PRIMERA Y REVERSA: ALICE RUSSELL

Por SERGIO MONSALVO C.

 

CORAZÓN LLENO DE ALMA

Los ingleses lo han vuelto a hacer y en grande, como siempre. Con una especie de tirabuzón histórico los británicos han retomado una y otra vez las músicas desechadas u olvidadas que los estadounidenses suelen relegar en los áticos o sótanos de su música popular.

 

Revisitan dichas músicas y les dan la vuelta de tuerca justa para canalizar y desarrollar nuevas corrientes, movimientos y hasta géneros. La primera de estas manifestaciones se dio en los años sesenta con el rock and roll, el surf y los girly groups. En la Gran Bretaña los jóvenes los retomaron y crearon el Merseysound y el Londonbeat generando la Ola Inglesa.

 

En los setenta, grupos como MC5, New York Dolls y Ramones sufrían la penuria y el desprecio en la Tierra del Tío Sam, que los hacía desaparecer, los ridiculizaba y los remitía a los agujeros más recónditos. Sin embargo, cuando los oriundos de Albión los escucharon, reconocieron su valía y los convirtieron en legado definitivo para su propia interpretación del punk (Sex Pistols, Clash, etcétera), misma que lo convertiría en un género histórico de influencia incalculable.

 

Lo mismo sucedió con el house y el hip hop primarios, que serían transformados en acid jazz y trip-hop en las islas británicas durante la década de los noventa.

 

En el nuevo siglo ha sucedido algo semejante, pero con un género antiguo y tradicional: el soul. Una vertiente de la música afroamericana que tuvo entre sus iniciadores a Ray Charles, James Brown y Sam Cooke, así como entre ellas, a Aretha Franklin, Mable John y Carla Thomas, por mencionar algunos nombres.

 

Este gran cauce artístico se fue diluyendo con la imposición de la música Disco y el posterior contubernio de la industria con la radio y los productores (que inventaron los términos “neo soul”, “urban” y “R&B contemporáneo” para satisfacer sus necesidades de dinero, rating y popularidad) quedó en débil acequia.

 

Y mientras en la Unión Americana Solomon Burke, Sam Moore, James Hunter, Betty LaVette o Sharon Jones sobrevivían apenas en tugurios y clubes ínfimos, en Inglaterra sus intérpretes nuevamente retomaron al género, le sacaron brillo, dinamitaron los diques y la enorme corriente volvió a fluir para sonrojo de los escuchas estadounidenses, quienes descubrieron en sus estrellas (Whitney Houston, Janet Jackson, Mariah Carey, et al) la falta de nervio, de pasión, de riesgo, de pulsión sexual, de vida finalmente. Y conocieron entonces los nombres de quienes sí les daban a probar todo ello.

 

Con la reciente invasión británica llegaron cargadas de soul mujeres jóvenes, no negras, impetuosas y con un rico bagaje de influencias, pero sobre todo con la verosimilitud que requiere la interpretación de un género semejante: Joss Stone, Amy Winehouse, Duffy, Adele y Alice Russell. La primera con una voz fresca, sensual, gruesa y con amplitud de la gama estilística. Duffy es el soul clásico, pero sin nostalgia. Adele, por su parte destacó con la desnudez de sus arreglos y las baladas melancólicas. La Winehouse fue un fenómeno que vibró al son de sus particulares infiernos y desgracias.

 

 

Alice Russell, a su vez, es una excepcional compositora y cantante que en cada interpretación hace alarde de una garganta privilegiada y arrollador poderío. Es tan excéntrica (prefiere los públicos minoritarios, tiene una formación musical en coros y orquestas y gusta de la independencia, por lo que creó su propio sello discográfico Little Poppet) como hiperactiva (ha sido parte de grupos como Bah Samba, la Quantic Soul Orchestra, Kushti, Dublex Inc., The Bamboos y Natural Self, entre otros). Y tras más de una década de foguearse en el circuito de clubes británico y europeo decidió lanzarse como solista en el año 2004.

 

Musicalmente se le puede comparar con Aretha Franklin por el timbre de voz; sin embargo, ella se siente más afín con Jill Scott, y sus registros le permiten moverse con soltura lo mismo en el soul que en el jazz, el blues o el gospel.

 

En ella se reúnen el Motown, Stax, el dance, el acid jazz, la electrónica, el downtempo, el funk, el r&b y el carisma que distingue a las souleras de cepa. Alice recoge toda la herencia, sin nostalgia, y la hace suya con unas letras que rebosan cotidianidad, estampas de abandono o melancolía, guiños al sexo y a la vida mundana sin tapujos. Y a pesar de todo ello era la menos conocida de todas.

 

Alice Russell tiene en su haber EP’s, con recopilaciones de tracks donde ha colaborado con otros artistas y dos álbumes: My Favourite  Letters y Pot of Gold, donde muestra el abanico trepidante de sus capacidades con viveza y frescura.

 

Eso sí, sus versiones de “Seven Nations Army” (de los White Stripes) y “Crazy” (de Gnarls Barkley) definitivamente han hecho cambiar su status minoritario. Posee la energía para fluctuar entre la tradición y la modernidad sin menoscabo alguno. Es el soul eterno, cantado por un corazón lleno de alma, con carta de identidad contemporánea y legítimo certificado de autenticidad.

 

Con el siglo, pues, nació un estilo musical que recoge el soul clásico y lo pone una vez más en la palestra con nuevos tonos y significados. Hoy por hoy es en Inglaterra donde surgen las mejores exponentes de dicho sonido.

 

VIDEO: Alice Russell – Crazy, YouTube (Alice Russell)

 

 

 

 

HITOS: THE VELVET UNDERGROUND (IV)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

LA PLASTICIDAD DEL SUBTERRÁNEO

 

En retrospectiva resulta controversial y difícil de precisar si el apoyo de Andy Warhol benefició o perjudicó la trayectoria del Velvet Underground. Quienes tenían a Warhol por charlatán le achacaban al grupo la misma “monotonía” como a las películas de Andy. Los representantes del otro bando, que adoraban a Warhol como a un genio, también le adjudicaban al grupo el mérito de la creatividad.

 

La aportación de Warhol al ascenso del Velvet se entiende mejor al leer entre líneas lo que expresa el álbum Songs for Drella, el tributo de Cale y Reed para su difunto patrocinador que se editó en 1990. A pesar de su vasto consumo de drogas Warhol fue también un workaholic y su disciplina contagió a otros.

 

Para alguien con el instinto periodístico de Reed, conocer a los personajes excéntricos de la Factory de Warhol fue un auténtico regalo. Con su glamour, androginia o simple estado de descomposición personal, habrían de poblar sus canciones durante muchos años.

 

Existen un sinfín de anécdotas en torno al Velvet y Warhol; algunas de ellas sin duda formarán parte del libro inédito que Sterling Morrison estaba escribiendo antes de morir, el cual llevaría el enigmático título The Velvet Underground Diet. Por ejemplo, la historia de un congreso para psiquiatras en el que Warhol supo colocar una presentación del grupo. O del cerdo al que pintó (al cerdo no le pareció importar) para juntar el dinero necesario para comprar una máquina que arrojara burbujas de jabón hacia el público.

 

De todas las críticas que llovieron tras las primeras presentaciones del Velvet en 1966, en el Dom de Nueva York y luego en el Trip de Los Ángeles (y esa fue otra histora), y que el grupo tuvo el placer perverso de reproducir en la funda de su primer álbum (realizaron su selección entre las más virulentas, y tuvieron de dónde escoger), la de Los Angeles Magazine fue la que más se acercó a la verdad: “Después de que el Titanic se estrelló contra un iceberg no se había conocido un choque semejante hasta que el Exploding Plastic Inevitable detonó sobre los espectadores en el Trip”.

 

Independientemente de lo que pueda tener de fascinante relacionar de esta forma dos acontecimientos, así como la efímera visión de “All Tomorrow’s Parties” ejecutada bajo el hielo, la evocación de un choque sin duda ubica de la manera más justa el origen de lo que seguiría, un hecho portador de consecuencias relevantes.

 

En el momento de los conciertos del Trip, a comienzos de 1966, el Velvet había hallado una personalidad definitiva. Tocaron sus canciones, con los amplificadores puestos a la máxima potencia (obsesión sinfónica de John Cale), delante de una pantalla en la que se proyectaban, en medio de montajes de luz, las películas de Warhol pero también de Paul Morrissey y Gerard Malanga, este último fingiendo inyectarse con una pluma durante la interpretación de “Heroin” (“todo mundo pensó que era una jeringa”) e improvisaba una danza con un látigo, durante “Venus in Furs”, antes de besar las botas de cuero negro de la otra bailarina, Mary Woronov. “Kiss the boots of shiny shiny leather, shiny leather in the dark…” Enmedio de un show multisensorial bautizado “Exploding Plastic Inevitable” por Morrissey.

 

 

SUBLIME & ETERNO

 

Lo que hubiera podido ser sólo un truco alucinante más bien se convirtió en algo inaudito, y ahí es donde el choque adquiere todo su sentido. El primer álbum también tuvo esta cualidad. The Velvet Underground & Nico, bajo la firma de MGM después de haber sido rechazado por Atlantic (“no queremos canciones sobre drogas”) y por Columbia (“no queremos violas”), abre con un aire de paranoia, de cajita de música y de mañana íntima (“Sunday Morning”, cantada por un Lou Reed en plan de querubín) y continúa, bajo una luz color amarillo sucio, por rumbos, huidas y desgarramientos diversos.

 

Una guitarra que serrucha los nervios con su frenesí ácido y el alto volumen de John Cale rasgan la decoración con un sonido tan cortante como un grito inhumano (a este respecto, evocar la uña sobre el pizarrón sigue siendo la comparación más precisa) en el que adquieren forma motivos hipnóticos. El álbum, que lento ha preparado su culminación, termina con un himno a la destrucción cuyas palabras son sustituidas por el ruido de vidrios rotos.

 

VIDEO: The Velvet Underground – Heroine, YouTube (The Velvet Underground)

 

 

 

 

RAMAJE DEL ROCK: ROCK DE GARAGE (IV)

Por SERGIO MONSAVO C.

 

 

Al comienzo de los años cincuenta, las baladas y los cantantes melódicos dominaban la escena estadounidense. Sin embargo, los adolescentes blancos estaban desesperados y dispuestos a oír una música que expresara cómo se sentían. Los negros contaban con el rhythm and blues.

 

En julio de 1954, Elvis Presley, a los 19 años, grabó «That’s All Right, Mama» y «Milkcow Blues Boogie». En esas legendarias sesiones en los estudios de la Sun Records, Elvis se detiene después de ocho compases de una versión hillbilly y dice al guitarrista Scotty Moore y al contrabajista Bill Black: «Alto ahí, amigos, esto no me conmueve. Vamos a clavarnos de verdad en esto».

 

En ese momento deja de ser el cantante country sometido a la delicadeza del gusto blanco, y se trasforma en el histórico Elvis, conectándose al ritmo que bullía por todo el bajo fondo sureño estadounidense.

 

El rockabilly era música country (de extracto hillbilly y bluegrass) mezclada con el temprano rock and roll de Bill Haley —calcado del rhythm and blues de los artistas negros—. Era un estilo acústico novedoso, de guitarras veloces, inéditas, ansiosas; con un ritmo nervioso, distintivo y minimal en la batería y acentos en el beat remarcados con un singular contrabajo (el llamado string bass) tocado con la mano abierta.

 

Uno o más de sus elementos se utilizarían a lo largo del desarrollo del rock con más o menos énfasis, dependiendo de la corriente a la que pertenecieran. El rock de garage ha retomado los tres en algunas de sus subdivisiones, electrificándolos, matizándolos y elevándolos a la categoría de característicos o como parte de su conglomerado musical.

 

Técnicamente, el sonido se caracterizaba, además, por un generoso uso del eco, que habían implementado los precursores de la producción de sellos independientes: Sam Phillips con Sun Records y Leonard Chess con Chess Records, quienes propiciaban lo acústico «hecho en casa”.

 

 

Esa música, el rockabilly, fue lanzada por pequeñas compañías independientes y se convirtió en fortísima competencia para los editores y cantantes tradicionales. La llegada del disco de 45 RPM en sustitución del de 78 facilitó todo eso.

 

Los adolescentes del primer lustro de los cincuenta no estaban dispuestos a aceptar la música de sus padres. El rockabilly les sirvió de estimulante Ya tenían estrellas de cine con quienes identificarse: James Dean, el rebelde sin causa, víctima de la incomprensión adulta; y Marlon Brando, el motociclista vestido con chamarra de cuero negro y pantalones vaqueros de la película El salvaje, estrenada en 1953, donde le preguntaban: «¿Contra qué te rebelas?» Y él decía: «Respóndete tú mismo; digas lo que digas, acertarás».

 

Gene Vincent, con «Be Bop a Lula», alcanzó el número 9 de las listas de popularidad en 1956. Él y su grupo The Blue Caps se convirtieron en toda una atracción. A la mitad de la década, los jóvenes querían una música que fuera estridente y rítmica, con un ritmo que pudiera marcarse con el pie y permitiera bailar. Se buscaba el regocijo transitorio, escapar de la monotonía de la vida cotidiana y de las sombrías perspectivas de un futuro que no ofrecía posibilidades de cambio.

 

Sin embargo, la fatalidad le permitió al rockabilly sólo cinco años de vida como tal. Hacia finales de los cincuenta, Gene Vincent tuvo un accidente automovilístico y quedó tan lesionado que no volvió a ser el mismo; igual le sucedió a Carl Perkins.

 

Elvis Presley fue llamado a filas y ahí terminó su época rebelde. Buddy Holly falleció en un avionazo y Eddie Cochran murió al estrellarse en su coche. Ésta sería parte de la primera gran crisis en la historia del rock and roll.

 

Sin embargo, el legado del rockabilly ahí está, tan fresco como el primer día y si no que lo cuente Brian Setzer, su gran revivalista de los años recientes.

 

El rockabilly fue la gran aportación blanca a la mezcla que significó el rock and roll. 

 

VIDEO: Elvis Presley…Thats Alright (Mama) – First Release – 1954, YouTube (V.A. Hoss)

 

 

 

 

BABEL XXI – SINOPSIS (146)*

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(726-730)

 

 

BXXI-726 THE ROLLING STONES (III)

 

El álbum Out of Our Heads de 1965 (con siete tracks propios y cinco versionados) irradia una importancia trascendental, ya que contiene un par de los temas más destacados en el acontecer del grupo. La grandeza de esas canciones radica en la capacidad de sus dos autores para expresar nuevas sensaciones y atmósferas a través de textos memorables y riffs instrumentales distintivos.: “The Last Time”, primero, se convirtió en su primer éxito mundial, gracias a su cadencia hipnótica y por su intensidad interpretativa; y “Satisfaction”, por su parte, la cual  se erigió en su consagración y los llevó a ser considerados como uno de los grupos más importantes del planeta (lugar que ya no abandonarían jamás).

 

VIDEO: The Rolling Stones – (I Can’t Get No) Satisfaction (Official Lyric Video), YouTube (ABKCOVEVO)

 

 

BXXI-727 CAETANO VELOSO (REMAKE)

 

El temperamento adolescente de Caetano Veloso lo ha vuelto a hacer. Si en los años sesenta creó el tropicalismo brasileño para escándalo de los sambistas ortodoxos, en la decena inicial del siglo XXI le ha vuelto a llevar la contraria ahora a sus propios puristas: cambió el tropicalismo por el rock alternativo. El nuevo perfil del Veloso rejuvenecido acepta el rock alternativo y la adopción de algunos de sus procedimientos dentro de un novedoso estilo carioca. Aquel dicho conservador de que al perro viejo no se le pueden enseñar nuevos trucos queda una vez más mal parado. Rodeado de una nueva generación de músicos crea originales melodías para hablar del sexo, del amor y de la política mundana.

 

VIDEO: Caetano Veloso Cê Ao Vivo – Deusa Urbana, YouTube (Alecaxito)

 

 

BXXI-728 MARCEL PROUST

 

“Fue un novelista muy especial, le dije a Ulises, pero también fue un rockero adelantado”, le espeté. Me miró un tanto asombrado y dijo que a Proust se le imaginaba de varias maneras. Como un autor romántico, fatal, decimonónico, “pero definitivamente no me lo puedo imaginar como rockero”, aseveró. Le recordé que el buen Marcel había escrito algo al respecto diciendo que aun desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida, no somos un todo constituido materialmente, idéntico para todo el mundo y de cuyo contenido pueda cualquiera limitarse a tomar constancia como si se tratara de un pliego de cargos o un testamento.

“Nuestra personalidad social –escribió- es una creación del pensamiento de los demás”.

 

VIDEO: The Jayhawks – Lovers of the Sun, YouTube (The Jayhawks)

 

 

BXXI-729 THE BIG BANDS (SWING)

 

Cada banda tenía su propio enfoque. Llamó la atención que muchos conjuntos eran más «hot». Esto significaba que la música era más «jazzeada», había más espacio para la improvisación solista y la sección rítmica intervenía con mayor solidez. Los grupos hot más importantes de este tiempo fueron las big bands de Fletcher Henderson, Jean Goldkette, Red Nichols, Ben Pollack y Duke Ellington. A manera de contraste, las alineaciones inspiradas en el estilo de Whiteman se denominaban sweet. Es posible apreciar, por lo tanto, que el nacimiento de la big band tuvo dos fases: primero el jazz sinfónico de hombres como Ferde Grofe y Paul Whiteman y luego el hot de diversos directores de grupo.

 

VIDEO: Duke Ellington, “Take the A Train”, YouTube (morrisoncoursevids)

 

 

BXXI-730 THE ROLLING STONES (IV)

 

En lo individual, Brian Jones, por su parte, resplandeció en su cumbre creativa como multiinstrumentista, mientras Keith Richards se encargaba de tocar todas las guitarras. Jones, una y otra vez realizó aportaciones sorprendentes a través del disco Aftermath. Experimentó con una amplia gama de instrumentos étnicos como el sitar, el dulcimer de los Apalaches, marimbas, arpas y el koto japonés, que contrastaron espléndidamente con las composiciones de folk, pop, country, blues y rock, resultando así una mezcla diversa de estilos musicales, que elevó el nivel musical del grupo. No obstante, él comenzaba a dar signos de distracción y alejamiento, con una conducta cada vez más errática.

 

VIDEO: Paint It Black – The Rolling Stones (1966) HD, YouTube (PS César)

 

 

 

*BABEL XXI

Un programa de:

Sergio Monsalvo C.

Equipo de Producción: Pita Cortés,

Hugo Enrique Sánchez y

Roberto Hernández C.

Horario de trasmisión:

Todos los martes a las 18:00 hrs.

Por el 1060 de AM

96.5 de FM

Online por Spotify

Radio Educación,

Ciudad de México

Página Online:

http://www.babelxxi.com/

 

 

LONTANANZA: MUSO

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

JOYA DEL RAP GERMANO

 

El rap y la cultura del hip hop, de la que era procedente, llegaron a tierra teutona en la década de los ochenta en el contexto de una Alemania dividida aún por el Muro de Berlín. Las vías de entrada fueron el cine (con películas como Wild Style y Beat Street) y los discos que recibían de su país los soldados estadounidenses afincados en Berlín, la última frontera de Occidente en los estertores de la Guerra Fría.

 

La creación de clubes donde la milicia estadounidense fuera a recrearse durante sus horas de ocio tuvo el efecto colateral de que la juventud alemana se familiarizara así con el breakdance, el freestyle sonoro y el graffiti de nuevo cuño urbano, generalmente procedentes de Nueva York.

 

Entre los vestigios iniciales de tal movimiento creado en su propio idioma se encuentran dos ejemplos, más anecdóticos que otra cosa, seguidos de  otros, que fomentaron su posterior desarrollo. Entre los primeros se encuentra la curiosa grabación de tres DJ’s rediofónicos (el efímero trío GLS United) que llevó el título de Rappers Deutsch. Una curiosidad de comicidad kitsch.

 

En la misma ruta mediática, pero ahora canalizada por la televisión, surgió el popular tema de una serie policiaca titulado «Der Kommissar” a cargo de Falco (músico de origen austriaco), la cual es una pieza rapeada con una base musical muy repetitiva y cargada hacia el pop.

 

La fascinación general por este nuevo estilo musical (creado con el retroacrónimo Rap: rhythm and poetry) creció entre las nuevas generaciones como la espuma, como una moda, para luego decrecer de igual manera (ya que se le dejó de programar en los medios y ya no hubo lugares para que sus intérpretes actuaran).

 

Se volvió tan invisible que pareció condenado a desaparecer como lo que había sido: una moda pasajera. Sin embargo, el underground lo retomó para sí y amputándole su primario carácter lúdico y comercial se quedó con los de la denuncia, el choque y el de la experimentación estética.

 

Practicado básicamente por los hijos de los inmigrantes (legales o ilegales), habitantes de los ghettos a los que aquellos llegaban y nutrían, y jóvenes sin oportunidades (educativas, de trabajo o de futuro, por su misma condición ilegal).

 

En ese contexto se dio el estilo rapero de la denuncia, y fue más parecido a su semejante afroamericano en sus orígenes. Sus practicantes usaron el idioma inglés como escudo contracultural en reuniones llamadas jams en las que se mantuvo vivo dicho fenómeno.

 

No obstante, ante la popularización, sus ejecutantes pronto pasaron a utilizar el lenguaje alemán como vehículo para lanzar sus mensajes sobre la cuestión inmigratoria, encabezado el movimiento por grupos como Advanced Chemestry o los que centraban su temática en asuntos acerca de la historia y la problemática del país, como los Fantastischen Vier (Los Cuatro Fantásticos), por ejemplo.

 

 

VIDEO: Muso – Garmisch Partenkirchen (Official Version), YouTube (Chimperator Channel)

 

Los noventa y los años cero del siglo XXI han mantenido tal temática en el género con crítica consciente (instalados sus artistas sobre todo en el sello Bombastic) tanto como la radical y de choque (como las de la compañía Aggro Berlin, con gangstas, ultraderechistas y violentos publicistas y profetas del yihadismo islámico que con ello buscan reclutar miembros para su guerra terrorista).

 

En el otro extremo se encuentran los raperos experimentadores, tanto del sonido como de la palabra, que señalan y enfatizan de manera artística sus reclamos sociales.

 

En ese nicho se encuentra Muso, sobrenombre del rapero alemán Daniel Giovanni Musumeci, un músico procedente de las huestes intelectuales del movimiento hiphopero teutón y que ha sabido relacionarse con sus congéneres del mismo nivel en distintos géneros al suyo, como en el caso de Konstantin Gropper (el hombre fuerte de Get Well Soon).

 

Muso escogió a este último como productor de las piezas de su álbum debut Stracciatella Now y este hecho representó un hito para tal escena musical por encargarle el trabajo a alguien de fuera del medio, algo inconcebible hasta entonces.

 

Como inconcebible también resultó el uso de las guitarras de rock (invitadas procedentes del hard bávaro) tanto como de los sintetizadores propios del estilo rave, los pianos edulcorados y los coros que parecen salidos de una obra del mismísimo Carl Orff.

 

Circunstancias semejantes ubican a Muso como un constructor de puentes en busca de la diversidad, la cual será siempre bienvenida como ingrediente para un género que se caracteriza por su enfangamiento musical en lo conservador y repetitivo.

 

La muestra de su originalidad no sólo está en lo mencionado sino también en que sistemáticamente Muso (y compañeros de aventura, entre los que se encuentra la integrante de Joan As Police Woman) se niega a incorporar los beats clásicos del hip hop, acto que demuestra con toda claridad lo importante que es para este músico buscar caminos nuevos,

 

Tal como lo hace igualmente en sus textos y en el estilo para interpretarlos, que en su caso habría que calificarlo más bien de Spoken Word Performance – o sea, Poetry with a tempo–, en lugar de lo que los raperos convencionales suelen calificar como flow.

 

Dicho término proveniente del inglés y que significa «flujo» o “corriente”, es usado para referirse a la cadencia que se crea en la interpretación. Tal flow se genera cuando la métrica y el énfasis de la lírica se adaptan perfectamente al ritmo, y su buen o mal manejo puede determinar la habilidad, credibilidad, y experiencia de alguien que improvisa.

 

Muso rompe con ello y declama lo suyo al compás de su propio beat, el cual conlleva un gran bagaje literario (las piezas “Garmisch Patenkirchen”, “Blinder Passagier” o “All Eyes On You”, son sus creaciones excepcionales, por la influencia de James Joyce en su flujo de conciencia y  amplio manejo del lenguaje).

 

El sólido movimiento rapero germano se caracteriza por su gran cantidad de representantes, de diferentes etnias y conceptos musicales, reflejo de la multiplicidad demográfica del país. Sin embargo, la aparición de gente como Muso le proporcionan otra dimensión, otra categoría, donde la cultura se hace civilización y la forma de expresarse es tan importante como lo que se manifiesta.

 

VIDEO: Muso # Dockville 2012, YouTube (POPANZINE)

 

 

 

 

JAZZ: ANTHONY BRAXTON

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Leo Records acertó con la edición (en álbum doble) de un maravilloso concierto del cuarteto encabezado por el músico y compositor estadounidense Anthony Braxton (Chicago, Illinois, 4 de junio de 1945).

Varias piezas del disco utilizan lo que Braxton llama pulse track structures.  Se trata de figuras de acompañamiento muchas veces rítmicas que pueden ser tocadas por uno o varios de los instrumentos para apoyar los esfuerzos solistas de alguno de los otros miembros del cuarteto.

Llama la atención que no sólo la sección rítmica toque estas figuras, sino que de igual manera pueden plasmarlas por ejemplo el piano y el clarinete, mientras el bajo o la batería adoptan un papel más libre.

Los espacios libres dentro de esta estructura pueden llenarse con improvisaciones, pero también con pasajes compuestos de antemano.  Para ello con frecuencia se recurre a (partes de) otras piezas de la obra de Braxton.

Todo ello otorga una fuerte coherencia interna a su música, casi inexistente en el mismo grado en cualquier otro intérprete de música improvisada. La estructura otorgada de esta manera a las piezas es compleja, pero debido a la ejecución excelente del cuarteto ofrece una gran claridad tanto en relación con el detalle como la totalidad.

Cabe mencionar también que la estructura no se impone nunca a las cualidades musicales de los cuatro, las cuales son formidables. De esta manera, se elimina también la supuesta contradicción entre la maestría técnica y la expresión.

Dentro de su estructura los cuatro, cada uno por separado y todos en conjunto, llegan incluso al éxtasis musical en algunos puntos, pero con todo no se pierden nunca en el caos sin forma.

Quartet (London) 1985 (Leo Records)

Anthony Braxton (clarinete, flauta, saxofones), Marilyn Crispell (piano), Mark Dresser (bajo), Gerry Hemingway (percusiones).

Londres, noviembre 13, 1985

VIDEO: Anthony Braxton Quartet Berlin 1985, YouTube (freeavantgardevideos)

LIBROS: AVE DEL PARAÍSO

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(FRAGMENTO)*

 

Querida Martha-Maga: ¿Recuerdas que fue una madrugada cuando decidiste conocer Le Boeuf sur le Toit, el lugar que en 1950 era guarida de escritores como Jean Cocteau, cineastas como René Clair o músicos como Satie y Maurice Ravel?

 

A las dos de la mañana llegamos al sitio y tú, echando vaho por la boca, gritaste el nombre de la rue Pierre-1er-de Serbie. Caminaste rápida hacia el número 43-bis y, aunque decepcionada porque el bar había desaparecido, te repusiste y la soledad de la avenida compensó la ausencia.

 

Luego te pusiste a actuar a lo ancho de la banqueta aquella pelea que tuvieron Charlie y el saxofonista tenor Don Byas por cuestiones de estilo en el bop.

 

Las viejas hostilidades afloraron en una noche semejante. “Dos machos retándose por un concepto”, dijiste. Charlie sacó su navaja. Byas la abrió un instante después. Ambos danzaron bajo las luces nocturnas en círculos retadores.

 

Cuando el tiempo del ritual ya no tenía un más allá, Charlie lanzó una carcajada, cerró su navaja y la guardó. Se paró frente a Byas con las manos en los costados y estático invitó al otro saxofonista a picarlo.

 

Byas, desconcertado, no se movió: “Estás loco, Bird, bien loco”, le espetó. Charlie sonrió de nueva cuenta y se dio la vuelta para volver a entrar al bar. Fue la última vez que estuvo en París.

 

 

 

*Fragmento del cuento Ave del Paraíso, publicado por la Editorial Doble A.

 

 

 

 

 

 

 

Ave del Paraíso

Sergio Monsalvo C.

Colección “Palabra de Jazz”

Editorial Doble A

México, 1998

 

 

ON THE ROAD: LA SUITE DE JOHN & YOKO

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

MEDIO SIGLO

 

Mientras me desplazaba en la bicicleta por la avenida Koninginneweg de Ámsterdam, me dió por parafrasear a uno de los Marx, pero no a Groucho sino a Karl: Un fantasma recorría el mundo, el fantasma Beatle. Dicho fantasma comenzó su andar en 1969 precisamente aquí, en la capital neerlandesa, lugar que escogió John Lennon para pasar su luna de miel. El 2019 fue, pues, otro año Beatle, plagado de celebraciones, evocaciones, reediciones y festejos.

 

En aquel entonces (1969), climáticamente,  había comenzado la primavera en la ciudad. Era el 29 de marzo y se cumplía medio siglo de aquel hecho que atrajo las miradas del mundo hacia un cuarto de hotel. Una habitación donde Lennon habló durante una semana, de manera incansable, sobre la paz, esa entelequia que continúa obsesionándonos.

 

Atravesé con la bicicleta el Museumplein y desemboqué en la Spiegelgracht, una elegante cuadra larga con un canal en medio que al final se convierte en la Spiegelstraat, la prestigiosa calle de los anticuarios y galeristas, al pasar uno de los puentes más transitados por propios y extraños. Ahí, entre la variada oferta plástica de las tiendas de arte, estaba la Galerie Moderne de Nico Koster, espacio donde se exhibían los retratos que este fotógrafo holandés le tomó a John y su pareja en aquel ilustre ritual mediático llamado Bed-in. Son fotografías en blanco y negro que han proporcionado la imagen al colectivo Wedding Album lennonononiano.

 

En los aparadores que daban a la calle estaban las fotos de la pareja desayunando, vestidos de bata y camisón blancos y encima de ellos los letreros escritos a mano que sintetizaron su inédita acción y perpetuaron sus reclamos para la posteridad: BED PEACE – HAIR PEACE.

 

¿Por qué escogió John esta ciudad para iniciar su demanda y petición al mundo? El verdadero espíritu de Ámsterdam es la tolerancia. Y no es un espíritu nuevo, producto de la posmodernidad, sino uno histórico que cumple cinco siglos de existencia. Desde entonces el país ha sido sinónimo de ello y la capital, su lugar culminante y ejemplar.

 

En Ámsterdam, los puentes, los 1539 puentes que existen (que en concreto representan el año de llegada de la primera oleada de inmigrantes) se erigen como metáfora de la imaginación. Todo puente es único, todo puente quiere serlo hacia algún destino, y todo puente es la mirada de la ciudad hacia lo que importa.

 

Por eso la escogió. Y por eso me dirigí en aquella ocasión, tras mirar las históricas ilustraciones, al lugar donde Lennon puso al lecho dentro de sus utopías: el Hotel Hilton. El 29 de marzo del 2019, se celebró ahí el 50º aniversario del Bed-in, aquel acto dadaísta que consagró la cama como sitio de protesta. El festejo lo llevó a cabo el Netherlands Beatles Fan Club, una de las organizaciones de admiradores con más antigüedad en el orbe (desde 1963).

 

Hubo exposición de fotos, pinturas, esculturas y memorabilia, conferencias, exhibición de documentales y conciertos con bandas tributo. Así que estacioné mi bicicleta frente al hotel ubicado en el número 138 de la avenida Apollolaan y me preparé para el festín.

 

 

La cereza del pastel fue la visita guiada a la habitación 902 (ex Presidencial), llamada ahora “John & Yoko Suite”, que cuesta la friolera de 1,750 euros la noche, para todo aquel que desee pasar una velada ahí, rodeado de recuerdos. Ésos de los que habla Lennon en “The Ballad of John and Yoko”: “Talking in our bed for a week / The news people said / ‘Hey, what you doin’ in bed?’ / I said, ‘We’re only tryin’ to get us some peace!´”.

 

Siete días (del 25 al 31 de marzo de 1969) discurriendo sobre el tema, de 9 de la mañana a 9 de la noche. Una forma constructiva y nada cínica de aprovechar la publicidad generada por su reciente boda en Gibraltar y por su fama personal. El aún integrante del Cuarteto de Liverpool (por poco tiempo más) forjó así su compromiso con la causa antibélica.

 

VIDEO SUGERIDO: John Lennon en Yoko Ono in bed in het Hilton Hotel (1969), YouTube (Nederlands Instituute voor Beeld en Geluid)

 

Ese año el fantasma Beatle recorrió el mundo –al igual que ahora, al igual que siempre–. Inició su andanza en esta ciudad con la rememoranza de aquel anhelo pacifista. Cincuenta años también cumplió el disco Abbey Road, un álbum clásico que fue objeto de nuevas escuchas, revisiones y lecturas. Se anunció también la celebración de un videojuego (The Beatles: Rock Band) donde se podían interpretar sus canciones al unísono del grupo.

 

Asimismo estuvo programado el festejo de la remasterización (¿definitiva?) de sus discos, cuya aparición los hizo culminar una década antes como el año del grupo con mayores ventas, a cuatro décadas de su disolución. Marketing puro y duro. “Cosas de aparecidos”, diría el no hermano Marx, Karl, ese viejo filósofo.

 

Pero un hecho es cierto: “Los Beatles, como grupo, y sus integrantes, de manera individual, ocupan una posición singular y única dentro de la cultura popular. Su imaginería lo abarca todo. Son un fantasma con un corazón que sigue latiendo fuerte aún después de 50 años”,  me dije tras ver la obra plástica que se presentó en el lobby del hotel, rodeado de japoneses, indios, filipinos, latinos y europeos de la más variada procedencia y edad.

 

Ya entrada la madrugada, mientras regresaba pedaleando a mi casa, me dí el tiempo de pensar –gracias al clima templado– en el carisma, en el uso de los medios y en los motivos que condujeron a John Lennon a realizar tamaña cruzada por el mundo. Y también sonreí por las respuestas al porqué no le dieron a él el Premio Nobel de la Paz y sí a Henry Kissinger.

 

VIDEO SUGERIDO: The Beatles – “The Ballad Of John And Yoko” Stereo Remaster, YouTube (The Beatles)