BABEL XXI-766: NAVIDAD XV (DISCOS CLÁSICOS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

El rock se involucró con la Navidad desde los años cincuenta, para celebrar su aparición en tal década y sumarse asimismo a la celebración de tal festividad a nivel mundial. Desde entonces han sido muchos los artistas participantes en esta cadena cultural y festiva, y sus interpretaciones ya forman parte de los listados de millones de personas, en ese sentido.

 

Así que cuando Eric Clapton anunció que iba a sacar su primer álbum navideño de estudio, los fans se congratularon de que alguien como él (un hito musical histórico) continuara la tradición iniciada en el rock con Elvis Presley. Aparecería en varios formatos y llevaría el nombre de Happy Xmas, bajo su propio sello, Bushbranch Records, y distribuido a través de Surfdog Records.

 

Happy Xmas fue el álbum de estudio número 24 del guitarrista y el primero de estudio desde “I Still Do” del 2016. En él y mezclan temas clásicos navideños con títulos únicos menos conocidos, así como una nueva canción original “For Love on Christmas Day”.

 

Como dato adicional habrá que mencionar que el álbum también incluye una versión de “Jingle Bells” dedicada al fallecido artista y DJ Avicii, recién fallecido en Omán, del que Clapton era admirador.

Con referencia al disco, el músico británico explicó que «tenía en mente que estas canciones navideñas se podían hacer con un ligero tinte de blues, y comencé a descubrir cómo tocar las líneas del género entre las voces que llenarían el álbum. Lo aprendí y una de las piezas más identificables del mismo, la que se convirtió en el estilo fundamental, fue ‘Have Yourself a Merry Little Christmas'».

 

Desde que Bob Dylan lanzó el sorprendentemente tradicional Christmas In The Heart en 2009, la idea de que las grandes estrellas del rock lanzaran álbumes navideños parecía el camino a seguir. “Bob lo hizo y muy bien, así que yo quería participar en ello”, dijo Clapton.

 

Sin embargo, Eric –que no es ajeno a los caprichos sentimentales– ya había entrado en el mundo de la música navideña años antes que Dylan. “Slowhand”, como se le conoce también, contribuyó cantando y tocando en el concierto A Very Special Christmas Live de 1999, pero no fue hasta la temporada navideña del 2018, y a los 55 años después de carrera, que se decidió a lanzar un disco completo, el cual incluye como portada e ilustraciones interiores los dibujos del propio Clapton.

 

Musicalmente, Happy Xmas por lo general sigue el modelo post-Unplugged del artista, específicamente con el sonido de sus últimos dos álbumes, entre los que destaca el magnífico I Still Do del 2016, su reunión con el legendario productor Glyn Jones.

 

 Por su parte, Happy Xmas fue producido por el propio Clapton junto a Simon Climie, como coproductor, quien desde hace mucho tiempo (mediados de los 90) se ha dedicado a hacerlo con una mezcla de géneros. Desde el blues puro, el rhythm & blues, con un toque de country, reggae, y probadas de EDM.

 

 

Dos canciones que fueron grabadas para A Very Special Christmas Live – el blues de Freddy King, “Christmas Tears” y el clásico frecuentemente versionado de Charles Brown, “Merry Christmas, Baby” – aparecen en Happy Xmas en versiones fieles recién grabadas. Esos dos temas, junto con “Lonesome Christmas” de Lowell Fulson, representan el lado blues puro de Clapton y suenan como si pudieran haber sido grabados durante sus sesiones para el disco From the Cradle.

 

El guitarrista desempolva un clásico del country, “Christmas in My Hometown”, un éxito de Sonny James y ofrece, además, dos temas de rhythm & blues de Anthony Hamilton; el suave y dulcemente seductor “Home for the Holidays” y el ritmo del rock de “It’s Christmas”.

 

Los cortes más tradicionales de Happy Xmas se secuencian en torno a las canciones menos conocidas y más contemporáneas, lo que hace que todo el proyecto tenga un sonido fresco. “Silent Night” avanza sobre una suave ola de reggae, mientras que “White Christmas” recibe el característico tratamiento de blues de Slowhand.

 

Un conmovedor “Away in a Manger” se combina de buena manera con el coro de “Christmas in My Hometown”. También en el departamento del soul, el blues se amplifica con un standard de la compañía Stax de William Bell, «Everyday Will Be Like a Holiday».


El único track original, “For Love on Christmas Day”, recuerda la era de Clapton en que grabó Pilgrim. Profundamente melancólico y trágicamente hermoso, merece convertirse en un clásico.

 

El caso atípico es el tema navideño por excelencia, “Jingle Bells”, que aquí se vuelve casi irreconocible ya que se le da el tratamiento EDM como tributo al productor y DJ sueco Avicii, quien falleció en abril de 2018.

 

Clapton había sido fanático durante mucho tiempo de su música electrónica, admiración que se remonta al menos a 1997, cuando aquél y Climie lanzaron el experimento EDM, TDF. En el disco de Clapton su estilo aparece lo suficientemente accesible como para no desentonar con el resto del material.

 

Uno de los mejores momentos llega al final, cuando el maestro del piano, oriundo de Tulsa (y ex miembro de los héroes del country-rock de Oklahoma, The Tractors), Walt Richmond, guía a Clapton a través de una versión verdaderamente pegadiza de “Have Yourself a Merry Little Christmas”. Momento para tomarse otro rompope.

 

Happy Xmas es un muy buen álbum navideño, definitivamente lo es, y hay que darle la bienvenida como adición a la incomparable obra de Eric Clapton, así como un eslabón sólido en la cadena del álbum navideño rockero. Una tradición aunada a otra tradición da la que todo rockero se siente parte y agradecido de que exista.

 

BABEL XXI-766

Por SERGIO MONSALVO C.

 

NAVIDAD XV

(DISCOS CLÁSICOS)

 

 

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://e-radio.edu.mx/Babel-XXI/766-Navidad-XV-Discos-clasicos

BLUES: HARD AGAIN (MUDDY WATERS/JOHNNY WINTER)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

Las artes y humanidades deben gran parte de su desarrollo a la trasmisión de los conocimientos de los maestros a sus discípulos. En 1977, se dio uno de estos momentos mágicos en la música. Corrían esos tiempos para el rock. En gran parte esto podía atribuirse al redescubrimiento del lenguaje bluesero por parte  del público rockero.

Los patriarcas del blues de Chicago, como Muddy Waters, adquirían un renovado merecimiento como maestros del género, puesto que una generación de discípulos más jóvenes, como Johnny Winter, se habían forjado carreras respetables con dichas raíces por derecho propio, y ahora le devolvían algo de aquella herencia. Le produjo un disco a Muddy Waters para reactivar su carrera.

El concepto fue sencillo y nació durante las charlas nocturnas entre ambos. Winter sería el productor y juntos tratarían de organizar ese casamiento discográfico “entre leyendas del blues y estrellas más jóvenes del rock, empapadas en el blues”, como dijeron los medios por aquel entonces.

La propuesta era promover ejecuciones magistrales no constreñidas por la mentalidad de los «sencillos» ni por la tecnología relativamente simple que caracterizó las grabaciones señeras de Waters por el sello Chess en los años cincuenta.

No. La idea era como la hechura de un disco en vivo pero, en este caso, sería un álbum de estudio bien hecho, como mandaban los cánones del blues (crudo, tiempo breve y con todos los músicos tocando al unísono. Y tal vez la presencia de un Johnny serviría para vender unos cuantos discos más en el pujante mercado blanco para el blues.

Como un mago de las cuerdas, el albino John Dawson Winter III, nacido el 23 de febrero de 1944 en Beaumont, Texas, dio con el blues y el rock and roll en su juventud. Desde el momento en que en 1967 formó un trío con su hermano Edgar, para luego seguir como solista. Desde entonces sus discos se movieron principalmente entre un country blues casi puro y un ardiente blues-rock.

En 1971, Winter formó su grupo con Rick Derringer en la guitarra y dos ex McCoys, Randy Hobbs en el bajo y Randy Zehringer en la batería. Después de sacar los discos And y And Live, los problemas de Winter con sus adicciones lo obligaron a retirarse hasta 1973, cuando regresó a la escena. Desde mediados de los setenta se desvió hacia la dureza guitarrística apoyada por el hard, para luego producir un par de excelentes discos para su héroe Muddy Waters: Hard Again y Nothin’ But The Blues.

Winter fue un intérprete contemporáneo del blues texano, tenía un estilo personal y reconocible al instante: con su sensación de intensidad, urgencia, seriedad, sinceridad y convicción. Siempre dio la impresión de que era uno con su música y no simplemente el instrumentista que interpretaba una canción. Dependió menos de las letras tradicionales y fue poseedor un ritmo fuerte, poderoso y energético.

Por el otro lado, en los años treinta del siglo XX Muddy Waters comenzó a tocar en fiestas campiranas, muy influenciado por el sonido de Son House. Al principio de la década de los cuarenta emigró del Delta del Mississippi hacia Chicago y poco después se le pudo ver acompañando nada menos que a Sonny Boy Williamson. Lentamente fue haciéndose un hueco en una escena local muy competida.

En 1944, fue uno de los primeros músicos en pasar del instrumento acústico a la guitarra eléctrica. Seguía tocando blues tradicional del Delta del Mississippi (de hecho, nunca dejó de hacerlo), pero consiguió un sonido más compacto, potente y señero. Su nombre se convirtió entonces en sinónimo de evolución y en gran ejemplo musical.

Aparte de sus innegables, enormes y excepcionales cualidades como compositor, cantante y guitarrista, Waters se caracterizó además por su talento como líder de banda, cualidades que lo elevaron a la categoría de maestro y muy buen vendedor de discos, tanto de rhythm and blues como de blues, hasta la llegada del rock and roll que eclipsó su figura por un tiempo.

La de los sesenta fue una década en la que se dio el renacimiento, resurgimiento o redescubrimiento del blues, o como se quiera designar. Para la música y para su público fue una década de expansión y exploración, un fenómeno de múltiples dimensiones y direcciones. El álbum Fathers and Sons fue el epítome de ello.

Sin embargo, una década después los vaivenes comerciales lo habían dejado a la deriva, hacía presentaciones en vivo, pero ya no grababa, no tenía contrato discográfico. Fue en ese momento que Johnny Winter se acercó a él para hacerle la propuesta de producirle un álbum nuevo.

Hard Again resultó no solo uno de los mejores álbumes de blues de todos los tiempos, y es igualmente uno de los mejores álbumes de todos los tiempos. En él colaboraron los miembros regulares de la banda de Waters y unos músicos allegados en algún momento al veterano bluesman: el guitarrista Bob Margolin, el pianista Pinetop Perkins, el baterista Willie Smith, el armoniquista James Cotton y el bajista Charles Calmese.

La música de Waters que produjo Winter fue todo fuego, lo que uno busca escuchar en una conexión semejante. Ambos músicos dejaron el alma en cada canción, y desde luego, como en los discos de cada uno de ellos, no dieron un tema por bueno si no transmitía un entusiasmo puro y vibrante.

En los álbumes de su buena época cuesta encontrar un instante en el que Winter no sonara como un jovencito que acaba de descubrir que puede tocar y cantar. Una de las primeras cosas que sorprenden de Hard Again es la capacidad de Johnny para embarcarse en largos solos que nunca descendían de intensidad, al igual que los gritos de impulso hacia su admirado maestro.

El álbum se erigió como si fuera una factoría de blues, como aquellas donde los grandes maestros de la pintura trabajaban al unísono con sus discípulos, o, metafóricamente, como una de esas gigantescas llamas que permanecen encendidas día y noche en lo alto de las montañas mitológicas. Algo muy ilustrativo, muy de la tierra donde se dan los momentos mágicos y los encuentros entre gigantes.

Hard Again ganó premios tras su publicación y sin lugar a dudas su mejor pieza se convirtió en la síntesis de una legendaria historia musical: «The Blues Had a Baby and They Named It Rock and Roll» (“El blues tuvo un bebé y ellos lo nombraron Rock and Roll”.

 

VIDEO: Muddy Waters: The Blues Had A Baby (And They Named Rock and Roll), YouTube (mercydee)

LA AGENDA DE DIÓGENES: NIGEL KENNEDY

Por SERGIO MONSALVO C.

 

                                                                                                                   

VIOLÍN ENERGÉTICO

Nigel Kennedy no sabe de miedos musicales. Toca las Cuatro estaciones de Vivaldi con el mismo virtuosismo que un movido jazz o un duro rock. Ha colaborado con diversos artistas en varios géneros:  Kate Bush, Talk Talk, Chick Corea y la Orquesta Filarmónica de Londres. Es el primer violinista inglés que ha obtenido éxito tanto en la Gran Bretaña como fuera de ella. Es un artista que no acepta fronteras entre ninguna de las corrientes musicales.

Su presencia es una provocación cultural en sí misma: él es un aclamado violinista clásico al que muy bien se puede encontrar saliendo de una sesión de garage con un grupo neopsicodélico del underground británico. Su fuerte acento cockney y dicción algo defectuosa –propios de los bajos fondos londinenses– van perfectamente con su regular barba de tres días y el peinado punk vertical.  Una chamarra gris, pantalones de mezclilla gastados y un paliacate de colores completan la imagen consuetudinaria.

Resulta imposible tratar de imaginar a este respetado músico con smoking negro en el escenario de la Royal Albert Hall de Londres o la Filarmónica de Berlín, simplemente no hay forma. De vista, parece haber pasado meses junto a las escaleras eléctricas de la estación del metro en Piccadilly Square, entreteniendo a los transeúntes con agradables piececitas musicales, a cambio de unas monedas.

Las apariencias engañan.  Este violinista de casi 70 años, que aparenta diez menos y se porta como un enfant terrible de 16, figura entre los intérpretes ingleses de música clásica más aclamados del momento. Su renombrada grabación de las sempiternas Cuatro estaciones de Antonio Vivaldi (EMI, 1989), con la English Chamber Orchestra, incluso logró colocarse entre los primeros 50 lugares de la lista de hits pop en Inglaterra.

Además, editó un sencillo con el concierto para violín «Verano», tomado de la misma obra de Vivaldi, y como atracción especial agregó a este acetato la pieza «Summertime» de George Gershwin. «Ese hit como sencillo sí que fue excéntrico –afirmó luego en una entrevista–.  Halagó mi ego escuchar la obra maestra de ‘Viv’ en los programas pop de la Radio One de Londres, metida entre Kylie Minogue y Jason Donovan.  Eso sí que fue monstruoso».

«Monstruoso» es una de sus palabras favoritas. Expresa su emoción. También le parece «monstruoso», por ejemplo, su colaboración con Kate Bush en el álbum The Sensual World.  «Kate es increíble y me encantó su disco. Nuestro trabajo conjunto fue muy intenso y nos interesamos intensamente en los proyectos mutuos».

Nigel no obstante tiene una amplia gama de sugerencias musicales. Le gusta sobremanera escuchar al grupo Adult Net, el cual se especializa en el pop con ingredientes góticos. Del grupo lo que más lo atrae es la sirena rubia Brix E. Smith, fundadora de Adult Net y que actualmente es su compañera. Ella antes perteneció, junto con Mark Smith, a The Fall.

Brix conoció a Nigel después de un concierto, cuando éste –siempre dispuesto a hacer alguna excentricidad– literalmente se bajó los pantalones. Quiso demostrar a sus admiradores que de veras usa truzas con el logo del club de futbol de su corazón, el Aston Villa. Obvio resulta decir que Kennedy es un apasionado fanático del futbol soccer.

No es su única afición.  Por un tiempo también practicó el box, pero las eternas ampollas en sus delicados dedos no se adecuaban bien con las cuerdas del violín.  A fin de cuentas, ésa es su mejor gracia.

Y con mucho. Es dueño de un valioso Stradivarious, conseguido por una mecenas rica, a la cual todos los años paga un porcentaje del precio para que dentro de 98 años sea completamente suyo. A Kennedy le gusta describir su actividad musical como «doing some damage», «causando unos cuantos perjuicios».

También le gusta causar unos cuantos perjuicios con su propio grupo, London Wasp Factory.  Con esta «fábrica de avispas» grabó el álbum Let Loose. En él se clava alegremente en el jazz-rock y la fusión. Estima en mucho a gente como Jean-Luc Ponty o Sugarcane Harris, y siempre quiso grabar un disco con Chick Corea.

Una estrecha relación lo une también al veterano maestro del swing Stephane Grappelli. A los 14 años Nigel, hijo de un cellista, se subió atrevidamente al escenario en el que se presentaba Grappelli (conocido en el medio como «Old Steph») e hizo tan buen papel con el violín que el otro lo volvió a invitar varias veces a sus conciertos durante su estancia en Londres.

Kennedy no conoce las restricciones musicales. Su violín se da abasto con todo.  Además de Kate Bush y Brix Smith, ha colaborado con Paul McCartney y Talk Talk. El pop y el rock, según opina Nigel, «ocupan la misma posición actualmente como antaño la música clásica».

El público conservador de la música clásica sin duda lo ve como un punk por su cabello y sus actitudes informales. Es seguro que ha provocado a muchas personas por todo ello (las reseñas sociales así lo comprueban), pero hasta ahora nadie se ha quejado una vez que lo escuchan tocar.

Al contrario:  Bernard Haitink, un director de orquesta serio y ya de edad regaló a su joven colega una botella del más caro champán después de un concierto conjunto, como muestra de especial reconocimiento. La botella está expuesta con otras 50 o 60 en la cocina de Nigel, en una colección muy particular. Desde hace años colecciona este tipo de objetos como trofeos tras cada concierto exitoso.

Nigel Kennedy incuestionablemente ha venido a darle a la llamada música clásica o sinfónica el cambio de actitud adecuado para quitarle el corset a una expresión musical que, de no ser por el patrocinio de los gobiernos, ya hubiera muerto a causa de su propia anquilosada complacencia escénica.

Realizó, hace tiempo también, un proyecto que le sirvió para rendir tributo a uno de los músicos que más ha admirado en la vida: Jimi Hendrix. Para llevar a cabo la obra invitó a un grupo de cámara que incluyó violines, cellos, flautas, bajos, oboes y guitarras. El resultado: una música magnífica.

VIDEO: Nigel Kennedy – Purple Haze, YouTube (May JR)

ARTE-FACTO: EL ALBA MINIMAL (XII)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

EL GLASS ACTUAL

 

A partir de cierto momento, el de las sinfonías con la obra de David Bowie, su material ya no saldría con la disquera Point de Glass, distribuida por Phonogram. Para su propia obra, el compositor se concentró en el sello Nonesuch.

En dicha compañía se han remasterizado ya en álbumes obras como Music with Changing Parts, Two Pages, Contrary Motion, Music in Fifths, Music in Similar Motion, Anima Mundi e Hydrogen Jukebox (composición basada en un libreto de Allen Ginsberg).

Point es para otros, para compositores como Gavin Bryars y John Moran (The Manson Family, ópera con Iggy Pop). Point será una disquera para la vanguardia clásica y los jóvenes compositores. Actualmente, Glass está trabajando en el estudio con alguien llamado Jared Lanier. Trabaja con la realidad virtual y es un compositor, ahora dice el sistema académico, con mucho talento.

Su vida musical empezó, pues, con la fundación del minimalismo. El más experimental, el «hardcore”, que dice Glass. Pero como suele suceder en estos casos, ya no le entusiasma que le hablen de sus primeros inventos. “¡Es algo muy antiguo! Estamos hablando de historia. Pero el catálogo de mi música es muy extenso y eso sucedió hace 40 años, así que por qué hay que primar una década por encima de otras. Sé que esa música tiene una energía tremenda y que todavía fascina a los jóvenes. Pero también tengo música para películas, y no juzgo las cosas desde un punto de vista clásico, no hago esas separaciones entre géneros”.

Desde hace mucho tiempo Philip Glass (ahora de casi 90 años) ha nadado entre las esas dos orillas. Igual colabora con Aphex Twin que estrena su Novena sinfonía dirigida por John Adams en Los Ángeles.

E igualmente lo hace con The perfect american. Una obra basada en el libro de Peter Stephan Jungk que narra los últimos meses de la vida de Walt Disney y en la que se ofrece el retrato de un hombre atormentado y más. Sí, Philip Glass es un hombre talentoso y de alguna manera un renacentista que sigue sumando.

VIDEO: Aphex Twin – lcc Hedral (Philip Glass Orchestration), YouTube (The Windowlicker)

MY BACK PAGES: EDDIE BRICKELL

Por SERGIO MONSALVO C.

 

EDDIE BRICKELL, Picture Perfect Morning (Geffen).- Primero como líder de un grupo (The New Bohemians) y luego como cantautora solista, Eddie Brickell se presenta con un bajage lleno de legados y del conocimiento de un pasado genérico.

Se planta en el disco con un mensaje que corresponde a la naturaleza humana en general. Para ello echa mano de los géneros indispensables (folk, blues, pop, soul, funk, rhythm and blues), en apoyo de una poesía rica, atractiva, cotidiana, desgarradora a veces, intimista otras.

JOHN MAYALL, Jazz Blues Fusion (Polygram).-  Con el inicio de la década de los setenta, Mayall llevó a cabo una especie de ajuste de cuentas con el blues y el jazz y decidió amalgamarlos en un solo disco:  Jazz Blues Fusion (1972).

Resultó uno de sus discos clásicos y uno de los mejores grabados en vivo en aquella época.  Amor, conocimiento e improvisación fueron los implementos que contribuyeron con este trabajo al impulso de una corriente aún nueva.

YANNI, En vivo en Acrópolis (BMG).- Yanni es conocido por sus interpretaciones de ligerísima música instrumental. Acompañado por una orquesta de más de 70 músicos, su obra, a través de expresiones diversas, texturas y paisajes sonoros, invita a la tranquilidad más light.

Su producción En vivo en Acrópolis, la cual permaneció durante 22 semanas en la lista de los 200 álbumes más vendidos del Billboard (The Billboard 200). Se le puede ubicar como otro Richard Clayderman.

 

VIDEO: John Mayall Jazz & Blues Fusion Live Philharmonic Hall, New…, YouTube (FinkSoulBluesJazzRockPop Live Music)

ROCK Y LITERATURA: NEUROMANCER (WILLIAM GIBSON)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

William Gibson es uno de los autores más mencionados como representantes del género cyberpunk en la ciencia ficción. La revista esporádicamente publicada por Bruce Sterling, Cheap Truth, influyó mucho en el nacimiento del género.

Sterling (nacido en Texas, en 1954) también editó Mirrorshades, una antología muy vendida de cuentos de ciencia ficción del mencionado género. En la introducción, el autor definió el término “cyberpunk” de la siguiente manera: «Una alianza profana del mundo de la tecnología con el mundo del disentimiento organizado. El mundo subterráneo de la cultura pop, la fluidez visionaria y la anarquía callejera. Esta integración se erigió en la fuente crucial de energía cultural para el final del siglo XX. En forma paralela a la obra de los cyberpunks, se desarrolló la cultura pop a lo largo de los años ochenta: los videos de rock, el underground de los hackers, la estremecedora tecnología callejera del hip hop y el scratch. Nadie pudo haber previsto los futuros que nos imaginábamos”.

William Gibson (nacido en Carolina del Sur, en 1948), por su parte, se hizo cargo de ello. Es el autor de la antología de cuentos Burning Chrome y de la novela cyberpunk por antonomasia, Neuromancer.

Al salir en 1984, arrasó con los premios del género: Nebula, Hugo y Philip K. Dick.  Hollywood ha trabajado, desde entonces, en los planes para una versión cinematográfica.

«Lo más importante para mí –ha dicho su autor– es que Neuromancer habla sobre el presente. En realidad, no trata de un futuro imaginado. Es una forma de manejar la admiración y el terror que me inspira el mundo en que vivimos.

«Burroughs tuvo una profunda influencia en mí. Nunca pensé que los escritores de ciencia ficción en los Estados Unidos fueran a aceptarlo, porque o no saben quién es o se muestran hostiles inmediatamente…él tomó la ciencia ficción de los cincuenta y la usó como un abrelatas oxidado en la yugular de la sociedad. No lo entendieron nunca. En una entrevista que me hicieron en Londres, le dije al entrevistador que la diferencia entre lo que Burroughs hacía y lo que yo hago es que él pegaba los textos en el papel, mientras que yo uso el aerógrafo».

El cyberpunk es tanto una protesta como una celebración. Gibson y Sterling ya estaban metidos en la celebración, porque, si bien mostraban los aspectos un poco más viles de estas cosas, también se regocijaban con las texturas superficiales del mundo hipercontemporáneo.

“Examiné las ramificaciones políticas de las manipulaciones de alta intensidad hechas en los medios, los mensajes subliminales, el control visual de la mente, los aparatos capaces de extraer información del cerebro o de implantarla en éste. Todo ello tiene aplicaciones maravillosas y diabólicas también. Decidí escribirlo”.

«Estamos presenciando alteraciones considerables en la mente colectiva de la visión que tenemos de nosotros mismos –asegura este autor–. La cultura se estará redefiniendo constantemente a lo largo de los próximos treinta años, y el cyberpunk se ocupa activamente con esa redefinición. La cultura de masas. En el caso ideal, estamos tratando de meternos al cerebro de ésta, alimentarnos de su cuerpo y redirigirla un poco también.

“A esto se le puede llamar ‘parasitismo revolucionario’. Por supuesto es peligroso. Tal vez la gente se burle y diga: Crees estarla redirigiendo, pero en realidad ella te está devorando, a ti. Tal vez. Ya veremos».

VIDEO: Billy idol – Cyberpunk – YouTube (MarkvBob)

LA AGENDA DE DIÓGENES: JEAN-MICHEL JARRÉ

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

LA CRONOLOGÍA DE LA VIDA

                                                                                                                   

El enésimo álbum conceptual del compositor y virtuoso tecladista francés Jean-Michel Jarré, cuyo tema en esta ocasión, como su título lo indica:  Chronologie (Dreyfus/Polydor, 1993), es una cronología de La Vida. Nada menos. Las ocho piezas no incluyen ni una palabra de texto. 

 

Más aún, ni siquiera tienen títulos. Por lo tanto, las composiciones instrumentales desarrolladas en el sintetizador, que como única identificación son encabezadas por cifras y que por cierto no se diferencian mucho de los discos anteriores de Jarré, exigen al escucha una enorme sensibilidad y un gran poder de imaginación.

 

Ya analizadas en forma más detenida, resulta que hubieran podido tratar de igual manera de la vida de una albóndiga. Para producir su música tecnocrática, Jarré recurre a técnicas ultramodernas.

 

Su colaboración con los grupos ingleses de dance Sunscreem y Praga Khan en los remixes del sencillo «Chronologie Part 4» demuestra, además, su atención a la evolución más reciente del pop (o lo que se toma por ello).  Desafortunadamente no se incluyen en el álbum estos remixes, con su testimonio de un deseo de renovación.  Chronologie se distingue sobre todo por su carácter predecible.

 

VIDEO: Jean-Michel Jarre – Chronology Pt. 4, YouTube (JeanMichelJarreVEVO)

 

 

 

MY BACK PAGES: AXIOM COLLECTION

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

AXIOM COLLECTION, Illuminations (Axiom/Island).-  El proyecto Axiom de Bill Laswell ha producido maravillas como Illuminations, una compilación armónica de músicas plenas de multiplicidades intensivas.

 

Peregrinaje de sensaciones conscientes a través de una sorprendente comunión de artistas con aportaciones de variadas regiones planetarias. Laswell se erige así en el lazo de unión de israelís, indios, marroquís, gambeses, ingleses y otras etnias emparentadas entre sí por su cosmovisión.

 

 

 

BIG MOUNTAIN, Unity (BMG/Ariola).- Debido a sus hilos conductores, incluida la religión y la protesta, el reggae se expandió por el mundo entero y se diluyó o espesó, según el intérprete que lo manipulara. 

 

Big Mountain fue un grupo de tercera mano en ese sentido.  Su disco Unity posee un encanto llamémosle ingenuo. Optimista a rajatabla, el grupo cantaba como una familia «natural» en busca de la unidad de la conciencia humana.

 

 

BON JOVI, Crossroad (Mercury).- A Bon Jovi –tras once años de carrera grupal– le llegó el virus del The Best of…  Ya se habían tardado. La justificación:  «Un disco de éxitos es resumir una era, cerrar un capítulo, el final de algo, el principio de otra cosa…» 

 

Así se legitima la materia más importante de la compilación: la nostalgia. Se exhuma de esta manera parte del patrimonio de estos músicos, esfuerzo que, según la compañía disquera y hasta los integrantes, debe recibirse con beneplácito.

 

VIDEO: Bon Jovi – Livin’ on A Prayer, YouTube (BonJoviVEVO)