ARTE-FACTO: EL ALBA MINIMAL (VII)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

Según Terry Riley, el pulso es un método oriental, hasta cierto punto, de enajenarse: “Es posible enajenarse todo lo que uno quiera al relacionarse con una constante”, dijo. Y el efecto de su música de Riley se lograba mediante la identificación con lo que él llamaba el proceso total del tiempo. 

 

No obstante, la variación continua dentro del proceso acumulativo de Riley se negaba a sí misma, a causa de su futilidad, e hizo que uno percibiera el tiempo que pasaba simplemente como éxtasis. 

 

La MonteYoung, por otra parte, se refería, por entonces, a la identificación con el sonido como tal: “Meterse en el sonido:  el sonido es Dios; yo soy el sonido que es Dios”. Los alargados sonidos estáticos de la música de este creador sugerían un tiempo antiapocalíptico, la duración pura. 

 

O bien, según escribiera el musicólogo y pedagogo alemán Wolfgang Burde: “La música minimal ha descubierto la aventura del macrotiempo. No se requiere ya un enfoque analítico, sino la entrega a una corriente musical que conducirá a una nueva expansión en la experiencia del tiempo”.  

 

Su homólogo Daniel Caux hizo una afirmación semejante, al observar en la música de Riley el intento de hipnotizar al escucha hasta devolverlo a un estado de inocencia.

 

 

En Philip Glass y Steve Reich, la eliminación del contenido dialéctico de la música no se relacionaba con ninguna ideología mística. La música de Reich suponía la neutralidad de los valores, como cuestión de principio.

 

No obstante, si bien su intento por usar el material sonoro occidental dentro del contexto de métodos estructurales no occidentales, a primera vista parecía constituir un procedimiento técnico carente de importancia ideológica, el hecho de que tanto su música como la de Glass tuvieran lugar en un macrotiempo no dialéctico los acercó mucho al misticismo de Riley y de Young. 

 

VIDEO: Philip Glass – Opening (Official Video), YouTube (Philip Glass)

 

 

 

ARTE-FACTO: EL ALBA MINIMAL (VI)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

 

Si bien Steve Reich y Philip Glass pusieron poco énfasis en la importancia del resultado auditivo, para La MonteYoung y Terry Riley era la única razón de ser de la música. Los procesos acumulativos de Riley supusieron una distinción fundamental entre el micronivel y el macronivel en el género. 

 

Se logró un cambio continuo mediante la introducción de nuevos elementos en la forma básica repetida, y el pulso desplazó la atención de los detalles de la forma al proceso general, de modo que las variaciones extremas en el micronivel paradójicamente llegaron a producir la impresión de inmovilidad. 

 

Los patrones muy rápidos usados por Riley produjeron movimientos lentos, que con todo se perciben como un “trance inmóvil en vibración”, el cual asemejó, un estado de ingravidez, precisamente el efecto que Riley pretendía lograr. 

 

 

De hecho, afirmó que en su opinión había fracasado su música si no era capaz de sacar al escucha de sí mismo. No obstante, el proceso opuesto también fue posible: La Monte Young utilizó la dimensión estática de la música como medio para producir en el escucha la sensación de movimiento.

 

No está muy claro en qué medida la adopción de una ideología mística representó una consecuencia inevitable del uso de la repetición, si bien el empleo de elementos musicales no europeos expuso a Riley y Young, ciertamente, a la influencia de ideologías orientales. De acuerdo con estos últimos, el propósito de la música era el de “enajenar” o bien, según lo expresara Young, “Si la gente no se siente transportada por mi música, ha sido un fracaso”.

 

VIDEO: Terry Riley – In C (1964), YouTube (Nivel Terciario)

 

 

 

ARTE-FACTO: EL ALBA MINIMAL (V)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

La cantante Valkana Stoianova denominaba al minimalismo como un juego de “monodismo interactivo”: lo que importaba no era lo que el sonido podía representar sino la intensidad fisiológica de éste o bien, según decía La Monte Young, “Hay que adentrarse en el sonido”.

 

La música minimal estadounidense fue en un comienzo una música objetiva en el sentido de que, puesto que no se creaba ninguna tensión fisiológica, prevalecía una relación ambigua con el escucha. La música existía por sí misma y no tenía nada que ver con la subjetividad del escucha. La posición de este último se había vuelto ambigua: por una parte, fue liberado de la intención, pero por otra se vio reducido a un papel pasivo, a un mero sometimiento al proceso. 

 

Steve Reich tuvo esto en mente al comentar que sólo era posible controlarlo todo mientras se estuviera dispuesto a aceptarlo todo. “¿Qué es más importante, la libertad o la manipulación?”.  Liberar al escucha no parecía ser una preocupación fundamental de los compositores minimalistas. Puesto que cada instante podía ser el del principio o el final, se encontraba a discreción del escucha elegir por cuánto tiempo quería escuchar la música, pero nunca se perdería de nada por no escucharla. 

 

Algunas personas señalaron el efecto bulldozer de esta música repetitiva, pero se trataba de una apreciación errónea, ya que dicha música invertía la posición tradicional: el tema ya no determinaba a la música, como lo había hecho en el pasado, sino que ésta determinaba al tema.

 

Tal inversión resultó en un desplazamiento hacia elementos extramusicales. A diferencia de la música dialéctica tradicional, la repetitiva no representaba un hecho físico, sino era la encarnación misma de este hecho.

 

VIDEO:  Steve Reich – Music for 18 Musicians (Colcut Remix), YouTube (Coldcut)

 

 

 

ARTE-FACTO: EL ALBA MINIMAL (IV)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

En la música repetitiva, el verdadero drama radica en la oposición entre forma y contenido y en la resolución final de esta oposición. Al eliminarse la causalidad lógica, el sonido se vuelve autónomo, de modo que en una obra como proceso no existe ninguna estructura previa al sonido: aquélla es producida a cada momento. 

 

Steve Reich ha dicho que siempre aceptó los efectos acústicos imprevistos que surjan en el curso del proceso. También son importantes para Philip Glass, quien afirmó en aquella época naciente: “Lo importante es el efecto fisiológico inmediato que se logra sobre el escucha”. 

 

La Monte Young, en particular, experimentó con esos efectos fisiológicos; con respecto a su obra Well‑Tuned Piano, el intento de mayor alcance que ha hecho por sistematizarlos, escribió que “…cada intervalo armónico determina una emoción diferente”. Lo que tenía pensado era crear un catálogo de los intervalos y de las emociones producidas por éstos, a fin de poder calcular el efecto medible que provocan en el escucha.

 

En la música minimal (repetitiva), la percepción forma una parte integral y creativa del proceso musical, puesto que el escucha ya no percibe una obra terminada, sino participa de manera activa en su construcción. Ya que no existe un punto de referencia absoluto, es posible un sinnúmero de perspectivas interpretativas. 

 

 

Por lo tanto, el proceso de escuchar apuntado a un objeto específico y basado en el recuerdo y la anticipación ya no era adecuado y debía sustituirse por un escuchar fortuito, sin propósito; el recuerdo tradicional del pasado fue reemplazado por algo afín a un “recuerdo hacia el futuro” y se optó por actualizar en lugar de reconstruir. Este “recuerdo hacia adelante” despojó a la memoria de su posición privilegiada.

 

VIDEO: La Monte Young – The well-tuned piano 720p, YouTube (musicomchannel)

 

 

ARTE-FACTO: EL ALBA MINIMAL (III)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

La idea convencional de la obra musical como totalidad ya no es válida dentro de los parámetros minimalistas, puesto que una obra repetitiva en esencia constituye un proceso; ya no tiene la función de representar algo fuera de sí misma, sino sólo de referirse a su propia creación. El movimiento habla de “Generar el presente a cada momento. Vagar a la deriva, sin principio, en un movimiento multidireccional sin causa ni efecto”. 

 

Esta omnidireccionalidad (valga la palabreja) vuelve imposible, por supuesto, cualquier relación causal. Al relacionarse sólo consigo misma, la obra se convierte en proceso. La característica más importante del proceso musical, en definición de Steve Reich (uno de sus puntales), es el hecho de que dicho proceso determina de manera simultánea tanto el detalle, o sea cada nota, y la forma en general. Reich creía en la inevitabilidad gradual de la obra: “Una vez que el proceso ha sido armado y cargado, funciona como por inercia”.

 

 

En el minimalismo se descarta rigurosamente la intervención subjetiva, a favor de un carácter por completo determinista. Reich lo llama un ritual de naturaleza por demás liberadora e impersonal: en donde nominalmente se controla todo lo que ocurre en el proceso de composición, pero también se acepta todo lo que resulta de éste, sin mayores modificaciones.

 

Al igual que Reich, Philip Glass rechazaba por entonces cualquier estructura dada fuera del proceso musical; éste debía generarla por fuerza propia: “Mi música no posee una estructura general, sino que se genera a sí misma a cada momento”, dijo.

 

En la música como proceso, la estructura ocupa un lugar secundario con respecto al sonido; sólo coinciden en el sentido de que el proceso determina tanto el sonido como la forma general.  La música repetitiva es, pues, desde tal época monofuncional, y los sonidos emanados de ella ya no están programados con miras a la resolución final entre material y estructura.

 

VIDEO: Steve Reich – Quartet: III. Fast (Official Audio), YouTube (Nonesuch Records)

 

 

 

ARTE-FACTO: EL ALBA MINIMAL (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

La música dialéctica tradicional es de carácter representativo: la forma musical está relacionada con un contenido expresivo y constituye un medio para crear tensión creciente; esto es lo que normalmente se denomina el “argumento musical”. 

 

Por el contrario, la música minimal (o repetitiva) no está construida en torno a tal “argumento”; la obra no es de tipo representativo ni un medio para expresar sentimientos subjetivos. Según Philip Glass, “Esta música no se caracteriza por ningún argumento ni desarrollo. Ha descartado los conceptos tradicionales estrechamente vinculados con el tiempo real, el tiempo de los relojes. La música no constituye una interpretación literal de la vida, y su experiencia del tiempo es distinta. No trata los acontecimientos dentro de una estructura direccional clara. De hecho, no hay ninguna estructura”. 

 

Además, indica: “La música ya no tiene una función mediadora que se refiera a algo ubicado en su exterior, sino que se encarna a sí misma sin mediación alguna. Por lo tanto, para escucharla se necesita un enfoque diferente, libre de los conceptos tradicionales del recuerdo y la anticipación. La música debe escucharse como un puro acontecimiento de sonido, un acto carente de estructura dramática”.

 

La Monte Young

 

En el periódico Village Voice, la crítica habló de una música antiapocalíptica dotada de una experiencia extrahistórica del tiempo, producida al descartar los elementos teleológicos y dramáticos. La Monte Young, según la publicación, había extirpado de su música la finalidad, el apocalipsis, y lo que queda era simple duración y éxtasis, sin principio ni fin: música eterna. De hecho, Young, por su parte, había comentado que su proyecto Dream House, por ejemplo, era una obra permanente y continua, desprovista de principio y que se prolongaba indefinidamente.

 

VIDEO: La Monte Young and Marian Zazeela: Dream House a Bologna (marzo 2012), YouTube (Francesco Matteo Ceccarelli)

 

 

ARTE-FACTO: EL ALBA MINIMAL (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Minimalismo

 

Los minimalistas pioneros en la música fueron diferentes entre sí. Sin embargo, esto no ocultó las extensas semejanzas en la mecánica fundamental de su música y en las implicaciones ideológicas de ésta, cuya definición resulta más fácil al compararse con el tradicional modelo musical romántico‑dialéctico de extracción hegeliana (necesidad y libertad entre el pasado y el futuro)

 

Existió una relación analítica, aunque muy tenue, entre la música repetitiva representada por los tempranos minimalistas y la romántico‑dialéctica, por el ideario hegeliano. De hecho, los principios que rigen a esta última fueron pasados por alto por los minimalistas. Por otra parte, es evidente que la música repetitiva puede interpretarse como la última etapa en un movimiento contrario al que dio forma a la música europea del avant garde desde Schoenberg y que culminó con John Cage, pese a que la obra de éste posee obvios antecedentes y orientación polémica, que estuvieron del todo ausentes en la música minimal. 

 

Teniendo presente la manera en que esta última ha adoptado ciertas ideas del avant garde, es posible evaluar de manera crítica el conflicto entre el modelo vanguardista y el dialéctico. Por lo tanto, la verdadera importancia de la música repetitiva radicó en la forma en que representó la etapa siguiente en la evolución continua de la música desde donde Schoenberg la había dejado.

 

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La Monte Young

 

Desde luego el fenómeno de la música repetitiva de los comienzos puede abordarse desde varios ángulos distintos. Sería posible, por ejemplo, concentrarse en los aspectos restauradores de su lenguaje musical, como el de la tonalidad, el énfasis en el pulso rítmico o la elección de imágenes sonoras fácilmente reconocibles. No obstante, este enfoque podría resultar más bien superficial, ya que, por consistente que haya sido la oposición de los compositores de música repetitiva al intelectualismo del avant garde (el cual incluye, según Steve Reich, a Webern y a Cage), debieron recordar y luego olvidar su influencia.

 

Otro posible asunto para la investigación hubiera sido la influencia patente de la música no europea, la llamada “primitiva”. La Monte Young había sido influido por el teatro gagaku japonés y la música raga de la India, por ejemplo. Tanto él como Terry Riley fueron discípulos de Pandit Pran Nath, maestro indio de raga. A su vez, Philip Glass basó sus sistemas rítmicos en las estructuras de tiempo aditivas de la música tabla, y Steve Reich llegó a adoptar ciertos principios rítmicos de la música de Ghana y la Costa de Marfil, así como de la gamelan de Bali. 

 

Sin embargo, este empleo de técnicas no europeas no debe considerarse fundamental para su obra, sino como un elemento de la capacidad inherente de la cultura musical moderna occidental de avanzada para mezclarse con los de una cultura ajena, desnudarla de su contexto socioideológico e incorporarla a la construcción de su propio desarrollo.

 

En el análisis se puede comparar y contrastar, desde varios puntos de vista, la música dialéctica tradicional con la repetitiva minimal. Resulta, por ejemplo, que en esta última el concepto de obra fue sustituido por la noción de proceso, y por la idea de que ningún sonido por sí solo reviste mayor importancia que otro. O como escribiera Ernst Albrecht Stiebler: “Una característica de la música minimal es que no expresa nada: existe sólo por sí misma”.

 

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Philip Glass

 

VIDEO: The Hours – Philip Glass, YouTube (Christos Georgiodis)

 

 

 

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ARTE-FACTO: NOTICIAS DEL HYPERIUM (XII)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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SWEET WILLIAM

VOCES QUE NO MIENTEN

La muerte que nos amenaza y la vida que nos anima se sitúan más allá de sus mismos signos fisiológicos, regidos como están por combinaciones químicas que se hacen a mil leguas dentro de nuestra conciencia e incluso de nuestros sentidos. Esas combinaciones, esas reparaciones y esas pérdidas, más inmemoriales que las nuestras, Sweet William las encuentra en la historia agitada de los monólogos interiores.

 

These Monologues es la confesión que se ha vuelto una costumbre. Es un disco que de esta manera llega a la mística por la palabra de la conciencia. En el trabajo de Sweet William hay el efecto de dos actitudes a menudo presentes en el intelectual de tipo puramente racionalista, y tal vez sobre todo en Alemania: una, el temor casi supersticioso a la palabra “mística”, como si esa palabra significara algo más que adepto a unas doctrinas casi secretas o buscador de cosas que permanecen ocultas.

Y sin embargo, todos sabemos que cualquier pensamiento profundo permanece en parte secreto, a falta de palabras que lo expresen, y que todas las cosas tienen su aspecto oculto.

La otra actitud consiste en cierto desprecio de la palabra “monólogo”, ya que ésta ha sido considerada muy a menudo como la sustancia en estado bruto, situada en las antípodas de la palabra espíritu o alma o yo interior, como se quiera, no sólo –como suele creerse– por el pensamiento cristiano, sino también por Platón o Aristóteles.

A Sweet William me hubiera gustado recordarle que los presocráticos lo habían precedido en su camino, y también que, al otro lado del planeta, Chang-Zeu lo hubiera alabado por haber pasado con su Musik & Wörter de la inteligencia que discrimina a la inteligencia que engloba.

David de Dinant –permítaseme la referencia obligada– fue quemado en la hoguera en el siglo XII en Halles. A la postre, Giordano Bruno –otro que le siguió en la quemazón– lo alabó ampliamente, tanto en sus discursos como en sus escritos, “por haber elevado el monólogo, y sus consecuencias, a la dignidad de cosa divina”. El Corpus Hermeticum aconseja escuchar “la gran voz de las cosas profundas”.

No es extraño que Sweet William, un alquimista moderno de las voces interiores, haya escogido de preferencia estos temas para integrar su disco. Temas como “Colder”, “These Monologues” I y II, “Their Conscience” o “Nothing to Retain” son materia transmutada por el trato a las palabras, a los sonidos. Aquí habría que recordar que uno de los grandes místicos del medioevo, el maestro Eckhart, dijo lo siguiente: “La voz interior es Dios, pero no sabe que lo es, y es el hecho de no saberlo lo que la determina sólo como voz”.

 

These Monologues, la obra de Sweet William, a veces parece amar, mucho más que a la obsesiva y claustrofóbica música que lo acompaña, el bloque de esa mística antigua que grabó con voz distorsionada. El bloque lingüístico mismo, la piedra desmoronada por el tiempo, devorada por la vegetación de la palabrería insulsa, ésa que siempre será ignorante de los grandes pequeños acontecimientos humanos que la han marcado o sucedido a su alrededor.

Dejar al hombre jugar con las palabras y sus voces. Pensemos a propósito en los autores de los mitos y lo sagrado, en el antiguo Mitra, dios nacido de la palabra. Vaya una anécdota: Dag Hammarkjold, un hombre de Estado que fue no sólo admirador de Saint-John Perse –poeta igualmente que uno de los místicos más desgarradores de nuestro tiempo–, mandó instalar en el edificio neoyorkino de las Naciones Unidas un oratorio que sólo encerraba una poderosa masa de mineral de hierro, el hierro aún en su estado geológico, yacimiento y veta en el seno de la roca original.

Este Dag Hammarkjold, hombre agitado por los conflictos efímeros y recurrentes, ficticios y morales, según sus allegados, de la era del acero y de las armas atómicas, acudía, para recomponer dentro de sí un poco de silencio y de serenidad, ante aquel bloque inmemorial y lo llamaba su voz interior, su inocente voz interior.

Sweet William en These Monologues habla de esa voz y sus misterios, de que existen imposibles enigmas naturales que no han sido escritos ni por los hombres ni por los demonios, y que parecen prefigurar la pasión del hombre por significar y conservar hasta el final su razón de ser. Sobre ese alfabeto inconsciente canta William, sabiendo que una distancia inconmensurable lo separa de sus ecos y movimientos, esclavo de músculos, tendones y neuronas. A pesar de ello no se intimida y busca decirlo así, en su esbozo de crónica interior, la que no miente ni se engaña.

VIDEO: Sweet William と 青葉市子 – あまねき (Official Music Video), YouTube (Sweet William)

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ARTE-FACTO: NOTICIAS DEL HYPERIUM (XI)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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STOA

PARÁBOLA CATACÚMBICA

Con la destrucción de nuestra ciudad en aquel año se dispersó también la primera congregación, que huyó hacia diversos puntos geográficos llevando consigo el ajuar del siglo urbano que nos signaba. De esta forma llegamos aquí a Urthona, nuestra catacumba final. Galería escarbada con el miedo de varios pisos; con la fe que ha enterrado a los cándidos primigenios. Gruta decorada con frescos y otoños, con inscripciones in memoriam, con señas de giros y cautiverios, con graffiti de polvo, del nunca jamás, del vértigo. Homenaje todo del Nuevo Advenimiento.

Sin ascetismos ni anatemas, el poema de William Blake, “Infant Joy”, fue entonado por todos los reunidos: “Carezco de nombre:/ sólo tengo dos días./ ¿Cómo te llamaré?/ Soy feliz,/ dicha es mi nombre./ ¡Que la dulce dicha sea contigo!/ ¡Hermosa dicha!/ que apenas tienes dos días,/ dulce dicha, te llamo./ Sonríes mientras canto/ ¡Que la dulce dicha sea contigo!” Conny cantó el arreglo de Olaf Parusel. La purificación del corazón por la voz de una fémina germánica. Oración etérea, de atmósfera electrónica, misticismo sintético de revoluciones góticas.

Aquí, sentados en esta roca inquebrantable, recordamos los llamados de una bienaventuranza: “¡Levántate!, ¡Persevera! ¡Manténte fiel! Bendito es el hombre que se compadece y comparte; que actúa con justicia y nunca titubea; que distribuye y da a los desvalidos; que siempre es generoso. Su valor lo cubrirá de gloria” (Stoa).

Ágape de proximidad, de servicio de unos a otros. Manifestación de la divinidad que ensalzaba el sufrimiento padecido. Así oramos con esa expresión de anhelo por un apoyo de sutileza intelectual. Soporte para la preparación del Advenimiento y su escatología (eskhatos, último y logos, ciencia), esa rama de la teología que trata de los fines últimos: muerte, juicio, fin del mundo, juicio universal: cielo e infierno.

Sabemos de la necesidad de una vestidura sagrada, de un espíritu que nos habite y haga que experimentemos el éxtasis y las visiones de lo que nos espera. Este culto a tales misterios es atractivo para la comprensión del temor a la vida y a la muerte. Decimos que existen ciertas sustancias espirituales. Su nombre no es extraño. Filósofos y poetas saben acerca de ellos y esperan su voz. Su sutileza y fina complexión les dan acceso a ambas partes del hombre. Tienen gran poder y, al ser imperceptibles a la vista y a los demás sentidos, se ponen de manifiesto más bien en sus efectos que en sus acciones.

De esta forma sabemos que cada parábola es un poema trazado con su tizón invisible: aliento de ángeles y demonios que estoy obligado a contar cada noche. Reunidos los oyentes digo mis visiones: …al llegar sobre el abismo de los cinco sentidos, donde una escarpa de lado plano desaprueba al mundo, vi a un poderoso demonio envuelto en negras nubes, el cual con fuego corrosivo escribió la siguiente frase: “¿Cómo sabes que algo es verdad?”

El rugido y el aullido, el oleaje furioso y la espada destructora son porciones de eternidad demasiado grandes para ser apreciadas por estos cinco sentidos. Entonces, un ángel vino y me dijo: ¡Contempla tu suerte!, y gradualmente vi en el abismo el humo de una ciudad ardiendo, un sol negro y refulgente, encendidos senderos con arañas tras sus presas, mismas que asumían diversas y espantosas formas brotadas de la podredumbre. El aire estaba lleno de ellas y parecía componerse de ellas. Pregunté entonces a mis acompañantes, demonio y ángel, cuál sería mi destino eterno. “El que está entre las arañas blancas y las negras –ambos repusieron–. Hacia allá irás si persistes en lo tuyo”.

No tardamos en distinguir la cabeza de Leviatán. Su frente estaba cruzada por rayas verdes y púrpuras. De pronto vimos su boca y sus branquias rojas colgar sobre una ensortijada espuma. Teñía la negra profundidad con rayos de sangre y avanzaba hacia nosotros con toda la furia de su existencia. Al terminar ahí la visión les digo a los oyentes que los hombres olvidaron que todas las deidades residen en el pecho humano. Por eso el canto oscuro, por eso la permanencia en este refugio plagado de las señales del tiempo. Fantasía memorable de un cautiverio vertiginoso.

Urthona, la ciudad del hombre que existe en una antítesis permanente y aguda, que jura y perjura que ese grano de luz que nos fue enviado es inalcanzable, subterráneo. Su profundidad y altura se apartan de nosotros, y que en mente y sangre nos convertiremos en piedra. Catacumba del siglo urbano que nos signa.

 

VIDEO: Stoa – Dust, YouTube (psychoma13)

 

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