CONTINUES (SEX PISTOLS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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A finales de 1976 explotó lo que se había fermentado en las profundidades underground de Londres. Era un movimiento que pronto causaría estragos en los valores establecidos y causaría una auténtica revolución en todos sentidos, incluyendo el negocio de los discos: se trató del punk. Y por lo general se considera a los Sex Pistols como los pioneros de éste.

Se trataba de un grupo que en los últimos meses de 1975 actuaba bajo las expertas directrices de Malcolm McLaren, por aquel entonces propietario de una muy sui generis tienda de ropa llamada Sex. Al poco tiempo de que McLaren lanzara su campaña para proporcionar una moda andrajosa y deliberadamente desgarrada, los Sex Pistols adaptaron una versión modificada de la misma.

Glen Matlock (bajo), Steve Jones (guitarra) y Paul Cook (batería) eran músicos competentes que necesitaban un líder carismático. McLaren contrató a John Lydon atraído por su repugnante forma de actuar. Fue rebautizado como Johnny Rotten y el grupo en pleno de los Sex Pistols se lanzó a tocar en los clubes locales una música que fue considerada como la más vil y anti que hubiera pisado jamás un escenario.

Se volvieron poderosos e influyentes, aunque grabaran desordenadamente en varias disqueras que terminaban por desligarse por completo de ellos. Para la EMI produjeron “Anarchy in the U.K.”, que causó horror y repulsión entre los conservadores. Luego de ello, Sid Vicious (llamado en realidad John Ritchie), un amigo de Rotten, sustituyó a Matlock, quien se fue a formar su propio grupo.

Con Virgin grabaron piezas de éxito inusitado como «God Save the Queen» y «Pretty Vacant», sencillos que ocuparon los primeros lugares en las listas. Su primer y único álbum fue Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols, de absoluto éxito.  Sin embargo, luego de una gira por Estados Unidos los Pistols se disolvieron por sus diferencias y a la postre ocurrió la muerte de Sid Vicious.

Visto en perspectiva, el rock punk (esto es, el fenómeno musical) fue increíblemente fugaz, lo cual parece normal: tal intensidad no podía durar mucho, pues era un fuego de llanura, un bonzo que se autoincinera. Sin embargo, la huella punk fue profunda y determinante. Por una parte, resultó una especie de sacrificio cuasi ritual.

Los Sex Pistols dinamizaron al rock hasta lo más hondo, cuestionaron la asepsia progresiva, sacudieron hasta los cimientos de la contracultura y permitieron que el personal contemplara un espectáculo sobrecogedor, algo así como un sunami rocanrolero.

 

The Swindle Continues (Restless, 1988) es un disco de los Sex Pistols que compendia las canciones de la banda original aún con Glen Matlock. Es una joya para coleccionistas.  Esta antología (de la cual se rumoró que podían ser los demos para la A&M) contiene «God Save the Queen», «Problems», «Pretty Vacant», «Anarchy in the U.K.» y «Sex on 45», entre un total de 16 composiciones que hablan del impresionante flamazo llamado punk.

VIDEO: The Sex Pistols – Problemas – 1/14/1978 – Winterland (Official), YouTube (Sex Pistols on MV)

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PRIMERA Y REVERSA: SURFIN’ WITH THE ALIEN (JOE SATRIANI)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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El primer disco de Joe Satriani, Surfing with the Alien, fue una obra melodiosa, arriesgada y memorable, fue un trabajo puro e instrumental que se impuso a los escuchas –y en las listas de popularidad– por su calidad y excepcional desarrollo, algo no visto desde Wired y Blow by Blow del legendario Jeff Beck.

En este acetato Satriani surgió como auténtico héroe de cómic para abogar fuerte en favor de la libertad creativa de todos los buenos guitarristas, lo cual sirvió asimismo como prueba fehaciente de que el virtuosismo instrumental nada tiene qué ver con los aeróbics en el escenario ni con el uso indiscriminado del feedback, tan rutinario en ciertas corrientes del heavy metal.

Luego de este fantástico manifiesto a Satriani le hubiera resultado prácticamente imposible producir de manera semejante una colección tan fascinante de tonadas y sonidos, así que no debió sorprender a nadie que no lo haya hecho. En cambio, condujo su proyecto, Flying in a Blue Dream (Relativity Records, 1989), hacia malezas más profundas de melodía y abrió la boca para cantar.

Satriani no es tan malo para dicha faceta (lo ha hecho de apoyo durante años, de manera más notable en «Don’t Dream It’s Over» de Crowded House), y en este caso su voz resultó aceptable. Incluso aplicó a ella la táctica de que todo estaba permitido, utilizada ya en Surfing, soplando a través de la armónica para otorgar un gruñido prehistórico a «Headless» y cantando la relevante «The Phone Call» a través de un micrófono telefónico, una idea lo bastante rara para encajar con el marco boogie de la pieza.

El problema no radicó en el hecho de que cantara, sino en lo que cantó:  como escritor de letras, Joe es un excelente guitarrista. El verdadero pecado de tanto cantar fue que Satriani dispuso de menos espacio para tocar.  Flying in a Blue Dream contiene los logros más bellos de su carrera.

«Day at the Beach» es un elegante ejercicio con cierto aire new age. En la pieza de dos partes «The Bells of Lal», empieza con una bella melodía y luego procede a destripar sus cuerdas una por una mientras el bajista Stu Hamm le sirve de ancla al suelo. «The Mystical Potato Head Groove Thing» corre de un ritmo metaloide regular a unas escalas cuasi orientales.

Para atenuar los temores de que este mago de la guitarra estuviera ablandándose, también están «Back to Shalla-Bal» y «One Big Rush», un relámpago incandescente. Cuando se escucha a alguien tocar así, es posible olvidar que Satriani no es Dylan, en cuanto a composición de textos, y de esta forma Flying in a Blue Dream se queda en el aparato de sonido por su propio peso, negándose a ser sustituido.

VIDEO: Joe Satriani – Phone Call, YouTube (Mrwinker32)

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PRIMERA Y REVERSA: INNUENDO (QUEEN)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Con la intención de hacernos olvidar el pésimo trabajo de su disco anterior (Miracle, 1989), cuyo único y exclusivo interés radicaba en el hecho de existir, el grupo Queen sacó a la luz su producción Innuendo (Capitol/EMI, 1991).  ¿Cómo presentar entonces un álbum como éste que reunía todos los ingredientes de una alquimia musical desarrollada desde hacía casi 20 años?

Aventurando algo, se podría decir que casi se trató de una antología con «lo mejor de», pero compuesta exclusivamente por títulos originales. Hacía falta algo así para reparar los errores artísticos de sus últimos discos. El grupo había sabido tomarse su tiempo para mostrar un resultado que emocionaría a sus fans antiguos y contemporáneos.

Si a ti te fascinaron los ambientes barrocos de «Bohemian Rhapsody», los toques españoles de «Innuendo» te conmovieron igualmente, ¿o no? La música de esta pieza es una sinfonía completa, llena de dramatismo bombástico a lo largo de seis minutos. No obstante, el tono del disco completo no está determinado por esa pieza que apareció como sencillo, sino por canciones con una decente base pesada de batería, bajo y guitarra.

Si el grupo te pareció comprometido con la canción «39», el tema «All God’s People» te hará sentirte como un guerrillero de grandes causas. Si las aberraciones como «Radio Ga-Ga» o «It’s a Kind of Magic» te hicieron vibrar, la felicidad fue aún mayor con «Delilah» y «I’m Going Slightly Mad», seguro. Composiciones ligeras en donde el humor y la autoparodia compensaron por las debilidades de los textos.

En «The Show Must Go On», Queen todavía adolecía de sus exageraciones características, pero se repuso y con creces en «The Hit Man» y «Ride the Wild Wind», en las que mostró un enfoque sorprendentemente duro, tal vez evidenciando la mayor influencia de Roger Taylor.

Innuendo, pues, ofreció un rock sólido sobre el fondo de los requinteos y los coros precisos y quirúrgicos de siempre. Queen, se nota, repasó todos los conocimientos sobre sí mismo a fin de unirlos en un solo disco. Lo logró.  El disco fue lo mejor del grupo desde el ya muy lejano News of the World de 1977.

VIDEO SUGERIDO: Queen Ride the Wild Wind – YouTube (Clepabee)

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PRIMERA Y REVERSA: PET SHOP BOYS

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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A pesar de ciertos momentos un tanto kitsch y de una tendencia a la repetición melódica, el grupo Pet Shop Boys merece ser considerado como una ramificación del más puro pop inglés, que tiene a los Beatles como modelo.

La búsqueda de la riqueza armónica, de la experimentación orquestal, de la sencillez perfecta en los temas para lograr un éxito ejemplar (a veces) en materia emocional (háyase o no convertido en un hit la respectiva pieza).

Estos intérpretes del pop siempre han declarado que la dance music (en continua evolución) fue lo que los empujó a tocar. Y en ello radica la razón por la cual aún no han empezado a repetirse de manera incansable (como Depeche Mode, por ejemplo).

El disco del grupo, Behaviour (EMI, 1990), marcó el momento en que abandonaron un Hi-Energy pegajoso, para producir un pop frágil con ligeros toques de house.

De esta manera, en canciones como «To Face the Truth», «Only the Wind», «So Hard» o «Jealousy» probaron que no estaban sordos a lo que pasaba a su alrededor (anteriormente ya habían retomado con eficacia «It’s Allright» de Sterling Void, un magnífico himno pacifista procedente del mero Chicago).

Lo curioso fue observar hasta qué punto se les seguía ninguneando en muchos lados, como si se les reprochara su éxito comercial. Por el contrario, en la Gran Bretaña, donde gozan de una enorme popularidad desde hace años, siguen siendo considerados como extraños y manipuladores: porque no sonríen nunca; porque hacen videoclips diferentes al común denominador y, lo más importante, porque no se han tomado en serio.

Aunque inmersos en el bestial manierismo del pop bailable, estos dos tipos que se hacen llamar Pet Shop Boys producen dentro de esta corriente una música sensible que ha podido sobrevivir a los embates del tiempo.

VIDEO SUGERIDO: Pet Shop Boys – It’s A Sin (Official Video) (HD REMASTERED), YouTube (Pet Shop Boys)

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PRIMERA Y REVERSA: DON’T EXPLAIN (ROBERT PALMER)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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En su álbum, Don’t Explain (EMI Capitol, 1991), Robert Palmer tuvo la idea de sacar canciones ajenas por completo a los intereses comerciales del momento y que además nadie promocionaría en el radio, a excepción del sencillo «I’ll Be Your Baby Tonight».

El proyecto original del L.P. era de puro jazz. Palmer ya tenía grabadas 12 canciones con el veterano jazzista de 65 años Teo Macero cuando se acordó de otra idea más vieja:  reunir cóvers de los más diversos estilos en un solo disco.  Las piezas de jazz que no fueron incluidas en éste serían presentadas por Palmer en una película de una hora que tenía planeado realizar, con el mismo título de Don’t Explain.

Las interpretaciones de piezas originales de Billy Holiday («Don’t Explain») y de Nat King Cole («You’re So Desirable») significaron para Robert Palmer una especie de regreso a sus propias raíces musicales. Durante su infancia, que transcurrió en la isla mediterránea de Malta, la estación que escuchaba era la de los soldados estadounidenses apostados ahí. En la adolescencia escuchó a Otis Redding y Wilson Pickett y a los 16 años se dedicó a cantar soul.

Para entonces este músico estaba radicado en Suiza y tenía 41 años (1949-2003) y continuaba con su política de no detenerse ante nada. En Don’t Explain efectuó un turismo estilístico atrevido, desde un heavy rock metálico hasta cantos africanos e influencias de los Beatles, pasando por reggae, calypso, jazz y soul.  Bob Dylan («I’ll Be Your Baby Tonight»), Mose Allison («Top 40»), Billy Holiday («Don’t Explain»), Marvin Gaye («Mercy Mercy Me»), Otis Redding («Dreams to Remember»)…

Evidentemente, Robert Palmer era un artista aparte. No había hecho nunca caso de las modas, pues con frecuencia él era quien las lanzaba. Después de popularizar el techno-pop, radicalizó su música. Primero suavemente con el grupo Power Station, luego cada vez con mayor violencia hasta su álbum titulado Heavy Nova.

Después de una pequeña autoconcesión con un Best of…, uno lo reencontraba ahora en su ambiente exacto, desde los primeros compases de «Your Mother Should Have Told You». El riff era agresivo; el beat, implacable; y la voz, provocadora. Esto se alargó por cinco canciones y luego de golpe llegaba «Mess Around».

A partir de ahí, cambió radicalmente de orientación. El ritmo se hizo más lento, los sintetizadores resaltaban y las influencias se iban por lo caliente. Del lado de África para una «History» que hacía recordar los coros de Ladysmith Black Mambazo; pasaba por la memoria Otis Redding. Luego se dirigía a las islas del Caribe («Housework»), para terminar en el ambiente lleno de humo de los clubes de jazz.

Un viaje sorprendente porque resumía, de hecho, la naturaleza de alguien que se negaba a encerrarse en las capillas musicales. Y que siempre quiso ofrecernos toda la paleta de sus gustos musicales. Sin necesidad de explicar nada.  De ahí el título del álbum.

VIDEO: Robert Palmer – Every Kinda People (Official Video), YouTube (Robert Palmer)

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PRIMERA Y REVERSA: STILL GOT THE BLUES (GARY MOORE)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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El guitarrista irlandés Gary Moore (abril 1952- febrero 2011) se dio a conocer como virtuoso dentro del campo del rock duro cuando estuvo con Thin Lizzy, así como en su carrera como solista en el heavy metal. Sin embargo, no es sorprendente que el blues también le haya fluido sin problemas.

«Todo mundo tiene su propia versión del blues –dijo–. Todo mundo conoce esa sensación. No creo que haya que ser negro para entenderlo de manera exclusiva.  Uno tiene o no el feeling necesario. La música irlandesa le ha dado un sello particular a mi sonido. No obstante, he encontrado semejanzas entre el blues y la música irlandesa. Muchas melodías irlandesas tienen un ambiente muy melancólico y blusero. Puedo sentir esa música. Crecí con ella. A los 13 años yo tocaba en un grupo de blues. Esta música significa más para mí que todo lo que vino después”, explicó el músico en su momento.

El blues es como un espíritu que se manifiesta de repente, incluso después de largos periodos de descanso. Y entonces sale a la luz un disco blusero, como en el caso de Still Got the Blues (EMI/Capitol, 1990). La concepción presentada por Moore en este disco no fue dogmática. Se movió con agilidad por sus diversas tendencias estilísticas.

No fueron tanto los bluseros negros originales como el auge inglés del blues en los años sesenta lo que inspiró a Moore en sus conceptos para el disco. En la portada del mismo aparecen sus gustos de la primera adolescencia por los Blues Breakers de John Mayall y el Fleetwood Mac primigenio, aunque Robert Johnson y Albert, Freddy y B. B. King también figuran.

En la mayoría de las nueve piezas que conformaron el disco original (el CD trajo 12 canciones a la postre), Moore ofreció un blues pulido y elegante que evitó toda aspereza. Cinco de esas piezas fueron de su pluma: «Movin On», «Still Got the Blues», «Texas Strut», «King of the Blues» (homenaje a Albert King) y «Midnight Blues».

Las restantes fueron covers de los grandes maestros: «Pretty Woman» (en la que participa el propio compositor Albert King), «Walking by Myself» (original de Jimmy Rogers; en la hoja de información y en la etiqueta del disco aparece el nombre del músico con la errata «Rodgers»), «Too Tired» (de Johnny «Guitar» Watson, en la que acompaña en la guitarra Albert Collins) y la preciosísima «As the Years Go Passing By» (de Deadric «Dan» Malone).

Para este equilibrado programa grabado por Moore, contó con la ayuda de metales, órgano y piano en las personas de Frank Mead, Nick Payn y Nicky Hopkins, entre otros.  Uno de los objetivos de Gary Moore con Still Got the Blues fue alcanzar ‑‑como él mismo lo comentó– al público muy joven que escuchaba el heavy metal, para despertar en ellos el interés por el blues y sus músicos originales.

«Esa sería una buena justificación para mi álbum”, explicó el guitarrista.

VIDEO SUGERIDO: Gary Moore – Still Got The Blues (Live) – YouTube (UndeadKuntiz)

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PRIMERA Y REVERSA: BOBBY McFERRIN

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Bobby McFerrin nació el 11 de marzo de 1950. En su familia siempre se fomentó entre sus integrantes el canto clásico. De joven, McFerrin prefirió tocar el piano, aunque siempre se sintió frustrado por la ventaja que Keith Jarrett le llevaba con sus improvisaciones.

Hasta los 27 años escuchó el llamado del canto. Se dio a conocer de golpe en 1982 por su participación en el Kool Jazz Festival de Nueva York, donde se produjo el legendario dueto con el trompetista Wynton Marsalis, grabación que se incluyó en el álbum The Young Lions.

Ese mismo año apareció su primer L.P. llamado Bobby McFerrin. En 1984 insistió en realizar una gira por Europa sin un solo músico de acompañamiento, lo cual puso a temblar a los organizadores, pues nunca se había hecho una cosa así. Él se mantuvo firme en su finalidad casi misionera: poner a girar a todos con el puro sonido de la voz humana.

La canción «Don’t Worry, Be Happy» fue un éxito rotundo comercialmente y también para su fórmula personal de lograr el triunfo. A comienzos de la década de los noventa, la música vocal pura terminó por establecerse completamente.

El siguiente disco de McFerrin, Medicine Music (EMI, 1990), luego de dos antologías, no fue el L.P. más emocionante en su variado repertorio. Después de sus anteriores y atrevidos experimentos con un canto al parecer con diferentes voces e improvisaciones scat sin texto alguno, ahora se ponía a cantar.

Lo hizo en el relax total –a veces acompañado por la Voicestra de diez integrantes–, e interpretó una música con sus propias palabras, como oraciones, las cuales consideró de manera consciente como provechosas para el cuerpo y el espíritu.

El gospel y los pasajes bíblicos desempeñaron el papel principal, y no sólo cuando el padre de Bobby, de 70 años entonces, participó en «Discipline» como primer cantante.

A pesar de ello, no fue posible hablar de un tranquilo tradicionalismo.  «Yes, You» trató del amor físico, del sexo; y en «23rd Psalm», de las vibras de una divinidad femenina; hay cantos indígenas («Medicine Man») y auténticos coros tribales («He Ran All the Way»). Este fue un disco ubicado fuera de toda especulación comercial, y debió escucharse como tal.

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PRIMERA Y REVERSA: MIXED UP (THE CURE)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Mixed Up (Metronome, 1990) del grupo The Cure fue un éxito seguro en cuanto a las ventas se refiere. Las once mezclas no fueron producidas a la ligera, tal como lo demuestran los logrados ejemplos de «Lullaby», «The Walk» o «Lovesong», creados bajo la dirección del triunvirato del sonido formado por Mark Saunders, Robert Smith y Chris Terry.

También es divertida la versión hecha por Paul Oakenfold de «Close to Me», con un ritmo a la James Brown reconfortado con una trompeta jazzística.  No obstante, resultan muy enervantes las mezclas de «Fascination Street», «Pictures of You» e «Inbetween Days».

Mixed Up fue un producto obligatorio para los fans, pero no necesariamente para el resto del mundo.

Para promoverlo, Robert Smith tuvo la idea de poner por un solo día su propia estación pirata de radio, Cure FM. Por unas horas la estación trasmitió varias partes del disco.

Smith, quien alternaba entre el micrófono y una botella de whiskey, estuvo muy amable y conversador.

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