ROCK & ROLL LXX-II (2)

 

Por SERGIO MONSALVO C.

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60’s

(SEGUNDA PARTE)

 El segundo lustro de la década es el inicio de una pesadilla generacional que conmociona de forma extrema a la tierra del Tío Sam, en todos los sentidos: El activismo político universitario —dormido hasta la fecha— hace sentir su rechazo al llamado a filas para los jóvenes y a la guerra imperialista. De igual manera, las minorías sociales inician la lucha por los derechos civiles de todas ellas (negros, indios, chicanos, feministas, gays, etcétera).

Como consecuencia de tal toma de conciencia surgirá el hippismo, el movimiento de los “weathermen”, el yippismo y otros ismos que se expandirán por el mundo en una diáspora cultural muy importante y de alcances indefinidos.

Todo ello había sucedido cuando la aparición de los Beatles en la Unión Americana arrasó en el Hit Parade y los convirtió en un hito. Luego de los Beatles el mundo fue otro, tanto como la música, la forma de componer, de hacer los arreglos, de producir, de grabar, de promocionarse. Los estilos se modificaron, la manera de escuchar la música cambió.

La beatlemanía fue una fuerza centrífuga que abrió la tubería del intercambio y asimilación cultural por doquier y por ella circularon el ye-yé francés, el pop italiano, la bossa nova brasileña, el krautrock alemán, la música hindú y el free jazz y la música estadounidense de raíces, así como las nuevas creaciones, el go-go, entre ellas.

El desembarco de los Beatles en los Estados Unidos, contagió a la población adolescente. En cuestión de días, los garages y sótanos de la Unión Americana fueron ocupados por jóvenes ensayando licks rocanroleros, iluminados por las sucesivas avanzadas de la Invasión Británica que continuarán llegando: Rolling Stones, Them, The Who, Kinks… Pocos fenómenos explican más vívidamente el poder catalizador del rock como aquel florecimiento musical al que se llamó garage rock: una explosión tan ubicua como expansiva en el tiempo.

A mediados de la década, con el paso de la adolescencia a la juventud, del instinto al conocimiento dentro del rock, se dio paso también al Bob Dylan que electrificó la palabra. La poesía, irrumpió en el género para amplificar la denuncia, el disgusto, la incomodidad con un sistema; para modificar los lenguajes, los sueños y las utopías. Esto forzó a que muchos grupos lanzaran varios discos al año, con los mismos Beatles como ejemplo.

Surgieron entonces el folk rock, el country rock y los primeros resultados de la exploración lisérgica por los paraísos artificiales. El rock psicodélico emanó de la Bahía de San Francisco para hablar de viajes interiores, de aventuras mentales, de trascendencias espirituales, acompañadas de otras vibraciones, de sonoridades desconocidas provenientes del interior humano, con infinidad de exponentes.

De tal actividad brotaron flores culturales para dar fijeza a un momento histórico: el LP como objeto del arte pictórico y del concepto en lo musical, las portadas de los discos, los álbumes dobles y triples, los happenings, los conciertos colectivos, el performance, los festivales masivos, la prensa underground, el pop-art, los shows musicales de la TV.

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Los iconos de una nueva cultura, como Jimi Hendrix (quizá el mejor guitarrista de la historia), los clubes de rock, la ruptura del papel de habitual de la mujer en la música popular, el movimiento ecologista, las radios piratas o las boy bands con referentes dignos como los Walker Brothers.

Hubo todo un nuevo movimiento musical, quizá el más trascendente y de gran repercusión social y cultural con el art-rock, alternativo e indie, el rock progresivo, el rock sinfónico, el jazz-rock, la rock-ópera y el hard rock como referentes. Al igual que las exploraciones electrónicas y las mitomanías exacerbadas en el exterior y en lo subterráneo. El uso del estudio de grabación como un instrumento más (experimentando con prácticamente toda la tecnología existente, e incluso provocando la invención de alguna nueva) creó una riquísima amalgama.

Los años sesenta abordaron lo musical como protagonista, pero en el fondo insistieron en lo sociológico. Puede considerarse la década de las ideologías. Del hedonismo al activismo, de la secularización a la píldora anticonceptiva, de la cultura de masas al afán por la juventud eterna y mucho de lo que nos caracteriza hoy hunde sus raíces en las batallas libradas en aquella década. Es la crónica de una generación que se encontró con un mundo en llamas y decidió ser sujeto activo de la Historia, con mayúscula.

Hubo movimientos de protesta contra el imperialismo yanqui (por la guerra de Vietnam); contra el imperialismo soviético (por la invasión de sus tropas en Checoslovaquía, en la Primavera de Praga); en mayo del 68 contra el orden establecido, durante las revueltas estudiantiles y sindicales que se iniciaron en Francia y se extendieron rápidamente por otros países. Los efectos socioculturales de estos movimientos aún se sienten actualmente.

Con el Festival de Woodstock, realizado en Nueva York en 1969, y considerada la reunión rockera más importante, esa progenie del “peace and love” vivió su momento ideal, su punto álgido, con la mayoría de sus dioses en el escenario, pero a la vez marcó el inicio del fin, que ocurrió meses más tarde con el concierto gratuito que The Rolling Stones ofrecieron en Altamont, California. Los Hell’s Angels y, antes, Charles Manson y Familia aportaron la parte oscura a aquel festín sesentero. La utopía hizo fade-out.

Dicha utopía sí, pero el rock continuó con su larga marcha hacia las decenas de horizontes descubiertos. Al llegar el final de la década se produjo un estremecimiento general, se dio otro cambio en el sonido gracias a los estallidos del  heavy metal.

La injerencia de tal cúmulo de hechos, pero sobre todo, la conquista de un arrebato generalizado y contagioso hizo patente el hecho de que la inmensidad de aquello había sido una revolución, en toda la extensión de la palabra, protagonizada por toda una generación a nivel internacional.

VIDEO SUGERIDO: Santana – Soul Sacrifice 1969 “Woodstock” Live Video HQ, YouTube (NEA ZIXNH)

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ARTE-FACTO: OTROS ESPACIOS (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

OTROS ESPACIOS I (FOTO 1)

 (ARTAUD/GRASS)

 Cuando son buenos, los libros dejan de ser libros, o únicamente libros, y pasan de conceptos, frases y oraciones a ser, además, ideas, letras y palabras con las que se escribe un nuevo texto. Es entonces cuando se mudan con las emociones que contienen y habitan otros espacios, ocupan lugares, se instalan y crean sus canciones, que son como íntimas estancias. He aquí, a continuación, algunos ejemplos de lo dicho.

OTROS ESPACIOS I (FOTO 2)

 UN VIAJE SURREALISTA

(ANTONIN ARTAUD)

El Teatro de la Crueldad ha sido creado para devolverle al teatro la noción de una vida apasionada y convulsiva…”. La única forma de lograr esto, según Antonin Artaud (1896-1948), era viajar a un país donde dicha noción fuera recobrable al abrigo de antiguas cosmogonías; donde se pudiera documentar sobre el terreno mismo acerca de los ritos solares; donde se pudiera explorar lo que quedara de un naturalismo lleno de magia; donde hubiera que sumergirse para recoger los vestigios movientes, los mitos, y aspirar directamente su fuerza: ese país era México.

El primer espectáculo producto de este aprendizaje resultó en el drama La Conquista de México. “Ahí puede verse de manera concreta, lúcida y bien calzada por las palabras exactamente lo que quiero hacer, y que mi concepción física del teatro emerge de modo indudable…”, escribió.  Era una forma de teatro que no se interesaba por éste en sí, sino como un instrumento para “modificar” el mundo.

Moctezuma, para el escritor francés, era el rey astrólogo que “obedece santamente las órdenes del destino, aquel que cumple pasivamente y en plena conciencia la fatalidad que lo liga a los astros… el hombre desgarrado que habiendo cumplido con los gestos exteriores de un rito, se pregunta si no se ha equivocado y se rebela en una especie de tête-à -tête contra el orden superior donde planean los fantasmas del ser”. La irrepresentabilidad de la gigantesca obra en el teatro francés de aquel entonces (1934) convirtió en obsesión su viaje a México.

El vía crucis para conseguir respaldo oficial y financiero no hizo más que acendrar la idea apoyada por particulares estudios sobre el esoterismo y tratados de antiguas civilizaciones, lo que Artaud consideraba como investidura para una misión verdadera: descubrir el manantial vivo de la cultura y, por este medio, recuperarse íntegramente, desembarazarse de las alienaciones y estratificaciones impuestas por la “extraviada civilización de Occidente”.

Por fin en enero de 1936 el autor partió rumbo a México vía La Habana, donde un brujo le obsequió una pequeña espada, a la que aquél le concedió un carácter mágico: “Hasta ahora, los horóscopos y mi fe íntima, que jamás me han engañado, prueban que México dará lo que debe dar… Ahí hay un mundo esotérico real, he tocado ese mundo desde La Habana”.

A finales de febrero, una vez en México, Artaud dictó una serie de conferencias bajo el patrocinio universitario: “Surrealismo y revolución”, “El hombre contra el destino”, “El teatro y los dioses”, las cuales, junto con artículos publicados en periódicos y revistas, le permitieron costear su estadía y hacer labor de proselitismo, la cual culminó con la petición escrita por un grupo de intelectuales mexicanos para que el gobierno le facilitara los medios para “tratar de retomar y resucitar los vestigios de la antigua cultura solar” mediante una expedición a la tierra tarahumara, con el fin de “restablecer la armonía o esperar su resurrección…con una abundante cosecha de documentos esotéricos”.

El viaje no fue turístico sino ritual, la experimentación en carne propia de las teorías largamente concebidas lo condujeron a una transformación de sí mismo, en el sitio donde se vivía la cultura largamente buscada: la cultura del peyote, sus brujos y sus ritos. El poseso siempre ha sido un poseso de sí mismo y Artaud quedó fascinado por lo concreto de las mágicas obtenciones del peyotl.

El artista habitaba un reino alterno y sombrío: la lucidez analítica en la penetración de la locura, que conservaba vestigios de una razón que actuaba sobre lo irreal. Con la aventura ritual se dio en él entonces un trueque con la naturaleza. Al inteligir el entorno como un poseso, marchó paralelo con el sentir de las plantas, buscó entonces la sombra del sueño, que es la región donde el vegetal ingerido penetra y se expande.

Tamaña experiencia del surrealista, en sí mismo, fue compilada en el volumen llamado Los tarahumaras, cuya redacción duró 12 años y el último de sus textos escrito tan sólo un mes antes de morir: el mito solicitó la noche para brillar.

OTROS ESPACIOS I (FOTO 3)

 LA RATESA

(GÜNTER GRASS)

 En la reflexión sobre el libro La ratesa, de Günter Grass, hay que comenzar con la selección por parte del autor del tema apocalíptico, con su escenificación de un hecho insólito.

Ambos sin duda denotan oficio y originalidad al mismo tiempo. El autor alemán, con su preferencia familiar por los animales heráldicos como narradores, escogió en esta ocasión a un asqueroso roedor: la rata.

Ésta no figuró entre la pequeña multitud salvada por Noé en su famosa Arca, por indicación de Jehovah –como argumenta el texto judeo-cristiano de la Biblia–. Sobrevivió por cuenta propia, sepultada en el monte Arafat.

La ratesa, con la que sueña el narrador de la novela de Grass, se muestra como su escéptica contraparte en las conversaciones acerca de la situación del mundo y las posibilidades de supervivencia del género humano.

Habla con la voz de un individuo y de la colectividad, habla desde un conocimiento preciso de la historia y la naturaleza del ser humano. De ella es la última palabra hablada; del narrador, la última palabra escrita.

Las personas de espíritu alegre siembran un manzano cuando sienten que se acerca el final (aunque sólo sea en el jardín de los libros de no ficción).  Los caracteres serios y severos, en cambio, hacen el balance, sacan la suma de diversas cifras aisladas.

Este último fue el camino elegido por Günter Grass. Por lo tanto, continuó aquí entre otras cosas con sus novelas El tambor de hojalata y El rodaballo, resucitó a Oskar Matzerath y a Ilsebill, sus protagonistas, respectivamente.

Las cuatro o cinco voces de la obra (la primera persona del narrador sobre la Tierra y en el espacio, Oskar Matzerath, la “nueva” Ilsebill y los terribles personajes de los cuentos), entretejidas, traspuestas entre el sueño y la realidad, siguen el hilo de una cronología confusa. No forman una concreta madeja de catástrofes, sino conservan su carácter casual y arbitrario.

En La ratesa hay que alabar el ritmo animado y conmovedor de la narrativa, la pródiga multiplicidad de las imágenes y la maravillosa ligereza del lenguaje. Esta es la obra de una imaginación grandilocuente con un mensaje que, a pesar de los años, continúa con urgente actualidad.

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BABEL XXI-520

Por SERGIO MONSALVO C.

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 THE BUDDHA OF SUBURBIA

(LIBROS CANÓNICOS 27)

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/520-the-buddha-of-suburbia-libros-canonicos-27/

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BIBLIOGRAFÍA: SONGBOOK II

Por SERGIO MONSALVO C.

SONGBOOK II (PORTADA)

(HISTORIA DE UNA CANCIÓN)*

 A partir de la aparición de las canciones en diversos géneros la gente utilizó la música para responder a cuestiones referentes a la propia identidad. Las personas echaron mano de ellas para crearse una particular autodefinición, el signo de la identificación, la cual era (es) inmediata y estaba (está) ligada a la intensidad de la música en tanto que sonido. El placer es experimentado de forma directa e inmediata.

Las canciones genéricas proveen a los escuchas un modo de gestionar la relación entre su vida pública y su vida privada y emotiva. Los cantantes hacen que dichas sensaciones parezcan más ricas y más convincentes que las que comúnmente se podrían expresar con propias palabras.

Asimismo, las piezas mejor construidas, redondas y exitosas dan forma a la memoria personal, son el soundtrack de cada vida particular. Organizan “nuestro” sentido del tiempo y la intensificación de la experiencia del presente. Una de las consecuencias más obvias de todo ello resulta clave para recordar las cosas pasadas, desencadenan las asociaciones más intensas de tiempos idos.

Hay algunas canciones de las que crecen árboles frondosos y hasta inmensos bosques. Es el caso sobre las que he escrito en la serie “Historia de una Canción”. Piezas registradas en los anales de las listas de popularidad o al margen de ellas; piezas que nacen del corazón y se transforman con el paso del tiempo en clásicos inmortales.

En resumen, la buena cosecha de canciones representan al YO en relación con la sociedad creando, a través del impacto potente y directo del sonido, un continuo flujo de conciencia. El significado de una canción se obtiene cuando ésta entra en la historia por sus méritos estéticos y sociales.

La manera en que una pieza hace historia produce un significado y valor agregado a la misma, por eso mediante una categoría como “Historia de una Canción” que narre su creación, su génesis, su impacto personal, se dará cuenta de la dimensión estética y del valor que posee tanto dentro de una sociedad concreta en un momento concreto, como en la de un individuo.

*Fragmento de la introducción al volumen Songbook II de la Editorial Doble A, colección de textos publicados de forma seriada a través de la categoría “Historia de una canción” en el blog “Con los audífonos puestos”.

Songbook II

(Historia de una canción)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

SONGBOOK II

(CONTENIDO)

1.- “Heat of the Moment”

2.- “Nothing Else Matters”

3.- “Personal Jesus”

4.- “Refugee”

5.- “Rock & Roll Nigger”

6.- “She’s Gone”

7.- “Suzie Q”

8.- “Tequila”

9.- “When a Man Love’s a Woman”

10.- “When I’m 64”

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RADIO: BABEL XXI

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (PROGRAMA DE RADIO)

EL GUSTO HIPERMODERNO

 A la música de los años cero –la de las primeras décadas del siglo— se le conoce hoy como de la sonoridad hipermoderna. En ella está ensamblado el paisaje sonoro de la fragmentación con el que se construye nuestra realidad global en la actualidad.

Se le puede definir como la exposición simultánea a la multiplicidad de cosas en concordancia con la aceleración y la retrospectiva del tiempo —de su imperio—, sobre el espacio, en plena época digital.

En el aspecto musical dicha sonoridad está considerada como el paso siguiente de la World music (proyección al exterior de tradiciones y folklor locales como productos exóticos y excéntricos, calificados como portadores del “sentido de la diferencia”) y del World beat (proyección al interior de los mismos productos con capas aleatorias de diversas corrientes electrónicas, del dancefloor al house y avant-garde, por ejemplo).

Con el hipermodernismo nunca se sabe qué sorpresas deparará el pasado inmediato al insertarse en el presente, porque el siglo XX fue extraordinario al ofrecer su variedad de imágenes y la multiplicidad de experiencias que humanistas, científicos y artistas pusieron en la palestra y que hacia su final la tecnología (la democratización cibernética) puso a disposición literalmente de todos.

Surgió entonces con el nuevo siglo una heterogeneidad “natural” como destino del arte. Las mezclas contribuyeron sobremanera con la música porque aportaron la posibilidad de pasar de una escena a la otra, dejando al escucha la posibilidad de reconstruir el tejido original.

En la música como en la mejor cocina —arte que ha cobrado nueva relevancia en el preludio de la era— su hipermodernismo es lo que permite reconocer en el paladar la diversidad de los elementos que integran un platillo recién creado.

El músico que pertenece a esta corriente toca con estilo local (es decir, “evoca” con sus sonidos particulares los repertorios internacionales, en todos sus géneros o en piezas armadas seleccionando distintas partes de ellos), pero la calidad con que ejecuta o graba dichos sonidos proviene de la tecnología de punta primermundista y global.

Toca con las instrumentaciones propias de su entorno y también con las ajenas, acústicas y/o electrónicas. Tal músico puede permanecer en su región y conectarse vía Internet con aquellos con quienes quiere interactuar o colaborar enviando o recibiendo materiales sonoros para actuar en los campos alternativos e indie, o puede igualmente desplazarse a los centros culturales y especializados en distintos lugares del planeta para grabar con productores avezados y con materiales hi-tech.

Y, a continuación, distribuir multimedialmente su manifestación artística hacia oídos y ojos que se han acostumbrado a ver, oír y consumir música de otras maneras: del MP3 al MP7, mediante el Ipod, Cable, podcast, YouTube, MySpace, Streaming, Spotify, telefonía plurifuncional, digital, satelital o de cualquier índole u onda cibernética.

La música actual está, pues, hecha en condiciones regionales, utilizando muchas veces los propios recursos (en lo que puede ser una voluntaria búsqueda del lo-fi), o aventurarse al hi-tech intercultural pero con la comprensión del “oído” internacional, con un entendimiento del universo sonoro subyacente dentro del cual debe ser expresada aquella “diferencia” si es que quiere ser escuchada (y no quedarse sólo como folklor interno, regresivo y turístico).

Esta música describe menos un estilo (o un contenido) que un valor auditivo. Es un valor constituido en primera instancia a través del intercambio cosmopolita de bienes musicales y materiales y unido a la tecnología digital.

Todo ello es la confirmación de que los hábitos para adquirir los conocimientos y la escucha de la música han cambiado. La última década ha sido un tiempo de prueba para ponderar la fuerte naturaleza proteica de la Web y de sus inquilinos. Aquellos que van espantando los miedos al futuro y lidereando la evolución audícola.

El público está ahí. Son esas personas conectadas al mundo de hoy. Sin embargo, casi no hay publicidad para dicha manifestación artística, nada muy visible, los medios masivos no se desviven por dar a conocer sobre lo que aquí llamaremos esa BABEL XXI: el gran concierto de la música contemporánea, la que se hace cotidianamente en el planeta a cargo de músicos veteranos tanto como de jóvenes en cualquier ámbito y rincón mundano.

Eso sí, todos ellos son artistas de primera fila que exploran el continente ignorado de la música que se hace en la actualidad: la más cercana en el tiempo a nosotros, y sin embargo, la menos escuchada, porque muchos aficionados al repertorio del mainstream le huyen, y porque tampoco tiene lugar en el papanatismo de lo cool, en la vacua beatería de la tendencia y de lo trendy, en la ignorancia de los programadores, en la dictadura de las grandes compañías o de los ejecutivos amaestrados por el raiting.

BABEL XXI —con sus análisis y la música hipermoderna como soundtrack— es la manifestación artística para la gente curiosa que aspira a descubrir algo, a formarse el gusto no sólo con lo ya conocido y texturizado sino con lo inesperado.

Lo inesperado de compositores vivos sobre los que apenas se sabe o no se sabe nada (como Antibalas, Terakaft, Nguyén Lé, Madrugada, Mitsoobishi Jacson, Albert Kuvezin, Klazz Brothers, Cibelle, Nynke Laverman, Joji Hirota, Momus y un largo, largo, etcétera).

La contraparte para el rudo esnobismo que desdeña cualquier cosa que no sea la última moda o para quienes no debe haber nada más raro que la idea de un solista o grupo que toque blues sub sahariano, lo-fi trasgresivo, afrobeat de Brooklyn, art-rock javanés, son germano, anti-folk irlandés, nu-gaze californiano, neo-soul británico, balkanbeat neoyorquino, grunge mongol o gospel psicodélico rumano, con instrumentos o sin ellos.

Tal músico va vestido con una singularidad definitivamente sobremoderna (Devendra Banhart o Yat-Kha, por ejemplo) y está dotado de una energía expansiva que arrebata tanto como su impetuoso virtuosismo, desde el instante en que sujeta el cuerpo de sus instrumentos o acaricia el teclado de sus PC’s y rasga el aire o la atmósfera digital con sus notas.

El programa BABEL XXI  los ha dado a conocer desde el año 2011 y se ha convertido en una alternativa radiofónica.

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BABEL XXI

Un programa de:

Sergio Monsalvo C.

Equipo de Producción: Pita Cortés,

Hugo Enrique Sánchez y

Roberto Hernández C.

Horario de trasmisión:

Todos los martes a las 18:00 hrs.

Por el 1060 de AM

96.5 de FM

Online por Spotify

Radio Educación,

Ciudad de México

Página online:

http://www.babelxxi.com/

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TAKE THE “T” TRAIN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (METRONOMY)

 La historia de un grupo como Metronomy no comenzó a fines del siglo XX como lo puede indicar cualquier monografía sobre él. No. Su esencia, su origen ontológico es otro, uno que evoca tiempos idos y, antes que nada, la primigenia idea de la exclusividad para los momentos recreativos, como el privilegio de disfrutar de un ocaso, por ejemplo.

Joseph (Patrick Kennith) Mount es un músico, compositor y cantante británico que nació en Totnes en septiembre de1982. Su caso es el del artista cuyo lugar de nacimiento ha determinado su obra en más de una manera. La comunidad de Totnes está dentro del condado de Devon, al sur de la Gran Bretaña y a orillas de río Dart.

Sin embargo, es un sitio prestigioso gracias a su colegio de arte y a las formas de cultura y vida alternativas que ha suscitado. Mount estudió primeramente ahí, bajo los cuidados de sus padres que eran profesores en el lugar. La madre le inculcó el afecto por la literatura y su padre por la música. Materias que arroparon su niñez y adolescencia.

Durante los veranos la familia pasaba sus vacaciones en el cercano Torquay, una población de la costa sur inglesa y que se extiende a lo largo del litoral. Desde mediados del siglo XIX, cuando emergió como destino turístico gracias a la compañía de Cook y al recién inaugurado ferrocarril (el Great Western Railway), esta zona ha sido conocida como la Riviera Inglesa por su clima saludable, sus tranquilas y limpias playas, elegantes balnearios y hoteles, destino del gran turismo británico.

Sus playas se convirtieron en el lugar de veraneo de reyes y escritores como Charles Dickens, Agatha Christie y Oscar Wilde, lo cual ejerció de atractivo adicional para las personas que buscaban un esparcimiento donde la cultura (teatro, conferencias y charlas con los autores, conciertos), la oferta culinaria, el sol y la playa, ofrecieran para el tiempo de ocio y descanso un espacio igualmente importante para la reflexión.

Circunstancia que se mantuvo durante tres cuartos del siglo XX hasta que los paquetes turísticos de bajo costo y masivos desviaron la atención hacia otras latitudes y objetivos y el lugar comenzó a languidecer. Fue el tiempo en el que Mount se fue a la Universidad de Brighton, ubicada en la misma zona geográfica, a estudiar música y literatura inglesa.

Ahí, además de los estudios académicos fundó algunas bandas para explorar con sus posibilidades (The Upsides y The Customers, entre ellas) y trabajó como DJ (con el nombre de Metronomy, desde 1999, para sostenerse). Sin embargo, fue con un sintetizador G3, heredado de su padre, que el músico comenzó a probarse con la electrónica. Esto lo llevó a experimentar de manera solitaria en su propia habitación de Totnes.

VIDEO: Metronomy – The Look (Music Video), YouTube (Metronomy)

De tal situación brotó con los años el disco Pip Paine (Pay The £5000 You Owe), música de electrónica instrumental con la influencia de estilos como los de Autechre y Funkstörung. Esas piezas ondeaban la bandera del lo-fi.

 A aquel proyecto instrumental poco a poco, según iba ganando confianza, le fue añadiendo cosas: voces, otros músicos (Gabriel Stebbing y Oscar Cash en algunos beats) y pequeños detalles del synth pop. Su labor se fue conociendo, lo cual lo llevó a realizar remixes para gente como Goldfrap, Franz Ferdinand, Klaxons, Roots o Lykke Li, entre otros, y con el tiempo a lanzar otro disco: Nights Out (2009).

Joseph se había atrevido a cantar, y como trío habían conseguido cierta reputación en sus actuaciones en vivo. Metronomy seguía haciendo electrónica, pero ya se intuía la transición al pop. Pocos meses después de editar el segundo disco, Gabriel Stebbing abandonó al grupo, con lo que Mount se vio en una extraña situación. En el estudio todo seguía siendo asunto de él (es el letrista, compositor, cantante y guitarrista), pero también pensó que quizá fuera el momento establecer una banda fija.

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Así que él y Oscar Cash (sax, coros y teclados), reclutaron a la baterista Anna Prior y al bajista Gbenga Adelakan. Esa fue la formación que comenzó a trabajar en la que sería la nueva propuesta de Mount. Algo distinto y en lo que se había concentrado casi tres años: The English Riviera. Una vuelta espiritual a los orígenes del compositor.

Esos orígenes, completamente emocionales, se encuentran en todas las playas que forman parte de la bahía de Torbay y que significaron mucho en su desarrollo como persona y en su visión del mundo (Maidencombe, Watcombe, Oddicombe, Anstey’s Cove, Meadfoot Beach, Torre Abbey y Corbyn Sands): de cuando el gran turismo llegaba a tales sitios para fortalecerse, descansar, leer, intercambiar experiencias y disfrutar de los ocasos frente al mar.

A Mount le tocó vivir el último coletazo de aquel esplendor y el progresivo abandono pero también, cuando regresó de su estancia universitaria, del advenimiento de una nueva especie de visitantes: el estudiantado extranjero de alto nivel (no springbreakers), que le ha brindado a la zona los beneficios del cosmopolitismo, la interculturalidad y un nuevo auge.

De la concepción del ocio fructífero, del conocimiento de personas interesantes y de la relación con la naturaleza (con la admiración de por medio y las metáforas que de ello se desprenden) es que el líder de la banda escribió el material para su nuevo proyecto, que conllevaría un giro sonoro.

Los títulos y las letras son homenajes a su tierra natal, arropados con seleccionadas melodías y líneas de bajo que hablan de una revisitación a los efluvios de los setenta y los ochenta. Sin embargo, y a pesar de su mirada un tanto nostálgica, en el material no hay copias ni remedos de aquellos sonidos de antaño, sino guiños innegables que resultan ser herramientas bien utilizadas para conseguir un excelente  disco.

Uno que puede evocar a otros nombres (Bowie, Wild Beats o Blondie), pero que siempre suena a Metronomy. Un grupo tan diferente como cautivador, con sonidos electrónicos y ritmos originales, con una equilibrada mezcla de melodía e intención. La de recordar olvidados placeres de la vida, que pueden reencontrarse en la literatura de viajes y en las experiencias de larga sombra de un turismo memorable.

VIDEO SUGERIDO: Metronomy – The Bay (Music Video), YouTube (Metronomy)

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RADIOHEAD – 14

Por SERGIO MONSALVO C.

RADIOHEAD 14 (FOTO 1)

 TIEMPO AL TIEMPO

El primer humanoide que se dio cuenta del cambio de las estaciones y de la  repetición de las mismas, agregó a sus conocimientos algo determinante: la concepción del tiempo. Desde entonces el homo sapiens ha buscado anticiparse al futuro en nombre de la supervivencia. Desde entonces, también, todo filósofo, científico, artista o poeta se ha detenido a pensar sobre él y en su definición. ¿Qué es el tiempo? Ha sido la pregunta recurrente y con ella se ha agregado el intento de atrapar tal concepto.

Radiohead ha sido un núcleo artístico persistente en ello, confluyen en él los elementos que le han dado identidad al ser humano en concordancia con el tiempo: su ensimismamiento, su espíritu y su relación con él. Ese es el vértice en el que se ha movido uno de los grupos más importante de la cultura rockera de las últimas décadas, que abarcan cambio de siglo, de milenio, de las tecnologías y, tras el 11-S y el Coronavirus, el del mundo tal como se conocía antes y que hoy (al final de la segunda década del siglo XXI) se ve al borde del colapso.

El proceso temporal para llevar adelante cualquier idea estética puede resultar tortuoso, largo y pesaroso o no, según el artista lo viva.  Exponer una nueva canción al mundo, o varias, puede ser algo que tarde mucho en llegar (asumiendo que pase) o no. A Radiohead, por ejemplo, le llevó un lustro hacerlo. Sin embargo, luego de The King of Limbs (del 2011) hasta la aparición de A Moon Shaped Pool (2016) la espera valió la pena, por todo lo que suscitó.

A Moon Shaped Pool fue el noveno disco de un grupo que llevaba, en ese momento, 25 años sorprendiendo al mundo con cada uno de sus movimientos. El conglomerado había sabido adelantarse a las cosas (desde su premonitorio Kid A, y sus profecías cumplidas con el cambio histórico tras los atentados del 2001) y habían tenido el ingenio para generar nuevas maneras de divulgarlas.

En un principio los recalcitrantes sectores fanáticos de “lo nuevo por lo nuevo” señalaron a A Moon Shaped Pool como una antología de piezas descartadas del resto de su discografía, únicamente basados en algo tan relativo como el tiempo de las mismas, pero era seguro su desconocimiento acerca de que las ideas no tienen fecha de caducidad; que se puede viajar al pasado y dejar el cuerpo en el presente; e ignoraban que existir es persistir: he ahí la indisoluble relación entre el ser y el tiempo, la de Radiohead, finalmente.

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La aparición de este álbum dejó en claro que seguían siendo avant-garde (que no se puede definir el tiempo sin evocar al cambio, ni definir el cambio sin evocar al tiempo) y su popularidad se mantenía incólume, debido a la aceptación de las nuevas generaciones ante su obra. Como dije, Radiohead con este álbum demostró una vez más que  había sido un grupo persistente en su relación.

El ser y el tiempo. Esa es la sensación que provoca el álbum y la de que Radiohead es un grupo completamente ensimismado en esa relación, su propia existencia. Y en ella para el grupo de Oxford el espíritu de tal confluencia está en lo que en alemán se llama Weltschmerz, una palabra que ha logrado mostrar sintéticamente la negrura de un estado anímico: el espíritu de los tiempos, ese que se ve reflejado en la canción y en la la imaginería del video de “Daydreaming”.

Hay una atmósfera dolorosa en todo el disco, de caída y pérdida, y un aire quebrado que describe un mundo paralizado por una medrosa melancolía, aire que no obstante está permeado de belleza en tonos sepia, con una combinación de sorpresivos arreglos orquestales y firmes bases rítmicas. Todo contenido en el mencionado corte “Daydreaming”, segundo track del disco, mostrado también por medio de un perturbador video dirigido por el cineasta Paul Thomas Anderson.

Radiohead entregó así una obra conmovedora, de una oscuridad que remueve, que toca las fibras y las deja expuestas a la intemperie. Y ahí es donde se empieza a desatar la mente del escucha, que se dispara en todas direcciones, porque el grupo siempre lo ha provocado. Especular tanto en su forma de hacer las cosas como en su contenido. Eso es lo que debe hacer una obra artística, poner a todo mundo a pensar y a preguntarse: por las palabras y por sus claves, por su sonido y por su vibración tanto externa como interna.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead – Dreaming, YouTube (Radiohead)

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BABEL XXI – SINOPSIS (12)*

Por SERGIO MONSALVO C.

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SINOPSIS 12 (FOTO 2)

 BXXI-56 RY COODER

 Las canciones recientes de Ry Cooder tratan sobre la vida de los pobres y los proletarios, de sus dificultades para sobrevivir y de su indefensión ante los poderosos. No es un trabajo optimista, pero su tema central es que la unidad puede proporcionar la fortaleza necesaria en estos tiempos oscuros. Finalmente, lo que se valora en sus discos son los relatos de un observador en tiempos revueltos. Lo importante de cada álbum suyo son los matices, los elementos con los que crea la sustancia que enlaza temas y reflexiones sobre el mundo que vivimos, donde ya nada de su problemática debe sernos ajena. De ahí su acento tan personal como comunitario, tan apasionado como sincero en la expresión de sus pensamientos y sensaciones.

VIDEO SUGERIDO: Ry Cooder – Red Cat Till I Die, YouTube (theflood79)

SINOPSIS 12 (FOTO 3)

BXXI-57 CHINA EXPERIMENTAL

China será centro indiscutible del planeta en el pimer cuarto del siglo XXI. El futuro cabalgará portando en la mano, como lanza, la aguja de la acupuntura (noise, ambient, techno, avant-garde), y sus quijotes musicales realizarán con ella hazañas en cabalgaduras sonoras inéditas. En la obra de los artistas experimetadores chinos hay el eco de la esperanza en mayores desarrollos estéticos, con visiones novedosas, que marquen las diferencias con lo que se escucha fuera de ahí. Su persistencia, tanto como sobrevivencia en un ámbito hostil, es una prueba de que más allá de países y comités, de gobiernos y sistemas políticos, al hombre que sonoriza lo mueve siempre el interés por el otro, aunque les pese a los nacionalismos ortodoxos.

VIDEO SUGERIDO: Experimental Cina Music 3 of 4, YouTube (seechannel)

SINOPSIS 12 (FOTO 4)

BXXI-58 DAYNA KURTZ

Hasta hace poco, Dayna Kurtz podía haber sido el secreto mejor guardado de la música estadounidense, pero tras cuatro álbumes de estudio y obras sueltas en vivo, cassettes y LP’s, el secreto se ha ido revelando en toda su magnitud al fiel grupo de seguidores que la han descubierto. Lo que sitúa a esta cantante, compositora y productora en un nivel diferente es que, como en las mejores novelas del profundo Sur de la Unión Americana, puede olerse, saborearse y sentirse. Su obra está impregnada de peligros, de sexo latente y personajes desesperados que buscan a alguien o algo a lo que aferrarse en época de confusión y crisis. Y todo ello acompañado de los mejres sonidos de la dark americana.

VIDEO SUGERIDO: “Are You Dancing With Her Tonight?” – Dayna Kurtz R&B Band featuring Bernard Pardie, YouTube (coffeebean6)

SINOPSIS 12 (FOTO 5)

BXXI-59 ZAZ

La cantante Zaz estuvo de gira por Europa y Norteamérica. La comenzó en su Francia natal y la continuó en Canadá, Suiza, Bélgica, Alemania, Italia, etcétera. Después de ello encabezó las listas de ventas en todos esos países. Aparecieron entonces las siguientes declaraciones en el periódico galo Liberation: “Se está hablando ahora mucho sobre ella y la gente espera para verla… y la espera lo vale”. Zas actúa en lugares pequeños en los que obtiene el mejor ambiente para su propuesta artística. Ella es una vocalista y compositora popular e intuitiva, que conoce bien la música y que sabe exponer su original canto, rasposo y sensual. Hoy es la artista francesa más escuchada en el mundo.

VIDEO SUGERIDO: ZAZ – “Dans ma rue” acoustique (Edith Piaf cover), YouTube (madmoiZelle.com)

SINOPSIS 12 (FOTO 6)

 BXXI-60 ELI “PAPERBOY” REED

Alguna semilla de la primera siembra del soul clásico llegó a un lugar insospechado: Boston, donde un muchachito blanco, de nombre Eli Reed, oía una y otra vez la producción del sello Stax para aprender a cantar. Música siempre vibrante, joven y contenedora de energía pura. Con estos elementos en mente se lanzó a un viaje rumbo al Sur en busca de la atmósfera y el espíritu del delta del Mississippi. Entre la pobreza y la violencia ambiental obtuvo una gran instrucción musical y confianza en sus propias facultades. Tras ello regresó a Boston, donde fundó la banda The True Loves, grabó su primer disco Walkin’ and Talkin’ (for my baby) y siguió trabajando en los márgenes y con fe inquebrantable en aquellos sonidos, hasta que la historia lo alcanzó.

VIDEO SUGERIDO: Eli “Paperboy” Reed – COME AND GET IT (Official Music Video), YouTube (elipaperboyreed)

*BABEL XXI

Un programa de:

Sergio Monsalvo C.

Equipo de Producción: Pita Cortés,

Hugo Enrique Sánchez y

Roberto Hernández C.

Horario de trasmisión:

Todos los martes a las 18:00 hrs.

Por el 1060 de AM

96.5 de FM

On line por Spotify

Radio Educación,

Ciudad de México

Página On line:

http://www.babelxxi.com/

 

Exlibris 3 - kopie

PULSOR 4×4 – 44

 

Por SERGIO MONSALVO C.

PULSOR 44 (FOTO 1)

 EL BEAT DE LA IDENTIDAD

(1997)

 En 1997, el grupo rebelde Tupac Amaru tomó la Embajada de Japón en Lima y creó una crisis internacional por los 72 rehenes que se encontraban ahí en ese momento.

Murió la Princesa Diana en un accidente automovilístico.

Bill Clinton fue reelecto presidente de la Unión Americana.

Darío Fo recibió el Premio Nobel de Literatura.

Ese año murieron Deng Xiaoping, Allen Ginsberg, William Burroughs y Jacques Cousteau.

Se estrenaron las películas Titanic, Mejor Imposible y Los Ángeles al desnudo.

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En 1997, misterio, amor, encanto vocal, ángeles y más amor, desarrollados en diez tracks por Sarah McLachlan, la creadora de la gira “Lillith Fair”, aglutinan lo mejor en cuanto a intérpretes femeninas se refiere.

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Arto Lindsay fusiona la bossa brasileña con sonidos electrónicos. El resultado es un disco melancólico con tremendas canciones: Mondo Civilizado. Es una especie de Jobim posmoderno. Un individuo proveniente de grupos radicales como el de John Zorn y Lounge Lizards.

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Endtroducing es el disco más importante realizado por un DJ, éste de nombre Shadow. La escena de San Francisco toma un lugar en el mapa después de muchos años de ausencia. Un disco fundamental para entender la cultura de club noventera.

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Prodigy llega a la escena musical precedidos por sus bacanales vocalistas, hurgando en el pasado y presente de las sonoridades recientes. Su disco Fat of the Land es la graduación de este inquietante cuarteto que acuña, así, su avasallador hard dance.

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En 1997, el grupo Atari Teenage Riot presentó su concepto musical digital hardcore, uno de los géneros más extremos surgidos en los noventa. Constituido por una mezcla de breakbeat, hardcore techno, jungle, metal y punk, el concepto conlleva un mensaje sociopolítico de alcances universales. Significa una revolución de la generación cyber bajo el lema de “los sonidos de la sublevación”.

VIDEO SUGERIDO: Atari Teenage Riot – Delete Yourself live Pinkpop 1997, YouTube (Sssstelevision)

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PULSOR 4x4 (REMATE)