ELLAZZ (.WORLD): JANELLE MONÁE

Por SERGIO MONSALVO C.

 

EL COMPROMISO

 

 

La música de la negritud afroamericana del siglo XXI nació mezclada y ahí han vivido desde entonces sus más importantes manifestaciones. Creció con los textos de James Baldwin, Walter Mosley o Toni Morrison y las canciones de rap, r&b, cool jazz, pop y hip hop.

 

Tal música es también la literatura de Raymond Chandler con un beat de fondo; usando descripciones desnudas y duras de la vida en la ciudad: crónicas que no tienen miedo a decirlo todo (sobre el racismo, la sexualidad, la represión estatal, el separatismo). Descripciones, tanto de la vida exterior en la ciudad como del paisaje mental de sus individuos.

 

Ese es el compromiso del mundo musical de tales manifestaciones. Una de las más interesantes expresiones de las surgidas con el siglo, por su influencia no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Creció con el r&b de nuevo cuño, el rap, el pop y el renacimiento del cool jazz. Esas experiencias musicales fueron una gran inspiración para los nuevos creadores al empezar a escribir y componer.

 

Actualmente, dicha música es la voz «auténtica” de una generación desilusionada. Algunos ideólogos negros radicales en los Estados Unidos han afirmado que es la televisión de la comunidad negra; que los negros no están satisfechos con la información que reciben de los medios institucionales y por medio de ella la complementan con los avisos brindados por sus letras. Para eso se requiere ser totalmente honesto con los mensajes. Tal es el compromiso también musical.

 

Como en todo hay músicos auténticos y músicos impostores. Muchos de los primeros son increíbles y hacen una música magnífica (como Kendrick Lamar). Pero también hay representantes de la misma que propagan imágenes oportunistas (pornografía emocional) y de dudosa legitimidad (sobre el feminismo, la identidad, o la filiación política, como Beyoncé o Kanye West, por ejemplo) o en extremo violentas, sexistas, homófobas o antisociales (los gangstas).

 

Tales actitudes se basaban sobre todo en la agresividad sexual contra las mujeres y en su incitación a la violencia general con fines netamente lucrativos y comerciales. «Pura pose de adolescentes imbéciles», han comentado algunos de sus ideólogos históricos al respecto (como The Last Poets, como muestra). Ellos argumentan que el r&b, el hip hop, el funk, como el rock, deben ir contra las convenciones, pero el aspecto sexista sólo beneficia los intereses de los productores amafiados y fomenta la opresión del sistema.

 

Nadie tiene necesidad de una cultura underground que haga cosas así. Pero también está la música que se dedica a crear reportajes realistas sobre las calles de la urbe, sobre la intimidad emocional de las personas, sobre su vida cotidiana o de personajes que no difieren mucho de los de una novela, como el caso de Jenelle Monáe.

 

Con ella (una mujer nacida en Kansas City en 1985) la mezcla genérica le agrega a la realidad un nuevo beat de fondo, para gente que además de escuchar música y/o bailarla, pone el cerebro a funcionar.

 

Ella ha revolcado el lenguaje convencional de dicha música para ponerlo a otro nivel, ha creado un mundo donde la ficción se funde con la realidad, donde los androides optan y actúan (como en sus dos primeros discos: The ArchAndroi, del 2010 y The Eectric Lady, del 2013 o su EP: Metroplis, Suite I: The Chase, con la clara ascendencia en su estética del cineasta Fritz Lang).

 

En sus manos, ese mundo se convirtió en un instrumento de liberación identitaria del que hizo gala en el siguiente: Dirty Computer (2018), tanto para crear su propio hábitat lleno de paradojas, o bien para excluir al mundo «superfluo» de afuera.

 

Si los creadores afroamericanos de los años noventa llevaron la inventiva lingüística un paso más allá: crearon toda una subcultura basada en el manoseo del idioma inglés, expresándola mediante ingeniosos juegos de palabra y una eficaz rítmica. En igual medida, en el siglo XXI, la experimentación con ello que hace Monáe ha elevado el listón con sus relatos y testimonios.

 

 

Con ella, entre sus mejores representantes, el espacio musical cúbico entre el funk, el soul, el hip hop o el r&b,  cuenta la historia de una generación global que ha vivido a la deriva, en la incertidumbre sociopolítica, perdida dentro de comunidades deterioradas por la economía, por el regreso de actitudes derechistas y reaccionarias o de retorcido izquierdismo (plagado de lo políticamente correcto), por el populismo rampante, el separatismo fascista, la posverdad y otras cuestiones derivadas de la fragmentación o manipulación de la realidad.

 

Al proyectar su ira, experiencias y necesidades, los auténticos, los verdaderos artistas de la música afroamericana, como Janelle Monáe, han inyectado poder a toda una generación y llegado a la gente donde el sistema de educación, las iglesias y las organizaciones políticas establecidas han fracasado. Más que música para bailar, la suya es hoy por hoy un movimiento cultural.

 

Su sonido. Sus collages auditivos, con sus remolinos de beats sobrecogen la mente. Pero la verdadera atracción es la letra, densa, con doble (y muchas veces) triple sentido y sincopada con ritmos asimétricos. Las palabras y frases son familiares, quizá, pero su significado se ha echado a volar por senderos nuevos.

 

La pasión, la sinceridad y su ritmo han atraído a muchos de fans que no son únicamente negros, pero que viven igualmente en zonas urbanas. Ya son hombres y mujeres que abarcan todas las razas, viven en el centro de las ciudades y pertenecen a todas las edades.

 

La música de Janelle Monáe –además de la moda, el humor, la actitud y la forma de vida que la rodean, incluyendo sus influencias del Northern soul, del pop electrónico y de la escuela de Prince– es más que beats funky y rimas ingeniosas o punzantes. La suya es una inexorable fuerza de cultura contemporánea. Es también una forma de vestir, de peinarse, de construirse una y otra vez y un modo de ver el mundo que se expresa en la voluntad de las audacias musicales y en su contenido de activismo social.

 

VIDEO: Janelle Monáe – Crazy, Classis, Life (Official Music Video), YouTube (Janelle Monáe)

 

 

 

 

ELLAZZ (.WORLD): ASTRUD GILBERTO

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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LA REINA DE LA BOSSA NOVA

 

Astrud Gilberto fue conocida en el inicio de su carrera como “La Chica de Ipanema”, aunque ella no fuera la protagonista de la canción. Sin embargo, su participación en la grabación de este tema fue el detonante para que el bossa nova se expandiera por todo el mundo.

Una vez pasados los años, el apodo cambió por el de “La reina de la Bossa Nova”, un título hasta ahora indiscutido. Astrud fue una artista con muy fuertes raíces en la música brasileña que con el transcurrir del tiempo logró una muy interesante combinación de aquellos sensuales ritmos brasileños con el pop y el jazz estadounidense.

Astrud nació en el estado de Bahía, al noreste de Brasil, el 29 de enero de 1940. Fue una de tres hermanas de padre alemán (pintor y profesor de idiomas) y madre brasileña. Astrud Weinert creció en Río de Janeiro y participó en los comienzos del nuevo ritmo. En 1959 trabajaba como funcionaria en el Ministerio de Agricultura cuando se casó con el popular cantante Joao Gilberto.

En 1963 se fue con él a Nueva York. Astrud Gilberto es un caso ejemplar de estar en el momento preciso en el lugar preciso. Y esto se dio cuando Joao Gilberto (el padre de la bossa nova) la llevó al estudio de grabación donde realizaría un disco con el saxofonista Stan Getz. Lo demás es ya una leyenda.

Habla Astrud:

“En 1963 acompañé a mi marido Joao a Nueva York, donde grabaría el disco con Getz. Ahí estuve oyendo y observando cómo ambos músicos se conocían, se relacionaban, se comunicaban sus experiencias musicales. Fue una cosa muy impresionante para mí, que no trataba con artistas en el Ministerio de Agricultura donde trabajaba.

“En cierto momento de la grabación Stan le dijo a Joao que sería bueno contar con un fragmento en inglés en ‘La Chica de Ipanema’, eso abriría posibilidades para el disco en el mercado estadounidense —por cierto, el más grande del mundo—. Joao estuvo de acuerdo, pero el inglés no era su fuerte, y aunque lo intentó en varias ocasiones el asunto no marchaba

“Entonces Stan se me quedó viendo y dijo que yo lo hiciera. Al principio Joao no estuvo de acuerdo porque yo nunca había cantado para empezar, en segundo lugar, no podía leer la música y en tercero se necesitaría mucho tiempo de ensayo para que yo pudiera hacerlo bien. Stan se puso terco: ‘Tiene que ser Astrud o ninguna otra. Tú eres músico –le dijo–, eres brasileño, es tu música, así que no tendrás problema en ponerla a tono’.

“Joao accedió. Yo no era cantante, pero él supo explotar el particular timbre que yo tenía. Todo sucedió tan rápido que no cobré conciencia de lo que había pasado hasta que el disco salió y sucedió lo que sucedió:  Joao dio a conocer la bossa nova al mundo; Stan Getz lo popularizó y transformó en parte del repertorio permanente del jazz, y yo me convertí en ‘La Chica de Ipanema’, la voz de la bossa nova por antonomasia.

“Getz/Gilberto se convirtió en uno de los discos de jazz más vendidos de todos los tiempos. En su lanzamiento vendió dos millones de ejemplares, recibió siete ternas para el Grammy y ganó cuatro: álbum del año, grabación del año, mejor actuación solista y mejor ingeniería de sonido. Tom Jobim y yo estuvimos en la terna para la revelación del año, pero perdimos frente a un cuarteto inglés: los Beatles. El disco fue reconocido como un clásico de la cultura popular americana a mediados de los sesenta. Se le escuchaba en los programas de radio, en los comerciales de la televisión, en películas, por todos lados. Fue increíble.

“Lamentablemente entre todos los pros del disco hubo un contra, y éste me afectó mucho y muy directamente. Un año después de la grabación Joao y yo nos divorciamos. Desde mi llegada a Nueva York la ciudad me encantó y me quedé a vivir en ella, nunca más volví a Brasil. Comencé mi carrera como cantante profesional. En enero de 1965 grabé para el sello Verve mi primer disco como solista (Astrud Gilberto Album) y para 1966 en el disco Look to the Rainbow ya conté con las orquestaciones del gran director Gil Evans.

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“A principios de los setenta me dediqué también a la composición y fui igualmente muy bien recibida. Fue un talento que descubrí que poseía. Durante los años ochenta me dediqué a hacer giras por todo el mundo con un sexteto compuesto de piano, bajo, batería, trombón, guitarra y percusión.

“Mi álbum Astrud Gilberto & James Last Orchestra cimentó mi carrera como compositora y me otorgó varios nuevos éxitos. En los noventa recibí el premio Latin Jazz USA, por mi contribución al jazz latino. Durante todos estos años también he incursionado en algunas películas y series de televisión, así como en varios documentales especiales para Europa y África. Por muchos años fui la voz de los comerciales de la compañía Eastern Airlines.

“Baden Powell dijo algo de mí muy bonito: ‘Tu voz y la bossa nova son como el café con leche: una vez que se mezclan ya no pueden separarse. Tu voz y la música que te acompaña son una y la misma persona’. Siempre lo recordaré, fue un gran amigo y un gran músico. Joao, por su parte, me enseñó que había que cantar la bossa nova en un tono casi confidencial, susurrar sus secretos al oído de cada escucha. Como si fueran mensajes personales. Y recoger luego ya en el escenario las emociones que despertaba para volverlas a convertir en canción”.

La voz de Astrud Gilberto ha pasado por el reconocimiento de todo el mundo gracias a su sensualidad y a la forma de interpretar los temas. Su estilo en apariencia monótono está lleno de encanto y ha servido para marcar toda una manera de cantar para muchas mujeres detrás de ella: Basia, Sade, Sinead O’Connor, Suzanne Vega. Típicamente se le ha valorado más en Europa, Japón y Estados Unidos que en el propio Brasil.

Su carrera desde el comienzo estuvo marcada por el éxito. Obtuvo muchos premios Grammy, nominaciones como el disco del año, la cantante del año, etc. Por otro lado, su talento no radicó exclusivamente en la interpretación, sino que se erigió también en una renombrada compositora. Igualmente fue muy buscada por gente del medio jazzístico como Quincy Jones, Chet Baker y Michael Brecker para realizar duetos, lo mismo que por cantantes pop como George Michael, Etienne Daho y Michael Franks. Astrud falleció el 5 de junio del 2023.

VIDEO:  Astrud Gilberto and Stan Getz – The Girl Fom Ipanema (1964), YouTube (iTubeNL)

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ELLAZZ (.WORLD): HANNA SCHYGULLA

Por SERGIO MONSALVO C.

Top Hatted Hanna

CANTANTE

La relación entre Hanna Schygulla y Rainer Werner Fassbinder se inició en 1967 y culminó hasta la muerte de este último en 1982, en Munich. Fue una pareja legendaria dentro del arte actoral y cinematográfico. A lo largo de toda su vida como creador, Fassbinder solía poner en práctica sus ideas de inmediato. Sin tardanza las traducía en películas u obras de teatro. Y en la mitad de los filmes que realizó tuvo a Hanna como su protagonista central y como inspiración personal. Una relación que entraba y salía de la pantalla indiscriminada, total y apasionadamente.

«Hanna se convirtió en mi estrella desde la primera vez que la vi —comentó en alguna ocasión el genial y polémico director—. La noche que la conocí en el bar estudiantil al que solía frecuentar, me di cuenta con total claridad de ello. Fue de un momento a otro, como si me hubiera caído un rayo cuya luz me iluminó y cegó al mismo tiempo: la Schygulla sería la figura de mis películas. Una materia prima hermosa, etérea, con el carácter indispensable para mis proyectos.

“No dudé ni por un segundo tampoco de que yo fuera a hacer películas, y eso que apenas estaba empezando con el teatro; no dudé ni por un segundo que ella quizá se convertiría hasta en un pilar esencial, incluso en algo así como un motor. Su capacidad para fascinar a la gente funcionaba lo mismo en el plano personal que en el escenario. Desde entonces se volvió un reto para mí trabajar con mujeres. Las mujeres, y sobre todo ella, bien guiadas saben mostrar mejor sus emociones que los hombres». Efectivamente, como lo dijo el cineasta, durante toda su carrera Hanna Schygulla fue una inspiración para él.

Hanna Schygulla nació el 25 de diciembre de 1943 en un lugar llamado Katowice, ubicado en los límites entre Alemania y Polonia, el cual en el momento de nacer ella era un territorio ocupado por los nazis y estaba en el centro de la guerra. Sus primeros años los vivió entre la miseria, la incertidumbre, el pánico y el hambre. Al llegar a su fin el conflicto bélico, se trasladó con su familia, como refugiada, a la región bávara. Asistió a la escuela básica y luego, como adolescente, a la Universidad de Munich donde entró a estudiar Lenguas y Literatura.

Sin embargo, el carácter inquieto y sus afinidades, condujeron a Hanna a enrolarse en las filas de la actuación al cumplir los veinte años. Dentro del género comenzó a trabajar de tiempo completo en el muy experimental Munich Action Theater, donde se relacionó con el explosivo, prolífico y brillante escritor igualmente joven, Rainer Werner Fassbinder. Durante la cena para festejar el inicio de un nuevo proyecto los presentó otro de los actores, quien a la postre señaló que en cuanto se vieron la atmósfera cambió con presagios diversos.

Actriz desde la adolescencia pues, ella se erigió en una protagonista del teatro de vanguardia alemán dentro del Action Theater, y a la postre en la intérprete por excelencia del cine fassbinderiano desde 1968. Su historia con el autor siempre fue difícil: de amor y desamor, tormentosa hasta extremos indescriptibles dentro de un ambiente por demás bizarro y provocativo, escandaloso, pero igualmente con derroche de creatividad, talento y trabajo constante. Los resultados se evidencian en la pantalla a través de las 20 películas en las que colaboraron juntos desde entonces.

En cierta ocasión, Fassbinder comentó acerca de ella: “Hanna Schygulla fue mi estrella desde el primer ensayo”. Y luego se burló de los intentos que ella hacía por independizarse de él, tras alguna violenta pelea a causa de su tiranía y posesividad: “Sabe que con ningún otro director es tan buena actriz como conmigo y siempre terminará regresando a mí». Y así fue durante el resto de vida de él. Pero gracias también a él, Schygulla obtuvo innumerables premios cinematográficos y el reconocimiento mundial de su nombre como gran actriz y diva.

El 10 de junio de 1982 Fassbinder fue encontrado muerto debido a una sobredosis de cocaína y alcohol en su departamento de Munich.  El miedo a la muerte había sido para él perturbador. «Tengo miedo a dejar de existir repentinamente», afirmó en reiteradas ocasiones. Un tema de conversación recurrente con Hanna era la duda de si después de muerto él su obra recibiría el reconocimiento que merecía o si todo lo que había hecho sería declarado inútil.

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Hanna ha dicho sobre él lo siguiente: “Rainer fue un hombre contradictorio y por ello humano, un genio al que la vida, durante sus últimos años, ya no ofrecía ningún placer. Sus películas nos permiten conocer aquel ‘poco de vida’ que de algún lado sacó. Vivió en una época mala para los sentimientos, pero intuyó que una vida sin amor también era una vida sin sentido. No consideraba ‘normal’ a nadie; estaba seguro de que él mismo sufría alguna enfermedad mental. Su fijación con la muerte fue intensificándose con el tiempo y sus últimos amigos empezaron a alejarse de él. Al morir desapareció un talento sumamente productivo que vivía sólo para el cine”.

Tras el deceso de Fassbinder, Hanna continuó su carrera cinematográfica y teatral con méritos suficientes para ser en todo momento considerada una estrella. A su conocimiento y experiencia en los escenarios también debe agregársele un cúmulo de inquietudes estéticas, canalizadas a través de la pintura, la escultura y el canto, aunque de manera más discreta. No obstante, la fascinación de la que habló Fassbinder viene incluida en todas ellas.

La cualidad de la fascinación atrapó la atención del autor francés Jean-Claude Carrière, quien junto con el compositor Jean Marie Sénia produjeron un puñado de piezas de jazz-cabaret para que la actriz las interpretara en el disco Hanna Schygulla Chantesingt, acompañada por la orquesta de Bruno Fontaine. «Me interesó mucho su persona porque ella es alguien que busca, por sobre todas las cosas», comentó Carrière al respecto. “Su personalidad, sus emociones están siempre ahí, visibles, tangibles y con todo el glamour que siempre la ha caracterizado”.

El aura de la canción francesa del género cabaretil cobra cuerpo mediante la voz y estilo de Hanna Schygulla. Canta como nadie más. Canta como ella misma. Los temas de amores heterogéneos (que incluyen algunos escritos por Fassbinder mismo), acerca de vidas duras, de sentimientos encontrados, de situaciones al filo, adquieren dimensión y acentos en su voz. Y lo mejor de todo: en sus interpretaciones hay verosimilitud, hay vida y rasgaduras, hay verdades y confesiones. Hay amor, dolor y reflexiones.

«Cuando era niña/ de largo cabello rubio/ Hubo carbón y mugre frente a  mi ventana/ Pero todo eso tenía sentido/ Hoy veo a mujeres y hombres desnudos/ Con los ojos tristes/ Ya no tengo confianza en nada ni en nadie/ Veo los aparadores / llenos de cosas que nadie necesita/  Nadie necesita a nadie/ Y yo me pregunto: ¿esto es la libertad?».

A ella muchas veces se le ha preguntado si sería actriz de nuevo si volviera a nacer. Y Hanna ha respondido así: «Al principio decía ‘¿Por qué no?’; luego ‘Quién sabe, ¿por qué recorrer el mismo camino dos veces?, me gustaría dedicarme más a la música’, hasta que finalmente me dije a mí misma: ‘No necesitas otra vida para eso, ¿por qué no ésta?'». Hoy la Schygulla también es cantante.

Hanna Schygulla es muchas cosas en la actualidad, pero sobre todo es un personaje. Pleno de cosas y manifestaciones. La imagen etérea que tanto fascinó a Fassbinder, a los públicos que la han visto en la pantalla o en el teatro, continúa ahí y aunque uno no la vea, como en el caso de un disco, puede sentísele, reproducir sus dimensiones. El canto es una más de ellas. El jazz de cabaret la atrajo y con él seduce mediante la música y la pizca decadente de la temática humana.

 

VIDEO: Hanna Schygulla & Sven Ratzke sing Lili Marlene, YouTube (The Sven Ratzke Channel)

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