LED ZEPPELIN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 AL BLUES POR ELECTROSHOCK

El blues le ha brindado al intérprete del rock, a través de la historia la ruta musical hacia lo primitivo, ese hito que consistentemente ha permeado su romanticismo esencial. De ahí se desprende de manera atingente la mitología que atribuye al blues el origen del rock.

No obstante, el blues no concuerda a la perfección con dicha noción romántica de lo primitivo; por lo tanto, el rock ha hecho al blues de acuerdo con su propia imagen. Uno de tales momentos se dio a finales de los sesenta cuando surgió una nueva propuesta en este sentido: el heavy blues a cargo de Led Zeppelin.

Led Zeppelin se fundó en 1968 con Jimmy Page, afamado guitarrista de estudio y miembro de los Yardbirds hasta la disolución del mismo, el vocalista Robert Plant, el baterista John Bonham y el bajista John Paul Jones.

El nombre del grupo surgió cuando le comentaron a Keith Moon, de The Who, su integración y éste en son de broma dijo que fracasarían y caerían como un “Zeppelin de plomo”. El presagio no se cumplió y se convirtieron en una de las bandas más influyentes de la historia del rock.

Bajo un contrato excepcional con Atlantic Records, que no permitía a la compañía ninguna injerencia en su material musical, ni sobre las portadas, promoción o conciertos, el Zeppelin sacó su primer disco en enero de 1969. En él mostraban su amplio espectro musical y formas y composiciones muy estructuradas, con blues, rock and roll clásico, soul, música celta, india, árabe, folk y country. Y aunque la prensa lo calificó como heavy metal, el propio grupo lo denominó como “heavy blues”.

El blues y el rock trabajan en parte con los mismos materiales, pero su enfoque es diferente. El deseo sexual, el alcohol, la pasión y el dolor son elementos compartidos por ambos. El blues los trata con ironía y desapego; el rock, con urgencia y exageración.

El Led Zeppelin adaptó el blues a su propia noción de lo musical. Al control que necesariamente implica la idea del primero, ellos le abrieron las compuertas para que no fuera incompatible con su propuesta de energía eléctrica pura.

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El segundo álbum del grupo se realizó en plena gira y se lanzó el 22 de octubre del mismo 1969. Cada canción se grabó en un estudio distinto, pero siempre bajo la cuidadosa producción de Jimmy Page y la asistencia de Eddie Kramer, productor de Jimi Hendrix.

El Zeppelin retomó las ideas del primer disco, pero más desarrolladas y reveladoras. Mezclaron el blues con el hard rock (que tenía de antecedente a los Yardbirds) y la psicodelia. Con él sentaron las bases del heavy metal de los años setenta.

En la música de los británicos la combinación de lujuria, patetismo y humor presentada por el blues original se volvió tornado. Su composición «Whole Lotta Love», por ejemplo, se apartó del tradicional refinamiento bluesero y fue reemplazado por la intensidad: «Muy adentro te daré mi amor,/ te daré cada pulgada de mi amor..

De esta forma, el blues urbano se transformó por la vía del electroshock en un caballo salvaje, gracias a la fuerza de la propia naturalización zeppelinesca.

Led Zeppelin fue una agrupación seminal que allanó el camino al heavy metal de los setenta y lo continuó haciendo con el hard rock que sería la fuente del grunge noventero. Su influencia es tal que en el rock de garage abarca desde Wolfmother a Stone Temple Pilots o Rage Against the Machine.

Tienen canciones clásicas consideradas entre las mejores de todos los tiempos. Marcaron una huella perenne y fueron catalizadores para la transformación del rock en su momento.

En los noventa se editaron dos álbumes dobles del grupo señero, los cuales vienen a conformar un panorama bastante completo de la injerencia de la formación dentro de las páginas de oro del género: Led Zeppelin Remasters (1992, Warner) y Led Zeppelin BBC Sessions (1997, Atlantic).

En el primero, con las grabaciones realizadas en estudio, queda patente cómo este grupo inglés marcó su huella perenne al utilizar al blues de la misma manera como Picasso y Jackson Pollock usaron las máscaras tribales en su arte: como catalizador para completar la transformación de las ideas románticas sobre lo primitivo en un nuevo arte universal.

El catalizador, como se sabe, es siempre necesario para inducir la reacción, aunque no constituya un auténtico elemento del resultado. Los británicos del dirigible utilizaron el catalizador bluesero para proyectar su nuevo sonido al mundo.

De esta forma, el Willie Dixon de «You Shook Me» y «I Can’t Quit You, Baby» se transformó por la vía del electroshock en un caballo salvaje, gracias a la fuerza de la propia naturalización ledzeppelinesca.

Todo ello queda explicado de manera clara y directa en ese álbum que contiene 26 temas, de «Communication Breakdown» a «In the Evening», producido atingentemente por uno de sus principales protagonistas, Jimmy Page. Mismo que se encarga de trabajo semejante en el segundo álbum, Led Zeppelin BBC Sessions.

El alcohol destruye más de lo que uno quisiera. Los integrantes de Led Zeppelin se enteraron de eso cuando el baterista John Bonham sucumbió a la bebida en 1980. 17 años más tarde apareció una edición especial en la cual el grupo de nueva cuenta parecía subrayar la importancia de éste para la posteridad, BBC Sessions (Atlantic, 1997). El guitarrista Jimmy Page evaluó con oídos muy críticos las grabaciones realizadas por el conjunto entre 1969 y 1971 para diversos programas de la BBC inglesa.

En esta antología escuchamos a un grupo al que le valen los millones de escuchas pegados a sus radios en aquel momento e improvisa de manera rica, pesada e intensa con el blues, además de presentar varias canciones aún inéditas en ese entonces. Entre ellas, una que entretanto se ha convertido en un clásico de todos los tiempos: «Stairway to Heaven».

Fue la época en que Robert Plant aún alcanzaba sin problema alguno los tonos más altos, con una aspereza sin par. Ambas colecciones estupendas e imprescindibles para el legado de este grupo canónico (a las que han seguido: How The West Was Won, Mothership, Celebration Day, además de los dos recopilatorios de Latter Days).

Tal legado se mantiene vivo y rentable, sin importar lo que los integrantes hayan hecho luego. Plant ha logrado realizar con éxito una carrera como solista bajo sus mismas consignas aventureras. Page, por su parte y como detentador de todos los derechos, no ha logrado nada como creador y, desde que comenzó el siglo XXI, se ha entretenido cuidando los materiales de Led Zeppelin, con reediciones muy cuidadas (como las mencionadas) así como  hurgando en sus archivos inéditos para armar nuevos testimonios sonoros.

VIDEO SUGERIDO: Led Zeppelin – Whole Lotta Love (1997 Promo), YouTube (ledzeppelin)

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BRITISH BLUES LADIES/ 3

Por SERGIO MONSALVO C.

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 CHRISTINE PERFECT

El futuro entre décadas (1950-1960) era desesperanzador en el Reino Unido para los jóvenes pobres de la posguerra y no les mostraba camino alguno. Bajo estas circunstancias el blues actuó como un detonador, exaltando la pasión que vegetaba en los adolescentes británicos, que habían existido hasta ese momento.

Era en un mundo con la rigidez moral heredada de la época victoriana y acendrada por causa de la guerra; con un marcado decaimiento económico y una vida social constreñida por las restricciones alargadas de la misma. Sólo había dos formas de diversión: escuchar la radio, una, e ir por las noches al bar del vecindario a poner la jukebox y cantar con el resto de los parroquianos.

La cantante y pianista Christine Perfect ha rememorado en diversas entrevistas  aquellas reuniones juveniles en los pubs donde los jóvenes locales se citaban para escuchar por primera vez el rhythm & blues de los artistas negros estadounidenses. Los discos llegaban a esos locales a través de los mismos asiduos o por los marinos que los traían de allende el Atlántico y los cambiaban por los tragos.

“Era música magnífica, diferente, nos encantaba. Hacíamos grandes coros en esas tabernas acompañando la voz de Elvis, Little Richard, Fats Domino, Chuck Berry y el rhythm and blues de Muddy Waters, Howlin’ Wolf y demás blueseros de Chicago”.

Todas aquellas noches le sirvieron a ella para practicar in situ, para buscar el tono en el que más se acomodaba, el estilo con el que más se identificaba.

VIDEO SUGERIDO: Chicken Shack – It’s Okay With Me Baby, YouTube (jimmytheferret)

Efectivamente, tales encuentros le sirvieron para instruirse en aquellos misterios del género y de su interpretación. A partir de ahí, de esas congregaciones a través de la Gran Bretaña, el blues estadounidense y su vástago británico empezaron a fundirse, mezclando y preservando a la vez las peculiaridades de estilo entre hombres y mujeres.

Se puede afirmar que el retorno a las fuentes se extendió masivamente entre la juventud británica tanto a causa del atractivo emocional que emanaba de tal género,  marginal, como a causa de sus cualidades musicales.

Como nieta e hija de músicos, Christine Perfect había nacido en Bouth, Inglaterra, en 1943. Al mostrar talento para el piano la familia la condujo a recibir una educación clásica. Sin embargo, como adolescente descubrió el rock & roll, lo que la condujo a aquellos pubs para escuchar más de aquello.

Y mientras estudiaba escultura en una escuela de arte conoció a dos compañeros con los que formaría una banda amateur de blues (Sounds) durante su estancia escolar, la cual se disolvió al graduarse sus miembros.

En busca de expectativas económicas Christine trabajó como escaparatista de tiendas departamentales y a la postre, junto a sus antiguos compañeros retomó el proyecto musical bajo el nombre de Chicken Shack en 1968, como tecladista, compositora y cantante.

CHRISTINE PERFECT (FOTO 2)

Su voz e interpretación en los teclados la volvieron distintiva en el medio. Tanto que Peter Green, líder de la banda Fleetwood Mac, la invitó a colaborar con ellos. Ahí conoció al que sería su esposo John McVie. A la postre adoptaría su apellido e iniciaría una larguísima historia con tal grupo en dos tiempos, igual de productivos.

En fin, que el papel de la mujer británica dentro del blues fue muy importante, enriquecedor y sobre todo impulsor. A ellas les corresponde en gran medida un sitio en la época dorada del blues-rock.

Con nombres como los de Christine Perfect o McVie, Jo-Ann Kelly y Maggie Bell, las féminas de Albión consiguieron instalarse en un nicho aparte como un artículo genuino. Ellas seguían pidiendo algo que también habían solicitado las blueseras estadounidenses de la primera mitad del siglo XX: que se escuchara lo que tenían qué decir mientras cantaban.

VIDEO SUGERIDO: Christine Perfect with her Chicken Shack – Man Old World, YouTube (amemigustailblues)

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POESIA DUB / II

Por SERGIO MONSALVO C.

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 PALABRAS EN MOVIMIENTO

Toda corriente musical necesita del soporte social y tecnológico para convertirse en un movimiento cultural, y los fundamentos históricos y artísticos para erigirse como género de trascendencia. El ejemplo del dub es uno de los más importantes con ese desarrollo.

Lo que inició como una corriente local jamaicana se ha extendido por doquier, lo mismo en el continente europeo que en África o Japón, aunque Kingston, Londres y Nueva York sean sus capitales más sobresalientes. Su influencia sobre la música popular del mundo es innegable. Todo grupo involucrado con los sonidos contemporáneos requiere de una versión dub en los acetatos de 12 y 7 pulgadas o en el lanzamiento de sus sencillos (singles).

Antes de su independencia de Inglaterra la música que predominaba en Jamaica era de origen foráneo: el mento (remedo del calypso trinitario) y el rhythm and blues (de Estados Unidos). Tras su liberación en 1962 hubo una serie de expresiones originales que se sucedieron de manera rápida y enriquecieron las arcas musicales de aquel país: el ska, el rock steady y el reggae.

Las cuales expusieron la manera de sentir y la problemática que se vivía como nación independiente. La emigración hacia los Estados Unidos y la Gran Bretaña y la inmigración con destino a Kingston, la capital, por parte de la población rural en busca de mejores condiciones de vida, creó distintos modos de manifestar el descontento por la falta de opciones. Los ghettos comenzaron a crecer a orillas de la ciudad, lo mismo que la ira por la miseria que los condicionaba.

Esto hizo que los jóvenes se agruparan en pandillas, conocidas como rude boys, que vivían al margen de la ley y eran botín tanto político para diversos líderes, como para los negocios de los narcotraficantes. Las batallas por estas cuestiones atrajeron mucha violencia y muerte, incluso la de infinidad de músicos.

La única diversión que se tenía en dichos ghettos eran los bailes populares a cargo de los MC’S (sonideros) ambulantes, que con sus grandes equipos ponían a bailar a las comunidades. Con el tiempo estos productores introdujeron nuevos métodos de trabajo y formas de tecnología que les permitieron convertirse en productores y promotores de grupos y cantantes. El clímax de un primer desarrollo de la música autóctona se dio con Bob Marley. El reggae se dio a conocer como una aportación genérica del Tercer Mundo al resto del planeta.

Tras la muerte de Marley (a causa del cáncer en 1981), se vio que las cimientes musicales de Jamaica eran fuertes. A pesar de tal pérdida el caldero siguió bullendo. La vida en las zonas paupérrimas se hizo cada vez más peligrosa, pero la creatividad musical no cesó, ni cuando el gobierno impuso severas sentencias contra la posesión de armas y reuniones multitudinarias.

En los ghettos –Trenchtown, Greenwich Town y River City—vivían miles de jóvenes desempleados, excluidos no sólo de la identidad sino de la existencia misma. Para muchos de ellos la música representaba la única oportunidad de salir de la pobreza. Para su consuelo, los sonideros siempre necesitaron de nuevos exponentes, así que asimilaron a músicos y cantantes que supieran las necesidades y los lenguajes de ese sector social. Se convirtieron en la voz de los marginados.

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Los MC’s, devenidos en productores de discos, comenzaron a modificar los ritmos y a realizar contribuciones significativas para el desarrollo musical. De entre sus filas surgió Osborne Raddock, conocido como King Tubby, egresado de las filas del reggae y que luego se convirtió en el ingeniero principal de varios estudios de grabación, para finalmente llegar al puesto de productor independiente.

Él operaba con la novedad de las pistas múltiples, efectos únicos de eco, retroalimentación y distorsión. Grabó acetatos (discos de cera blanda) para su uso exclusivo como sonidero y con ello descubrió que a los asistentes a los bailes les gustaba escuchar nuevas versiones de piezas conocidas de reggae, con modos verbales distintos. Omitía parte de la voz original y la sustituía con otra con la misma base musical. Creó de tal suerte una fórmula distinta para escuchar lo conocido.

Para ello agregó un deejay (DJ) que cumpliera en vivo con un parloteo extravagante y agudo sobre la situación política y las condiciones de vida e hiciera contrapunto a la voz grabada. De esta manera Tubby fundó una nueva corriente: el dub y con él al toast (arte estilístico del DJ). Ambas cosas han penetrado en la música popular desde entonces bajo la forma del remix y del rap.

Fragmentó el ritmo del bajo en patrones breves de notas (en oposición al ska), le aumentó el volumen y lo instauró además como el instrumento principal, además de emplear los retardos electrónicos o eliminar algunos compases de la guitarra. Tubby y el dub proporcionaron a los DJs el espacio necesario para crear sus propias letras. A partir de ahí el fenómeno experimentó un crecimiento insospechado en el mundo entero y año con año aparecen generaciones de ellos en diversas modalidades.

El movimiento se convirtió en género cuando trascendió la isla y llegó a las calles de las principales urbes del planeta; cuando el hip hop mostró su influencia en los dub plates (discos donde se efectúa un remix); cuando se volvió hacia las raíces rítmicas africanas como las de los tambores burru, etu, pocomania y kumina, al igual que hacia la tecnología más avanzada como el teclado digital y la máquina de ritmos, todo mezclado con el hip hop estadounidense; cuando empezó a llamarse ragga (por raggamuffin: andrajoso) y hablar con dureza extrema de la realidad que vive el pueblo, así como de la cultura del ghetto y de la calle.

Pero sobre todo trascendió como género cuando este cúmulo de fenómenos sociales creó a sus propios poetas con la llamada dub poetry, artistas que improvisaban sus discursos sobre un fondo instrumental de reggae o ragga, donde el sonido del bajo prevalece y está provisto de ecos y resonancias, lo cual resulta en un efecto psicodélico e intoxicado que los toasters usan en ámbitos como el house, el drum’n’bass y el lounge, para lanzar sus manifiestos.

Los poetas del dub están encabezados por los ingleses de extracto africano  Linton Kwesi Johnson y Benjamin Zephaniah y los jamaicanos Mutabaruka y Michael Smith (asesinado en un incidente político).

Hoy los académicos y críticos literarios tanto de Europa como de los Estados Unidos dan énfasis en sus cursos universitarios al contenido poético de la dub poetry, que tiene como textos emblemáticos “Dis Poem” de Mutabaruka y “Five Nights of Bleeding” de Kwesi Johnson, así como los escritos de la realidad bruta que interpreta con raggamuffin el  DJ YasusAfari, que muestra los derroteros vanguardistas que puede tomar la poesía dub en el futuro.

Para todos los estudiosos en indudable la importancia de la poesía dub como espejo de una circunstancia tercermundista y como destacado ejemplo en la historia de la literatura oral negra del Caribe.

VIDEO SUGERIDO: Linton Kwesi Johnson – Sonny’s Lettah, YouTube (Rene Zwaap)

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DON VAN VLIET

Por SERGIO MONSALVO C.

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 NAVEGAR EL AUTORETRATO

El Capitain Beefheart nació el 15 de enero de 1941 como Don Vliet en Glendale, California. Posteriormente agregaría el “van” a su apellido, con la afirmación de haber sido, en una vida anterior, un artista neerlandés amigo de Vincent Van Gogh, con el que pintaba en la campiña pero que nunca consiguió terminar sus lienzos, por distintas y misteriosas causas.

De muy pequeño Don creaba bizarras figurillas de barro, lo cual le valió la invitación de una academia de arte de Los Ángeles a los 11 años de edad. Una vez ahí, el artista portugués Antonio Rodrígues se convirtió en su maestro (un creador marcado por el constructivismo abstracto que se expresó en la escultura con los más variados materiales: yeso, bronce, madera, mármol, piedra, hierro policromado, hierro recuperado, así como en una pintura marcadamente abstracta y con trazos claros de un minimalismo contemporáneo).

No obstante, al anunciar éste que deseaba enviar al joven a Europa para estudiar arte, los padres de Don se opusieron y prefirieron cambiar de domicilio. Se mudaron al pueblito de Lancaster, en pleno desierto de Mojave. Pretendían sustraer de esta manera a su vástago de la perniciosa influencia del ambiente artístico de Los Ángeles, sin sospechar que motivarían así el encuentro del joven con un personaje cuyo papel resultaría determinante para su futura carrera: Francis Vincent Zappa, hijo de un inmigrante chipriota y el gran tótem de la disidencia rockera.

Zappa evocó frecuentemente su primer encuentro con Beefheart: “Un día, a la salida de la universidad ofreció darme un ride a mi casa. Iba vestido de negro, ya usaba la barbita de chivo al estilo de Dizzy Gillespie y manejaba un Oldsmobile Holiday 88 Coupe modelo 1949, con un hombre lobo esculpido sobre el volante”.

Beefheart tocaba la armónica y el saxofón con varios grupos locales, sobre todo The Blackouts y The Omens. Se reencontró con Zappa en Cucamonga, donde éste componía música para películas de serie B. De acuerdo con la leyenda sobre el origen de su nombre, al recorrer el desierto tuvieron la idea de formar un grupo, The Soots (cosa que no sucedió), y de hacer una película intitulada Captain Beefheart Meets the Grunt People (jamás realizada). Lo único que lograron hacer juntos fue el álbum Trout Mask Replica, en donde Zappa fungió como productor, y la colaboración del Capitán en el disco Bongo Fury con The Mothers of Invention.

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Luego llegó la era del rock británico y Beefheart fundó la Magic Band. Con él al frente, equipado con una voz ubicada en algún lugar entre Howlin’ Wolf y Max Schmeling y vestido con abrigo largo de piel negra, calzado con botines cordobeses y el pelo largo. El conjunto pasaba, precisamente por el aspecto de su líder, por una agrupación inglesa de rhythm and blues.

Sus primeras grabaciones no correspondieron a las expectativas de los ejecutivos: “Sin potencial comercial”, dijeron. Las cintas exponían las influencias profundas de Beefheart:  el delta blues de Fred McDowell, el blues eléctrico de Jimmy Reed, la armónica de Sonny Boy Williamson, el estilo vocal, esa aspereza cavernosa, de Howlin’ Wolf. Por no hablar del rhythm and blues al estilo de la compañía Stax. Más tarde se le agregaría el jazz vanguardista de Coltrane, Ornette Coleman y Cecil Taylor.

El fracaso comercial de los discos fue la norma, pero a la larga harían historia. Punks y vanguardistas se remitieron a su música y la intensidad marginal de Tom Waits también sería inconcebible sin él. Músicos de toda época lo citaron como su padre espiritual y le hicieron reverencias. La lista de artistas que corroborarían su genialidad sería casi interminable: de Fred Frith a Pere Ubu…»Fue quien caminó delante de nosotros y mostró el camino», declaró Tom Waits.

Intempestivamente, en 1982 el Captain Beefheart se retiró de manera definitiva de la música. Se dedicó entonces a explorar su apreciable talento como pintor bajo su propio nombre, Don van Vliet, y como capitán de su propio culto. “Como músico hice lo que pude, pero la pintura me divierte mucho más –dijo–. Los colores no hablan y hasta me permiten cometer errores”.

Todos los ingredientes presentes en la música del Capitán Beefheart lo están, asimismo, en su pintura. La distorsión, la exageración, la constante obsesión de fundirse con la naturaleza.

Aunque sus artistas preferidos hayan sido Vincent Van Gogh y Man Ray, hay que acudir más bien al lado de los expresionistas alemanes para encontrar un vínculo pictórico. Los retratos “primitivos” que realizó de los músicos de la Magic Band para la funda del disco Spotlight Kid lo ubican sobre el camino de los protagonistas de Die Brücke, escuela que surgió a comienzos del siglo XX (como tendencia artística de pintores alemanes expresionistas que buscaban experimentar e innovar contra los academicismos imperantes).

También su cuenta de banco se benefició con el retiro. Un Van Vliet original se comenzó a cotizar entre 10 mil y 40 mil dólares y su obra se expuso (y expone) en galerías y museos de diversas partes del planeta (el de Arte Moderno de San Francisco, uno de ellos). La galería Michael Werner de Nueva York, es la que se encarga de gestionar sus pinturas, hasta el momento.

Finalmente, y tras muchos rumores sobre su salud entrado el siglo XXI, el Captain Beefheart murió, junto a su alter ego: Don van Vliet, el 17 de diciembre del 2010 en Trinidad, California. Estaba a punto de cumplir los 70 años de edad.

El Capitán Beefheart fue un artista de culto para toda la eternidad. Reo por convicción y contrario a los sonidos comerciales, hizo historia musical hasta las últimas consecuencias. Luego cambió la música por la pintura y actualmente como Don van Vliet se honra su creación en las artes plásticas.  Definitivamente el papel de outsider pareció hecho a su medida.

VIDEO SUGERIDO: Don Van Vliet and Charlie Hammond at ANTON KERN Gallery, YouTube (jameskalm)

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