ARTE-FACTO: TSUKIOKA YOSHITOSHI

Por SERGIO MONSALVO C.

CARTA A KUMIKO (FOTO 1)

LA LUNA COMO TESTIGO

Querida Kumiko:

Antes que nada te ofrezco una disculpa por haber tardado en responder a tu última carta (me parece fantástico mantener este tipo de correspondencia, epistolar, escrita a mano, en una época en que eso ya no se usa, ni importa imginar la personalidad, las emociones de tu remitente por su caligrafía. Qué bueno que convinimos en hacerlo así).

Lo de la tardanza se debió a que estoy absolutamente inmerso (y con unos horarios imposibles) en ese proyecto documental, del que ya te había comentado, sobre la estancia de John Lennon en esta ciudad y su legendario Bed-In, y que será parte de las celebraciones del cincuenta aniversario de tal acontecimiento que tienen planeadas las autoridades culturales para entonces.

Pero ahora lo hago con doble gusto porque, además, tengo que platicarte acerca de la exposición que sobre Tsukioka Yoshitoshi montó el Nihon no hanga, ese museo privado al que fuimos antes de que regresaras a Japón, ubicado en una casa antigua del Kaizersgracht, y cuya materia estuvo basada en su mítica serie Tsuki Hyakushi (Cien aspectos de la luna), que realizó a fines del siglo XIX. Su obra maestra.

Tengo que agradecerte infinitamente el listado de personajes que me proporcionaste de aquella cultura y que debo conocer. No tienes idea de lo que disfruté al descubrir el trabajo de este artista, las sorpresas que tal visita me deparó y que voy a desglosarte como me pediste que hiciera con cada uno de ellos.

Comenzaré por el final. Creo que esta serie de imágenes es el summum de todas las ideas estéticas de Yoshitoshi. Es curioso, pero como acostumbran los hai-kus, y el que le dedicaron cuando murió señala la esencia de su búsqueda y encuentro. Poesía para describir poesía.

yo o tsumete
terimasarishi wa
natsu no tsuki

(conteniendo la noche

con su resplandor creciente

la luna del verano)

CARTA A KUMIKO (FOTO 2)

Perdona la versión aproximada que hice al español, vía el inglés, y espero tus modificaciones al respecto. Considero que en esas palabras se conjugan muy bien todos los aspectos que ese maestro japonés trabajó durante su vida: los momentos históricos que fueron creando la cultura nipona, las tradiciones, el heroísmo, los relatos fantasmales y la dimensión maravillosa que detenta lo cotidiano y lo sensual, con la luna como testigo de fondo de todo ello.

Aprendí que Yoshitoshi fue un personaje reconocido como el último gran maestro del arte llamado  Ukiyo-e y por ser un gran innovador de sus formas. En las que  incluyó la cultura del Japón feudal tanto como del moderno.  Que entre sus innovaciones estaba su marcado interés por las novedades provenientes de Occidente, tanto como la preocupación por conservar algunas tradiciones.

Según he leído, las raíces del Ukiyo-e datan de la urbanización que transformó al país y que tuvo lugar a finales del siglo XVI, lo que llevó al desarrollo de una clase de comerciantes y de artistas que comenzaron a escribir historias o novelas y a pintar imágenes, ambas cosas fueron compiladas por primera vez en libros ilustrados, conocidos como ehon.

El arte Ukiyo-e era comúnmente utilizado para ilustrar dichos libros, pero se desarrolló por su cuenta y se transformó luego en impresos de una sola página, en postales o en carteles del teatro kabuki. La inspiración para realizarlo provenía originalmente de los cuentos chinos y su narrativa estaba basada en la vida urbana y la cultura del momento. Todo esto tenía un propósito comercial y se volvió muy popular.

VIDEO SUGERIDO: MARIA MARACHOWSKA “MOON DANCE” instrumental piano SIBERIAN BLUES 2011, YouTube (Maria Marachowska)

Sin embargo, la poesía también estaba inmersa en ello como invitada. La Luna se impuso como un astro importante, pero igualmente como un símbolo desde que el mundo es mundo, y en ella se depositaron los deseos, las inquietudes, los testimonios, las ilusiones, los desamores o la memoria de cada uno. La Luna, asimismo, es la otra parte de todos.

Porque, como escribió Beaudelaire de este lado: “[La Luna] se entrega a prolongados éxtasis./ Y pasea su mirada sobre visiones blancas,/ Que ascienden al azul igual que floraciones./ Cuando sobre este globo, con languidez ociosa,/ Ella deja rodar una furtiva lágrima,/ Un piadoso poeta, enemigo del sueño,/ toma la fría gota como un fragmento de ópalo de irisados reflejos./ Y la guarda en su pecho, lejos del sol voraz». 

Así es como ambos hemisferios se complementan en la lírica lunar del ayer. Porque hoy, te pregunto: ¿A alguien todavía le importan esas cualidades del astro, toda la poesía que ha creado? El comercio, que tanto rodeó a Yoshitoshi en su época sigue metiendo mano en la relación de las personas con el aquel cuerpo celeste (para pesar de lunáticos y soñadores).

Ahí te van los datos duros: Los negociantes ya han comenzado a vender terrenos en la Luna (¿a quién le pertenece?) y hasta el momento han despachado hectáreas por un valor de 4 millones de libras esterlinas, según las notas económicas. Por ahora, aún tenemos la poesía escrita y la de las imágenes de Yoshitoshi.

Sin embargo, también nos queda la música y aquí es donde te voy a poner de tarea escuchar las obras que el género rockero nos ha legado para vivir de alguna manera la experiencia de convivir con la Luna. Recuerda que cada disco, cada tema, cada track es una posibilidad para reforzar el lazo cosmogónico que nos une a ella y nos proporciona una perdurable imagen auditiva.

Cinco discos para empezar: The Dark Side of The Moon  (Pink Floyd), Man on The Moon (R.E.M.), Harvest Moon (Neil Young), Hécate de Ordo Equitum Solis y Moondance de Van Morrison.

Y siete canciones: “Blue Moon” de Elvis Presley, “Moonshadow”, de Cat Stevens, cuando aún se llamaba así, “Kiko and The Lavender Moon” de Los Lobos, “Walking on the Moon” de Police, “Moonage Daydream” de David Bowie, “Moonlight Drive” de los Doors, “Marquee Moon” (de Television) y “The Whole of the Moon” de los Waterboys, por ahora.

Todos esos discos y todos esos tracks son importantes por su contenido y por su contexto. También te recomiendo ver y sentir la antigua inocencia en una película como Viaje a la Luna de George Meliés. Espero que los disfrutes, así como yo lo hice con la exposición de Yoshitoshi.

Pero no sólo con eso, sino igualmente con la foto tuya que incluiste en la carta, con tu traje de baño amarillo, que sin lugar a dudas me hará muy cálida la espera para verte el próximo verano. Besos, abrazos y hasta entonces.

VIDEO SUGERIDO: “It’s a marvelous night for a moon dance”, YouTube (Lunayar)

CARTA A KUMIKO (FOTO 3)

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BIBLIOGRAFÍA: ARTE-FACTO (IV)

Por SERGIO MONSALVO C.

Arte-Facto IV Portada

EL RIZOMA DEL ROCK*

Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.

El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.

El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.

*Introducción al volumen Arte-Facto (IV), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.

Arte-Facto (IV)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

CONTENIDO

Patti Smith: La Poesía Amplificada

Plaster Caster: Arte Groupie

El Rock Ilustrado (Por Raphael)

R. W. Fassbinder: Petra Von Kant y Yo

Revolver: Disparo al Infinito (I y II)

Robert Plant: Retrato del Gran Maestro

Roy Lichtenstein: Imagen y Sonido

St. Valentine’s Day: Tarjetas Musicales

Stephen Hawking: (Y Las Pequeñas Cosas)

The Last Poets: El Rap sin Impostores

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ARTE-FACTO: REVOLVER (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

REVOLVER II (FOTO 1)

 DISPARO AL INFINITO (II)

 Revolver, pues, fue un disco rizomático. Independientemente de las experimentaciones místico-instrumentales, las hubo en igual medida con las psicotrópicas, musicales, tecnológicas y estéticas. La psicodelia había iniciado su andar a principios de ese año (1966, el 3 de enero, con el acid test que llevó a cabo Ken Kesey en el auditorio Fillmore de San Francisco). Durante la gira que hicieron por California, los Beatles se empaparon de la gestación del movimiento hippie y de la contracultura, de la que el LSD formaba parte.

El contacto con éste por parte del cuarteto, propiciado por el odontólogo de Harrison, John Rilley, quien se los dio a probar con el café durante una cena en su casa (y al que “homenajearon” con el tema “Doctor Robert”), fue el causante de la creación de canciones y letras de las mismas, inspiradas por las exploraciones de los músicos con el ácido.

Están: “I’m Only Sleeping”, “She Said She Said”, “And You Bird Can Sing”, por parte de John Lennon, cuyo tema “Tomorrow Never Knows” es quizá el mejor modelo en tal corriente y que tiene como vaso comunicante la lectura del libro The Psychedelic Experience, de Timothy Leary, un manual basado en el Libro Tibetano de los Muertos.

A su vez, Harrison, con la ya mencionada “Love to You”, pero también con la pieza anti-sistema “Taxman”, que abre el disco y “I Want to tell You” (un enfrascamiento con el lenguaje), y Paul McCartney en el lado melódico y atenuado con “Here, There and Everywhere”, “Good Day Sunshine”, “For No One”, “Yellow Submarine” (con la voz de Ringo Starr) y con “Got to Get You Into My Life”.

Sin embargo, la cereza de tamaño pastel cultural,  fue “Eleanor Rigby”. Este tema (cuyo antecedente musical fue “Yesterday”), del mismo McCartney, se significó en un aparte por dos aportaciones fundamentales para el género. Primero por encumbrar a una de sus más altas cimas al pop barroco (con tan sólo un lustro de existencia); y por hacer evidente que el rock había rebasado otra frontera, mostrando a plenitud su desarrollo como un organismo vivo de cultura en expansión, hacia todos lados.

REVOLVER II (FOTO 2)

Los usos de esta música en el disco son una prueba fehaciente de ello. El grupo, en plena explosión creativa utilizó, remodeló e innovó al género en varias de sus formas: el hard rock, el folk-rock, la balada amorosa, el pop de vaudeville, el rock psicodélico, el retro-pop, el rock sinfónico y el ya mencionado pop barroco. Los estilos se convirtieron en arcilla para este séptimo álbum beatle, en el que el rock pasó a un nivel superior en todos sus aspectos: en la forma de concebir la música, en la manera de grabarlo, en la forma de escucharlo.

Ello se debió a la madurez que habían adquirido como entes creativos y que como tales exigieron un trato diferente a la compañía EMI. Y lo primero de todo fue la libertad artística para realizar su obra, a lo que la empresa no pudo negarse dados los resultados. Se acabarían las giras y las presentaciones en vivo y tendrían más tiempo para grabar. El productor sería George Martin, quien los había acompañado hasta entonces, pero ahora como realizador independiente y tendrían los mejores estudios a su disposición, no como una oficina, sino como un instrumento más.

Martin fue el elemento ecualizador en la ebullición artística beatle. Puso a su disposición su refinamiento, su experiencia en diversos géneros, su conocimiento de la música, su oído, su visión, su capacidad y su genio al mando de los controles de grabación. Los Beatles lo retaron a la experimentación y él recogió el guante para hacer historia.

En la hechura de Revolver se emplearon 300 horas para grabar los apenas 35 minutos que dura el disco (el triple de lo que usaron para hacer Rubber Soul). Algo inusitado en dicha época. Como inusitado fue el resultado. Usaron las más altas tecnologías que había por entonces y al quedarles cortas inventaron  nuevas. Hicieron de la palabra distinto algo concreto y de las palabras de sus canciones objetos de estudio. Las portadas de los discos fueron importantes para expresar el contenido (ésta  a cargo de Klaus Voorman) y se facturó una obra maestra que reunió el talento de todos en un momento único.

 

 VIDEO SUGERIDO: The Beatles – Tomorrow Never Knows (Subtitulada Español) HD, YouTube (TheUniversomerodea)

 

 

REVOLVER II (FOTO 3)

 

 

 

 

 

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ARTE-FACTO: REVOLVER (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

REVOLVER I FOTO 1

 DISPARO AL INFINITO (I)

 En el mítico canon del rock, el álbum Revolver de los Beatles ocupa un sitio incólume entre los diez primeros lugares. Desde el momento de su lanzamiento (agosto de 1966) hasta hoy (54 años después) se erigió de facto en una de sus obras maestras (y clásicas a la postre), por más de una razón. Marcó un antes y un después musical, el rock elevó sus pretensiones genéricas, significó un cambio de era y mostró una vía de desarrollo no sólo artística sino también humana.

En el arte lo importante no es ofrecer respuestas sino brindar preguntas, crear cuestionamientos, y entre más, mejor. Con el disco Revolver, el Cuarteto de Liverpool lo hizo a granel. “¿Y, en estas canciones, dónde está el rock?”, fue una de ellas, sobre todo por parte de quienes se habían quedado en su melodiosa época de la beatlemanía y con la imagen de sus apariciones en vivo en 1965 (del Shea Stadium, de Nueva York al Cow Palace, en San Francisco).

Con la nueva obra de los Fab Four se hizo evidente que el rock era un espíritu omnipresente y su figura lo contemplaba todo. Se expandía por doquier y en él cabía lo inimaginable. Ya no sólo era una manifestación juvenil, sino que en su dinámico crecimiento se incluían las preguntas por el Ser y Estar de cada uno en el mundo, por la existencia del Otro, por la vida interior y exterior, y debido a estas cuestiones se experimentó para averiguarlo y la música fue la compañera de viaje y la vocera principal de sus bitácoras, con expresiones, lenguajes y sonidos ignotos.

Revolver contenía dentro de sí, entre otras aportaciones, el hecho de un fenómeno cultural de enorme trascendencia. George Harrison escuchó el sonido del sitar indio interpretando un tema de los Beatles para el sountrack de Help! Ese sonido entre terrenal y proveniente de lo alto fue lo que llamó la atención del oído de George y firmó con él un magnífico pero muy limitado antecedente (“Norwegian Wood” en el disco Rubber Soul). Ese sonido, penetrando en el cerebro del músico, fue también el momento de una síntesis social (anglo-hindú) y el primer paso al conocimiento del Otro.

REVOLVER I FOTO 2

Ese otro era el hemisferio oriental descubierto a partir de entonces por una generación que buscaba respuestas y proyecciones místicas de la existencia. A Harrison le picó la curiosidad, se compró un instrumento y buscó a alguien que lo instruyera. En una cena de la comunidad artística londinense conoció a Ravi Shankar, el virtuoso indio del sitar, y lo convenció de enseñarle los rudimentos. Ravi aceptó, y con ello George se adentró en un camino que no sólo experimentaría él sino, a la postre, todo el Occidente.

Con el conocimiento del sitar vino también el de las ciudades indias como Cachemira, el principio de la inevitabilidad…: en fin, el de otra cultura. Por ese entonces la experimentación agregaba el elemento químico como instrumento del conocimiento interno. George realizaba de manera regular viajes con LSD y en ellos descubrió que el paisaje mental que la droga le producía era uno que ya había contemplado en la India, con sus seres y sonidos misteriosos.

Tales aventuras aseguraron la contribución que haría al legado beatle y que se imprimiría por primera vez en el disco Revolver de manera contundente: «Love You To». Una pieza que abriría el camino hacia las Indias Orientales. Así, George Harrison se convirtió en el Marco Polo del rock.

A partir de entonces el Oriente ha ejercido una influencia más que significativa para el género, sobre la base de que el hombre oriental se identifica sobremanera con las fuerzas primarias. Para la imaginería del rock, el Oriente se erigió en una tierra de sensibilidades expansivas. Con Revolver, por un lado, los rocanroleros recurrieron a la música y filosofía de la India como una ruta convincente hacia la unidad primitiva del universo, cuyo hogar es el eterno ahora, concepto del que el rock se ha nutrido desde un principio.

Por otro, el punto fundamental del álbum radica en que es un icono de la transculturación. Al ser escuchado por primera vez la pregunta general fue: ¿Qué instrumento es ese que suena en “Love You To”? La cuestión condujo a una travesía en la que muchos se embarcaron. Algunos buscaron en ese viaje respuestas y proyecciones místicas: la ley del karma, el budismo, Abraxas, la conversación con santones (como discípulos de diversos Maharishis o gurús instrumentales). Otros se fueron por el lado de la literatura (con las lecturas de Hermann Hesse, Carl Jung y de clásicos como el poeta Alfred Tennyson) y por el de la música, con su atrayente exotismo.

 

 VIDEO SUGERIDO: Eleanor Rigby – The Beatles, YouTube (Canal de vitor021298)

 

 

REVOLVER I FOTO 3

 

 

 

 

 

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BIBLIOGRAFÍA: ARTE-FACTO (III)

Por SERGIO MONSALVO C.

ARTE-FACTO III (PORTADA)

 EL RIZOMA DEL ROCK*

Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.

El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.

El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.

 

 

*Introducción al volumen Arte-Facto (III), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.

 

 

 Arte-Facto (III)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

 

CONTENIDO

John Cage: El Arcángel Anarquista

Jukebox: Parafernalia Sonora

Kavi Alexander: Calidez Estereofónica

Key to the Highway: Canción y Poema

Leonardo Da Vinci: Automa Cavaliere

London Calling: La Portada

Marilyn Monroe: Fragmentos

Mike Kelley: Imagen del Underground

Momus: Alterego Altermoderno

Orquesta de las Esferas I y II: Música del Universo

 

 

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BIBLIOGRAFÍA: ARTE-FACTO (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

ARTE-FACTO II (PORTADA)

 EL RIZOMA DEL ROCK*

Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.

El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.

El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.

 *Introducción al volumen Arte-Facto (II), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.

 Arte-Facto (II)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

 

CONTENIDO

Daniel Johnston – El universo desgarrado

DAUU – Una velada con el lobo

Don Van Vliet – Navegar el autoretrato

Fathers & Sons – Reunión de mitos

Fever Ray – Si tuviera un corazón

Florence & The Machine – Un fructífero diván

Gorillaz – El planeta Hi-Tech

Goya – Saturno y el Metal

Gustav Klimt – Beso que dura un siglo

Ivan Kral – Rock y Terciopelo

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BIBLIOGRAFÍA: ARTE-FACTO (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

ARTE-FACTO 1 (PORTADA)

 EL ROCK DEL RIZOMA

 Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.

El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.

El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.

 

 *Introducción al volumen Arte-Facto (I), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.

 

 Arte-Facto (I)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

 

CONTENIDO

Albert Wertheimer – El Testimonio

Amy Winehouse – La cantante expuesta

Anton Corbijn – Imagen con fondo musical

Banksy – Is Coming To Town

Bauhaus – Construcción de la imagen

Béatrice Ardisson – París (Imago Noctívago)

Cabaret Voltaire – La cuna Dadá

Chingón – El vocablo identitario

Don Van Vliet – Navegar el autoretrato

Tsukioka Yoshitoshi – La Luna como testigo

 

 

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ORQUESTA DE LAS ESFERAS (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

ORQUESTA II FOTO 1

 MÚSICA DEL UNIVERSO/ II

Esta Orquesta de las Esferas, parecida a la concreción de un sueño inducido por Sun Ra, brotó al final de la primera década del siglo XXI en la ciudad de Wellington, capital neozelandesa, como producto de matrices sónicas como el Frederick Street Sound y la Light Exploration Society. Y en sus inicios actuaron en bailes universitarios, shows DIY y salas de ópera. En tales lugares se forjaron una buena reputación musical y la admiración por sus extasiantes espectáculos visuales.

Las influencias de agrupación semejante son un conglomerado genérico que va del kuduro a la psicodelia, pasando por la disco, la improvisación del free style, el electro dance shangaan, el funk en su versión de dilatada acidez, y la devoción de sus miembros por la obra de los Talking Heads, primero (básicamente del disco Remain in Light), y luego por la de los derivados Tom Tom Club y los posteriores Heads, en versión lo-fi. Es decir, hay experimentación científica e instrumental, aplicación mundana y emotividad humana.

La Orquesta de las Esferas no parece, pues, estar en contra del entretenimiento, sólo si es del falso, como puerta abierta a lo banal, y lo sé porque resulta que en sus discos, Nonagonic, Vibration Animal Sex Brain Music y Brothers and Sisters of the Black Lagoon,  hay entretenimiento del bueno a raudales: con ritmo y verdad. O sentimiento y asombro, como quiere Glen Vélez, aquel sensible maestro y pensador de tal elemento musical.

Y también sus semejantes, Paul Winter o Steve Reich, como se puede percibir. Si no hubiera ese ritmo cimbreante en cada track y la interpretación consecuente, con el acelerado latido de corazones anhelantes, el público escaparía. El ritmo aquí es belleza, es pulso, es el gancho con sensaciones de los integrantes tendidos hacia los escuchas.

El ritmo omnipresente en cualquiera de sus obras es potencia, la potencia de lo que la música dice y la potencia de su bombeo grabado en pleno goce. Quiero decir que, tal como la lanza y la respira la banda, se vive en sus discos. La interpretación de sus músicos atraviesa el plano imaginario entre ellos y nosotros. Sin problema alguno. Y no se necesita ser Tales de Mileto (quien no apartaba los ojos del cielo para desentrañarlo) o Asimov; o saber de gravitaciones,  quarks y radiaciones de fondo para descubrir sus arcanos, que los tiene y muchos.

No. No hay necesidad, sólo es necesaria la actitud empírica, como la de esta banda que es una opción ante el ruido, la furia de un mundo destemplado, dividido, fragmentado y egoísta hasta el selfie, que no nos permite oír nuestra propia armonía interior. Una armonía que está conectada con esa vibración de las esferas de la que hablaba Pitágoras, y que emite un canto sereno, cálido, que proclama la reconciliación entre el pulso trágico que late inevitable en todo ser humano y las fuerzas ocultas de la naturaleza.

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Eso es lo que busca una orquesta como ésta. Hacer que se perciba esa música para iluminarnos por el tiempo que dure su vibración. Nos proporciona el placer inmenso de sentirnos parte de algo grande concordado por una cadencia general y el graffiti encontrado por ahí: «Si se acaba el mundo luego no te quejes» cobra su real sentido. Sólo un mundo más solidario, más consciente de la necesidad de apreciar la armonía como lo hace Baba Rossa y compañía puede hacernos sentir que eso es posible. Desde dicha perspectiva, como muestran estos artistas con su aleación musical, es posible encontrar alguna respuesta.

Eso significa defender apasionadamente la cultura global, la cultura como medio de fomentar la cadencia individual y colectiva, y superar la sensación de resquebrajamiento, de fragmentación que viene aparejada con la época. Tal actitud es imprescindible y necesaria en momentos difíciles para la civilización y el triángulo pitagórico que une arte, ciencia y pensamiento. Por eso debemos dejarnos inundar por la música. Ésta es ciencia revelada, dirigida directamente al corazón de los seres humanos.

Saber interpretarla es el gran reto porque la música, como bien sabía Schopenhauer, es—junto con la comprensión global de la naturaleza y el arte— lo único que puede aplacar ese sentimiento desesperado por no conocer el sentido de la vida. Ésta tiene una explicación, y el instrumento para desentrañar su secreto está en la música.

Pero hay que saber escogerla (como el caso de esta ejemplar orquesta neozelandesa), intuirla y escuchar en ella esa extraordinaria armonía que es, como dijo el poeta romántico alemán E. T. A. Hoffmann, “el más universal de los lenguajes”, haciéndose eco de aquella pitagórica representación colmada por la vibración de sus esferas y sus cantos.

VIDEO SUGERIDO: Orchestra Of Sphers – 2,000,000 Years, YouTube (firerecordings)

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ORQUESTA DE LAS ESFERAS

Por SERGIO MONSALVO C.

ORQUESTA I FOTO 1

 MÚSICA DEL UNIVERSO/ I

Hay ocasiones en que para hablar y explicar a un grupo musical hay que remitirse hasta el principio de la civilización y alguna de sus teorías filosóficas o científicas. Para mí es de agradecer esta situación porque el encuentro de tal espécimen y la postrera investigación acerca del quién, el por qué y el cómo, resulta entonces tan interesante y divertida como suculenta. Tal es el caso de esta agrupación de la que hoy comentaré: The Orchestra of the Sphers (La Orquesta de las Esferas).

El punto de partida para conocerlos es su país de origen: Nueva Zelanda. Una nación que ocupa altos lugares dentro del escalafón mundial en muchos aspectos. Basta mencionar sólo algunos de ellos para darnos una idea de lo que eso significa: Hay ausencia significativa de corrupción, el nivel educativo es uno de los mayores a escala global (su tasa de alfabetización, incluyendo a las tribus autóctonas, es del 99 % y más de la mitad de la población entre los 15 y los 30 años cursa algún tipo de educación superior).

Tales circunstancias conducen a su elevado índice de progreso humano (en democracia, libertad individual y respeto a los derechos civiles). Todo ello arropado por el correcto uso de la tierra, su aprovechamiento, reforestación y cuidado ambiental. Es decir, Nueva Zelanda es un país desarrollado. Ese es el contexto en el que crecieron los integrantes de esta orquesta, que surgió de la amistad y empatía forjada en las aulas universitarias y en las disciplinas de Filosofía, Ciencias Naturales, Astronomía y Matemáticas.

De la síntesis que hicieron de su entorno, del bienestar que emana, y de dichas materias de las que son estudiosos, un grupo de amigos –y científicos— crearon la Orchestra of Spheres. El nombre del grupo procede de su inclinación hacia la teoría proclamada por el griego Pitágoras, según el cual el cosmos en general está ordenado por proporciones numéricas que rigen el movimiento de los planetas, las cuales corresponden a su vez a intervalos musicales.

ORQUESTA I FOTO 2

En dicha teoría conocida como “la armonía de las esferas” Pitágoras expuso que “el Sol, la Luna y los planetas emiten un zumbido único basado en la velocidad de su rotación orbital, y que la cualidad de la vida en la Tierra es el reflejo de tales sonidos celestiales”. El tono y la nota de cada planeta tienen relación directa con la distancia que hay entre cada uno de ellos y con respecto al nuestro.

A esta relación emanada se le llamó también “música universal”. Tal idea ha sido base de estudios para muchos filósofos y humanistas posteriores, quienes la han expandido hasta crear los tres estadios musicales que contienen dicha armonía: el mundano (armonía de las esferas y el cosmos), el humano (armonía interior y los elementos del cuerpo) y el instrumental (la música tal como hoy se entiende).

La representación pitagórica del universo y su reflejo en la calidad de vida de la Tierra,  fue el punto de partida para este grupo neozelandés, primero como cuarteto y luego como una dotación flexible a la que se agregan miembros, según las circunstancias y las necesidades del material que vayan a exponer. Asimismo, tuvieron la ocurrencia de inventar sus propios instrumentos para divulgar la propuesta.

En el principio estuvieron: Baba Rossa (en las voces y la guitarra bísquet -biscuit tin guitar), Mos locos (en los sintetizadores y voces), EtonalE (en el bajo carillón –hecho a base de campanas de bronce como las de las torres de las iglesias– y las voces) y Woild Boin (en las percusiones y el cual trasmuta en “Tooth”, cuando interpreta el vacuum o bomba de vacío). A ellos se han ido sumando Jemi Hemi, Mandala y Zye Soceles, entre otros músicos y sus aparatos sonoros.

VIDEO SUGERIDO: Orchestra of Sphers – Fingerweg, YouTube (soundexplorers)

ORQUESTA I FOTO 3

 

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