La selección de temas que conforman este álbum vuelve a confirmar que Bill Ware III es figura fundamental entre los vibrafonistas de nuestro tiempo. El músico convence con su inconfundible equilibrio entre los tonos de resonancia suave y a la vez fuertemente percusivos. Su estilo personal se puede describir como un punto medio entre Gary Burton y Red Norvo, entre la arquitectura sonora etérea y los impulsos sólidos. A veces resulta fascinante, a veces como un aprendiz de brujo que ha despertado a ciertos espíritus de los que luego no puede deshacerse (cuerdas, congas y una cantante extraviada en mundos desconocidos para ella). De cualquier manera, es artista destacado del catálogo light de la Knitting Factory.
PAYÍN CEJUDO
PAYÍN CANTA DESDE EL PAÍS DE…
Con arreglos musicales y orquestaciones lo mismo lúdicas que llenas de imaginación y de ambiente, este disco de standards presenta a Payín Cejudo a los escuchas del género sincopado. Enrique Nery, el maestro del piano y figura por demás importante para el jazz hecho en México, enmarca con sus excelentes arreglos (lo mismo para acompañamiento a piano solo, que cuarteto u orquesta con todo y cuerdas) la interpretación estilo cabaret y musical de temas conocidos como “Night and Day”, “Summertime” o “My Man”, entre otros. Payín —personaje del teatro musical— se desenvuelve dentro de sus conocidos terrenos, a veces con la manga ancha del director artístico que le permite ciertos manierismos.
JOACHIM KÜHN
UNIVERSAL TIME SESSIONS
El material presentado en este CD pinta de cuerpo entero a Joachim Kühn como un enamorado obsesivo del jazz. Y lo mejor de todo, como un experimentador desprejuiciado. Lo único que le interesa es la conexión musical entre los integrantes de su trío e invitados ocasionales. Al formato original de Kühn (en el piano), Scott Colley (contrabajo) y Horacio “El Negro” Hernández (batería), se agregan Michel Portal y Chris Potter en el sax alto y tenor, respectivamente. “Lo único que los músicos debemos tener en común es el tiempo universal”, ha dicho el pianista, y los talentos se dan cita para crear un jazz con libertad. Una libertad sofisticada y conceptual bajo el rubro cubano-vasco-estadounidense-alemán. Una gran mezcla.
VIDEO: Joachim Khün – From Time To Time Free, YouTube (Joachim Khün)
La importancia del rhythm and blues para el reggae es motivo de dogma. Este tratamiento musical se convirtió en la característica decisiva de dicha música, tanto en lo referente al estilo vocal como a las letras.
De esta forma el lenguaje rastafari ganó aceptación masiva. Resulta irónico que el rastafari haya ganado su aceptación actual gracias al reggae. Summum de la paradoja, Bob Marley la condujo a la asimilación por parte de la juventud del ghetto.
Así, la música se convirtió en la voz del marginado, el único vehículo que le permitía expresar sus sentimientos sobre la opresión que vivía.
De igual forma y debido a sus hilos conductores, incluida la religión y la protesta, el reggae se expandió por el mundo entero y se diluyó o espesó, según el intérprete que lo manipulara.
Big Mountain fue un grupo de tercera mano en ese sentido. Su disco Unity posee un encanto llamémosle ingenuo. Optimista a rajatabla, el grupo canta como una familia «natural» en busca de la unidad de la conciencia humana.
Inmersa en el espíritu rasta, la música reggaesera circuló por los medios puesto el chaleco multicolor de Bob Marley, eso dio cierta legitimidad. Sin embargo, su aportación musical era bastante reducida en comparación, pero eso no pareció afectar el ideal comunitario que predicaban en sus canciones, tanto así que hicieron versiones en español de dos éxitos suyos: «Baby, I Love Your Way» y «Sweet Sensual Love».
VIDEO: Big Mountain – Baby I Love Your Ways (Live Music…), YouTube (Susarshack Sessions)
Roy Eldridge y Dizzy Gillespie son eslabones esenciales en la cadena de la evolución del jazz. Siguiendo los pasos de su gran precursor Louis Armstrong, ambos han ejercido una enorme influencia sobre el sonido y el estilo de la trompeta.
Roy fue originalmente ídolo de Dizzy y en la actualidad, a su vez, son muchos los famosos trompetistas más jóvenes que deben su inspiración inicial a Dizzy.
En este álbum, en particular, se escucha el maravilloso concierto presentado por Roy y Diz una noche de 1954 en Hartford, Connecticut. Su encuentro en la primera pieza es sumamente competitivo, tanto en sus participaciones solistas como cuando tocan juntos, pero en el coro de salida vuelven a unir sus fuerzas alegremente.
Las dos grabaciones siguientes los presentan por separado en un alarde de habilidad baladística, en tanto que el segundo lado los ve retornar a la arena para entregarse a una competencia acérrima, pero amistosa.
Pese a las claras diferencias de concepción –Roy es el rey del swing y Dizzy lo es del bop–, se aprecia una semejanza fundamental en su velocidad, vitalidad e impulso. Ciertamente existía rivalidad y es muy evidente en estas grabaciones, pero estaba basada en un respeto y estima mutuos.
VIDEO: Dizzy Gillespie And Roy Eldridge – Soul Mates (Full Album), YouTube (All That Jazz)
El proyecto Axiom de Bill Laswell ha producido maravillas como Illuminations, una compilación armónica de músicas plenas de multiplicidades intensivas. Peregrinaje de sensaciones conscientes a través de una sorprendente comunión de artistas con aportaciones de variadas regiones planetarias. Laswell se erige así en el lazo de unión de israelís, indios, marroquís, gambeses, ingleses y otras etnias emparentadas entre sí por su cosmovisión.
Ginger Baker, Shankar, Jonas Hellborg, Sonny Sharrock, entre otros, realizan un esfuerzo por probar que llegamos a formarnos cierta imagen mental de la naturaleza de la realidad sonora y armónica, no porque ésta sea, de hecho, la auténtica, sino porque cierta inveterada tendencia del comercialismo desfigura las cosas en esa dirección.
Interactuando y trasplantándose mientras navegan territorios inexplorados, los artistas y sus creaciones reunidas en Illuminations son dinámicos e impredecibles. Para ello juegan ilimitadamente con todas las posibilidades del azar sonoro y conceptual, junto con innumerables y ricas tradiciones.
Los grupos y solistas incluidos en este primer álbum de la colección hablan mucho y ardorosamente de la libertad, del misticismo, de las mujeres, en todos los idiomas, vocabularios y dialectos. Los desiertos, los barrios, las ciudades son así pormenores desconcertantes de trayectorias fabulosas y no menos cotidianas.
VIDEO: Bill Laswell/Axiom Ambient – Aum, YouTube (Vairocana Buddha)
Un músico tan destacado como el bajista Michael Formanek puede permitirse un título irónico, así como el acompañamiento de algunos de los músicos más competentes del circuito jazzístico neoyorquino. Con el baterista Marvin Smith y en los metales gente como Tim Berne, Marty Ehrlich y Frank Lacy, Michael Formanek presenta su lado juguetón. Valses con toques de reggae alternan con extrañas marchas y desenfrenadas improvisaciones colectivas.
Muestra inequívoca del expresionismo literario es la novela Trastorno de Thomas Bernhard. Las visitas de un médico a sus pacientes permiten al autor, nacido en los Países Bajos en 1931, mostrar la soledad, el sufrimiento y la desesperanza de la Austria rural de mediados de nuestro siglo.
El médico (a su vez solo y ensimismado) sabe escuchar a los enfermos que desde su dolor hablan de su postración y fragilidad. «El arte de escuchar está casi muerto. Sin embargo, querido doctor, observo este arte todavía en usted», afirma uno de los pacientes.
A través de estas visitas vemos cómo un tabernero deja al cuidado del negocio a su mujer quien es asesinada por un cliente; vemos cómo una familia se dedica a matar una colección gigante de pájaros; asistimos al fallecimiento del tío coleccionista; un joven con pretérito talento musical permanece encerrado en su cuarto-jaula, vigilado permanentemente por su hermana y por dibujos de los grandes compositores; un gran empresario decide aislarse totalmente del mundo exterior y se refugia en una cabaña vacía, mandando matar a toda la fauna que la rodea.
Lugares aislados y ambientes sórdidos emergen de la narrativa de Thomas Bernhard, mostrando al lector el sinsabor de la posguerra, en donde los personajes expresan más una desolación interna que externa.
Con profundidad, el autor nos lleva de la mano por aquellos sitios en que sólo se oyen voces individuales y lamentos no compartidos. En la segunda mitad del texto, el último de los pacientes visitados es un príncipe que ha heredado un castillo y tierras de cultivo, pero también la pesadumbre de un padre suicida.
De este modo la obra se torna en un interesante y complejo monólogo del príncipe que expone ante el doctor su soledad, decadencia y aislamiento. El príncipe Saurau habla de la muerte de su esposa, de la lejanía de su hijo varón, de la pobreza espiritual, del suicidio, la ciencia, la comedia y la tradición. Thomas Bernhard ha publicado también novelas como Helada (1963), La calera (1970) y Tala (1984).
Resulta curioso, pero este álbum suena como si el grupo girara en torno al Hammond, aunque no sea así. Tal situación se debe a la poco ortodoxa guitarra de ocho cuerdas que pulsa Hunter, así como a la armónica de su compañero Gregoire Maret. El groove resultante de dicha combinación es sencillo y muy orgánico. Por encima del fondo mencionado otros integrantes del grupo se permiten dar rienda suelta a su inspiración y complementar lo creado: el trombonista Curtis, así como John Ellis en el sax tenor y el clarinete bajo. El trabajo conjunto de todos se concentra a final de cuentas en la rítmica conseguida, una que conlleva a la diversión sin más, al chasquido de los dedos y a la gloria del repeat.
VARIOS
THE DETROIT EXPERIMENT
Después de que el Experimento de Filadelfia incorporara los pilares del hip hop, el jazz y la música clásica de manera eficiente y fluida, Carl Craig, cabeza visible del proyecto, presenta ahora el Experimento de Detroit. Este MC desde el principio convoca a una alineación muy generosa: todo un ejército de músicos de la mencionada ciudad aportan sus talentos para colaborar con el también DJ y mezclador. Lo que se destila de ello es una fusión con bases setenteras, con tal discreción que el hip hop parece la directriz principal. Con productores veteranos y jazzistas experimentadores como la violinista Regina Carter y la pianista Geri Allen, Craig diseña una cuadro sonoro urbano de impactante atemporalidad.
JOEL HARRISON
FREE COUNTRY
Una idea genial: el clásico del gospel “I Walk This Line” de Johnny Cash se convierte en una balada de jazz que arranca lentísima para poco a poco aumentar su velocidad y forma hasta terrenos insospechados. En medio de todo ello, se inscribe como parte de la aventura la voz de Norah Jones, recientemente inundada de Grammys. El responsable de experimentos como éstos es el guitarrista Joel Harrison, originario de Washington, quien llama al álbum que los contiene y al grupo que los ejecuta Free Country. Es un quinteto con diversos invitados —como la mencionada Jones o Uri Cane—, el cual somete con varios tratamientos jazzísticos a temas clásicos del funk y del country para darles otra dimensión aún más resistente al tiempo.
VIDEO: The Detroit Experiment – Highest, YouTube (The Detroit Experiment)
Eric Clapton, desde aquellos lejanos años sesenta, se sentía realmente ligado al blues. Con su refinado virtuosismo estilizó una buena cantidad de riffs heredados de los guitarristas negros. Aprendió a tocar la guitarra con los discos de Chuck Berry, para luego seguir el camino bluesero con Big Bill Broonzy, Robert Johnson, Skip James, Blind Boy Fuller. Simplemente se zambulló de cabeza en aquel mundo nuevo para él. No obstante, a los 18 años se entusiasmó por Robert Johnson y B. B. King y desde entonces no ha cambiado su idea de que éstos han sido los mejores guitarristas de blues del mundo.
Fue gracias a esta admiración que encontró el primer dogma de su carrera: «He abierto mi mente al hecho de que no se necesita tocar con arreglos previos y que se puede improvisar todo el tiempo. Y ése es el punto al que quiero llegar: ése en el que no tenga que tocar nada que no sea improvisación. Dentro de mí y de mi música hay más blues que cualquier otra cosa». Con el tiempo y bajo tal consigna mostró un gran rigor en la construcción de sus solos y se aplicó al manejo del pedal wah-wah.
Clapton se convirtió en un verdadero catalizador. Provocó que instrumentistas de su generación y de las siguientes se interesaran por los estilistas negros como Otis Rush, Freddie King y los ya mencionados, Johnson y B. B. A la larga gozó de la misma estima que ellos en la mayoría de los ambientes musicales angloamericanos. La precisión y la perfección de su estilo fueron consecuencias sobre todo de un enorme trabajo técnico y personal. Se cuenta que pasaba días enteros intentando dominar uno o dos riffs de los que toman forma tantos blues.
Esa estima ha quedado manifiesta en la antología Blues Power. Songs of Eric Clapton (House of Blues, 1999), donde algunos de los blueseros negros de antiguas y nuevas generaciones dan su reconocimiento al legado de Clapton, interpretando a su manera los temas que han hecho más famoso al guitarrista británico. Por ahí está Koko Taylor con «Blues Power», Otis Clay con «Wonderful Tonight», Buddy Guy con «Strange Brew», Joe Louis Walker con «Roll It Over», Honeyboy Edwards con «Crossroads» o Eric Gales con la mítica «Layla», entre otros.
La retroalimentación de la cultura bluesera se hace patente en este álbum, donde se escucha el camino que ha seguido el género desde sus orígenes rurales hasta las posmodernidades urbanas. Un viaje pleno de sorpresas y de riquezas musicales, donde la negritud divulgada por Clapton le es devuelta con reconocimiento y aprecio por parte de los representantes actuales de esa negritud. «El blues es algo más que un género musical», explicaba Muddy Waters a los ingleses sesenteros. Clapton, heredero de aquella instrucción, lo ha confirmado: «El blues es una experiencia muy, muy solitaria. Mi guitarra es un intermediario por medio del cual entro en contacto conmigo mismo». Eric Clapton es un auténtico negro del corazón. Y se lo hizo saber a Mr. Johnson.
2
PETER GREEN
ME AND THE DEVIL
El fin del blues, como toda forma artística, es hacer partícipes a todos de sus emociones, y las voces inglesas lo han hecho a la perfección desde su acercamiento al género. Para la juventud europea, en particular de la Gran Bretaña, el atractivo de dicho género iba ligado, con la individualización que permitía, al concepto muy en boga de la persona que se ha formado a sí misma.
Bajo las circunstancias en las que vivía aquella zona del planeta, el blues actuó entonces como un detonador, exaltando la pasión que vegetaba en los adolescentes británicos que habían existido hasta ese momento con la rigidez moral heredada de la época victoriana y acendrada por la guerra; con un marcado decaimiento económico y una vida social constreñida por las restricciones que acarreaban los perjuicios duraderos de la sociedad inglesa. El origen social de algunos jóvenes británicos facilitó su orientación hacia el blues.
Así se aficionaron por esos sonidos, por esa vitalidad y energía. Descubrieron a Muddy Waters, a Howlin’ Wolf, lo mismo que a Elmore James: o sea, el blues eléctrico de Chicago. Pero también se dieron cuenta de que podían tocarlo y cantarlo.
Todas aquellas noches les sirvieron para instruirse en los misterios del género y de su interpretación. Así fue como surgió el grupo Fleetwood Mac en 1967 (Peter Green, guitarra, voz y armónica; Mick Fleetwood batería; John McVie, bajo, Jeremy Spencer, voz, guitarra slide y piano), reunido por el baterista del mismo nombre y el bajista John McVie. Una poderosa sección rítmica que se había instruido y desempeñado en la academia de los Bluesbreakers de John Mayall.
Sin embargo, el nuevo grupo se sustentaba en las artes de otro egresado de tal escuela: Peter Green (guitarrista que había sustituido sin contratiempos a Eric Clapton en los Bluesbrakers, con los cuales había dejado la pieza “The Supernatural” en el disco A Hard Road para corroborarlo.
Green era un intérprete que sobresalía por sacar las notas prístinas, transparentes y con una virtuosa austeridad. Era uno de los mejores guitarristas de blues que había producido Inglaterra. Sus riffs que cambiaban de forma y sus largas excursiones de improvisación hicieron de Fleetwood Mac una de las bandas en vivo más emocionantes de la explosión del blues británico.
“Tengo la corazonada de que el blues es mi único camino”, cantaba en “Looking for Somebody”. Y lo fue. Sus modelos habían sido Robert Johnson, Muddy Waters, Buddy Guy, B. B. King y Green utilizaba la técnica del open tuning de los maestros blueseros originales (Robert Johnson, Mississippi Fred McDowell y Son House), seis cuerdas que abiertas formaban un acorde de sol, el famoso estilo “slide” rural cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y que se tocaba con la ayuda de un cuello de botella, un bottleneck, ensartado sobre el meñique para ejecutar glissandos.
3
TOD RUNDGREN
JOHNSON LIVE
Este disco forma parte de una gran manera de rendirle homenaje a los grandes, modernizar algunas canciones y dejar a conocer a artistas de un país en otro. Estos compilados creaban una atmósfera interesante para el intercambio cultural y para el fanático del género. Que fuera una versión interesante donde la canción aunque reconocible sonara más a una canción típica del artista interpretándola.
Esto no es fácil de hacer, porque muestra lo genuino del artista y su verdadera habilidad. Es muy fácil hacer una copia de una canción y llamarle tributo.
Un disco tributo se entiende que es un homenaje que deben hacer ciertos músicos a grandes personajes de la música, que los ha influido o que son significativos dentro de la cultura musical. Aunque no necesariamente debe ser así, muchos son una mera excusa para deconstruir un tema o un concepto musical y traspasarlo a otro.
Al tratar de explicar lo que puede hacer que recordemos durante mucho tiempo una melodía determinada, y concluyamos que ciertas composiciones musicales parecen encajar en la estructura funcional de las neuronas como una llave en una cerradura, la pregunta siguiente es si hay algo equivalente en una obra fonográfica, es decir, si las canciones que son comúnmente memorables tienen alguna característica universal que justifique lo señalado.
Es cierto que lo memorable para una persona puede no serlo para otra, de ahí que muchas veces la justificación sea idiosincrásica, es decir, a cada uno, o a cada grupo humano, le puede impactar una determinada pintura por razones relativas a su propia historia cultural o a su relación particular con esa pintura o sus contenidos. Asimismo, cuando una obra está en la memoria de muchos, , suele apelarse a su autor, su belleza o sus atributos emocionales, es decir, a experiencias personales y subjetivas del espectador en relación con esa obra. Pero, ¿acaso hay algo intrínseco en cada obra universal que va más allá de lo puramente idiosincrásico?
«Robert Johnson fue el más importante músico de blues que jamás haya existido»: (Eric Clapton)
VIDEO: Eric Clapton – Me and the Devil, YouTube (Eric Clapton)
Con el surgimiento del expresionismo alemán se motivó a futuro la aventura artística en la frecuentación de ambiciosos campos para lo inteligible. Hubo a partir de dicha corriente cinematográfica muchas manifestaciones insospechadas e interrelacionadas con diversas disciplinas (se construyeron con sus fundamentos lenguajes plásticos, fílmicos, arquitecturas sonoras, filosofías varias y poeticidad múltiple) que obligaron a los diversos públicos a descubrir informaciones, sabidurías e interconexiones culturales llenas de reminiscencias y promesas.
En esta cinematografía, en blanco y negro y silente, primaba la expresión subjetiva sobre la representación de la objetividad, con trazo fuerte e hiriente. Comenzó su historia con la cinta dirigida por Robert Wiene: El gabinete del doctor Caligari (de 1920), película simbolista inspirada en una serie de crímenes que tuvieron lugar en Hamburgo.
Así lo asentaron los historiadores: “Las principales características de este filme, que inicio el movimiento, residen en su anormal escenografía, con objetos oblicuos y cubistas, que tenían una función dramática y psicológica, no decorativa; a ello contribuyó la escasa iluminación en el estudio y los decorados pintados con luces y sombras. Cabe destacar también el exagerado maquillaje e interpretación de los actores. Fundamentos todos del éxito de la nueva estética.
“Sin embargo, el expresionismo alemán evolucionó sustituyendo las telas pintadas por los decorados, dando paso a una iluminación más compleja como medio expresivo. Esto dio origen a una nueva corriente que se conocería como Kammerspielfilm, cuyo origen data de las experiencias realistas del teatro de cámara de Max Reinhardt, famoso director de la época.
“Tal evolución respetará, aunque no totalmente, las unidades de tiempo, lugar y acción, con su linealidad y simplicidad argumental, lo cual ahorró la inserción de rótulos explicativos, además de la sobriedad interpretativa. La simplicidad dramática y el respeto a tales unidades permitieron crear las atmósferas cerradas y opresivas, en las que se movían los protagonistas”.
En la trayectoria primigenia de esta corriente apareció la figura dominante de uno de sus realizadores: Friedrich Wilhelm Murnau. Este director fundó su propia productora en 1919, y realizó películas en las que expresó la subjetividad con el máximo respeto por las formas reales del mundo.
Nosferatu (de 1922) fue su ejemplo sublime donde contó el mito del vampiro. Para rodarla, recurrió a escenarios naturales, frente a la preferencia expresionista de filmar las escenas en estudio. Con la introducción de elementos reales en una historia fantástica logró potenciar su veracidad. Además, hizo uso del movimiento acelerado, del ralentí y del empleo de película en negativo para marcar el paso del mundo real al ultrarreal.
Para la proyección del personaje, primero fueron los literatos, los poetas, quienes hicieron salir a Nosferatu (y Drácula a la postre) de su ataúd. Luego vinieron los cineastas y los actores como Bela Lugosi, Max Schreck, Klaus Kinski. En tiempos cercanos les tocó a los músicos evocar al vampiro. Subgéneros recientes como el dark, el illbient o el gótico lo convocaron, incluso, para crear sus particulares atmósferas.
Sin embargo, en el rock fusionado con las llamadas Nuevas Músicas, este personaje (re)surgió por primera vez a cargo primero de Popol Vuh (Nosferatu The Vampire,1978, en versión del cineasta Werner Herzog) y le siguió Art Zoyd (como Nosferatu en 1989).
¿Qué tanto arte, qué tanto soundtrack cinematográfico, qué tanta poesía sonora, desplegó el grupo alemán Popol Vuh para poder estar a la altura de los paisajes descritos por su música en la interpretación de tal cinta de culto, al mismo tiempo arrebatadora y desolada? ¿Qué música hicieron tan digna del rumor cambiante del viento, o del puro silencio en el que no suena más que el temblor de las almas y, en algún momento, las respiraciones agitadas del ascender esforzado del escucha que, durante los largos trechos de las piezas, no siente que haya ninguna necesidad de palabras?
Hizo falta un conglomerado de artistas, como los integrantes de este grupo, para dibujar con brochazos sublimes y trazos sutiles de tinta las siluetas de lo que nos rodea al conocer el mal, encarnado por el vampiro. Hizo falta un sentido profundo de la contemplación para expresar esos paisajes de montañas extrañas y castillos siniestros, de vuelos y escondrijos, en unos cuantos tonos sintetizados.
Toda ella poesía sonora memorable, que valdría para su panorámica general: el deseo por la sangre, la insospechada lejanía, la emoción exuberante, los colores muertos de la vida y de la tierra, los episodios de locura, de sueño y de posesión. Popol Vuh le proporcionó a Werner Herzog, el contenido de su caja musical, el de los sonidos del miedo y el terror.
Los músicos del rock vanguardista no cesan en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de adecuaciones culturales interconectadas. La experimentación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera indagación expresiva, sino persecución de horizontes distintos, exigentes y resolutivos.
Como en el caso de Art Zoyd. un grupo con una discografía de casi una veintena de títulos y una misión musical. Ésta aparece como el determinante fundamental de una figura artística contemporánea, que lejos de sensiblerías cibernéticas es consciente de las múltiples posibilidades que ofrece la época, donde los discursos artísticos y la tecnología se cruzan continuamente, pero donde también la dimensión musical asciende de manera portentosa hacia constelaciones artísticas y humanas, con pretensiones tan renovadas como habitables de actualidad. De esta manera el grupo hizo suya la interpretación de Nosferatu.
Involucrados sus miembros en el movimiento Rock in Opposition, enfocaron su existencia definitivamente dentro de la música electrónica fusionada y con el objetivo de crear obras para el cine, el ballet y en alianza con otras artes alternativas como la opereta cibernética, el oratorio electrónico, los performances y el videoarte.
De tal forma, el grupo francés remontó sus propios conceptos musicales y superó su mundo de sonido abstracto para combinar la música con la imagen expresionista. Su primera experiencia en este sentido llevó al grupo, en voz de su director Gérard Hourbette, a considerar que «lo más importante para Art Zoyd, en este momento, es que la música proporcione un marco o contexto emocional a las historias teatrales, dancísticas o cinematográficas. Musicalizar el Nosferatu de Murnau es un paso hacia adelante en nuestro reconocimiento con la imagen».
El resultado de esta reunión concreta en la imaginación fue la subjetividad poética de la imagen, sonorizada por uno de los epítomes del rock electrónico, progresivo y experimental de más avanzada. Una función de “film/rock cámarístico”, en la que se congracian en una obra única lo que representaba un novedoso concepto plástico, de enorme simbolismo estético de principios del siglo XX (el expresionismo), con la música contemporánea finisecular.
El grupo manejó genialmente los movimientos en cada una de sus composiciones, permitiendo ver los matices de los claroscuros que generó aquel director alemán con sus imágenes fijadas en la memoria colectiva. Art rock de alta escuela y de naturaleza perturbadora, como el personaje mismo en la obra de Murnau, que cumplió ya su centenario.
VIDEO: art zoyd – libre des vampires – rumeurs III – (nosferatu), YouTube (mesarchives)