PATRICIA CARRIÓN

 

Por SERGIO MONSALVO C.

PATRICIA CARRIÓN (FOTO 1)

 EL JAZZ COMO OPORTUNIDAD*

En el libro Tiempo de Solos 50 jazzistas mexicanos escribí que “una cantante como Paty Carrión (nacida como Patricia Grisel Carrión Palacios el 12 de julio de 1959 en México, D.F.) posee el toque mágico para hacer que las palabras que hemos escuchado y repetido millones de veces se tornen sonidos que nos envuelvan formando remolinos o brisas ligeras.

“Es de las artistas a las cuales se les puede delegar la esperanza de atrapar esas palabras para que luego las renueve con el canto, como parte de un sueño lo mismo colectivo que privado. Muy pocas intérpretes de cualquier género son capaces de ello, de emocionar con su voz. Eso requiere de un talento innato y del estudio constante para canalizarlo”.

A Paty Carrión la entrevisté para su inserción en el libro, en noviembre de 1999, festejaba aún sus 40 años recién cumplidos.

Habla Paty:

¿CUÁL ES TU DEFINICIÓN DE “JAZZ”?

“Es una maravillosa oportunidad que nos brinda un espacio. En él cual nos movemos en abstracto. Es un espacio instantáneo que no se puede repetir y que crea pequeñas obras, todas diferentes, por medio de la improvisación. Es la sensación de estar componiendo al instante y de regocijarte en lo que oyes, en cómo lo quieres hacer, y en cómo te gustaría escucharlo al siguiente momento.

“El jazz es un instante maravillosos en el que no eres terrenal, en el que te vas a otro parámetro, a otra dimensión, donde la música es la reina y donde no existe el tiempo, no como lo conocemos nosotros, sino sólo en esos cuatro o cinco minutos que puede durar tu pieza, y en tu capacidad para crear una música única e irrepetible en ese momento. Eso es el jazz: la posibilidad de jugar, de divertirte, de vivir de ello y aparte que te aplaudan. Tiene que ser así o no es jazz.

“Si no eres por dentro un niño en edad entonces no eres jazzista. Todos los músicos compartimos un infante muy despierto, nada caprichoso, pero con capacidad de asombro, de sensibilidad, con la capacidad de emocionarse hasta las lágrimas, de sorprenderse, todo eso que a la mayoría de la gente se le va enajenado, mellando. Con los músicos que trabajo son esas las cosas en común”.

¿QUÉ HIZO QUE TE INCLINARAS HACIA EL JAZZ EN UN PRINCIPIO?

“Fueron varias situaciones, algunas de ellas deseadas, otras por azar. Yo viví en Cozumel nueve años, ahí tuve la posibilidad de explorar diferentes géneros musicales, porque toco la guitarra, mal pero la toco. Durante esos nueve años pasé por todo los estilos que tienes que pasar: ranchero, bolero, trova cubana, canto nuevo, etcétera. Sin embargo, tras haberme paseado por ellos sentía que había algo que me estaba deteniendo.

“Todos esos géneros me exigían en una determinada limitante, una frontera donde más allá no podía ir. Después de un viaje que hice a Europa me di cuenta del gran nivel que se maneja en esos países, musicalmente hablando, y también por las cantantes. Entonces me dije: ‘tengo que hacerme músico, no nada más ser otra cantonta’. Regresé a la Ciudad de México para estudiar música, en ese proceso alguien me presentó a Juan José Calatayud que en ese momento no tenía cantante, pero me lo plantearon como si yo fuera a alternar con él, y pensé ‘¿qué voy a hacer ahí con mi guitarrita y mi trova?’. Yo conocía algunas cositas de jazz pero no tenía mayor conocimiento. Sin embargo, resultó que el llamado era para trabajar con él no para alternar, y bueno después de ponernos de acuerdo en dos o tres cosas al señor le encantó como cantaba y ahí fue cuando yo me inicié en el jazz.

“Con él trabajé seis años. Aprendí muchísimas cosas, participé en infinidad de festivales internacionales, nacionales y demás. Juanjo nunca me dio una clase, en la manera en que nosotros tenemos la idea de una clase, sin embargo lo que trabajé, viví y viajé con él fue la mejor escuela que pude haber tenido para después desarrollarme. A la par también estaba yo estudiando música, fue una época bastante fuerte de desarrollo, mucho alimento, mucho conocimiento entrando en mí.

“Estudié en El Centro de Investigación y Estudios Musicales  (CIEM) que está afiliada a la Real Academia de Bellas Artes de Londres, y en lugar de tomar 10 años de mi vida para obtener un diploma en una de las escuelas de México, donde dice que estudiaste la carrera, preferí utilizar 36 meses de mi vida para obtener una licenciatura avalada por la Real Academia de Londres. Me costó un ojo de la cara porque la escuela era carísima, y luego o trabajaba o estudiaba, y al final mi fatiga era tal que ya no entendía ni lo que estaba trabajando ni lo que estaba estudiando, así que dije hasta aquí llegué, by. Muy buena escuela”.

¿POR QUÉ ESCOGISITE LA VOZ PARA EXPRESARTE?

“Yo no la escogí, mi padre es músico, siempre se dedicó a la música. Él es un arreglista-compositor y el 50% de las cosas que Javier Solís cantó fueron arreglos de mi padre. Se dedicó a la música vernácula y toda la vida estuve rodeada de músicos. A los 5 años yo cantaba con la influencia mi padre. Entonces Milisa Sierra, que en paz descanse, en esa época tenía una serie de discos que era sobre cuentos infantiles y a mi papá se le ocurrió que esta chiquilla podía cantar en ellos, así que grabé un disco con él y fue muy sencillo, no me costó trabajo. Lo que sí me costó fue aprenderme las letras, porque yo todavía no sabía leer, pero a partir de ahí ya nadie me bajó del asunto.

“Lo más loco es que nunca pensé dedicarme a la música. En 1978 me fui a vivir a Cozumel y no tenía claro qué quería hacer. Llegué a chambear ahí donde se pudiera. En una ocasión salí a cenar con unos amigos a un restaurante que estaba a la vuelta de su casa. Ahí, comenzamos a cantar para divertirnos. Nos escucharon los dueños del lugar y me vinieron a preguntar que si yo quería trabajar ahí cantando. Conseguí una guitarra y empecé a trabajar.

“Pasó un tiempo para que yo aceptara que eso era para lo que Dios me había puesto en la Tierra. Hice miles de cosas en Cozumel. Dime que chamba te gusta y te aseguro que la hice. Aprendí de todo, pero lo único que me ponía en paz era cantar. Así que lo asumí, y luego de que regresé de un viaje, en el que me fui de aventura a Europa, ya me dediqué de lleno a la música. A vivir para y por la música y de la música”.

¿CREES QUE SEA IMPORTANTE LA VIDA ACADÉMICA PARA UN JAZZISTA?

“No. Es importante, pero no lo más importante. Lo más importante es que tengas el corazón y el alma abiertos a la música. Si tienes el talento, si tienes el oído, si tienes la intuición, el instinto, tu nivel académico lo puedes ir elevando. Conozco gente que se dedica a esto y jamás ha estudiado nada de música. Son grandes orejas, grandes espíritus. Claro que es muchísimo mejor tener un nivel académico, porque entonces te ganas el respeto de los músicos, cosa que no todas las cantantes tienen. Desgraciadamente no todas han asumido el papel de lo que debemos ser: músicos.

“Y como músico tienes que conocer el lenguaje, el tuyo y el del instrumentista. Por ese lado, sí te ayuda mucho tener un nivel académico, porque entonces tus compañeros se vuelven precisamente eso: tus compañeros y no tus acompañantes. Yo sí te puedo decir que nunca me han acompañado, siempre hemos trabajado juntos como compañeros. Eso me ha ganado muchísimo el respeto de la gente con la que he trabajado. Hablamos el mismo idioma, y no hago berrinche como otra gente lo hace porque nunca sabe qué le salió mal, pero asegura que la culpa la tiene el músico. No. Hay que responsabilizarse de tu instrumento, de tu carrera, de hablar el lenguaje y ya entonces podrás decir no fui yo, fue él o los otros. Para eso sí se me hace muy importante el nivel académico.

“Por otro lado, para cantar lo único que necesitas saber es sentir. Tener el talento, tener la voz y sentirla, para poder decir lo que quieras. El nivel académico te sirve para comunicarte con los demás músicos, a nivel de compañeros no de acompañantes, y ese es otro boleto”.

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¿DENTRO DE LA VOZ, A QUIÉNES CONSIDERAS TUS MAYORES INFLUENCIAS?

“A nivel del jazz a las tres reinas: Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y Carmen McRae. De las tres mi favorita es Carmen. A un nivel general, hay una cantante que admiro y adoro. Se llama Mina, es italiana, y la mera verdad es que es la mujer más versátil que conozco; que canta de todo y en varios idiomas y en tesituras que no le corresponden. Su versatilidad fue un impacto tremendo para mí, y algún día quisiera tenerla para mí también. Así como la cachondería de Sarah, la capacidad de improvisación de Ella Fitzgerald y el swing de Carmen, las formas de decir que tiene. Como ves casi no pido nada.

“A nivel personal mis influencias son las personas que mi padre, Rafael Carrión, llevaba a la casa a cantar cuando era niña. Porque entonces era la cosa de la bohemia, de quítate el look y adelante. Gente como Negrumo, un sinaloense que hizo canciones bellísimas. Mi padre que en esas épocas era un goce para mí, porque a través de él pude darme cuenta de lo que significa cantar en vivo y a todo color. De ahí obtuve muchas influencias y, luego, una vez dentro del mundo del jazz esas cantantes que ya te nombré. También podría incluir a Ellis Regina, a Gal Costa y a María Betania”.

¿CUÁL ES EL ESTILO QUE MÁS TE INTERESA INTERPRETAR, EN CUÁL TE SIENTES MÁS A GUSTO?

“Me gustan todos, así como los standards de siempre, que son como un dulce que has comido desde niño y siempre te va a saber igual. Las cosas más nuevas me gustan porque son retos en cuanto a la imaginación, a la capacidad vocal, porque no nada más es bella la voz clara, sino la voz rasposa, el chillido, su efecto percutivo, tratar de dar armónicos, el experimento, todo eso me encanta.

“Dentro del jazz me gusta todo lo que es jazz, no hay uno que me guste más que otro. Eso sí, para mi manera de ser prefiero los temas más emotivos, más apapachones, que los temas más dinámicos, pero es cosa de personalidad. Soy cien por ciento romántica. Todo se me viene a la emotividad. Disfruto mucho las baladas, la música de Ivan Linz, la de Sergio Méndez, la de Michel Legrand. Todo me gusta, pero mi preferencia sería todo ese tipo de música que además incluye un poco de poesía y una definición más exacta de una emoción, de un sentimiento, de un momento determinado en la existencia”.

¿CUÁL ES TU VISIÓN DEL JAZZ EN MÉXICO?

“Creo que en México hubo una época en que sí había excelentísimos músicos, la época de Chilo Morán, de Mario Ruiz Armengol, de Mario Patrón, del mismo Juan José Calatayud. Había gente que tenía un nivel tan alto, musicalmente hablando, que los extranjeros que venían a México, con grandes nombres y grandes orquestas se quedaban boquiabiertos cuando marcaban la pieza a los músicos mexicanos y ésta corría de pies a cabeza enseguida, cosa que con su grupo les llevaba meses montarla. Sí, hubo un pasado muy sólido. Mucha gente también vino a México porque había un escenario jazzístico en la ciudad. Al entrar los años sesenta éste se perdió por la llegada del rock and roll.

“Ahora yo sí siento que en este momento en México (fin de siglo) hay un movimiento jazzístico muy fuerte de gente muy joven, muy buena en lo que hace. Desgraciadamente ya se nos fue Chilo, Chava López también, que eran grandes representantes del género, gente que luchó y hasta le costó dinero hacer jazz. Ahora gracias a los medios de comunicación, a la información, a los videos, a los discos, ya no necesitas ir a una escuela,  sino que te metes a tu cuarto con los videos, con los discos y los estudias, hay más posibilidades de información y eso crea mucho mejores músicos.

“Hay mucha hambre en México de hacer buena música, también de escucharla. Hay pocos medios de difusión para el género, para saber dónde están los lugares, lo qué se está haciendo, etcétera. Porque desde que quitaron el Arcano todo se diluyó, toda la familia que había reunido ahí Paco Galindo, lo cual fue su gran mérito en este ambiente,  se desbandó. Él logró reunirnos a todos, hacer que nos escucháramos y respetáramos, pero al cerrarse el lugar nos dispersamos.

“Hoy todos estamos regados, no tenemos un lugar donde nos podamos reunir, hay algunos, pero ninguno como el Arcano. Ahí la gente iba a escucharnos, ahí jamás te iban a pedir un ‘Take Five’ o un ‘Misty’. Ahí llegaban a ver qué les ibas a ofrecer.

“En México el jazz tiene futuro, siempre y cuando la gente que tiene la posibilidad de brindarnos los foros haga precisamente eso, que nos los brinde y pague bien, que respete nuestra carrera, nuestros años de estudio, de trabajo. Nuestro trabajo tiene un precio, sin ínfulas. Nosotros tenemos también que darnos nuestro lugar. Le veo futuro porque ya somos muchos”.

¿QUÉ TE PARECE LA INFRAESTRUCTURA PARA EL JAZZ EN MÉXICO?

“Pésima, ¿cuál infraestructura?, no hay. Lamentablemente al jazz se le ha manejado como música elitista, y si es música elitista entonces yo soy alemana. El jazz nació de los negros, de los esclavos, ¿eso es ser elitista? Se ha creado una concepción errada de lo que es el jazz. Al considerarlo elitista se le han cerrado las puertas a mucha gente por cuestiones de mentalidad y eso está canijo. El jazz es un juego, en el que cotorreas de muchas maneras. Quien tiene capacidad de jugar le gusta el jazz. Si les pones un disco de jazz a 100 gentes es probable que a 99 les guste. Pero si antes de ponerlo les dices que es jazz es probable que sólo a uno le guste. Por prejuicio.

“Si logramos remover ese prejuicio y decir que el jazz es sólo una manifestación del alma, una forma de decir, de compartir, de exprimir lo que te está quemando, simplemente sabremos que son cosas comunes al ser humano. Estamos demasiado hechos a las palabras, si no trae texto no gusta y por ahí hay un gran impedimento. Vivimos en una ciudad de 20 millones de personas y  puedes contar con una mano los lugarcitos donde se toca el jazz, que no son precisamente lugares para el jazz, pero que de repente se permiten tener grupos de jazz por uno o dos días”.

HÁBLAME DE TU DISCOGRAFÍA

“Es poca. Grabé un disco a los 5 años con Milisa Sierra. Hice un disco de Salsa con Luis Demetrio, un disco de bolero con él también y acabo de terminar un proyecto de música ranchera con mi padre. A partir del 11 de diciembre [1999] me voy a meter al estudio a hacer un disco de jazz con un grupo que se llama Downbeats. Es el primero y todavía no tiene nombre. El año que entra también voy a hacerlo con algunas de las cosas que yo he compuesto, algunas jazzísticas, otras no. También un disco con Enrique Nery, un proyecto conjunto jazzístico con un material fuera de serie y también otro con Calatayud. Con él he trabajado mucho standard viejo. Con los Downbeats hay la posibilidad de hacer otro tipo de cosas. Downbeats tiene ya como veintitantos años de existencia”.

¿QUÉ PEDIRÍAS PARA LOS JAZZISTAS MEXICANOS?

“Foros, gente con 5 cm de espíritu para que nos comprendiera y se diera cuenta de que nuestro trabajo vale; la posibilidad de presentarnos y que la gente se diera cuenta de lo que somos, que cualquiera puede gozar con nuestra música, pero sobre todo foros y reconocimiento a nuestro trabajo; no quedarte en México y pudrirte dentro de ti de frustración. O que te tengas que salir a otro país a sufrir cualquier cantidad de cosas, incluyendo el éxito, pero fuera de tu casa.

“Para los jazzistas pediría un poco de conciencia, para que la gente nos pueda brindar los foros y mucha más solidaridad entre nosotros; mayor conocimiento de nosotros mismos. Estamos un poco alejados. La labor de Paco Galindo se desvaneció con el cierre del Arcano. Necesitamos más comunicación, compañerismo, más solidaridad y gente que le dé a este país esa opción de creatividad, de espiritualidad y la posibilidad del conocimiento interno”.

*Esta entrevista la realicé en noviembre del año 1999 y de ella brotó el extracto para ser publicado en el libro Tiempo de solos 50 jazzistas mexicanos, con las fotografías de Fernando Aceves.

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VIDEO SUGERIDO: Patricia Carrión – Sabes, YouTube (Patricia Carrión)

 

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“I’M A FOOL TO WANT YOU”

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (BILLIE HOLIDAY)*

En su canto hubo el esfuerzo y los rastros del que sobrevive, del experimentado lleno de cicatrices que no se ufana de ellas ni las ostenta, pero que sabe son suyas y le pertenecen. Por lo tanto cuando la escuchas crees en la esencia de lo que glosa, en su legitimidad y tienes el convencimiento de que las palabras son recovecos de la propia vivencia trastocados en canción.

La existencia no tiene remedio, parece decir, pero la afirmación no es una sentencia trágica o resignada. En su oficio significó también el rescate de una llave verbal que abriría los instantes vividos de cualquiera que la oyera en el futuro. Esta melodía llega desde entonces como un evocador sentimiento presente, eterno, que procede a redescubrir el riesgo de amar sin red protectora. Emite su misterio y lo desmenuza.

*Texto extraído del poemario Baladas III, publicado por la Editorial Doble A.

 

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DJANGO REINHARDT

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL TÓTEM GYPSY

 Hace aproximadamente 2000 años (días más, días menos), una tribu de gitanos conocida como los Sinti emigró de las riberas del río de tal nombre  en la India hacia la sugerente Persia, donde se ganaron la vida haciendo lo suyo: música. De Persia continuaron su migración histórica a toda Europa y al norte de África.

Sin duda alguna, uno de los sectores demográficos menos comprendidos y tratados con mayor injusticia ha sido el de los gitanos, cuya cultura ha dado a luz una enorme cantidad de buena música a lo largo de los siglos por diversas geografías.

La música sinti y su cultura en general se desarrollaron en el tiempo, integrándose las tradiciones de las muchas tierras recorridas en esos cientos de años. En la actualidad, la música sigue desempeñando un importante papel en dicha tribu.

Las generaciones mayores sienten un gran orgullo por la tradición de enseñar a los jóvenes a tocar, apreciar y continuar con el desarrollo de esa música. Y dada la naturaleza migratoria de sus vidas, no sorprende que la guitarra haya cobrado un papel protagónico en tal devenir.

La importancia de ésta dio su salto cuántico en el siglo XX cuando Jean Baptiste “Django” Reinhardt, un integrante de la tribu nacido en Bélgica (Liberchies, en 1910), inventó un nuevo estilo para ella en el campo del  jazz que se apoderó de Europa (para luego extenderse a todo el mundo).

A este músico se le ha atribuido el honor de haber sido el primero en elevar el jazz europeo al nivel del estadounidense, en donde el reconocimiento ha sido abierto y asimilado sin cortapisas. Para los sinti, desde entonces, Django representa un tótem musical.

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Durante la era del swing, ese adelantado guitarrista asombró a los escuchas con su combinación de música tradicional gitana con la improvisación jazzística. Todo un descubrimiento que sí, se celebró, pero que también tuvo que sortear las inclemencias de la historia.

El programa político del Partido Nacionalsocialista alemán (o sea los nazis) lo enunciaba claramente: condenar toda corriente artística que ejerciera una influencia «disolvente» en la vida nacional y prohibir las manifestaciones en tal sentido. Corrían los primeros años de la década de los treinta.

Para los defensores de tal ideología, belleza, genio y gusto debían surgir del alma colectiva, no de la individualidad, y lo que el alma colectiva aceptara tenía que sujetarse al criterio único de la tradición popular y del folclor nacionales y fabricarlos en serie: la pintura de tarjeta postal, la música con temas populares y la literatura de almanaque, o sea, el kitsch absoluto.

«Unicamente un arte que se inspire en el pueblo ‑‑explicó Goebbels– puede ser considerado excelente y significar algo para el pueblo al que se dirige. La visión del mundo nazi descansó en esta premisa y así desarrollaron su política estética y cultural.

VIDEO SUGERIDO: Django Reinhardt – I’ll See You In My Dreams, YouTube (cuauthemocb)

De tal modo, el que no pertenecía a la raza aria, según ellos, era incapaz de sentir las necesidades y aspiraciones de la comunidad; además, corrompía el arte nacional y sus obras eran un elemento de depravación, degenerado. «Sólo queremos en nuestro arte la glorificación de lo mejor», dijo Hitler.

Judíos, negros y gitanos fueron señalados como los principales agentes de la disolución del arte auténticamente alemán. Se les acusó de internacionales, viciosos, corrosivos, pretenciosos y agentes en contra de la renovación verdadera del mundo.

Por tal motivo, quienes tenían ese origen o exaltaban sus creaciones fueron excluidos de toda actividad cultural, perseguidos, encarcelados, confinados a campos de concentración, exiliados o desaparecidos. Y su obra, condenada, destruida, olvidada o expuesta a la repulsa popular.

Django Reinhardt se encontró con todo ello, justo cuando su estilo emergía al frente del grupo Hot Five del club del mismo nombre, en el París que era invadido por las tropas alemanas al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

El comienzo de las restricciones partió con el «veto a Benny Goodman». De súbito los nazis descubrieron que era judío y lo declararon un representante típico de la «conspiración internacional judía» a favor de la «España roja».  Sus discos fueron prohibidos y las disqueras no debían editarlo.  Así, el gran Benny se volvió tabú.

La Gestapo se presentó en las compañías disqueras con largas listas y las obligó a tachar de sus catálogos todas las grabaciones hechas por compositores, letristas e intérpretes judíos y negros. Prohibieron sobre todo las corrientes más «modernas y decadentes».

Suspendieron toda edición de textos informativos con respecto al jazz (y el blues por extensión) y emprendieron una campaña en los periódicos contra éste: «Las orquestas aullantes y las parejitas entregadas a esa música tienen su lugar en la selva, no en nuestras salas de baile…»

Así, Hitler y sus sicarios decretaron que el jazz era “música degenerada”. Aunque, ya metidos en la Segunda Guerra Mundial, tuvieron que hacer concesiones y permitir que siguieran actuando orquestas y combos de jazz: lo exigían sus propios soldados, fanáticos absolutos del swing de Benny Goodman y de la guitarra de Django Reinhardt.

A este creador del jazz gitano, gypsy jazz o manouche, que hacía brotar fuego de su guitarra, una quemadura en la mano izquierda a los  18 años le había provocado su especial toque instrumental, ello aunado a pasión por el swing estadounidense y las melodías cíngaras hizo el resto.

(El carromato en donde vivía con su familia se incendió y, tras sufrir graves quemaduras, los dedos anular y meñique de la mano izquierda le quedaron prácticamente inservibles. Pero eso lo hizo tocar como nadie).

Django había vivido a su aire, decía no ser de ningún país y de pertenecer a todos, era analfabeta, pero ganó mucho dinero tocando la guitarra. Podía volverse rico un día y perderlo todo al siguiente. Le gustaban las mujeres y algunos otros vicios; jugar al póker y al billar y lo siguió haciendo en medio de la ocupación nazi de París, donde Reinhardt vivía como una estrella.

A finales de 1934, fundó el Five Hot Club de Francia, con Stéphane Grappelli en el violín, un contrabajo y otros dos guitarristas (su hermano Joseph a la rítmica). Con este quinteto —al que más tarde se uniría Hubert Rostaing en el clarinete— había tocado en auditorios, hoteles, casinos, clubes y tugurios entre Londres, Francia e Italia.

La música del guitarrista, al que el poeta Jean Cocteau había descrito como “una bestia orgullosa y perseguida”, la pasaban al papel pautado los diferentes clarinetistas que tuvo. Django les mostraba la parte de cada instrumento en el suyo.

Durante un tiempo logró evadirse de lo que le rodeaba en los conciertos y en la vida (defendía que la guerra no tenía que ver con él), pero en el inter los nazis exterminaron a medio millón de gitanos.

Ello se debió a que a ciertos jefes nazis les gustaba el toque de Reinhardt, y querían usarlo a su favor llevándolo a Berlín para presentarlo en salas de concierto con el fin propagandístico de mostrar a la nueva Alemania como cosmopolita frente al mundo.

Sin embargo, el músico, aprehensivo ante los caprichos de los oficiales alemanes, que incluso apuntaban hacia la posibilidad de que actuara ante Josef Goebbels o Adolf Hitler, huyó a la frontera con Suiza, donde a orillas de un lago esperó durante meses poder cruzar a otro país, en medio de penurias y del acoso constante de la milicia alemana.

Acabado el conflicto, sufridas innumerables miserias, el músico compuso un Réquiem al pueblo gitano y al genocidio de esa etnia para que no se olvidara. No obstante, de aquella partitura solo han quedado algunos fragmentos.

Django Reinhardt murió en 1953 en su casa de Samois-sur-Seine, en Francia, y el cementerio de esa pequeña población en un recodo del río Sena se ha vuelto lugar de culto de guitarristas y aficionados. En el 2010, para celebrar el centenario de su nacimiento, el alcalde de París inauguró una plaza con su nombre en el terreno donde alguna vez estuvo el campamento en el que se instaló su familia a principios del siglo XX.

Por otra parte, el legado de Reinhardt sigue inspirando a los gitanos décadas después de su muerte. Un sinnúmero de instrumentistas, gitanos o no, esgrimen la profunda influencia del estilo único de este músico.

Los jóvenes aprenden a dominar el instrumento interpretando sus piezas e imitándolo. Muchos no han pasado de ello. Otros, sin dejar de reconocer su deuda con él, tienen el talento suficiente para imprimir su propia huella sobre la música que producen y de llevarla hacia nuevos rumbos.

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VIDEO SUGERIDO: Django Reinhardt CLIP performing live 1945, YouTube (New Orlean Jazz-Pub)

 

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JAZZ Y BOLERO

Por SERGIO MONSALVO C.

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B & B bailan “Perfidia” en Casablanca.

 ALELUYAR EL PLACER Y EL AMOR

 El bolero nació en Cuba hace más de cien años. En las primeras décadas del siglo XX llegó a México, donde adquirió características propias y el impulso para ser conocido en todo el orbe. La expresión mexicana obtuvo su esplendor con compositores como Agustín Lara, Consuelo Velázquez, Gabriel Ruiz y Alberto Domínguez (lista a la que con el tiempo se agregarían María Grever y Armando Manzanero), cuyos temas triunfaron fuera de la geografía nacional, sobre todo en la Unión Americana.

Esta preferencia se materializó cuando el compositor estadounidense Cole Porter escribió algunas obras para la comedia musical Jubilee, donde insertó nuevas armonías al bolero tradicional. De tal manera se erigió en el creador del género bolero-beguine, antecedente directo del bolero-jazz, con canciones como «Beguine the Beguine», «The Gypsy in Me» y «Night and Day» y, como dicen los investigadores musicales: «Esta variante del bolero alteró la fórmula original, pero vistió de modernidad al ritmo».

Unos años después, durante la Segunda Guerra Mundial, dos canciones del compositor Alberto Domínguez («Perfidia» y «Frenesí») llegaron a las listas de popularidad de los Estados Unidos y se convirtieron de inmediato en temas standard para las big bands de Glenn Miller, Artie Shaw y Benny Goodman, quienes con la rítmica del swing las llevaron a Europa y por ende al resto del globo terráqueo. Igualmente sucedió con la pieza “Cuando vuelva a tu lado”, de María Grever.

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Dinah Washington canta “What a Difference a Day Makes”.

El doctor Pablo Dueñas (escritor, cronista experto en música popular mexicana y fundador de la Asociación Mexicana de Estudios Fonográficos)  lo refirió así: «Para entender el fenómeno ‘bolero’, hay que compararlo con el jazz de raíces negras, el cual permite amplias libertades en cuanto a ejecución y composición, motivando la improvisación y creatividad interpretativa, porque no se llevan cánones rígidos de armonía. Con el bolero sucede algo similar, por las propias libertades que ofrece y la capacidad de combinarse con otros géneros y crear híbridos, tales como el bolero-mambo, bolero-cha, bolero-montuno…»

Para continuar con las combinaciones, a lo largo de los años han aparecido discos en los que la tendencia contemporánea a jazzear el bolero ha quedado plasmada de manera por demás portentosa. Algunos temas se han convertido en standards clásicos del jazz y entre ellos, pueden ser considerados como “Los diez magníficos” los siguientes temas por las diversas aportaciones, tanto estilísticas como interpretativas, que han logrado provocar por el mundo en general y en diferentes idiomas, a través de las décadas.

Ellos son: “Perfidia”, “Frenesí”, “Bésame mucho”, “Quizás, Quizás, Quizás” (“Perhaps, Perhaps, Perhaps”), “Amor Amor” (Amor, Amor, My Love”) “Somos novios” (“Yesterday I Heard the Rain”), “Esta tarde vi llover” (“It’s Impossible”), “Cuando vuelva a tu lado” (“What a Difference a Day Makes”), “La Mentira” (“Se te olvida”, “Yellow Days”) y “¿Quién será?” (“Sway”).

Para la conjunción del bolero con el jazz se unieron varios de los más destacados músicos del jazz a lo largo de su historia y el resultado de tal mezcla o fusión –con casi una centuria de existencia– de cualquier forma en que se le mire es gozoso, placentero y excitante. Toda música como ésta nos habita, desquicia y enerva. Toda música así, bolero jazzeado o jazz bolereado, de todas maneras nos consume, nos serena el aire o lo turba. O como dijo L. R. Sánchez, un maestro de neobarroco lírico: «Ámame en bolero… porque en el bolero se recluyen las felicidades, los cuerpos se atesan y se atizan y se aleluyan el placer y el amor». Ni hablar.

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Michael Bublé canta “Sway” (¿Quién será?”).

VIDEO SUGERIDO: HELEN FORREST – Perfidia – Benny Goodman, YouTube (David Henry)

 

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“I’M A FOOL TO WANT YOU”

Por SERGIO MONSALVO C.

I'M A FOOL TO WANT YOU (FOTO 1)

 (CHET BAKER)*

 

Su salvación, sabe /

depende de esos instantes de revelación /

de esos flashes de lucidez fulminante /

de esa improvisada anamnesia

de lo inon top /

 

La real investidura del sobresentido /

sin alegorías /

con data precisa del sentimiento /

sólo valor racional

y clarividencia /

 

En solitaria vigilia /

contra la locura y el fin

que recorren la vida en ese tiempo /

como una jam after hours

frente a la barbarie del desamor

 

*Texto extraído del libro Baladas III, publicado por la Editorial Doble A.

 

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ENRIQUE NERY

Por SERGIO MONSALVO C.

enrique nery (foto 1)

 UN CORAZÓN EN EL TECLADO

Cierta vez, al hojear una revista de música, me encontré en ella la carta de un lector que afirmaba no saber cómo sobrevivir de no ser por el jazz que escuchaba. No anotó que edad tenía ni qué tipo de jazz era el que lo mantenía con vida. Sin embargo, eso no importa a final de cuentas. El mensaje quedó inscrito en mi memoria, tanto que guardé en ella su contenido hasta la fecha.

Es obvio que a una afirmación como ésta no se le debe tomar por su radical literalidad, sino por el cúmulo de pasión que conlleva. En el jazz, como en cualquier expresión artística, tanto en quien lo crea como en quien lo recibe debe haber pasión de por medio, y en ello cada uno será su propia medida. Todo dependerá incondicionalmente de la calidad que manifiesta el intérprete.

Pasión y calidad, pues, son algunos elementos que los escuchas del jazz deben esperar siempre de los músicos, en disco y en el escenario. En México, uno de ellos es sin lugar a dudas Enrique Nery. Maestro, compositor, arreglista, instrumentista de excepción que a los 17 años ya formaba parte de orquestas grandes e importantes en el ámbito mexicano. El tiempo lo ganó para el jazz y desde entonces lo ha desarrollado con pasión y calidad.

Este músico nacido en la Ciudad de México el 18 de agosto de 1945, ha estado presente en los momentos y en los sitios donde el jazz nacional se ha manifestado en su mejor forma. Es un artista, un músico de jazz, para quien el pensamiento y el sentimiento, la reflexión y la emoción están unidos e interactúan en el acto de crear.

Nery tiene en su haber algunos discos como Perseverancia, una combinación interesante y retadora a dúo con el guitarrista Cristóbal López; Contrastes, una experiencia solista llena de magia y realizada en los estudios de Chick Corea; From México to the World (de edición limitada); apariciones en álbumes de otros músicos como el reciente de Irradia Noriega, Efecto Mariposa, y está en espera de que aparezca la producción Ambiance.

S.M.: Enrique, ¿qué es el jazz para ti?

E.N.: “Recientemente leí que es una música que no tiene género, un estilo determinado; que se presenta sólo cuando hay las condiciones posibles para improvisar. Yo estoy de acuerdo con esa definición. Es una analogía con Beethoven: tema y variaciones. La gente presenta un tema y sobre éste improvisa. No obstante, cualquiera puede entrarle al género, sea jamaicano, cubano o mexicano; cualquier música que presente una estructura suficientemente armada y en forma para intentar la improvisación.

“La característica de esta composición instantánea es algo que para estas fechas, con tanta información, escuelas y desarrollo que ha tenido la música puede ser que ya esté muy, muy metodizada. Quieres aprender un estilo y ahí ya está todo: se basa en tal escala, o se pueden usar tales recursos, hay un libro fulano, perengano lo tocaba, tienes la referencia de una grabación, etcétera. Así es la situación de una música estructurada tanto armónica como melódicamente con la implicación de un ritmo, que se presenta para un trabajo de improvisación en un estilo dado.

“Alguien decía también que interpretación y variación se manejan bajo diferentes reglas: las reglas de la música clásica y las reglas del jazz. Por eso responder a tu pregunta es difícil, porque para mí lo que significa jazz no es lo mismo que para otra persona, que igual puede ser el gran Charlie Parker o el insulso de Kenny G u otros. La mía va alrededor de esto que he estado diciendo. No estoy tratando de envolverlo o de ponerlo muy complejo.

“Es una música con una estructura armónica y una característica melódica que se presenta con ciertos elementos para ser improvisada bajo reglas ya existentes. Cosa que también diría tiene sus variables, porque músicas como las de Coltrane, que rompen con todas las estructuras anteriores y que realizan un tipo de improvisación colectiva, rompen las reglas armónicas y melódicas y entonces se hace la música con otra forma de improvisación.

“Hay también improvisación basada en otro tipo de asuntos. En este momento me viene a la cabeza Cecil Taylor como otra de las corrientes importantes de improvisación, un poco fuera de cánones, pero con bases y todo, muchas veces sustentadas en estructuras académicas, muchas veces no. El jazz es una música construida que presenta características suficientes entre armónicas y melódicas para poder ser improvisada de acuerdo a muchísimos factores, entre entornos, ambientes, seres sensibles y muchas cosas más”.

S.M.: Cómo músico, ¿por qué optaste por el jazz?

E.N.: “Mi caso es el resultado de la genética y de la naturalidad. En algún momento mi papá, que era músico, compró un tocadiscos de 78 rpm y discos de Count Basie y de Benny Goodman, de esos tiempos que mucho le gustaban al viejo, música de big band. Me aficioné a ello por ósmosis, yo creo, por el simple hecho de tenerlo cerca, o por haber estado desde muy temprana edad en ensayos con músicos, donde se hacía el jazz, donde se grababan a las orquestas, donde se presentaba una grabación o la gira de una orquesta, o tocando en vivo en un baile y cosas por el estilo.

“Esa situación es algo que se me da en forma natural y luego recuerdo sorprenderme tratando de tocar una pieza y querer hacerle una variación simple, elemental, y a la mejor sin ninguna regla, pero ya con la inquietud de buscar la improvisación. Mi padre podía hacer jazz hasta cierto punto. Gustaba de ello y dentro de los recursos de la época. Había música en la casa, cosas que escuchaba mi papá con don Mario Ruíz Armengol.

“Estas discadas suscitaban la fraternidad entre los músicos; la reuniones en la XEW, en el break de un ensayo y otro de un programa, todo un ambiente en los años 40 y 50. Eso hacía una camaradería muy grande. Reuniones en la casa de los músicos, con las familias. Y de repente alguna de las hijas cantaba o le rascaba a la guitarra, o tocaba una bandita chiquita celebrando un aniversario.

“Todo ese ambiente les daba materia para retroalimentarse, o como el caso de un compadre y vecino de mi padre que le pasaba sus adquisiciones discográficas o arreglos de Johnny Richards para Stan Kenton y cosas así. Esas cosas estaban de primera mano. Sus hijos compartían también ese material con nosotros. Fue un periodo de escucha y de formación muy rico”.

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S.M.: ¿Qué motivó tu inclinación hacia el piano?

E.N.: “Fue curioso, porque el primer instrumento que toqué fue el acordeón. Mi papá me puso un acordeón chiquitito, de una décima, y me enseñó cositas como ‘Blanca Navidad’, temas sencillos. Eso fue a los 6 o 7 años. A mi hermano mayor, Jorge, lo inició con el violín y así nos fuimos formando entre juegos. El viejo era saxofonista y podía entender un poco del piano y de la guitarra, entonces se ponía a tocarlos y nos acompañaba como parte de la convivencia.

“Un par de años después un tío que me vio posibilidades me regaló un acordeonzote al que yo padecía mucho porque tenía que tocarlo sentado. Era pesado para mi complexión. Cuando cumplí los once años y terminé la primaria el viejo decidió meterme al Conservatorio. Mi hermano ya tenía un año en él. Pero resultó que el acordeón no era un instrumento aceptable como el violín, por ejemplo. Ahí es donde tuve que hacer el switcheo al piano.

“Mi papá entonces tuvo que comprar uno porque era requerimiento en el Conservatorio, tener el instrumento para practicar, de lo contrario no entrabas. Así que no fue una decisión mía. Fue el destino, una coyuntura. Luego pues ya me dediqué de lleno al estudio del piano”.

S.M.: ¿Es importante la vida académica para un músico de jazz?

E.N.: “Creo que actualmente sí. Hubo un tiempo en que los músicos se acercaban a la improvisación, al jazz, con poca o nula academia; sin embargo, con una intuición y un oído increíbles. Es toda una polémica. El prejuicio de diferenciar lo culto de lo popular, lo mundano, lo profano, lo hereje. Pero creo que para esta generación debería ser necesario. Quien no tenga escuela o academia en este momento está en un problema, porque no sabrá leer y podrá resultar incompleto para algunas cosas. Entonces se necesita una academia básica por los principios.

“Como músico profesional necesitas técnica para tu instrumento, buena actitud, voluntad. Si no tienes buena academia y no puedes solfear, eso te va a limitar los entornos. Se dan casos refulgentes como los de Wes Montgomery o de Erroll Garner, que nunca estudiaron una nota pero podían tocar y tocaron siempre bien. Siempre hay casos de excepción.

“Pero a lo largo del siglo, por ejemplo en los Estados Unidos, los músicos negros se hicieron de una academia: fuera que les permitieran acceder a las escuelas o que ellos escucharan la música, los discos o compraran algún libro. Se hicieron de un tipo de sustento académico fuerte, como los casos de Charlie Parker, James P. Johnson, Fats Waller o Art Tatum.

“Sin embargo en estos momentos se necesita la academia por tres cosas básicas: aprender el instrumento, a solfear, y para extender la cultura musical. Los tiempos ya no dan cabida a un músico imperfecto, con mala técnica, con un mal tono, impuro. Todo eso es sumamente indispensable. Muchos músicos que tienen la intuitiva natural se resisten al solfeo porque creen que van a perder el swing para tocar.

“Sin embargo, cuando hablamos de solfeo éste no tiene nada que ver con el intelecto, con el talento, con la intuición, con la creatividad. Es solfeo, rítmica, métrica, o sea, dos y dos son cuatro, de modo que las combinaciones que se hagan sean como matemáticas, así es cómo puedes cantar un solfeo. Son cosas que más tarde o más temprano te pueden servir. Son el resultado del ejercicio. Así que yo creo que sí es necesario”.

S.M.: ¿Quiénes han sido tus mayores influencias en el piano?

E.N.: “Se han dado por periodos. Cuando estaba en el Conservatorio mi papá me dio un libro de transcripciones de Oscar Peterson, entonces tuve un periodo de fascinación con él. Se me dio la cosa de transcribir, de captar como abordaba estilos, géneros, no tanto de duplicar o de transcribirlo a la nota. Luego vino el espacio de Dave Brubeck. Más tarde, un trompetista mexiconorteamericano que se llama Luis Gazca, que ya había tocado con Stan Kenton, con Ferguson, que aterrizó en México y trabajamos juntos por un rato, me comenzó a hablar de Bill Evans.

“Me convenció de que me iba a encantar por sus conceptos, por sus tonos y bla bla bla. Por entonces comenzaba yo a tocar de manera profesional, tenía como 15 años, y conseguí en la Casa Nieto que estaba abajo de la Torre Latinoamericana el álbum de Bill Evans Trio 64. Se convirtió para mí en una fascinación absoluta. Lo escuché muchísimo y siento que esa es una influencia grande que ocupó un buen espacio de tiempo para entenderla.

“Luego vino Herbie Hancock y mi admiración por el músico versátil al cual escuchar en cualquier contexto. Hancock, el compositor, el sideman, el pianista, en fin, con Lisa Minnelli, con los brasileños, con música de Ravel, con Gershwin o con Don Was y los raperos. Se convirtió en un modelo de virtud, para armar. Fue un incentivo para hacer la música, para resolver situaciones. Para poder educar a alguien en la música tienes que mostrar esta clase de modelos.

“Me gusta también la personalidad de Tommy Flannagan, Roland Hanna, Jimmy Rowles, por su acompañamiento; la efusividad rítmica de Horace Silver. Tengo oídos para todos y lo disfruto todo. Hoy estoy en el proceso revertido de sacarme la influencias e intentar tener una voz propia a partir de filtrar, digerir, todas las influencias que he tenido. Pero sigo escuchando y disfrutándolo todo”.

S.M.: ¿Cuál es el estilo que más te interesa interpretar dentro del jazz?

E.N.: “El de Hancock, prototipo de versatilidad, que tiene los elementos para desarrollarte y desenvolverte en cualquier contexto. Lo mismo en cuanto a swing o lo que se me presente, tanto si es un trío acústico como tocar para cantantes tan diferentes como Iraida Noriega o Patricia Carreón. O hacer la grabación con una banda X. En cualquier contexto trato de encontrar esto que ya dije de Hancock y guardando la proporción debida. La palabra mágica es acomodar. Cómo acomodarme, embonar, interactuar con los demás músicos; cómo proponer cosas, eso me interesa más que lo que pueda mostrar en un viaje egomaniaco”.

*Entrevista que llevé a cabo con Enrique el 25 de enero del 2001 y que apareció publicada en la columna “Jazzteca”, que yo tenía por aquel entonces en el sitio esmas.com. A la larga pudo ver la luz el famoso disco Ambiance, pero también Solo Sessions, Mexicanista, ¿Quién eres tú? y Toda una vida. Lamentablemente, y aún con muchas cosas por hacer, este gran pianista falleció en febrero del 2014. Descansa en jazz, Maestro.

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ESPERANZA SPALDING

Por SERGIO MONSALVO C.

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 JAZZ DE NUEVA GENERACIÓN

El jazz cerró uno de sus ciclos junto al siglo XX y abrió otro con el nuevo. En la reciente espiral ha aparecido la cantante, compositora y bajista Esperanza Spalding. Una joven maravilla entre cuyo bagaje se cuentan colaboraciones con Joe Lovano,  Patti Austin, Stanley Clark, Mike Stern. M. Ward y Pat Metheny, antes de cumplir los 22 años.

Este último fue quien en su momento indujo a esta artista a integrar el pop, el jazz y la música académica en su música. “Eso cambió mi relación, mi perspectiva de manera radical y determinante”, ha dicho Spalding al respecto.

Las influencias más importantes en la música sincopada de hoy no proceden de sí misma; sin embargo, esta música posee la fuerza suficiente para asimilar dichas influencias y mantenerse fiel a su esencia. Dicho proceder ha sido muy productivo y siempre con un mundo nuevo por recorrer.

La autenticidad no se pierde, al contrario aumenta la interrelación de los sonidos. Con ello surgen nuevas categorías en el género y la positiva sensación de que las cosas, como debe ser, se encuentran en movimiento.

El jazz comenzó a cambiar desde los años cero y en el proceso de abrirse a otros estilos ha dejado de ser jazz, según los puristas, pero para los que no lo son tal manifestación ha expandido sus horizontes y es más jazz que nunca. En la música vivimos ya en el tiempo de las mezclas y fusiones. Nadie en su sano juicio saldría a batirse para defender la virginidad y pureza de ningún género.

La confrontación entre las músicas populares y académicas es ya una necedad y la presencia constante de unas en el campo de las otras ha redundado en una interrelación muy diferente y fructífera de la música en general. Oír la obra de Spalding, en este sentido, es brindarse la oportunidad de ensanchar tales referencias. Ella tiene sólo 29 años y es una de las realidades más contundentes del presente musical y una firme promesa de futuro.

Nació en Portland, Oregon, en 1984, dentro de una familia de escasos recursos, desitegrada por el abandono del padre. No obstante,  aprendió de su madre, un sinfín de lecciones de constancia y rectitud. Aun así, y a pesar de contar con una figura materna, los años en la escuela no fueron fáciles para Esperanza, poseía una capacidad intuitiva extraordinaria que no sólo era una bendición y una maldición al mismo tiempo, sino que hacía que chocara con los métodos tradicionales de enseñanza.

De pequeña, además, se vio obligada a permanecer un largo período de tiempo en casa a causa de una enfermedad, por lo cual recibió clases particulares durante buena parte de la escuela elemental. Con el tiempo, no supo adaptarse a los planteamientos de la escuela tradicional, y a la necesidad de aprender de memoria las lecciones.

“En cuanto descubrí lo que era estudiar en casa y ser autodidacta, me resultó imposible volver a un entorno tradicional como aquel”, ha comentado. Sin embargo, lo que realmente llenó la vida de Spalding en aquellos primeros años fue la música. A los cuatro años de edad, después de ver al violonchelista clásico Yo-Yo Ma tocar en un programa de TV, se le abrió el mundo. Supo que quería hacer algo que tuviera que ver con la música. Empezó a verla como una aventura creativa.

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En un año aprendió por su cuenta a tocar el violín lo suficiente para ganarse un lugar en la Sociedad de Música de Cámara de Oregon, una orquesta comunitaria abierta a músicos de todas las edades, con la que estuvo una década. Cuando cumplió los quince ya ocupaba el puesto de concertino.

Por aquel entonces también había descubierto el contrabajo, y todos los caminos que, lejos del universo clásico, le abría aquel instrumento. De repente, tocar música clásica en una orquesta comunitaria dejó de colmar sus espectativas. Al poco tiempo ya estaba tocando blues, funk, hip-hop y mil y un estilos distintos en el circuito local de clubes de su ciudad natal.

A los 16 años, provista del diploma que acreditaba su paso por la escuela secundaria y gracias a una beca, se matriculó para un programa musical de la Universidad Estatal de Portland. Fue la contrabajista más joven de aquel curso (también comenzó con el cello) y pronto mostró su talento y la experiencia que ya cargaba en ambos mundos musicales: el clásico y el popular.

VIDEO SUGERIDO: Tell Him Esperanza Spalding, YouTube (robix224)

El Berklee College of Music fue el lugar donde a la postre encajaron todas las piezas de su vida y donde empezaron a abrírsele las puertas. Después de trasladarse a la Costa Este de la Unión Americana y, tras los frenéticos años de estudio, Spalding no sólo consiguió graduarse en la prestigiosa  institución, sino que en el 2005, a los veinte años de edad, fue contratada como profesora, convirtiéndose así en una de las docentes más jóvenes en toda la historia de tal centro musical.

Ese año también fue premiada con la prestigiosa beca de la Boston Jazz Society por su extraordinario talento. Además del tiempo dedicado al estudio y a la docencia, los años pasados en Berklee le sirvieron para tejer una fecunda red de contactos con artistas de renombre como el pianista Michel Camilo, el vibrafonista Dave Samuels, el bajista Stanley Clarke, el guitarrista Pat Metheny, la cantante Patti Austin y los saxofonistas Donald Harrison y Joe Lovano, entre otros.

Tras la sugerencia de Metheny, de amalgamar estilos, trató de satisfacer el deseo de unir la composición con la improvisación. Dos medios de expresión musical opuestos. Fue su meta estética y definición del jazz para el nuevo ciclo. Como forma y lenguaje hipermodernos, tan familiares y al mismo tiempo tan ignotos y rítmicos. Y siempre con el deseo de mostrar entre todo ello su propia melodía.

Así lo ha hecho desde su debut como solista en el 2006, con el disco Junjo, pasando por  Esperanza (2008) y Chamber Music Society (2010), hasta el más reciente álbum Radio Music Society (2012).

En cuanto a estos dos últimos proyectos, Eperanza en un principio pensó en hacer un álbum doble. Pero finalmente optó por lanzarlos de manera separada. El primero (Chamber Music Society) es un disco con una exploración íntima y sutil de obras de cámara.

En el segundo (Radio Music Society), a su vez, los músicos de jazz exploran formas y melodías de canciones que se encuadran más bien en la línea de lo que definiríamos como “canciones pop”.

Esas son las dos cosas que en estos momentos realmente le interesa mostrar: diferentes enfoques para cada tipo de pieza. En el ámbito de la canción pop piensa en oyentes que no están familiarizados con el jazz, pero también indaga en las personas dentro de la comunidad jazzística que puedan interpretar mejor cada una de las ideas de ambos discos, durante las giras y las presentaciones.

En el escenario esta artista maneja con fluidez tanto lo íntimo como lo colectivo. Con un bello y transparente colorido vocal que revela su elegante estilo al utilizar las texturas y las densidades.

Spalding combina, asimismo, dicho estilo con el contrabajo (en el que muestra una soltura maestra), el bajo eléctrico (con el modelo Fender de Jaco Pastorius o el flamante Godine A-5), el cello y la vocalización, entretejiendo las voces con las notas en un atractivo tapiz jazzístico de nueva generación que se nutre de géneros adyacentes (funk, soul, folk, bossa nova, world music) para ganar en eclecticismo.

Su canto es del tipo clásico, con preferencia por las escalas agudas: expresivo y ligeramente mimoso, con un despliegue de cierta tristeza. Canta en portugués, inglés y español. Sabe improvisar y tiene swing, además de interpretar las letras con mucha delicadeza.

De igual forma ejerce su liderazgo (descentralizado) en el empeño en que todos los miembros de su grupo se luzcan dentro del proyecto que maneje. Spalding posee enormes recursos técnicos y de experiencia musical, al escucha le toca traducirlos en grandes emociones.

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VIDEO SUGERIDO: Esperanza Spalding Nobel Peace Prize Performance LIVE, YouTube (Todd Brown)

 

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YEKINA PAVÓN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 CON EL JAZZ SE ACARICIA MEJOR*

De la voz del cantante, el poeta Carlos Pellicer descubrió su razón de ser cuando escribió que era la «Ilusión de moverse en un poema que alguna vez se ha de cantar». Oficio mágico en el que algunos seres florecen su naturaleza incontenida, como Yekina Pavón, cantante, porque nació cantante un primero de marzo de 1956 en la ciudad de Tabasco, Villahermosa (con el nombre completo de Angélica Yekina Sosa Pavón).

La distinción y el inconfundible timbre vocal son los méritos que le han impuesto a su arte una actualidad sin época. Es una voz con la que se ha librado para siempre del anonimato.

Los poderes de la voz de Yekina se manifiestan en cantos que traducen sentimientos, que inmovilizan emociones y procuran sensaciones. «Cuando fui niña la primera música que escuché fue el blues, con el paso del tiempo llegué al rock y luego descubrí el jazz. A los tres los he cantado en ese orden —acota—. No obstante, me identifico más con el jazz, porque con él se acaricia mejor. A mí me gusta acariciar con la voz, me deleito haciéndolo”.

En el canto de Yekina Pavón hay ternezas pianísimas, fraseos memorables y, sobre todo, recorridos melódicos por la sedosa libertad que le imprime a los temas escogidos. «El jazz es una manera de hacer música con toda la libertad —explica—. Es una forma de jugar con los ritmos. Eso es el jazz”.

Habla Yekina:

¿CUÁL SERÍA TU DEFINICIÓN PARTICULAR DE JAZZ?

“Es una manera de hacer música con toda libertad. Es una forma de jugar con los ritmos. Es la arritmia del ritmo. Y, a su vez, no se sale nunca del compás del tiempo. Eso es el jazz. El jazz es ritmo. Es ritmo y sentimiento”.

¿QUÉ HIZO QUE TE INCLINARAS POR ESTA MÚSICA EN UN PRINCIPIO?

“Cuando yo era muy niña la primera música que escuché fue el blues. Con el paso del tiempo conocí el rock and roll y después descubrí el jazz. Canté primero el blues, luego el rock y después el jazz. Yo me identifico más con este último porque con él puedes acariciar más, y a mí me gusta acariciar vocalmente. Mi carrera con el jazz se dio porque cuando empezaron los conciertos de jazz en la Sala Ollin Yolliztli, hace 18 años más o menos, me invitaron a participar en uno. En ese entonces yo manejaba sobre todo esos tres géneros, además de la bossa nova y entonces me lancé. Poco antes de eso conocí al gran Chilo Morán, quien fue un personaje muy importante en mi vida. Él me dijo: ‘Veo que amas al jazz tanto como yo lo he amado toda mi vida, pero te voy a decir una cosa: por la experiencia que tengo te puedo aconsejar que no te dediques a él, porque yo he tenido hasta que pagar para que me dejaran hacerlo. Tómalo como un hobby. Cuando puedas cántalo, pero no te perfiles nada más hacia él porque del jazz nunca vas a poder subsistir en México’.

“En ese concierto él estuvo ahí conmigo. Como amigo me hizo el favor de acompañarme. A los tres meses de eso me habló y dijo que me tenía la noticia de que iba a ser el encargado de la música en un programa de televisión que se llamaba «Música y algo más», que conducía Sergio Romano, y que la primera invitada iba a ser yo. Ahí fue donde empecé a perfilarme más hacia el jazz, porque con la banda de Chilo yo cantaba jazz y bossa nova y, por otro lado, a Romano le encantaba. Pero lo más importante fue que yo me deleitaba haciéndolo. Así fue como comencé”.

¿POR QUÉ ESCOGISTE LA VOZ PARA EXPRESARTE?

“Porque nací cantante y se lo agradezco mucho a Dios. Fue el instrumento que él me dio y desde los siete años he estado cantando. La voz tiene la peculiaridad de que con ella puedes decir cosas, comunicar directamente un texto. Es la vía más directa al corazón. Por eso “la música en vivo siempre es mejor”, como decía Venus Rey. Con el jazz de por sí no necesitas escuchar una letra para que te llegue, pero si aparte le agregas un bonito poema, como por ejemplo el de  ‘Misty’ que es un poema hermoso, pues qué mejor. Por eso estoy muy agradecida de que me hayan dado la voz como instrumento”.

¿CREES QUE SEA IMPORTANTE LA VIDA ACADÉMICA PARA UNA CANTANTE DE JAZZ EN ESPECÍFICO?

“Yo no creo. Un artista nace. Pero eso es un arma de dos filos porque cuando tienes un poquito de la cualidad es importante que la perfecciones. Cuando ya naciste con una cualidad dada no es necesario lo académico, porque la práctica hace al maestro, como en todo. Lo importante es que practiques y practiques y no dejes de cantar. Entonces, automáticamente, va creciendo la voz junto contigo. Pero si no naciste así, sí es importante prepararte porque a veces sabes hacer algo más o menos bien y todo mundo te lo dice. Y por una cuestión de ego puedes pensar ‘yo soy Juana la cubana’ y detienes tu crecimiento vocal, ya no te preocupas, ya no eres crítica contigo misma. Es muy importante la autocrítica, muy muy importante. La vanidad a veces nos ciega y decimos ‘como yo no hay más’, te ciegas y ya no te preocupas por seguir creciendo, por seguir mejorando en tu trabajo.

“Siempre he pensado que mientras haya vida hay esperanza y hay que estar creciendo constantemente y no quedarnos detenidos, porque hay que ser contemporáneos, tengas la edad que tengas. Porque vienen los nuevos cantantes, vienen los nuevos músicos, y serán frescos y contemporáneos y tú serás pasado. Eso lo sabemos perfectamente. Yo deveras, deveras, soy de las que se sienten orgullosa de los grandes músicos jóvenes que hay aquí en nuestro país, en este fin de siglo. He descubierto a unos músicos jóvenes por los que digo guau, qué bendición.  Por ende, entonces, los músicos maestros de ellos también tienen que estar a la altura. Yo como cantante si veo a alguna que es  magnífica no me queda menos que aplaudirla y admirarla, de verdad. Pero a la vez está el propio reto que tengo de seguir siendo Yekina Pavón, porque así soy, porque no me puedo quedar estancada.

“Pienso que si te estancas musicalmente es como un estancamiento en la propia vida personal, o sea un vacío horrible. Tus costumbres son las mismas, te sales de la época, vives inadaptado y eso no puede ser. Tienes que estar al día en lo tuyo. Tengo mala memoria, por eso no me sé los nombres de los y las cantantes buenas que hay ahorita, sin embargo los escucho y digo guau. Me encanta descubrir que siguen innovando y eso es padrísimo.

“Yo estudio oyendo los discos pero sobre todo cantando. No tengo un plan específico, pero a cada rato canto, voy a la calle y canto, estoy cocinando y canto, me despierto chiflando porque así caliento la garganta, porque si te despiertas cantando o hablando te dañas las cuerdas vocales. Y eso sí tiene que cuidarlo mucho el cantante. Por lo menos esperarte una hora después de que te despiertas para empezar a hablar. Muchos tienen la costumbre de que se despiertan y de inmediato hablan por teléfono y que se yo. Viven con una ronquerita y se preguntan qué pasa, pero es que no paran de usar la voz. Hay que descansarla, pero también practicar a diario. Yo todos los días canto, todos los días”.

¿CUÁL ES EL ESTILO QUE MÁS TE INTERESA INTERPRETAR?

“Es una pregunta muy difícil de responder. Musicalmente hablando donde mejor me siento es en el blues, en el soul, en el jazz y en la salsa. Pero realmente lo que me interesa es lo que yo tenga que decir con alguno de ellos. Me interesa el texto sobre todo. Claro que el ritmo te ayuda a que fluya mejor la palabra, pero me gusta más lo que yo vaya a decir, de lo que le vaya a hablar a la gente. En mi caso, el ritmo pasa a segundo término. Me atrevo a decirte esto: he tenido la fortuna de ser acompañada por los mejores músicos de México, y si algo les gusta a ellos de mi trabajo es que les pongo música difícil.

“Da la casualidad que van de la mano el buen texto y la buena música. A veces si la música es malita le mando hacer arreglos. Aunque yo no sé de música escrita sí tengo un buen instinto musical. Entonces a la hora de querer un arreglo les digo a los músicos ‘porque no le haces por aquí y aquí’ o ‘que suene así’. Son preciosos los músicos deveras. Yo estoy tan agradecida con ellos porque me han entendido tanto, me han comprendido y apoyado tanto, en las buenas y en las malas. Leo Corona , Irving Lara, Irving Flores, Chilo Morán, el Vitillo, Enrique Nery, Joao Henrique, Carlos Tercero, Fernando Caballero, Joaquín Trinidad ‘El Muppet’, todos ellos han sido tan bellos conmigo, en su paciencia, porque de repente me están haciendo un arreglo y les digo ‘yo aquí quiero dar a entender como que estoy regañando, entonces quiero que musicalmente regañes’ o ‘aquí acaricia por favor’ o ‘aquí dilo al oído a tu amorcito’, en lugar de que les diga  ‘aquí un crecendo’.

“Yo les hablo en mi lenguaje y se han preocupado por captarlo. Eso dice tanto de su calidad humana, aparte de la artística, que conmigo nunca se han puesto moños como con  muchas otras cantantes que se quejan de eso. Conmigo han sido accesibles, comprensivos, me han apoyado mucho y no nada más en ese sentido. Yo muchas veces hago labor social y no cobro nada por presentarme y ellos, los músicos, ahí han estado al pie del cañón y eso no tienes con qué pagarlo de verdad. Lo hacen por el placer, como Chuchito González Puebla, Marco Tulio, Camarón…Por el placer de hacer música juntos dejan cosas y van conmigo a esas presentaciones. Así como a veces me he tenido que privar de ellos porque tienen que subsistir  y no es posible que me acompañen, pero sé que tengo grandes amigos entre todos los músicos y ellos saben que en mí tienen a la misma amiga”.

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¿A QUIÉNES CONSIDERAS TUS MAYORES INFLUENCIAS?

“A Aretha Franklin, a Ella Fitzgerald, a Leny Andrade, a ellas”.

¿EN QUÉ TE FIJAS EN UNA CANCIÓN PARA ESCOGERLA?

“En que toque el corazón, para bien; en que hable sobre todo del amor presente; en que hable para que nos acordemos de que hay muchos seres humanos que necesitan amor; en que hable de lo bella que es la vida, la naturaleza; en que nos provoque la unión de los unos con los otros, en eso es en lo que me baso”.

¿CUÁL ES TU VISIÓN ACERCA DE LA ESCENA JAZZÍSTICA EN MÉXICO?

“Pienso que tiene un pasado, igual que este presente e igual que creo que va a ser su futuro, no más allá, lo cual es triste. Veo que la lucha siempre ha sido la misma, los espacios siguen siendo pocos, las oportunidades siguen siendo pocas, todo sigue igual. Hay conatos de vez en cuando de que quizá vaya a haber una apertura al jazz porque se hace un festival, pero pasa el festival y todo vuelve a lo mismo. Sólo  existen dos o tres lugares donde hay jazz y nada más.

“Esto es algo que lo digo con mucho respeto, pero es algo que siempre he peleado con los músicos. Hay algunos lugares donde he participado haciendo jazz pero he cobrado, lugares donde van ellos a hacer su música y se han demeritado un poco, porque con tal de tener un espacio donde hacer lo suyo no les importa hasta tener que pagar, como me lo decía Chilo Morán. Y eso ha mellado la escena porque desgraciadamente se vuelve una cuestión psicológica. Es como si fueras a un lugar y te dicen que la entrada es gratis, entonces piensas que no ha de ser tan bueno el show. En cambio si te dicen que cuesta 150 o 300 pesos crees que algo habrá. Hay ocasiones en el músico hasta tiene que pagar su propio consumo con tal de tocar en algún lugar. Eso hace que los empresarios no los valoren.

“Yo lo he discutido mucho con ellos porque de verdad los amo y soy de las mayores defensoras de los músicos, porque para mí el músico es un artista. Todos somos artistas porque todos somos hacedores de lo mismo, pero de alguna manera ellos han provocado que se les demerite su trabajo, que no lo valoren. Me da mucho coraje que se aguanten. Deben hacer que les den su lugar, y que ese valor se lo trasmitan a los empresarios, entonces quizá éstos empiecen a pensar en qué pasa con los músicos y paguen con tal de tenerlos.

“Eso sería el principio de algo mejor, pero mientras ellos no se den su lugar la gente no se los va a dar y eso me produce tristeza y coraje. Musicalmente estamos al nivel de cualquiera en el mundo y por qué tienes que salirte de México para que te valoren, eso es triste. Quienes tienen que tomar la iniciativa para crear una infraestructura para el jazz son los propios músicos y los empresarios. Debe haber un trato entre músico y empresario. Aunque luego también hay los músicos que ponen su negocio y se vuelven de esos empresarios explotadores igualmente. Se convierten en lo que se quejaban, entonces. Se les olvida todo y se convierten en empresarios explotadores y eso no se vale”.

¿CUÁL DEBERÍA SER EL PAPEL DEL GOBIERNO EN TODO ESTO?

“Creo que es el de proporcionar espacios, haciendo más festivales, eso es lo que puede hacer el gobierno. Lo demás es una cuestión de los músicos y de los empresarios, esa es la realidad. Los funcionarios del CNCA deben abrir más escenarios para hacer más festivales de jazz, eso es lo que el gobierno pude hacer, apoyar a más estaciones de jazz en la radio, quizá un programa de jazz en la TV. La cosa es enamorar a los empresarios, convencerlos de que promuevan constantemente esa buena música y que si lo hacen esa música se va a volver comercial, eso es todo. Hay falta de fe en creer que se puedan hacer mejores cosas en México, que podemos progresar en ese sentido musicalmente”.

¿QUÉ OPINIÓN TE MERECE EL HUESO?

“Que es necesario. Pero también que es muy triste. No es aceptable. Yo he sufrido mucho el hueso de los muchachos, porque por eso mismo a última hora me han cancelado su colaboración. Tuve la oportunidad de tener un trío que me acompañara y fui muy feliz, pero llegó el momento en que se tuvo que disolver el grupo por cuestiones económicas, tuvieron que caer en el hueso, tenían familias qué mantener y ni modo. Yo le pido a Dios encarecidamente que aparezcan no uno sino cinco empresarios verdaderamente enamorados del jazz y defensores del mismo, y que entre esos cinco armaran una estructura maravillosa para que en México sí hubiera apoyo para estos grandes músicos. Con cinco que se unieran, que metieran billete en serio, olvídate de las penalidades.  Me los he encontrado, pero sólo consideran al jazz para amenizar sus cenas y tan tan. Prefieren el dinero fácil y rápido al que quizá sea más como inversión a futuro. Ni siquiera lo piensan. No ven más allá. De que con eso se van a hacer de prestigio, de un nombre en México y en el mundo. Esperemos que aparezcan pronto”.

HÁBLAME DE TU DISCOGRAFÍA

“Hice dos discos azules con Federico Luna. La portada es azul. Uno es Yekina Pavón vale la pena y el otro es Y qué tal Yekina Pavón, pero fue una producción pequeña que hicimos entre Fede y yo y rápidamente se acabó. Acabo de hacer uno de boleros para la Feria de Tabasco que está muy bonito. Se llama La Feria de Tabasco. Cuando grabe quiero hacerlo en forma, que sea con una disquera grande, que me promueva. Hacer un disco para sacar una lana a mí no me interesa. Ahora curiosamente tengo fe en que puedo hacerlo, no he tocado puertas y creo que será más difícil porque ya no soy una chamaquita, pero me pueden sacar jugo otros treinta años, si es que vivo tanto, pero ahora ya me está inquietando dejar constancia de que hubo una Yekina Pavón. Eso ya me está empezando a preocupar, porque me lo piden y porque necesito hacerlo como necesidad personal, aunque siempre he estado peleada con los rollos del ego. Sí me gustaría hacer una antología con las canciones por las que la gente me ubica, una de los Beatles, qué se yo, tengo muchas cosas por hacer”.

*Esta es la entrevista que realicé con Yekina Pavón el 7 de diciembre de 1999. Y de la cual hice un extracto para ser publicado en el libro Tiempo de solos 50 jazzistas mexicanos que apareció en el año 2000.

yekina pavÓn (foto 3)

VIDEO SUGERIDO: YEKINA PAVÓN – EL TONTO DE LA COLINA, YouTube (Luigi Valentti)

 

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PLEGARIA AL SAX

Por SERGIO MONSALVO C.

plegaria al sax (foto 1)

 

(POEMARIO)

 Plegaria al sax*

Sax de mi guarda—

ante ti cavilo y suspiro—

sumiso ante tu voz—

reconozco el templo de la perdición—

sultán luminoso—

me conforto en los contornos de tu sugerencia—

y escucho en el fragor de tu vanagloria—

la certeza de tu albor—

lo pesado de tu negrura—

el llamado de tu fascinante infierno—

no me desampares de la noche con el día

 

*Texto extraído del poemario de igual nombre. El track que acompaña al texto es la improvisación musical que realizó el saxofonista Arturo Escalante para el mismo, y parte del CD que acompaña al libro.

Plegaria al sax

Sergio Monsalvo C./

Arturo Escalante

Colección (Words & Sounds)

Editorial Doble A/ISY Records

The Netherlands, 2007

 

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