TIEMPO DEL RÁPSODA: “DIANA”

Por SERGIO MONSALVO C.

BALADAS VOL. 1

 DIANA*

 (“ALMOST BLUE”)

Diana, por favor, una mirada hacia las cosas importantes—, inquirí, mientras te entrevistaba: “El amor es muy escurridizo, por eso busco atraerlo con baladas”, dijiste.

(O sea, que esas canciones usadas por ti atrapan esos momentos: la vida del detalle. Y lo hacen de manera sofisticada, con técnica impecable, refinada, dulce y rítmica, fascinante como un deseo bien expresado. En una palabra, persuades. Estimulas a probar licores fuertes con el fulgor súbito del lenguaje. Quien te escuche siempre sacará provecho de ello. El impacto será evidente. Por ti se descubre a la mujer que da forma a sorpresas y sentimientos: un modo de alcanzar el saber por los oídos. Delicioso banquete de intensidades evocativas, de citas voluptuosas, de ausencias sin nombres propios Logras la atención en los márgenes de una tiniebla real, sin duda.

Hay mujeres que inundan mientras cantan. Tú, una de ellas. Es preciso subrayarlo: eres lento temblor, ahogo dilatado y la sospecha, que pasa y traspasa, de que el placer no vendrá solo. Habrá dolor que deje también su huella. Interpretas así. Juegas con el riesgo. Y lo sabes. Y te gusta. Lo disfrutas. Te muestras en cada tema probado por el tiempo. Y al gotear tu fraseo, al fluir por tu lengua, lo humedeces todo)

“Sí. El amor es escurridizo, por eso busco atraerlo con baladas”—, repetiste. Mientras yo, profesionalmente, mantuve firme el micrófono frente a tu boca.

 

*Texto que forma parte del poemario Baladas I, publicado por la Editorial Doble A

 

 Baladas I

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2006

 

Diana-Krall-1

 

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PUNK / 7

Por  SERGIO MONSALVO C.

PUNK 7 (FOTO 1)

 CABEZAS (DE CHORLITO) RAPADAS

Los punks combatieron al rock establecido y le dieron la vuelta sobre sí mismo, como un calcetín. Expusieron sus respuestas fáciles a preguntas falsas y crearon la necesidad de enfrentar con recelo toda la cultura popular creada de manera vertical.

Las ideas acerca de cómo llegar de un sitio a otro en la música fueron suspendidas y reacuñadas. Por los punks hubo que preguntarse: ¿Puede juzgarse al rock por su apariencia? ¿Cuál es la relación entre la manipulación y la inocencia? ¿Entre la anarquía y el capitalismo? ¿Qué sucede cuando se separa al rock de la política? ¿Qué pasa cuando se juntan? ¿Son regresivos tanto el interés por la técnica como el primitivismo autolimitante?

En el caso de los punks, el diálogo entre la juventud negra y la juventud blanca inglesa asumió una forma explícita, como quedó probado por el apoyo que muchos de ellos dieron a la campaña “Rock contra el racismo”. Los punks bailaron al son del reggae, emularon los estilos de los negros y se descubrieron a sí mismos, al igual que los negros, excluidos de la cultura británica dominante.

El punk se opuso al creciente racismo en la Gran Bretaña del Frente Nacional neonazi. Se alineó con los jamaicanos londinenses y buscó justificación, estrategia, sabiduría y valor en el reggae. Lo que el punk extrajo de éste y sus soberanos rastafaris fue la idea de la autodeterminación dentro de una patria percibida como prisión, así como el concepto paradójico de la guerra de clases definido en términos totalmente culturales.

PUNK 7 (FOTO 2)

Es decir, una lucha que presentaría a los sustentadores del poder peticiones que ningún gobierno podría cumplir jamás. Era estoica y mesiánica al mismo tiempo. Y así, de hecho, no podía ser revolucionaria, pero sí completamente subversiva y desprovista de un objetivo concreto. Los veneros del reggae en el fondo eran religiosos y no existía el África mítica que el punk pudiera buscar como imagen de la redención. Y Johnny Rotten agregó una contradicción propia a ese conjunto de contradicciones: el nihilismo.

El intento punk por expresar afinidades con la cultura rasta y el reggae mediante la subversión de símbolos del nacionalismo (el uso iconoclasta de la bandera inglesa y de la imagen de la reina por los Sex Pistols, por ejemplo), así como el trazado de paralelismos entre el racismo y la miseria de los blancos desposeídos en una canción como “White Riot” (de Clash), contuvieron ambigüedades que resultaron susceptibles de la manipulación fascista.

Tales contradicciones no eran tan sorprendentes, dado que el punk nació de la misma crisis social y económica que produjo el surgimiento de la actividad del ala derecha nacionalista británica. La impotencia, el deseo de impactar y los sentimientos iracundos ante el Estado y la presunción institucional, expresados por el colectivo punk más ligado a la clase trabajadora, fueron precisamente los mismos motivos y sentimientos que empujaron a otros jóvenes blancos marginados y sin empleo hacia el basurero del racismo organizado: los skinheads.

 VIDEO SUGERIDO: The Clash – White Riot (Official Video), YouTube (THE CLASH)

PUNK 7 (FOTO 3)

 

PUNK (REMATE) (3)

BABEL XXI-484

Por SERGIO MONSALVO C.

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 BLUES PROJECT

EL MOSAICO PROGRESIVO

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

http://www.babelxxi.com/?p=7594

 

 

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SONORIDADES: CONTROL

Por SERGIO MONSALVO C.

CONTROL (FOTO 1)

 (ANTON CORBIJN)

La oscuridad de los días invernales (los donkere dagen) es característica de Strijen, una ciudad surgida durante el Medioevo (1167) en el oeste neerlandés. En aquella región se reúnen tres grandes ríos: Schelde, Maas y Rijn, creando con ello infinidad de charcas, pantanos y lagos de aguas bajas. El invierno es opresivo por su falta de luz y color. Lo plomizo del cielo apenas se distingue del confín bajo, acuoso y terreno.

No obstante, es el lugar que han elegido para estacionarse de manera inmemorial animales migrantes como los gansos y la espátula común. Son aves que volando o en el agua salpican el horizonte del níveo móvil que plasma su plumaje. Provocan un impactante contraste, como si fuera un paisaje emborronado por un autor expresionista.

En esa zona de la provincia de Zuid Holland nació (en mayo de 1955), y se crió, Anton Johannes Gerrit Corbijn van Willenswaard, mejor conocido en el mundo artístico como Anton Corbijn. La influencia que tuvo la atmósfera de su terruño ha quedado patente en su trabajo como videoasta y director cinematográfico, así como en el de fotógrafo.

El niño que fue Anton y que se inició fijando aquellas imágenes sombrías con la cámara Polaroid de su padre, se convirtió con el paso del tiempo en la intención adolescente de acuñar una imaginería semejante pero con los intérpretes de la música que más le gustaba: el rock. Comenzó a los 17 años en su país, fotografiando al grupo Solution durante su actuación en el Festival Grote Mark de Groningen en 1972.

De formación autodidacta, pronto su interés por la fotografía se centró en el retrato. Su principal fuente de inspiración fueron los artistas y, en concreto, los músicos (aunque en el trascurso de los años frente a su objetivo ha desfilado gente como Jodie Foster, Robert De Niro, Cameron Diaz, Johnny Depp, Clint Eastwood o Martin Scorsese).

A partir de ahí y de su trabajo en la revista OOR, donde comenzó a publicar, Corbijn ha engrosado su muestrario y establecido un estilo (a través de publicaciones como New Musical Express, Vogue, Rolling Stone o Harpers Bazaar, entre muchas otras) que lo ha convertido en un reconocido hito de la plasticidad artística, con marca de autenticidad.

Sus imágenes, tanto fijas como en movimiento creadas a lo largo de casi cuatro décadas –de Art of Noise a Tom Waits en decenas de videos o fotos– y que incluyen dos largometrajes laureados: Control (biopic de Ian Curtis) y The American (con George Clooney), le han conferido el título de “Maestro del arte oscuro” en tres diferentes medios que se caracterizan, además, por sus miles de oficiantes en competencia.

Pero, ¿qué es lo que convierte a Corbijn en maestro tanto videoasta (con ejemplos como el de “Personal Jesus” de Depeche Mode, “One” de U2 o “Heart Shaped Box” de Nirvana), como fotógrafo (lo mismo retratista –no sólo de músicos sino también de otras disciplinas— que como hacedor de portadas de discos: U2 o Depeche Mode le deben su mejor look) o cinematográfico (con las ya mencionadas cintas)?

En primer lugar quitándole el artificio glamouroso a la fotografía tradicional de los retratados, para que queden patentes “el dolor y el drama” implícitos en la creación. Para ello busca representar al sujeto como una figura seria, que carga el peso de su propia celebridad, fotografiándolos o filmándolos en espacios neutros y amplios, alejados del bullicio de la fama. Intentando captar, así, el lado humano y emociones naturales del que fotografía, creándoles una atmósfera sin abandonar su deslumbrante sequedad visual.

Rebobinando: En el momento en que un miembro de una disciplina artística distinta del cine, el mejor compendio de todas las artes, decide cruzar la línea y experimentar con un lenguaje que en principio no tiene por qué dominar con comodidad, al menos se le debe exigir que mantenga las constantes propias que le dieron el prestigio.

CONTROL (FOTO 2)

Anton Corbijn, reputado fotógrafo y realizador de videoclips, dio el salto en el 2007 con Control, biopic sobre Ian Curtis, cantante del grupo Joy Division, quizá el filme más adecuado para internarse con brillantez en el género cinematográfico puesto que se trató de una cinta rodada en blanco y negro, como la mayoría de sus fotografías en torno a las figuras del rock y el cine, y teniendo a la música como primer elemento dramático.

En julio de 1979, un amigo le presentó el álbum Unknown pleasures, el debut discográfico de Joy Division. “La primera vez no me impresionó mucho, la verdad. Sin embargo, volví a escucharlo y entonces sí me absorbió su magia”. Corbijn entonces, y tras un lustro de hacer fotografías en conciertos por su país, se trasladó a Londres.

Retrató en Manchester ese mismo otoño a Joy Division. “Lo había convertido en una misión particular”, ha explicado el artista. La imagen quedó elevada a la categoría de mítica tras el suicidio, seis meses después, de su cantante, Ian Curtis.

En el tiempo que siguió, Corbijn dirigiría casi un ciento de videoclips, publicaría una docena de libros con su obra gráfica y transformaría la imagen de grupos como Depeche Mode y de U2, aún en la cima de su popularidad. Se convertiría en el gran retratista del rock en blanco y negro; en una estrella multimediática que se elevó a la bóveda celeste, proyectando al firmamento, a aquel hijo de  pastor protestante rural que hacía fotos con la cámara de su padre.

Años después, Joy Division volvió a su vida; a Corbijn le propusieron rodar Control, un biopic sobre Curtis. “Tuve que respirar profundamente y calmarme. Joy Division me hizo mudarme de Holanda y comenzar a construir al tipo que hoy soy. Primero rechacé el proyecto, pero al final me di cuenta de que tenía que aceptarlo”.

En el ínterin apareció la edición de Touching from a distance, la biografía escrita por Debbie Curtis, la viuda de Ian, en la que se basó el guión de la cinta Control. Y luego vino el filme de Corbijn, estrenado en el 2007. El gran reto fue elegir a un actor casi desconocido, Sam Riley, de hipnótica similitud al Curtis original, que baila con sus mismos movimientos espasmódicos.

A la postre se reeditó, en Warner y Rhino, toda la obra discográfica -escasa- de Joy Division: los dos álbumes oficiales (Unknown pleasures, de 1979 y el póstumo Closer, de 1980) a los que se añadieron tomas inéditas de conciertos en vivo), y Still, la recopilación de rarezas y versiones de la época que sirvió de puente para que Joy Division, muerto Curtis, se convirtiera en New Order.

Corbijn explicó tras el estreno que no había hecho un filme musical, sino “una historia de amor con gran música de fondo”. Control se nutre de dos horas en blanco y negro (“así es como recordamos a Joy Division”, dijo el autor), una vibrante inmersión visual en la miserable vida de Curtis, un tipo culto que odiaba su creciente estatus de figura del rock,

El director lo conoció: “Era un tipo agradable y a la vez un bastardo en el amor. Intenté ser neutral con las dos mujeres con las que estaba involucrado  y con él. Quería incidir en que era un maniaco del control, probablemente por la vergüenza que le daban sus ataques epilépticos –explicó Corbijn–. Rodé en la misma casa en que vivió. Tuvimos que reconstruir los interiores en el estudio porque su hogar era muy pequeño, oscuro. Es increíble que alguien pudiera vivir allí”.

E igualmente morir. El 18 de mayo de 1980, a los 23 años, Curtis vio en la televisión la película Stroszek, de Werner Herzog, luego puso The idiot, un disco de Iggy Pop, y finalizó el día ahorcándose en la cocina, aprovechando que su ex esposa no estaba. “Creo que fue culpa de su epilepsia y de la mezcla de alcohol y medicinas, a lo que se agregó el divorcio y la sensación de bloqueo que le provocó el amor por dos mujeres…”.

VIDEO SUGERIDO: Official Control Trailer (Anton Corbijn), YouTube (IsolationIsolation)

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EL AUTO Y EL ROCK

Por SERGIO MONSALVO C.

EL AUTO (FOTO 1)

 LA GRAN HERMANDAD

Hace un siglo, la Ford Motor Company hizo tres anuncios impactantes para varios rubros: la instauración de la jornada de ocho horas laborales en sus fábricas, un salario mínimo de 5 dólares diarios a cada trabajador y la reducción de 12 horas a 100 minutos en el tiempo de ensamblaje de su automóvil modelo T, el más popular.

Avisos semejantes instauraron a la compañía dentro de las tres grandes de tal ramo, junto a General Motors y la Chrysler. Y colocaron a la ciudad de Detroit, Michigan (donde estaban instaladas las fábricas), entre las ciudades más importantes de la Unión Americana. Los anuncios de Henry Ford –su principal accionista y dueño a la postre– impactaron en la economía, en la urbanización y en la cultura en general del país.

Con el transcurso del tiempo, y tras el paso por dos guerras mundiales, la Motorcity (como se le comenzó a llamar a esta capital del automotor) que había promovido el uso del automóvil como parte de la modernidad y educado en su manejo a la población mayoritaria, se convirtió en la década de los cincuenta en referencia del auge económico y también en el centro de las fantasías juveniles y masculinas. El automóvil era ya parte importante de la cultura popular y su tenencia obligada (como status).

La emergente música del rock & roll nació con esta imaginería igualmente a mediados del siglo y fue el género que propagó a diestra y siniestra el icono automovilístico como guía para la realización de uno de sus fundamentos esenciales: la diversión (los otros eran la glorificación de la juventud, la celebración de la energía –incluida la sexual, of course–, y el odio hacia la educación formal e impositiva).

Y, luego, transcurrida su adolescencia como género, el uso del auto como vehículo  para emprender el viaje, en busca de la identidad y con la reflexión existencial consiguiente (apoyada la exploración con lecturas de novelas de iniciación, películas y biografías de outsiders, que se convertirían en arcanos y gurús de todas las siguientes generaciones).

Esta unión afectiva comenzó con la banda que lideraba el pianista y guitarrista Ike Turner: The Kings of Rhythm. Este grupo originario de Mississippi partió rumbo a Memphis para intentar ganarse la vida escribiendo canciones, haciendo arreglos y acompañando a intérpretes de rhythm &blues.

The Kings of Rhythm fundamentaban su sonido en el piano boogie para exponer su dinámico y poderoso r&b. Así fue como se le presentaron a Sam Phillips, quien les sugirió una sesión para grabarlos en la Sun Records. Llegaron con un tema titulado “Rocket ‘88”, que era el nombre de un modelo de autos Oldsmobil que estaba en el mercado desde 1949.

La letra era una mezcla de jingle con un doble sentido sexual, de referencias fálicas. Estaba cargada de emoción y brío y contenía los tres temas que a partir de entonces estarían presentes en muchas otras canciones del género: autos, mujeres y bebida.

VIDEO SUGERIDO: Rocket 88 (Original Version) – Ike Turner/Jackie Brenston, YouTube (HuckToohey)

La banda creó un gran tema, el cual repercutió con mucho éxito en las listas de popularidad de 1951 (justo al inicio de la segunda mitad del siglo XX) luego de su lanzamiento por Alan Freed bajo el manto de un nuevo género que también con ella se estrenaba: el rock & roll. De hecho “Rocket ´88” está considerada la primera canción escuchada como tal en la historia de la música.

Por su parte, Detroit había recibido a Chuck Berry entre sus inmigrantes, el cual al mismo tiempo que trabajaba como ensamblador en una fábrica de autos de la ciudad, componía los temas que a mediados de aquella década (también vía Sun Records) se erigirían en himnos juveniles y que plasmaban la vida adolescente con el auto como fiel mascota: “Route 66”, “Jaguar and Thunderbird, “No Particular Place to Go”, etcétera.

La cinematografía, a su vez, vendría a fijar con imágenes y personajes la omnipresencia del automóvil en el descubrimiento de la adolescencia como un nuevo fenómeno social, al que en primera instancia retrató como salvaje (The Wild One), peligroso (Blackboard Jungle) e inexplicable (Rebel Without A Cause). Sin embargo, la lectura que de ello hicieron los propios jóvenes propició el surgimiento de otro tipo de héroes: Marlon Brando (motocicleta) y James Dean (auto y carreras callejeras).

Apareció entonces Elvis Presley y colocó al Cadillac como trofeo y como obsequio, en el triunfo personal. E incluso le puso color rosa a tal sueño motorizado. El cual se transformaría con el paso del tiempo en un objeto inapreciable para el coleccionismo y el museo.

EL AUTO (FOTO 2)

A la vuelta de los años, el rock ha mantenido al automóvil como fetiche y tanto los primeros intérpretes como sus mejores compositores a través de las décadas (Chuck Berry, Brian Wilson, Jim Morrison, Bob Dylan, Neil Young, Bruce Springsteen, Jack White, etcétera) le rinden tributo como parte de la cultura en la que han crecido desde entonces.

Si algo ha quedado claro es que el rock y el automóvil han formado una gran hermandad: se vieron y congeniaron enseguida. La lista de canciones en las que el coche tiene un papel fundamental es enorme, entre otras cosas porque tal música se fijó en él muy pronto. Nunca lo consideró como un mero medio de transporte, sino como un motivo eficaz para transmitir sentimientos, ideas y emociones.

Incluso a través de su historia lo ha convertido en personaje dotado de cualidades y pasiones humanas (o sobrenaturales), tal como hizo Stephen King en su novela Christine (de 1983), llevada al cine por John Carpenter, y en cuyo radio, por cierto únicamente suena el r&r.

El coche sirve en las canciones (y en la vida juvenil) para hacer reuniones y fiestas ambulantes o el amor, para escapar (del hambre, del peligro, de la rutina, de la opresión), para pensar y morir, para empezar de nuevo, como signo de status, como rito de paso, como instrumento de liberación (de todo tipo de cautiverio, incluido el del hogar patriarcal), para el enamoramiento o como agente de excitación sexual.

En fin, el automóvil ha impregnado desde sus orígenes el imaginario colectivo y ha cambiado costumbres sociales profundamente arraigadas. La vida del siglo XIX descubrió el vals y el ferrocarril; la del XX, el rock y el auto. Los dos últimos forman parte esencial de algunas de las obras maestras de la cultura popular del anterior y este siglo.

El automóvil que refleja el rock está hecho de la misma materia que los sueños y las ansiedades de los que siempre se ha nutrido.

VIDEO SUGERIDO: Chuck Berry Jaguar and Thunderbird, YouTube (spittie100)

EL AUTO (FOTO 3)

 

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EDGAR ALLAN POE (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

edgar allan poe (I) (foto 1)

 EL MISTERIO (I)

(The Murders in the Rue Morgue)

Hace casi 180 años, de una extraña y ruinosa casita, de la que ciertas supersticiones habían ahuyentado a los antiguos inquilinos y que se situaba en una solitaria y apartada calle del barrio de Saint-Germain-des-Prés de París, surgió para los amantes de la literatura una extraordinaria novedad: el género policiaco, con The Murders in the Rue Morgue (Los crímenes de la calle Morgue), del escritor estadounidense Edgar Allan Poe del que se cumplieron 210 años de su nacimiento (Boston,1809) y 170 de su fallecimiento (Baltimore,1849).

En 1841, tras leer las primeras páginas de la novela Barnaby Rudge, de Charles Dickens, Poe descubrió el enigma de un crimen misterioso que ahí se relataba: “Descubrimos el secreto de inmediato –escribió— después de haber leído la séptima página (el volumen tenía 323)”. En efecto, en el número del 1º de mayo de 1841 del Philadelphia Saturday Evening Post (cuando la novela comenzaba a publicarse en forma periódica) Poe escribió una nota crítica revelando el enigma con mucha anticipación.

Al meditar acerca del método analítico que utilizó para lograrlo, Poe asentó al respecto en su ensayo Filosofía de la composición: “Resulta clarísimo que todo plan o argumento merecedor de ese nombre debe ser desarrollado hasta su desenlace antes de comenzar a escribir en detalle. Sólo con el dénouement a la vista podremos dar al argumento su indispensable atmósfera de consecuencia y de causalidad”.

En forma conjunta instauró las reglas del subsecuente relato policiaco: “Una vez que el autor ha optado por el misterio es en absoluto necesario que, en primer lugar, no emplee ningún medio indebido o poco artístico para ocultar el secreto de la trama y, en segundo término, que el secreto sea bien guardado […] Si la verdad se filtrara antes del momento culminante del dénouement, el efecto buscado cedería lugar a la más grande de las confusiones. Si el secreto se despeja contra la voluntad del autor, sus propósitos se verán frustrados, pues escribe fundándose en la suposición de que ciertas impresiones han de adueñarse del ánimo del lector, lo cual no será así en la realidad si el misterio ha dejado de serlo”.

Asimismo, con estas reflexiones fundamentó el modelo precoz del tipo y estilo del detective. Poe, como buen romántico, siempre fue un exponente del yo hipostático, del escritor que de continuo se propone al yo como sujeto, del artista que mira hacia adentro y escribe. Esto era como tener “otra existencia.”

De este principio nació la investigación artística. Tomando en consideración que mucho de la vida del arte es inconsciente y la mayor parte de su actividad un misterio, en la época de Poe se mantuvo firme el principio de que el arte es, de algún modo, divino. Por consiguiente, con el fin de consumar su divinidad, la investigación artística debe destruir y transformar los obstáculos que se oponen a la comprensión y a la percepción.

Siendo así, no es de extrañar que la imaginación poética de Poe crease un “desfacedor de entuertos”, a causa de la evidente necesidad de un protagonista en semejanza a las condiciones que privaban en su propia vida. Al comprender el poeta esta necesidad trató de reforzar tal identidad creando un héroe que compartiera cada vez más la semejanza consigo mismo.

Esto fue plasmado de inmediato en The Murders in the Rue Morgue, que apareció en el mismo 1841 al tomar su autor la dirección del Graham’s Magazine, en cuyos primeros números publicó esta historia.

Poe no fue el inventor casual de la historia detectivesca. Para él, la razón era una reserva de seguridad importante para la vida, el antídoto contra sus miedos terribles. Su dualismo romántico se tensaba entre las dos facetas de la personalidad, entre la emoción y el intelecto, entre la sensibilidad y la mente.

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Mucho de lo escrito por él partió de un yo sensible, de una conciencia romántica impulsada en profundidad a ejecutar un ajuste entre ella y la realidad. La emoción era intensa, desconcertante, terrífica; y el pensamiento era racional, comprensivo y fascinante en su proceso.

La grandeza de Poe estuvo en la proyección de ese miedo en términos totalmente nuevos. Abrió el camino que conduciría a una gama más extensa y profunda de la extensión simbólica.

El surgimiento del relato policiaco se dio justo en una transición histórica, en el tiempo de la revolución industrial y de una aguda lucha de clases. El momento histórico, social y religioso enfrentado al pensamiento racionalista hizo crisis produciendo una tendencia hacia la fábula y el mito literario, los cuales estaban más acordes a la sensibilidad del ciudadano estadounidense de la era industrial.

Éste se hallaba convencido de que nada existía en el mundo nativo y que sólo mediante el transplante de la cultura europea podía lanzar al Nuevo Mundo hacia algo distintivo.

Poe satisfizo el sueño del tránsito de la civilización del Viejo Mundo al Nuevo creando a Charles Auguste Dupin, un personaje en extremo astuto que se encontraba ya en el extranjero y se había cultivado en forma perfecta. La ironía estaba en que el personaje no era estadounidense sino francés, y podía conseguir cuanto quisiera sin tener que trabajar. Le bastaba con pensar.

Por su parte, con el estudioso Augusto Comte la ciencia se hizo positivista y se esforzó por explicar al hombre su cuerpo y alma. El afán por explicarlo todo fue otro de los elementos que suscitó la aparición del relato policiaco. Éste fue en sus orígenes el símbolo de una cruzada contra todos los fantasmas de lo ilusorio. Lo movió una certeza: el razonamiento tendría, siempre y en todas partes, la última palabra.

Por igual, y paralelo a lo anterior, el desarrollo de la prensa amarillista en los Estados Unidos, con el Sun (1833) y el New York Herald (1836), contribuyó con sus características a la literatura policiaca, al convertir el drama en espectáculo.

Asimismo, el avance científico de la investigación (análisis de huellas, de rastros, del carácter de los individuos según los rasgos de su cara) añadió lo pintoresco a los casos. A todo esto, Poe le agregó el nexo que interrelacionaba dichos elementos y características: el detective privado, medio aventurero y diletante, que observa con análisis e imaginación e investiga profesionalmente con sus poderes deductivos el misterio policiaco.

El detective de esta historia clásica aparece como personificación de la razón, y representa la última reserva de seguridad cuya estructura se ha visto amenazada con un rompimiento del orden establecido. Mientras llena los espacios vacíos con exámenes y métodos científicos, va extinguiendo la situación de misterio y le antepone una interpretación razonable.

Todo lo oculto y lo ambiguo, al igual que la desconfianza y el miedo, pierden su horror de manera paulatina cuando el personaje los hace inteligibles. Charles Auguste Dupin fue la criatura que, como exponente máximo de la investigación, no admitía defecto alguno. Fue lo que Poe quiso que el detective y su modus operandi fueran, y ello con una consumación tan perfecta que, al final, Dupin terminó siendo no sólo un ser analítico sino también un artista.

(Músicos contemporáneos que se han inspirado en The Murders in the Rue Morgue para realizar alguna obra: Bob Dylan en “Just Like Tom Thumb’s Blues” del álbum Highway 61 Revisited y Iron Maiden en el disco Killers)

VIDEO SUGERIDO: Murders in the Rue Morgue (Iron Maiden Music Video), YouTube (andyarnoldt23)

EDGAR ALLAN POE (I) (FOTO 3)

 

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DUB

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA LENGUA DEL BAJO

Toda corriente musical necesita del soporte social y tecnológico para convertirse en un movimiento cultural, y los fundamentos históricos y artísticos para erigirse como género de trascendencia. El ejemplo del dub es uno de los más importantes con ese desarrollo.

Lo que inició como una corriente local jamaicana se ha extendido por doquier, lo mismo en el continente europeo que en África o Japón, aunque Kingston, Londres y Nueva York sean sus capitales más sobresalientes. Su influencia sobre la música popular del mundo es innegable. Todo grupo involucrado con los sonidos contemporáneos requiere de una versión dub en los acetatos de 12 y 7 pulgadas o en el lanzamiento de sus sencillos (singles).

Antes de su independencia de Inglaterra la música que predominaba en Jamaica era de origen foráneo: el mento (remedo del calypso trinitario) y el rhythm and blues (de Estados Unidos). Tras su liberación en 1962 hubo una serie de expresiones originales que se sucedieron de manera rápida y enriquecieron las arcas musicales de aquel país: el ska, el rock steady y el reggae.

Las cuales expusieron la manera de sentir y la problemática que se vivía como nación independiente. La emigración hacia los Estados Unidos y la Gran Bretaña y la inmigración con destino a Kingston, la capital, por parte de la población rural en busca de mejores condiciones de vida, creó distintos modos de manifestar el descontento por la falta de opciones. Los ghettos comenzaron a crecer a orillas de la ciudad, lo mismo que la ira por la miseria que los condicionaba.

Esto hizo que los jóvenes se agruparan en pandillas, conocidas como rude boys, que vivían al margen de la ley y eran botín tanto político para diversos líderes, como para los negocios de los narcotraficantes. Las batallas por estas cuestiones atrajeron mucha violencia y muerte, incluso la de infinidad de músicos.

La única diversión que se tenía en dichos ghettos eran los bailes populares a cargo de los sonideros ambulantes, que con sus grandes equipos ponían a bailar a las comunidades. Con el tiempo estos productores introdujeron nuevos métodos de trabajo y formas de tecnología que les permitieron convertirse en productores y promotores de grupos y cantantes. El clímax de un primer desarrollo de la música autóctona se dio con Bob Marley. El reggae se dio a conocer como una aportación genérica del Tercer Mundo al resto del planeta.

Tras la muerte de Marley (a causa del cáncer en 1981), se vio que las cimientes musicales de Jamaica eran fuertes. A pesar de tal pérdida el caldero siguió bullendo. La vida en las zonas paupérrimas se hizo cada vez más peligrosa, pero la creatividad musical no cesó, ni cuando el gobierno impuso severas sentencias contra la posesión de armas y reuniones multitudinarias.

En los ghettos –Trenchtown, Greenwich Town y River City—vivían miles de jóvenes desempleados, excluidos no sólo de la identidad sino de la existencia misma. Para muchos de ellos la música representaba la única oportunidad de salir de la pobreza. Para su consuelo, los sonideros siempre necesitaron de nuevos exponentes, así que asimilaron a músicos y cantantes que supieran las necesidades y los lenguajes de ese sector social. Se convirtieron en la voz de los marginados.

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Los sonideros, devenidos en productores de discos, comenzaron a modificar los ritmos y a realizar contribuciones significativas para el desarrollo musical. De entre sus filas surgió Osborne Raddock, conocido como King Tubby, egresado de las filas del reggae y que luego se convirtió en el ingeniero principal de varios estudios de grabación, para finalmente llegar al puesto de productor independiente.

Él operaba con la novedad de las pistas múltiples, efectos únicos de eco, retroalimentación y distorsión. Grabó acetatos (discos de cera blanda) para su uso exclusivo como sonidero y con ello descubrió que a los asistentes a los bailes les gustaba escuchar nuevas versiones de piezas conocidas de reggae, con modos verbales distintos. Omitía parte de la voz original y la sustituía con otra con la misma base musical. Creó de tal suerte una fórmula distinta para escuchar lo conocido.

Para ello agregó un deejay (DJ) que cumpliera en vivo con un parloteo extravagante y agudo sobre la situación política y las condiciones de vida e hiciera contrapunto a la voz grabada. De esta manera Tubby fundó una nueva corriente: el dub y con él al toast (arte estilístico del DJ). Ambas cosas han penetrado en la música popular desde entonces bajo la forma del remix y del rap.

Fragmentó el ritmo del bajo en patrones breves de notas (en oposición al ska), le aumentó el volumen y lo instauró además como el instrumento principal, además de emplear los retardos electrónicos o eliminar algunos compases de la guitarra. Tubby y el dub proporcionaron a los DJs el espacio necesario para crear sus propias letras. A partir de ahí el fenómeno experimentó un crecimiento insospechado en el mundo entero y año con año aparecen generaciones de ellos en diversas modalidades.

El movimiento se convirtió en género cuando trascendió la isla y llegó a las calles de las principales urbes del planeta; cuando el hip hop mostró su influencia en los dub plates (discos donde se efectúa un remix); cuando se volvió hacia las raíces rítmicas africanas como las de los tambores burru, etu, pocomania y kumina, al igual que hacia la tecnología más avanzada como el teclado digital y la máquina de ritmos, todo mezclado con el hip hop estadounidense; cuando empezó a llamarse ragga (por raggamuffin: andrajoso) y hablar con dureza extrema de la realidad que vive el pueblo, así como de la cultura del ghetto y de la calle.

Pero sobre todo trascendió como género cuando este cúmulo de fenómenos sociales creó a sus propios poetas con la llamada dub poetry, artistas que improvisaban sus discursos sobre un fondo instrumental de reggae o ragga, donde el sonido del bajo prevalece y está provisto de ecos y resonancias, lo cual resulta en un efecto psicodélico e intoxicado que los toasters usan en ámbitos como el house, el drum’n’bass y el lounge, para lanzar sus manifiestos.

Dub es un término proveniente del idioma inglés que originalmente (entre lo siglos XVII y XIX) significaba abrir o ampliar algo. En la actualidad en el aspecto literario implica agregar a la voz principal toda clase de elementos ambientales, para crear una atmósfera determinada que exponga situaciones de carácter social, sobre todo.

Los poetas del dub están encabezados por los negroingleses Linton Kwesi Johnson y Benjamin Zephaniah y los jamaicanos Mutabaruka y Michael Smith (asesinado en un incidente político).

Hoy los académicos y críticos literarios tanto de Europa como de los Estados Unidos dan énfasis en sus cursos universitarios al contenido poético de la dub poetry, que tiene como textos emblemáticos “Dis Poem” de Mutabaruka y “Five Nights of Bleeding” de Kwesi Johnson, así como los escritos de la realidad bruta que interpreta con raggamuffin el DJ YasusAfari, que muestra los derroteros vanguardistas que puede tomar la poesía dub en el futuro. Para todos los estudiosos en indudable la importancia de la poesía dub como espejo de una circunstancia tercermundista y como destacado ejemplo en la historia de la literatura oral negra del Caribe.

VIDEO SUGERIDO: Linton Kwesi Johnson – Sonny’s Lettah, YouTube (Rene Zwaap)

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THE LONG BLACK VEIL

Por SERGIO MONSALVO C.

THE LONG BLACK VEIL (FOTO 1)

 (THE CHIEFTAINS)

 “Cuerdas y flautas en la tierra y en el aire/ hacen dulce música;/ cuerdas y flautas cerca del río/ donde los sauces se acogen./ Hay música a lo largo del río/ pues por ahí vaga el Amor,/ pálidas flores en su manto, oscuras hojas en su cabello./ Todo suavemente tañendo,/ con la cabeza inclinada hacia la música, y dedos extraviados/ sobre un instrumento”.

Tierra y música irlandesa, crónicas e historias de heroísmos y desastres. Tierra de celtas, de santos y locos, de guerras y poetas, leyendas y simbolismos, de tiempo y lenguaje. Mitos pintorescos e imágenes como cuerpo del mundo.

De Irlanda, sus creencias, arte y filosofías son fundamentalmente mágicas. La observación sensorial ha dejado su huella en los creadores de esos lares con su azote, esfuerzo, sudor y sacudida.

Irlanda, tierra romántica, sabe que la locura de sus días descansa en sus poetas. De Ossian a Yeats, de Joyce a Friday y de Van Morrison a The Chieftains. En la poesía musical de este grupo se sabe que el corazón ha sufrido.

Se sabe que el espíritu ha tomado al filósofo por amigo y un poema siempre ha sido creado, hecho de sentimiento y razón; una obra de arte duradera y profética.

James Joyce lo dijo: “Ahora, en esta parda tierra/ donde Amor creó tan dulce música/ vagaremos los dos, tu mano en mi mano…”

El grupo The Chieftains ha desempeñado un papel preponderante en alejar la imagen del folk irlandés de la vulgaridad bronca asociada con los Dubliners.  Con gran virtuosismo instrumental mezclan arreglos formales de melodías tradicionales con improvisaciones basadas en las mismas.

El grupo derivó de la orquesta Coeltiori Cualann encabezada por el compositor y folklorista dublinés Sean O’Riada. La agrupación original incluía a Paddy Moloney (flautas uilleanas y silbato de hojalata), Sean Potts (silbato de hojalata), Martin Fay (violín) y Michael Tubridy (flauta).

Adoptaron el nombre Chieftains para su primer disco, que grabaron en 1963 bajo el sello Claddagh de Garech Browne.  Incluía el slip jig “Comb Your Hair and Curl It”, tonada que adquirió un destacado lugar en el repertorio de los Dubliners como “The Rocky Road to Dublin”.

Hubo una pausa de seis años antes del disco Chieftains II, en el que hacen su aparición Peadar Mercier –en el bodhran (percusiones)– y Sean Keane, un violinista de antecedentes clásicos.

La participación en el Festival Folk de Cambridge de 1970 les valió un reconocimiento más amplio, pero hizo falta la colaboración con el ex mánager de Steeleye Span, Jo Lustig, en 1973 para empezar a darse a conocer a nivel internacional.

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El álbum Chieftains IV (1973) incluyó la majestuosa “Morgan Magan”, compuesta por O’Carolan, un arpista ciego del siglo XVIII, e interpretada por el arpista clásico Derek Bell, quien al año siguiente abandonó la Orquesta Sinfónica de la BBC en Belfast para unirse al grupo.

“Women of Ireland”, composición de O’Riada, entró al soundtrack de Barry Lyndon (1975) de Stanley Kubrick; el grupo ganó un Oscar por esta canción.  Su mánager les consiguió un contrato con Island para la grabación de Chieftains V (1975), que reconocía las raíces celtas comunes al incluir a varias tonadas bretonas.

La demanda por los Chieftains ya era global y el conjunto andaba de gira por Norteamérica, Japón, Australia y Europa. Alternaron con Grateful Dead y Eric Clapton en estadios y Molony particpó en sesiones con Paul McCartney y Art Garfunkel.

Asimismo, el grupo proporcionó música tradicional para varias películas. En 1979 la agrupación tocó ante lo que supuestamente fue el público en vivo más grande de toda la historia de aquellos lares: las 1.3 millones de personas reunidas en el parque Phoenix de Dublín.

Después de cambiar de compañía disquera (a Columbia) en 1978, los álbumes de los Chieftains aparecieron en intervalos regulares y su música mostró cierta disposición a abrazar otras tradiciones nacionales.

La ocasión más llamativa fue en 1985, cuando el grupo fue acompañado por una orquesta china durante una visita a este país. La presentación fue editada como Live in China (Claddagh, 1985).

En 1988 el grupo se presentó regularmente en conciertos con Van Morrison y fue contratado por la RCA Victor, misma donde lanzaron A Chieftains Celebration para conmemorar su aniversario número 25.

Después, en 1995, con la adición de Kevin Conneff (en el bohran), continuaron celebrándose y sacan a la luz The Long Black Veil (BMG/RCA) en el que varios artistas británicos los acompañan.  Hubo rockeros británicos de la talla de Sting, Mick Jagger, Mark Knopfler, Marianne Faithfull, los Rolling Stones y Van Morrison, entre otros.

En la poesía musical de este grupo, vertida en este álbum antológico, se sabe que el espíritu ha tomado al filósofo por amigo y un poema siempre ha sido creado, hecho de sentimiento y razón; una obra de arte duradera y profética.

El listado es apetitoso: “Mo Ghile Mear” (con Sting), “The Long Black Veil” (con Mick Jagger), “The Fuggy Dew” (con Sinead O’Connor), “Have I Told You Lately That I Love You” (un tema clásico con la misma voz de Van Morrison), “The Lily of the West” (con Mark Knopfler), “Love is Teasin’” (con Marianne Faithful), “The Rocky Road To Dublin” (con los Rolling Stones), por mencionar algunos.

Con este disco, que alcanzó cuotas millonarias de venta y conocimiento en todo el planeta, su quehacer artístico los confirmó como los más importantes exponentes de la música tradicional irlandesa hasta ese momento.

The Chieftains son poetas que se valen del drama, de la elegía, de las intuiciones y sentimientos, de mitos antiguos e inventos nuevos que revelan al mundo las sensaciones internas de un país en el que el fuego nunca se consume.

VIDEO SUGERIDO: ‘Long Black Veil’ – The Chieftains featuring Mick Jagger, YouTube (Stair na hEireann)

THE LONG BLACK VEIL (FOTO 3)

 

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40 BLUE FINGERS…

Por SERGIO MONSALVO C.

CHICKEN SHACK (FOTO 1)

 (CHICKEN SHACK)

Uno escucha los discos en los que participaron las blueseras británicas, como Christine Perfect, no sólo para saber cómo argumentaban con sus composiciones y voz, sino también para disfrutar con el transcurso en la construcción de sus argumentos.

Ésta fue una manera de defender su participación en un género, que si al principio les fue extraño, con su exposición a tales emociones les resultó en parte de su esencia tanto genérica como artística, en el panorama creativo que abrieron con él.

Es decir, las mujeres como ella tuvieron en el blues, al comienzo de sus carreras, el mismo problema que los hombres del medio: la necesidad de un público que realmente escuchara lo que tenían que decir.

Algo parecido se podría decir de sus personalidades, un filón de literatura, ensayo o biografía inagotable en sus caracteres y en toda esa pátina de claroscuros con que suelen estar muchas de ellas construidas.

Sumergirse en esas historias, adentrarse en sus territorios musicales, implica la ruptura de esos límites con los que se señala lo que recibe el nombre de “blues”, algo que como les había enseñado Muddy Waters durante sus visitas al Reino Unido: “Es más que un género musical”.

Ellas trascendieron los arquetipos y los clichés y fomentaron unos nuevos encarnados en la concreción de sus estilos, en los que las circunstancias perdieron toda consistencia sin imponer su orden, porque ellas, como sus semejantes masculinos resultaron ser “negras del corazón”.

La cantante y pianista Christine Perfect ha rememorado en diversas entrevistas  aquellas reuniones juveniles en los pubs donde los jóvenes locales se citaban para escuchar por primera vez el rhythm & blues de los artistas negros estadounidenses. Los discos llegaban a esos locales a través de los mismos asiduos o por los marinos que los traían de allende el Atlántico y los cambiaban por los tragos.

“Era música magnífica, diferente, nos encantaba. Hacíamos grandes coros en esas tabernas acompañando la voz de Elvis, Little Richard, Fats Domino, Chuck Berry y el rhythm and blues de Muddy Waters, Howlin’ Wolf y demás blueseros de Chicago”.

Todas aquellas noches le sirvieron a ella para practicar in situ, para buscar el tono en el que más se acomodaba, el estilo con el que más se identificaba.

VIDEO SUGERIDO: Chicken Shack – It’s Okay With Me Baby, YouTube (jimmytheferret)

Como nieta e hija de músicos, Christine Perfect había nacido en Bouth, Inglaterra, en 1943. Al mostrar talento para el piano la familia la condujo a recibir una educación clásica. Sin embargo, como adolescente descubrió el rock & roll, lo que la condujo a aquellos pubs para escuchar más de aquello.

Y mientras estudiaba escultura en una escuela de arte conoció a dos compañeros con los que formaría una banda amateur de blues (Sounds) durante su estancia escolar, la cual se disolvió al graduarse sus miembros.

En busca de expectativas económicas Christine trabajó como escaparatista de tiendas departamentales y a la postre, junto a sus antiguos compañeros retomó el proyecto musical bajo el nombre de Chicken Shack en 1968, como tecladista, compositora y cantante (su disco más destacable 40 Fingers Freshly Packed & Ready To Serve).

Su voz e interpretación en los teclados la volvieron distintiva en el medio. Tanto que Peter Green, líder de la banda Fleetwood Mac, la invitó a colaborar con ellos. Ahí conoció al que sería su esposo John McVie. A la postre adoptaría su apellido e iniciaría una larguísima historia con tal grupo en dos tiempos, igual de productivos.

VIDEO SUGERIDO: Christine Perfect with her Chicken Shack – Man Old World, YouTube (amemigustailblues)

CHICKEN SHACK (FOTO 2)

 

Tornamesa