PRIMERA Y REVERSA: ALICE RUSSELL

Por SERGIO MONSALVO C.

 

CORAZÓN LLENO DE ALMA

Los ingleses lo han vuelto a hacer y en grande, como siempre. Con una especie de tirabuzón histórico los británicos han retomado una y otra vez las músicas desechadas u olvidadas que los estadounidenses suelen relegar en los áticos o sótanos de su música popular.

 

Revisitan dichas músicas y les dan la vuelta de tuerca justa para canalizar y desarrollar nuevas corrientes, movimientos y hasta géneros. La primera de estas manifestaciones se dio en los años sesenta con el rock and roll, el surf y los girly groups. En la Gran Bretaña los jóvenes los retomaron y crearon el Merseysound y el Londonbeat generando la Ola Inglesa.

 

En los setenta, grupos como MC5, New York Dolls y Ramones sufrían la penuria y el desprecio en la Tierra del Tío Sam, que los hacía desaparecer, los ridiculizaba y los remitía a los agujeros más recónditos. Sin embargo, cuando los oriundos de Albión los escucharon, reconocieron su valía y los convirtieron en legado definitivo para su propia interpretación del punk (Sex Pistols, Clash, etcétera), misma que lo convertiría en un género histórico de influencia incalculable.

 

Lo mismo sucedió con el house y el hip hop primarios, que serían transformados en acid jazz y trip-hop en las islas británicas durante la década de los noventa.

 

En el nuevo siglo ha sucedido algo semejante, pero con un género antiguo y tradicional: el soul. Una vertiente de la música afroamericana que tuvo entre sus iniciadores a Ray Charles, James Brown y Sam Cooke, así como entre ellas, a Aretha Franklin, Mable John y Carla Thomas, por mencionar algunos nombres.

 

Este gran cauce artístico se fue diluyendo con la imposición de la música Disco y el posterior contubernio de la industria con la radio y los productores (que inventaron los términos “neo soul”, “urban” y “R&B contemporáneo” para satisfacer sus necesidades de dinero, rating y popularidad) quedó en débil acequia.

 

Y mientras en la Unión Americana Solomon Burke, Sam Moore, James Hunter, Betty LaVette o Sharon Jones sobrevivían apenas en tugurios y clubes ínfimos, en Inglaterra sus intérpretes nuevamente retomaron al género, le sacaron brillo, dinamitaron los diques y la enorme corriente volvió a fluir para sonrojo de los escuchas estadounidenses, quienes descubrieron en sus estrellas (Whitney Houston, Janet Jackson, Mariah Carey, et al) la falta de nervio, de pasión, de riesgo, de pulsión sexual, de vida finalmente. Y conocieron entonces los nombres de quienes sí les daban a probar todo ello.

 

Con la reciente invasión británica llegaron cargadas de soul mujeres jóvenes, no negras, impetuosas y con un rico bagaje de influencias, pero sobre todo con la verosimilitud que requiere la interpretación de un género semejante: Joss Stone, Amy Winehouse, Duffy, Adele y Alice Russell. La primera con una voz fresca, sensual, gruesa y con amplitud de la gama estilística. Duffy es el soul clásico, pero sin nostalgia. Adele, por su parte destacó con la desnudez de sus arreglos y las baladas melancólicas. La Winehouse fue un fenómeno que vibró al son de sus particulares infiernos y desgracias.

 

 

Alice Russell, a su vez, es una excepcional compositora y cantante que en cada interpretación hace alarde de una garganta privilegiada y arrollador poderío. Es tan excéntrica (prefiere los públicos minoritarios, tiene una formación musical en coros y orquestas y gusta de la independencia, por lo que creó su propio sello discográfico Little Poppet) como hiperactiva (ha sido parte de grupos como Bah Samba, la Quantic Soul Orchestra, Kushti, Dublex Inc., The Bamboos y Natural Self, entre otros). Y tras más de una década de foguearse en el circuito de clubes británico y europeo decidió lanzarse como solista en el año 2004.

 

Musicalmente se le puede comparar con Aretha Franklin por el timbre de voz; sin embargo, ella se siente más afín con Jill Scott, y sus registros le permiten moverse con soltura lo mismo en el soul que en el jazz, el blues o el gospel.

 

En ella se reúnen el Motown, Stax, el dance, el acid jazz, la electrónica, el downtempo, el funk, el r&b y el carisma que distingue a las souleras de cepa. Alice recoge toda la herencia, sin nostalgia, y la hace suya con unas letras que rebosan cotidianidad, estampas de abandono o melancolía, guiños al sexo y a la vida mundana sin tapujos. Y a pesar de todo ello era la menos conocida de todas.

 

Alice Russell tiene en su haber EP’s, con recopilaciones de tracks donde ha colaborado con otros artistas y dos álbumes: My Favourite  Letters y Pot of Gold, donde muestra el abanico trepidante de sus capacidades con viveza y frescura.

 

Eso sí, sus versiones de “Seven Nations Army” (de los White Stripes) y “Crazy” (de Gnarls Barkley) definitivamente han hecho cambiar su status minoritario. Posee la energía para fluctuar entre la tradición y la modernidad sin menoscabo alguno. Es el soul eterno, cantado por un corazón lleno de alma, con carta de identidad contemporánea y legítimo certificado de autenticidad.

 

Con el siglo, pues, nació un estilo musical que recoge el soul clásico y lo pone una vez más en la palestra con nuevos tonos y significados. Hoy por hoy es en Inglaterra donde surgen las mejores exponentes de dicho sonido.

 

VIDEO: Alice Russell – Crazy, YouTube (Alice Russell)

 

 

 

 

HITOS: THE VELVET UNDERGROUND (IV)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

LA PLASTICIDAD DEL SUBTERRÁNEO

 

En retrospectiva resulta controversial y difícil de precisar si el apoyo de Andy Warhol benefició o perjudicó la trayectoria del Velvet Underground. Quienes tenían a Warhol por charlatán le achacaban al grupo la misma “monotonía” como a las películas de Andy. Los representantes del otro bando, que adoraban a Warhol como a un genio, también le adjudicaban al grupo el mérito de la creatividad.

 

La aportación de Warhol al ascenso del Velvet se entiende mejor al leer entre líneas lo que expresa el álbum Songs for Drella, el tributo de Cale y Reed para su difunto patrocinador que se editó en 1990. A pesar de su vasto consumo de drogas Warhol fue también un workaholic y su disciplina contagió a otros.

 

Para alguien con el instinto periodístico de Reed, conocer a los personajes excéntricos de la Factory de Warhol fue un auténtico regalo. Con su glamour, androginia o simple estado de descomposición personal, habrían de poblar sus canciones durante muchos años.

 

Existen un sinfín de anécdotas en torno al Velvet y Warhol; algunas de ellas sin duda formarán parte del libro inédito que Sterling Morrison estaba escribiendo antes de morir, el cual llevaría el enigmático título The Velvet Underground Diet. Por ejemplo, la historia de un congreso para psiquiatras en el que Warhol supo colocar una presentación del grupo. O del cerdo al que pintó (al cerdo no le pareció importar) para juntar el dinero necesario para comprar una máquina que arrojara burbujas de jabón hacia el público.

 

De todas las críticas que llovieron tras las primeras presentaciones del Velvet en 1966, en el Dom de Nueva York y luego en el Trip de Los Ángeles (y esa fue otra histora), y que el grupo tuvo el placer perverso de reproducir en la funda de su primer álbum (realizaron su selección entre las más virulentas, y tuvieron de dónde escoger), la de Los Angeles Magazine fue la que más se acercó a la verdad: “Después de que el Titanic se estrelló contra un iceberg no se había conocido un choque semejante hasta que el Exploding Plastic Inevitable detonó sobre los espectadores en el Trip”.

 

Independientemente de lo que pueda tener de fascinante relacionar de esta forma dos acontecimientos, así como la efímera visión de “All Tomorrow’s Parties” ejecutada bajo el hielo, la evocación de un choque sin duda ubica de la manera más justa el origen de lo que seguiría, un hecho portador de consecuencias relevantes.

 

En el momento de los conciertos del Trip, a comienzos de 1966, el Velvet había hallado una personalidad definitiva. Tocaron sus canciones, con los amplificadores puestos a la máxima potencia (obsesión sinfónica de John Cale), delante de una pantalla en la que se proyectaban, en medio de montajes de luz, las películas de Warhol pero también de Paul Morrissey y Gerard Malanga, este último fingiendo inyectarse con una pluma durante la interpretación de “Heroin” (“todo mundo pensó que era una jeringa”) e improvisaba una danza con un látigo, durante “Venus in Furs”, antes de besar las botas de cuero negro de la otra bailarina, Mary Woronov. “Kiss the boots of shiny shiny leather, shiny leather in the dark…” Enmedio de un show multisensorial bautizado “Exploding Plastic Inevitable” por Morrissey.

 

 

SUBLIME & ETERNO

 

Lo que hubiera podido ser sólo un truco alucinante más bien se convirtió en algo inaudito, y ahí es donde el choque adquiere todo su sentido. El primer álbum también tuvo esta cualidad. The Velvet Underground & Nico, bajo la firma de MGM después de haber sido rechazado por Atlantic (“no queremos canciones sobre drogas”) y por Columbia (“no queremos violas”), abre con un aire de paranoia, de cajita de música y de mañana íntima (“Sunday Morning”, cantada por un Lou Reed en plan de querubín) y continúa, bajo una luz color amarillo sucio, por rumbos, huidas y desgarramientos diversos.

 

Una guitarra que serrucha los nervios con su frenesí ácido y el alto volumen de John Cale rasgan la decoración con un sonido tan cortante como un grito inhumano (a este respecto, evocar la uña sobre el pizarrón sigue siendo la comparación más precisa) en el que adquieren forma motivos hipnóticos. El álbum, que lento ha preparado su culminación, termina con un himno a la destrucción cuyas palabras son sustituidas por el ruido de vidrios rotos.

 

VIDEO: The Velvet Underground – Heroine, YouTube (The Velvet Underground)

 

 

 

 

BABEL XXI – SINOPSIS (146)*

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(726-730)

 

 

BXXI-726 THE ROLLING STONES (III)

 

El álbum Out of Our Heads de 1965 (con siete tracks propios y cinco versionados) irradia una importancia trascendental, ya que contiene un par de los temas más destacados en el acontecer del grupo. La grandeza de esas canciones radica en la capacidad de sus dos autores para expresar nuevas sensaciones y atmósferas a través de textos memorables y riffs instrumentales distintivos.: “The Last Time”, primero, se convirtió en su primer éxito mundial, gracias a su cadencia hipnótica y por su intensidad interpretativa; y “Satisfaction”, por su parte, la cual  se erigió en su consagración y los llevó a ser considerados como uno de los grupos más importantes del planeta (lugar que ya no abandonarían jamás).

 

VIDEO: The Rolling Stones – (I Can’t Get No) Satisfaction (Official Lyric Video), YouTube (ABKCOVEVO)

 

 

BXXI-727 CAETANO VELOSO (REMAKE)

 

El temperamento adolescente de Caetano Veloso lo ha vuelto a hacer. Si en los años sesenta creó el tropicalismo brasileño para escándalo de los sambistas ortodoxos, en la decena inicial del siglo XXI le ha vuelto a llevar la contraria ahora a sus propios puristas: cambió el tropicalismo por el rock alternativo. El nuevo perfil del Veloso rejuvenecido acepta el rock alternativo y la adopción de algunos de sus procedimientos dentro de un novedoso estilo carioca. Aquel dicho conservador de que al perro viejo no se le pueden enseñar nuevos trucos queda una vez más mal parado. Rodeado de una nueva generación de músicos crea originales melodías para hablar del sexo, del amor y de la política mundana.

 

VIDEO: Caetano Veloso Cê Ao Vivo – Deusa Urbana, YouTube (Alecaxito)

 

 

BXXI-728 MARCEL PROUST

 

“Fue un novelista muy especial, le dije a Ulises, pero también fue un rockero adelantado”, le espeté. Me miró un tanto asombrado y dijo que a Proust se le imaginaba de varias maneras. Como un autor romántico, fatal, decimonónico, “pero definitivamente no me lo puedo imaginar como rockero”, aseveró. Le recordé que el buen Marcel había escrito algo al respecto diciendo que aun desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida, no somos un todo constituido materialmente, idéntico para todo el mundo y de cuyo contenido pueda cualquiera limitarse a tomar constancia como si se tratara de un pliego de cargos o un testamento.

“Nuestra personalidad social –escribió- es una creación del pensamiento de los demás”.

 

VIDEO: The Jayhawks – Lovers of the Sun, YouTube (The Jayhawks)

 

 

BXXI-729 THE BIG BANDS (SWING)

 

Cada banda tenía su propio enfoque. Llamó la atención que muchos conjuntos eran más «hot». Esto significaba que la música era más «jazzeada», había más espacio para la improvisación solista y la sección rítmica intervenía con mayor solidez. Los grupos hot más importantes de este tiempo fueron las big bands de Fletcher Henderson, Jean Goldkette, Red Nichols, Ben Pollack y Duke Ellington. A manera de contraste, las alineaciones inspiradas en el estilo de Whiteman se denominaban sweet. Es posible apreciar, por lo tanto, que el nacimiento de la big band tuvo dos fases: primero el jazz sinfónico de hombres como Ferde Grofe y Paul Whiteman y luego el hot de diversos directores de grupo.

 

VIDEO: Duke Ellington, “Take the A Train”, YouTube (morrisoncoursevids)

 

 

BXXI-730 THE ROLLING STONES (IV)

 

En lo individual, Brian Jones, por su parte, resplandeció en su cumbre creativa como multiinstrumentista, mientras Keith Richards se encargaba de tocar todas las guitarras. Jones, una y otra vez realizó aportaciones sorprendentes a través del disco Aftermath. Experimentó con una amplia gama de instrumentos étnicos como el sitar, el dulcimer de los Apalaches, marimbas, arpas y el koto japonés, que contrastaron espléndidamente con las composiciones de folk, pop, country, blues y rock, resultando así una mezcla diversa de estilos musicales, que elevó el nivel musical del grupo. No obstante, él comenzaba a dar signos de distracción y alejamiento, con una conducta cada vez más errática.

 

VIDEO: Paint It Black – The Rolling Stones (1966) HD, YouTube (PS César)

 

 

 

*BABEL XXI

Un programa de:

Sergio Monsalvo C.

Equipo de Producción: Pita Cortés,

Hugo Enrique Sánchez y

Roberto Hernández C.

Horario de trasmisión:

Todos los martes a las 18:00 hrs.

Por el 1060 de AM

96.5 de FM

Online por Spotify

Radio Educación,

Ciudad de México

Página Online:

http://www.babelxxi.com/

 

 

LONTANANZA: MUSO

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

JOYA DEL RAP GERMANO

 

El rap y la cultura del hip hop, de la que era procedente, llegaron a tierra teutona en la década de los ochenta en el contexto de una Alemania dividida aún por el Muro de Berlín. Las vías de entrada fueron el cine (con películas como Wild Style y Beat Street) y los discos que recibían de su país los soldados estadounidenses afincados en Berlín, la última frontera de Occidente en los estertores de la Guerra Fría.

 

La creación de clubes donde la milicia estadounidense fuera a recrearse durante sus horas de ocio tuvo el efecto colateral de que la juventud alemana se familiarizara así con el breakdance, el freestyle sonoro y el graffiti de nuevo cuño urbano, generalmente procedentes de Nueva York.

 

Entre los vestigios iniciales de tal movimiento creado en su propio idioma se encuentran dos ejemplos, más anecdóticos que otra cosa, seguidos de  otros, que fomentaron su posterior desarrollo. Entre los primeros se encuentra la curiosa grabación de tres DJ’s rediofónicos (el efímero trío GLS United) que llevó el título de Rappers Deutsch. Una curiosidad de comicidad kitsch.

 

En la misma ruta mediática, pero ahora canalizada por la televisión, surgió el popular tema de una serie policiaca titulado «Der Kommissar” a cargo de Falco (músico de origen austriaco), la cual es una pieza rapeada con una base musical muy repetitiva y cargada hacia el pop.

 

La fascinación general por este nuevo estilo musical (creado con el retroacrónimo Rap: rhythm and poetry) creció entre las nuevas generaciones como la espuma, como una moda, para luego decrecer de igual manera (ya que se le dejó de programar en los medios y ya no hubo lugares para que sus intérpretes actuaran).

 

Se volvió tan invisible que pareció condenado a desaparecer como lo que había sido: una moda pasajera. Sin embargo, el underground lo retomó para sí y amputándole su primario carácter lúdico y comercial se quedó con los de la denuncia, el choque y el de la experimentación estética.

 

Practicado básicamente por los hijos de los inmigrantes (legales o ilegales), habitantes de los ghettos a los que aquellos llegaban y nutrían, y jóvenes sin oportunidades (educativas, de trabajo o de futuro, por su misma condición ilegal).

 

En ese contexto se dio el estilo rapero de la denuncia, y fue más parecido a su semejante afroamericano en sus orígenes. Sus practicantes usaron el idioma inglés como escudo contracultural en reuniones llamadas jams en las que se mantuvo vivo dicho fenómeno.

 

No obstante, ante la popularización, sus ejecutantes pronto pasaron a utilizar el lenguaje alemán como vehículo para lanzar sus mensajes sobre la cuestión inmigratoria, encabezado el movimiento por grupos como Advanced Chemestry o los que centraban su temática en asuntos acerca de la historia y la problemática del país, como los Fantastischen Vier (Los Cuatro Fantásticos), por ejemplo.

 

 

VIDEO: Muso – Garmisch Partenkirchen (Official Version), YouTube (Chimperator Channel)

 

Los noventa y los años cero del siglo XXI han mantenido tal temática en el género con crítica consciente (instalados sus artistas sobre todo en el sello Bombastic) tanto como la radical y de choque (como las de la compañía Aggro Berlin, con gangstas, ultraderechistas y violentos publicistas y profetas del yihadismo islámico que con ello buscan reclutar miembros para su guerra terrorista).

 

En el otro extremo se encuentran los raperos experimentadores, tanto del sonido como de la palabra, que señalan y enfatizan de manera artística sus reclamos sociales.

 

En ese nicho se encuentra Muso, sobrenombre del rapero alemán Daniel Giovanni Musumeci, un músico procedente de las huestes intelectuales del movimiento hiphopero teutón y que ha sabido relacionarse con sus congéneres del mismo nivel en distintos géneros al suyo, como en el caso de Konstantin Gropper (el hombre fuerte de Get Well Soon).

 

Muso escogió a este último como productor de las piezas de su álbum debut Stracciatella Now y este hecho representó un hito para tal escena musical por encargarle el trabajo a alguien de fuera del medio, algo inconcebible hasta entonces.

 

Como inconcebible también resultó el uso de las guitarras de rock (invitadas procedentes del hard bávaro) tanto como de los sintetizadores propios del estilo rave, los pianos edulcorados y los coros que parecen salidos de una obra del mismísimo Carl Orff.

 

Circunstancias semejantes ubican a Muso como un constructor de puentes en busca de la diversidad, la cual será siempre bienvenida como ingrediente para un género que se caracteriza por su enfangamiento musical en lo conservador y repetitivo.

 

La muestra de su originalidad no sólo está en lo mencionado sino también en que sistemáticamente Muso (y compañeros de aventura, entre los que se encuentra la integrante de Joan As Police Woman) se niega a incorporar los beats clásicos del hip hop, acto que demuestra con toda claridad lo importante que es para este músico buscar caminos nuevos,

 

Tal como lo hace igualmente en sus textos y en el estilo para interpretarlos, que en su caso habría que calificarlo más bien de Spoken Word Performance – o sea, Poetry with a tempo–, en lugar de lo que los raperos convencionales suelen calificar como flow.

 

Dicho término proveniente del inglés y que significa «flujo» o “corriente”, es usado para referirse a la cadencia que se crea en la interpretación. Tal flow se genera cuando la métrica y el énfasis de la lírica se adaptan perfectamente al ritmo, y su buen o mal manejo puede determinar la habilidad, credibilidad, y experiencia de alguien que improvisa.

 

Muso rompe con ello y declama lo suyo al compás de su propio beat, el cual conlleva un gran bagaje literario (las piezas “Garmisch Patenkirchen”, “Blinder Passagier” o “All Eyes On You”, son sus creaciones excepcionales, por la influencia de James Joyce en su flujo de conciencia y  amplio manejo del lenguaje).

 

El sólido movimiento rapero germano se caracteriza por su gran cantidad de representantes, de diferentes etnias y conceptos musicales, reflejo de la multiplicidad demográfica del país. Sin embargo, la aparición de gente como Muso le proporcionan otra dimensión, otra categoría, donde la cultura se hace civilización y la forma de expresarse es tan importante como lo que se manifiesta.

 

VIDEO: Muso # Dockville 2012, YouTube (POPANZINE)

 

 

 

 

JAZZ: ANTHONY BRAXTON

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Leo Records acertó con la edición (en álbum doble) de un maravilloso concierto del cuarteto encabezado por el músico y compositor estadounidense Anthony Braxton (Chicago, Illinois, 4 de junio de 1945).

Varias piezas del disco utilizan lo que Braxton llama pulse track structures.  Se trata de figuras de acompañamiento muchas veces rítmicas que pueden ser tocadas por uno o varios de los instrumentos para apoyar los esfuerzos solistas de alguno de los otros miembros del cuarteto.

Llama la atención que no sólo la sección rítmica toque estas figuras, sino que de igual manera pueden plasmarlas por ejemplo el piano y el clarinete, mientras el bajo o la batería adoptan un papel más libre.

Los espacios libres dentro de esta estructura pueden llenarse con improvisaciones, pero también con pasajes compuestos de antemano.  Para ello con frecuencia se recurre a (partes de) otras piezas de la obra de Braxton.

Todo ello otorga una fuerte coherencia interna a su música, casi inexistente en el mismo grado en cualquier otro intérprete de música improvisada. La estructura otorgada de esta manera a las piezas es compleja, pero debido a la ejecución excelente del cuarteto ofrece una gran claridad tanto en relación con el detalle como la totalidad.

Cabe mencionar también que la estructura no se impone nunca a las cualidades musicales de los cuatro, las cuales son formidables. De esta manera, se elimina también la supuesta contradicción entre la maestría técnica y la expresión.

Dentro de su estructura los cuatro, cada uno por separado y todos en conjunto, llegan incluso al éxtasis musical en algunos puntos, pero con todo no se pierden nunca en el caos sin forma.

Quartet (London) 1985 (Leo Records)

Anthony Braxton (clarinete, flauta, saxofones), Marilyn Crispell (piano), Mark Dresser (bajo), Gerry Hemingway (percusiones).

Londres, noviembre 13, 1985

VIDEO: Anthony Braxton Quartet Berlin 1985, YouTube (freeavantgardevideos)

BABEL XXI-730

Por SERGIO MONSALVO C.

 

THE ROLLING STONES (IV)

(LOS MEJORES DISCOS)

 

 

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://e-radio.edu.mx/Babel-XXI/730-The-Rolling-Stones-IV-Los-mejores-discos#

BLUES: DOCE CONEXIONES (B.B. KING-ERIC CLAPTON)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

CONDUCIENDO CON EL REY

 

 

Momento importante: Riding with the King, Un acercamiento discográfico que se afirmó en lo tradicional pero con intenciones de modernidad. El primero de sus intérpretes, B.B. King, pudo haber aprovechado esta oportunidad para redituar financieramente sus años crepusculares, pero habrá que señalarlo claramente, esta táctica nunca fue su estilo.

 

King siempre fue muy generoso, con propios y extraños, veteranos y noveles (le llegó a prestar a Lucille, su guitarra, a un jovencísimo Johnny Winter, debutante en escena) con un corazón abierto tanto al amor como al dolor, así que es natural que no girara en este álbum hacia la meditación o la interiorización, de One Kind Favor, por ejemplo, sino más bien, como un homenaje a la vida con sus altos y sus bajos, con algo de tristeza, pero también con mucha alegría compartida, que es lo que precisamente B.B. King transmitió siempre con su música.

 

La diversión ya se nota en la portada del disco. Eric Clapton en la limusina al volante y desplomado en la parte trasera, B.B. King. Esto no es sorprendente, porque en aquellos años de comienzos de siglo, se dieron cuenta de su antiguo deseo de grabar un álbum juntos.

 

En esta obra, ambos virtuosos de las cuerdas electrificadas logran llevarse mutuamente a alturas considerables. Creando con tal circunstancia una excelente pieza musical, para la colección de colaboraciones entre maestros y discípulos.

 

Por otro lado, habrá que recordar el dato histórico, de que cuando aparecieron las guitarras Fender Telecaster el blues se electrificó y con Jim Marshall y sus amplificadores nació el blues-rock en los sesenta de la mano de Eric Clapton y de Jimi Hendrix. La unión eléctrica más explosiva desde aquello años sesenta y héroes instrumentales.

 

Eric Clapton, el otro protagonista del disco, desde aquellos lejanos años sesenta, se sentía realmente ligado al blues. Con su refinado virtuosismo estilizó una buena cantidad de riffs heredados de los guitarristas negros. Aprendió a tocar la guitarra con los discos de Chuck Berry, para luego seguir el camino bluesero con Big Bill Broonzy, Robert Johnson, Skip James, Blind Boy Fuller.

 

Simplemente se zambulló de cabeza en aquel mundo nuevo para él. No obstante, a los 18 años se entusiasmó por B. B. King y desde entonces no ha cambiado su idea de que éste es el mejor guitarrista de blues del mundo.

 

Fue gracias a esta admiración que encontró el primer dogma de su carrera: «He abierto mi mente al hecho de que no se necesita tocar con arreglos previos y que se puede improvisar todo el tiempo. Y ése es el punto al que quiero llegar: ése en el que no tenga que tocar nada que no sea improvisación. Dentro de mí y de mi música hay más blues que cualquier otra cosa». Con el tiempo y bajo tal consigna mostró un gran rigor en la construcción de sus solos y se aplicó al manejo del pedal wah-wah.

 

Clapton se convirtió en un verdadero catalizador. Provocó que instrumentistas de su generación y de las siguientes se interesaran por los estilistas negros como Otis Rush, Freddie King y el ya mencionado B.B. King.

 

A la larga gozó de la misma estima que ellos en la mayoría de los ambientes musicales angloamericanos. La precisión y la perfección de su estilo fueron consecuencias sobre todo de un enorme trabajo técnico y personal. Se cuenta que pasaba días enteros intentando dominar uno o dos riffs de los que toman forma tantos blues.

 

Esa estima ha quedado manifiesta en el álbum Riding with the King, donde ese bluesero blanco de corazón negro, conecta antiguas y nuevas generaciones para dar su reconocimiento al legado de King, interpretando a su manera y al unísono temas de John Hiatt (“Riding With The King”), Big Bill Broonzy, Lowell Fulsom, algún standard del cancionero estadounidense (“Come Rain or Come Shine”) y una pieza del propio B.B.: “When My Heart Beats Like a Hammer”, entre otras.

 

Muchas han sido las oportunidades en que los maestros del blues y sus alumnos de primera generación protagonizan grabaciones conjuntas. Las London Sessions de Howlin’ Wolf y Muddy Waters son un ejemplo, lo mismo que el Hooker and Heat de John Lee Hooker, etcétera.

 

 

No obstante, hay una diferencia entre todas aquellas reuniones y la presente de King y Clapton. Y radica en que aquellas eran «clínicas» donde los noveles blueseros blancos ingleses y estadounidenses aprendían desde el rasgueo, las tonalidades y la intención de la música.

 

En el caso que nos ocupa hay varios elementos distintos a considerar, pues Clapton no es ningún novatito al que hubiera que enseñarle algo de la técnica. No. En este disco desde la portada se marca la diferencia. Eric Clapton —el máximo exponente de la guitarra blanca en el blues— y B.B. King —pionero eléctrico del instrumento, que basa su estilo en notas largas con un vibrato natural producido por los dedos, el cual crea uno de los sonidos más hermosos que se le haya extraído a la guitarra— ponen los acentos en la interpretación del blues que cada cultura tiene para expresarlo.

 

En la guitarra eléctrica King fue inigualable y mientras vivió no hubo quién se le acercara, por eso los mejores intercambios en el álbum se dan cuando Clapton toca la acústica.

 

Las concepciones están señaladas y Eric mismo lo asume con el título del disco y con el servicio de chofer que le brinda a su maestro en la portada. El blues blanco y el blues negro en una atinada y descriptiva fotografía.

 

El personal que grabó el disco tiene el siguiente listado: B.B. King (guitarra eléctrica y voz), Eric Clapton (guitarras acústica y eléctrica, voz), Nathan East (bajo), Steve Gadd (batería), Tim Carmon (órgano Hammond), Joe Sample (piano) et al.

 

La retroalimentación de la cultura bluesera se hace patente en este álbum, donde se escucha el camino que ha seguido el género desde sus orígenes rurales hasta las posmodernidades urbanas.

 

Un viaje pleno de sorpresas y de riquezas musicales, donde la negritud divulgada por Clapton le es devuelta con reconocimiento y aprecio por parte de uno de los máximos representantes de esa negritud.

 

«El blues es algo más que un género musical», explicaba Muddy Waters a los jóvenes músicos ingleses de los años sesenta. Clapton, heredero directo e in situ de aquella instrucción, lo ha confirmado: «El blues es una experiencia muy, muy solitaria. Mi guitarra es un intermediario por medio del cual entro en contacto conmigo mismo, y B.B. me ha señalado el camino».

 

Sí. Eric Clapton es un auténtico negro del corazón, con admiración y agradecimiento por sus mentores y guías: “Entrar juntos al estudio fue algo con lo que soñé toda mi vida”, dijo.

 

VIDEO: Eric Clapton and B.B. King – Let Me Love You (Official Audio), YouTube (Eric Clapton)

 

 

 

 

LA AGENDA DE DIÓGENES: DEAD CAN DANCE

Por SERGIO MONSALVO C.

EXPLORADORES DE LA SONORIDAD

                                                                                                                   

Ellos están tan cerca del universo que han podido vivir lejos del mundo. Dead Can Dance engendró hace tiempo un álbum-laberinto, por ejemplo, en una iglesia perdida de Irlanda, que garantiza horizontes lejanos y niebla sobre cualquier tipo de frontera a la creación.

 

Irlanda es un país sui géneris. Una especie de fin del mundo. El viento que la habita viene de lejos sin tocar la tierra, purificado de todo lo humano. En el espacio de cinco minutos, el cielo pasa del gris oscuro al azul resplandeciente. El sol hace brillar las gotas que aún cubren las hojas. El paisaje natural se cubre de arcos iris en miniatura.

 

Aislados en esta tierra de hadas, Brendan Perry y Lysa Gerrard, sus integrantes, mezclaron sus sonidos durante meses. En medio de los bosques, su vecino más próximo resultó ser un castillo en ruinas, cuyas piedras devora la vegetación. Actualmente un reino de tierras baldías y exiliados, en sus tiempos gloriosos fue un refugio de bandidos. El dúo, extranjeros eternos, de Australia e Inglaterra, halló por fin su territorio. Un lugar que los aceptó sin necesitarlos. “Un sitio donde uno se siente pequeño”, según James Joyce.

 

Desde hace poco más de cuatro décadas Dead Can Dance explora al mundo y mezcla sonoridades ancestrales con la tecnología. Entre algunos silencios intermitentes de años, su búsqueda de raíces ha rendido diversos frutos hasta el momento.  Con cada uno de ellos estos gitanos del universo vuelven a salir a la superficie. El estilo sigue evolucionando, sin permanecer en ninguna etiqueta (dark wave neoclásico, world beat, art-rock, avant-garde o rock gótico); dramático, a veces mínimamente pedante e irritante en su énfasis.

 

En cada ocasión, igualmente, los mantras del Lejano y Medio Oriente, la polirritmia africana, el folk gaélico o el canto gregoriano, impregnan su música, con una espolvoreada omnipresente de la tradición irlandesa encima.  Un rompecabezas de orígenes y sensibilidades. Los gritos de pájaros enriquecen las voces. Es normal si se sabe que Brendan a veces se despierta con el canto de los cisnes al hacer el amor.  El músico no pudo más que utilizar esta fuente de inspiración viva y estrepitosa en una de sus obras. 

 

Los álbumes a veces resultan extremadamente tribales, dominado por las percusiones o por sonoridades poshistóricas irredentas. «En general son discos sin concepto definido –ha dicho el músico–.  Claude Debussy decía que no se debe prestar demasiada atención a la forma, que hay que olvidar el andamiaje para ver la arquitectura. A lo largo de nuestra historia hemos pensado menos en nuestra música y buscando más el fondo, para funcionar por instinto”.

 

 

Los viajeros Brendan y Lysa a través de los años han realizado expediciones físicas y metafísicas. Despegaron en Australia en 1980, cuando una rubia de pálido rostro conoció en Melbourne a un hombre de verde mirada. Ambos son de origen irlandés. La primera pieza que escriben juntos trata del desastre ocasionado por la invasión de los europeos en Australia. 

 

En 1981, el dúo levantó el vuelo, lejos de los aborígenes a los cuales jamás conocieron. Un álbum homónimo nació en 1984 en Londres. Frío y místico, llegó en picada durante el periodo de pospunk gótico. Lysa y Brendan viven, entonces, en la punta de una torre londinense.

         

Su creación, a partir de esos instantes, respira la sed por el espacio. Entre la liturgia de cantos gregorianos y voces búlgaras, se enriquece con sonoridades lejanas y cardinales. Into the Labyrinth, a su vez, habló de otros horizontes.

 

Después de haber viajado por España, Lysa se va a vivir a una reservación en medio de la selva de las montañas nevadas de Australia, con su flamante hijo y su marido. Brendan, por su parte, se instala como ermitaño en una iglesia renovada a varios kilómetros de un remoto lugar llamado Belturbet, con un perro como única compañía. Así, sobre una isla rodeada por el río Erne tomó forma aquel laberinto. El estudio de Dead Can Dance de ahí en adelante quedó suspendido en el corazón de la iglesia de Quivvy.

 

El sonido del dúo es solemne, pero también onírico y reflexivo, pero el ambiente, que sigue siendo meditabundo, se ha ido volviendo más tribal, si cabe, como corresponde a los memoriosos de avanzada. Fuera la mística urbana; la naturaleza salvaje puebla sus paisajes románticos y melancólicos. El regreso a las raíces y a la naturaleza (la visión milienal adelantada).  Su obra se evade de los recintos místicos para respirar los grandes espacios. Los avatares habitan en sus álbumes, que avanzan al ritmo de percusiones dominantes con corazón techno.

 

Lisa Gerrard busca por doquier sus inspiraciones, algunas veces muy lejos de las voces búlgaras, otras del etéreo gaélico. La onomatopeya que aparece deja que hable el instinto; mientras la palabra se pierde en el sonido. A capella, ella ofrece sus cuerdas vocales al folk irlandés en una esquizofrenia artística singular que la incita a pasar de lo más simple a lo más enfático. 

 

Brendan Perry, a su vez, canta cada vez más, desde la edición desde su debut discográfico hasta Dionysus del 2018, ha tenido tiempo de aprender a tocar instrumentos de otros tiempos. Los ha ido introduciendo en su música conforme hace sus descubrimientos. Los violines se rozan con la cítara, el programador con la bombarda. Juntos, causan la impresión del encuentro entre dos orquestas, una sinfónica y la otra, étnica. Ejemplo catedralicio de su evolución, que es una maravilla sonora, sin lugar a dudas.

 

VIDEO SUGERIDO: Dead Can Dance – ‘Opium’, YouTube (Dead Can Dance)

 

 

 

 

LIBROS: CORRIENTES DE LO ALTERNO (VOL. I)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(COMPILACIÓN DE TEXTOS MUSICALES)

 

Corrientes de lo alterno es una deliciosa colección de ensayos sobre música cuyos temas van del trash al acid jazz, pasando por el rock chicano, el grunge, Frank Zappa y la música minimal. Los ensayos aparecieron originalmente en la revista Corriente alterna, y luego fueron compilados por Sergio Monsalvo para la Editorial Ponciano Arriaga de San Luis Potosí, que los editó en dos volúmenes.

Además de abordar la historia de los géneros y dar buenas referencias de discos quehayqueescuchar, este libro trae una amplia colección de anécdotas del rock, e información sobre ciertos temas que están estrechamente relacionados con él, como el sadomasoquismo, el cyberpunk o el (des)uso del vinil”.*

 

 

 

 

*Reseña referencial aparecida online en el blog mislibrossonrock.blogspot el 9 de enero del 2008.

 

 

Ilustración de la portada: PELÁEZ.

 

 

Corrientes de lo Alterno Vol. I

(Compilación)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Ponciano Arriaga

Colección Ciencias Sociales

San Luis Potosí, México, 1998