BLUES: ALEXIS KORNER BLUES INCORPORATED

Por SERGIO MONSALVO C.

ALMA DEL BLUES BRITÁNICO

Alexis Korner, guitarrista, pianista, cantante y compositor nacido el 19 de abril de 1928 en París, resumió en dichas dotes musicales el potencial que lo llevaría a ser uno de los principales guías del blues británico. En Korner, de ascendencia austriaco-griego-turca, la errancia desde pequeño fue una de las constantes. Pasó su infancia en Francia, Suiza y África del Norte. Finalmente, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, su familia se asentó a Londres.

Ahí desarrolló un profundo gusto por el jazz y en la segunda mitad de los años cuarenta, luego de una estancia en el ejército, se unió como guitarrista al grupo de jazz tradicional de Chris Barber. Tiempo después formó un grupo de skiffle con Ken Colyer, Barber y Lonnie Donegan (con el que grabó unos discos para Decca). Más tarde pasó cerca de diez años alejado de la escena musical, tiempo en el que se dedicó al periodismo y a la locución por radio. Fue en dicho periodo cuando el blues lo conquistó por completo.

El “Delta” para aquellos jóvenes británicos se ubicó a orillas del Támesis, donde a fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta también se escuchaba mucha más música: canciones insertas en la era del vaudeville y del dancehall con un ligero toque de comedia; grandes cantidades de jazz tradicional producidos por Chris Barber y Acker Bilk; un poco del skiffle de Lonnie Donegan e intentos aislados, aún torpes, de adaptar el rock & roll original de los Estados Unidos al Reino Unido.

El pop británico de 1960 era una trivialidad. No significaba nada para la generación de la posguerra y tenía más relación con la nostalgia por el mundo exterior que vivían sus padres, tras haber sufrido el enfrentamiento bélico de la II Guerra Mundial, que con los jóvenes mismos. El fuerte blues de Muddy Waters que comenzaba a escucharse; el impulso elegante con el que Chuck Berry musicalizaba sus agudas letras sobre la existencia adolescente, y el beat selvático y anárquico de Bo Diddley ya eran otra cosa.

En ellos se percibía la verdadera vida, aunque los jóvenes de los tristes suburbios ingleses apenas intuían qué era ésta. No obstante, sentían la autenticidad en esa música. Y la emoción que encerraba. El blues comenzó a formar parte importante de la ecuación de la música de aquel tiempo.  Aportó a la escena británica muchas de sus preocupaciones líricas y de su estilo musical. 

El impacto del blues fue más que evidente en las fijaciones de dicha cultura, cuyos representantes trataban de cooptarlo en su totalidad y eran juzgados críticamente de acuerdo con su capacidad o incapacidad para hacerlo.  En la Inglaterra de comienzos de los sesenta Alexis Korner y Cyril Davies organizaron verdaderos seminarios en el arte bluesero a base de la escucha de los discos que les llegaban.

Asimismo trataban de conocer personalmente y actuar con los artistas originales del género que hacían sus primeras giras por aquellos lares, como Fred McDowell, John Hurt, Furry Lewis, Willie Dixon, Sonny Boy Williams o Muddy Waters. Llegada la ocasión, se esperaba siempre de estos maestros la Revelación auténtica.

Muddy Waters recordaba lo siguiente: «Cuando fui a Inglaterra por primera vez –en 1958, año en que tocó con Chris Barber, Alexis Korner y Cyril Davies— di a conocer verdaderamente al país el blues amplificado eléctricamente.  Aquellos músicos jóvenes me preguntaban por qué no tocaba la guitarra acústica y les prometí llevar una en la siguiente ocasión, lo que por otra parte hice. Pero para la época de mi segunda visita, a comienzos de los sesenta, todos los grupos de blues ingleses tocaban ya con amplificación y con un feeling increíble”.

Inspirado por Muddy Waters, Korner, en la guitarra y Cyril Davies en la armónica empezaron a tocar blues amplificado, junto con el guitarrista Jeff Bradford. En 1961 reunieron a su alrededor a un grupo de músicos simpatizantes del jazz y del blues, bajo el nombre de Alexis Korner Blues Incorporated,  y se abrieron su propio espacio en un club de la zona fabril londinense:

El Ealing Club al principio de los sesenta no era más que un pub más de bebedores, pero poco a poco, con la llegada de los músicos, lo que podía escucharse además era el jazz, una vez por semana, pero uno que no encajaba muy bien con la idea que de él tenían los parroquianos consuetudinarios, había «demasiado blues» para su gusto. Esto originó peleas constantes entre tradicionalistas y nuevos clientes.  Los últimos ganaron terreno rápidamente y los primeros terminaron alejándose del lugar.

Dicho club tenía un cupo máximo para 200 personas y el dueño del sitio se benefició con el nuevo escenario. Él se quedaría con las ganancias del bar y los músicos podrían repartirse el monto de las entradas. De cualquier modo, el Ealing estaba completamente abarrotado pasadas cuatro semanas de la llegada de los fans del grupo estelar: la Blues Incorporated de Alexis Korner.

La gente iba desde Escocia sólo para escucharlo y la cifra de público aumentó considerablemente, lo que obligó al dueño a cerrar las puertas media hora antes del comienzo de la primera función.

La banda, sin lugar a dudas, era un tanto rara, ecléctica y heterogénea; formaban parte de la misma intérpretes de lo más variado en edades: Brian Jones, Mick Jagger, Keith Richards, lo mismo que Charlie Watts en la batería, Keith Scott o Nicky Hopkins en el piano, Cyril Davies en la armónica, Andy Hoogenboom en el contrabajo (siendo reemplazado en breve por Jack Bruce) y Dick Heckstall-Smith, al sax tenor.

Pronto se corrió la voz por la ciudad de que algo extraño estaba sucediendo en aquel club y se creó una impresionante atmósfera, porque cada asistente descubrió que el que estaba a su lado era otro aficionado a esta música y que ya no estaba solo con sus gustos. 

Con ello dio comienzo el desarrollo de la fusión jazz-blues británica (a partir de 1963), con grupos como Blues Incorporated, Graham Bond Organization, y luego con Colosseum, Cream y Soft Machine, entre los más importantes. Y tanto la banda de Alexis Korner como la de Graham Bond en cierto momento de esa década tuvieron a lo más granado de la música inglesa.  Eran la escuela de un jazz-blues excelente que incorporaba verdaderos solos de jazz y era mucho más que blues.

Korner, con aquella banda actuaba como catalizador de toda la escena londinense, en la que bullían una multitud de factores que a la postre conformarían el entramado sonoro de una auténtica revolución cultural: el skiffle, el folk afroamericano, el jazz de Nueva Orleáns y neoyorkino, el country blues del delta del Mississippi, el rhythm and blues de Chicago y el rock & roll de Memphis.

Partidario incansable de tal fusión, Korner sirvió de inspiración a toda una generación de jóvenes músicos ingleses. De su pionera formación Blues Incorporated salieron los núcleos constituyentes de los Bluesbrakers, los Rolling Stones, Manfred Mann y de Cream. Asimismo ayudó a formar Free y al Led Zeppelin.

Korner grabó con frecuencia, desde entonces, y también se dio a conocer como conductor de televisión (se volvió líder de grupo residente del programa infantil de televisión Five o’Clock Club). Realizó constantes giras y grabó como sesionista para diversos artistas británicos.

Tras sembrar las semillas de todo ello y sin mediar conflictos personales,  sólo diferencias de gusto musical, Davis se separó de Korner para formar la Cyril Davies All Stars para interpretar únicamente el blues (también con una pléyade de instrumentistas que luego habrían de agigantarse).

A fines de los setenta Korner ya estaba bien establecido como líder de diversos proyectos, musicales, disc jockey para la radio BBC y comentarista sobre el blues. Gran parte de sus últimas apariciones en vivo fueron como dúo con Colin Hodgkinson, fundador del grupo de jazz-rock Back Door.

Este responsable de la electrificación del blues en la Gran Bretaña, fundador de la Blues Incorporated (banda aglutinadora de nombres de músicos que conforman un Who’s Who del rock y blues británico; una agrupación seminal que para quien se precie de conocer los árboles genealógicos, sin duda brindará datos apasionantes al descubrir la cantidad de grupos surgidos de su raíz), y alma de un movimiento de fusión que le trajo rechazos entre los puristas, murió en Londres el primero de enero de 1984, a los 55 años de edad.

VIDEO SUGERIDO: Alexis Korner – My momma told me, YouTube (Joe Stead)

BABEL XXI-794

75 AÑOS

EN LA HISTORIA DEL ROCK

(VII-I)

Por SERGIO MONSALVO C.

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

RAMAJE DEL ROCK: ROCK DE GARAGE (18)

Por SERGIO MONSALVO C.

The Monkees

En 1967 los Monkees estaban en el pináculo de su fama. El productor Don Kishner había fabricado a este grupo angelino para enfrentarlo a los Beatles y su desmedida popularidad en detrimento del mainstream doméstico. Lo hizo con las armas de la televisión (con un show semanal), el humor y con los mejores compositores: Carole King, Tommy Boyce y Bobby Hart, entre otros. El éxito se dio durante dos años, con canciones como (“I’m not Your) Stepping Stone”.

La influencia de los Monkees fue manifiesta en muchos sentidos. En lo musical algunos de sus temas fueron retomados por los grupos de garage para interpretarlos o como referente dentro de sus propios repertorios,  como en el caso de los texanos The Sparklees con “No Friend Of Mine”.

The Human Beinz fue una banda psicodélica formada en Ohio por el cantante y guitarrista Richard Belley, y que saltó a la fama realizando versiones de los grupos de la Ola Inglesa como los Them, Yardbirds y los Who. Su logro mayor ocurrió con la adaptación que hicieron de un tema de los Isley Brothers: “Nobody But Me”.

Strawberry Alarm Clock fue un producto netamente psicodélico de 1967. Con un futuro prometedor se conformaron únicamente con un one-hit wonder (“Incense and Peppermints”) que llegó a las listas de pop singles a fines de año. De cualquier modo, quedaron para la historia en dos películas notables: Psych-Out de Jack Nicholson y El Valle de las Muñecas de Russ Meyer.

Chocolate Watchband

De la localidad de Los Altos, en California, fue la Chocolate Watchband, un grupo de garage punk muy influenciado por el rhythm and blues británico (Rolling Stones, Animals, Yardbirds) y por la psicodelia reinante en aquella zona. Sus enérgicas actuaciones en vivo les valieron gran cantidad de fans y la grabación de tres LP’s para la posteridad. Canción destacada: “Sweet Young Thing”.

Music Explosion, grupo de garage de la ciudad de Mansfield, Ohio, se inició en la música como remedo de la Invasión Británica. Luego se convirtieron en masa moldeable para los productores de la corriente conocida como Bubble Gum. Los compositores John Carter y Ken Lewis les arreglaron la versión de “Little Bit O’ Soul” que llegó a las listas.

La corriente hoy conocida como garage proto punk tuvo en 1967 muy buenos representantes. Uno de ellos fue Unrelated Segments, surgidos de la metrópoli que daría más de que hablar en este sentido: Detroit, Michigan. El salvajismo y la exuberancia sonora que caracterizarían a dicha ciudad están presentes en tal grupo con “Story of My Life”.

Otra banda de garage proto-punk y pop psicodélico fue The Electric Prunes, procedente de la ciudad de Los Ángeles. Su música se caracterizó por sus originales experimentaciones lisérgicas, su pesadez rítmica y sentido de la melodía. Pieza fundamental para el grupo fue el productor Dave Hassinger, quien había trabajado para los Rolling Stones. La pieza: “Get Me To The World On Time”.

En la actualidad a algunas manifestaciones del rock de garage sesentero se les considera como Proto-punk, ya que influenciaron de manera definitiva a los grupos punk de las siguientes décadas, con su poco elaborada música compensada con mucha distorsión, pasión y energía.

VIDEO: The Monkees – (I’m Not Your) Steppin’ Stone (1966), YouTube (Mike Munrow’s Retro)

HISTORIA DE UNA CANCIÓN: «BECAUSE THE NIGHT»

Por SERGIO MOSALVO C.

 

 

EL PUNTO DE ENCUENTRO

 

“Because the Night” es una canción emblemática, con una buena dosis del movimiento doble, que sugería Harold Bloom, así como de carga emocional. Elementos que cuando es interpretada por sus autores (Patti Smith-Bruce Springsteen) o por otros músicos, provoca un punto de encuentro en el que las palabras se elevan a himno comunitario.

 

La propuesta de Bloom apuntaba que la música que trasciende es el resultado de tal movimiento doble, en el sentido de que habilita un encuentro (de personas y el tiempo) como punto de partida para una acción recreativa, que tendrá consecuencias expansivas, en tanto acto positivo, que se difundirá lo mismo entre coetáneos como a futuro.

 

En cuanto al contenido lírico de tal canción, resultado de aquel encuentro como enunciado, sabemos que la letra primero será poética individual y luego significará algo para muchos. Los versos de “Because the Night”, anuncian el punto de encuentro entre poetas y rockeros. Su canto hará que el signo épico patentice las palabras en segunda instancia, tras el inaugural tecleo de las notas, pero será rock, primeramente.

 

Y ambas cosas se fundirán en última instancia y serán el ente genérico mismo. Es lo que también se denominará “iconicidad”: el valor de las palabras residirá en el significado y en todo aquello que no es semántico: el sonido, los acentos, el tono. Pero igualmente portará el aspecto visual de sus intérpretes, su personalidad, su halo y su historia.

 

En su interpretación habrá vocalización, lenguaje, pero también lo que no lo es. El o la cantante deberá convertir eso que es poesía en un nuevo contexto, el suyo particular, marcado, también por la instancia de dos escenarios; el del estudio, en el que grabará el tema, y el escenario en vivo, cuando lo interprete frente a un público fervoroso, y con una lengua común: el rock.

 

En el origen, la canción era un tema que Bruce Springsteen quería incluir en el álbum que estaba grabando en los Record Plant Studios de Nueva York, de la compañía Columbia, el cual contaba con dos salas de grabación, Studio A y Studio B, en el número 321de la West 44th Street. Ahí, Springsteen había realizado Born to Run, antes de su parón de varios años por cuestiones legales entre él y su representante. Tras resolver el asunto, el músico quiso entrar a grabar de nueva cuenta el que sería su cuarto álbum, Darkness on the Edge of Town.

 

Reunió a la E Street Band y puso sobre los controles el material que había compuesto mientras tanto, entre el que se encontraban temas como “Bad Lands”, “The Promised Land”, “Racing in the Street”, Adam Raiced a Cain”, “Street of Fire” y la que daba título al disco, puro material poderoso que con el tiempo se convertiría en clásico.

 

Asimismo, quería incluir la canción “Because the Night” en tal disco. Sin embargo, tras grabarla no quedó muy satisfecho con el resultado, estaba encaminada a encajar con el resto de los temas, pero sentía que algo no cuadraba del todo. Jimmy Iovine, ingeniero de grabación en aquel lugar y amigo de Bruce, le sugirió que le diera la letra a Patti Smith, que grababa su álbum Easter en el estudio de junto, y ver qué podía aportarle. Springsteen estuvo de acuerdo.

 

Ella agregó algunos versos y corrigió otros. Todos quedaron satisfechos, pero el tema ya no cupo en el disco (aunque Smith quedó inscrita como coautora del mismo). Así que Bruce se la cedió para que la grabara por su cuenta. Así lo hizo, formó parte de su nuevo álbum y salió como sencillo del mismo en 1978. Por su parte, Springsteen la interpretó en vivo durante sus siguientes giras y quedó como parte del álbum Live/ 1975-1985. Su versión original en el estudio apareció hasta el álbum recopilatorio The Promise (2010).

 

Para hablar de la interpretación en vivo de Springsteen, hay que señalar varias cosas: el peso social de su nombre, su presencia escénica y el tono de su voz. Tras sus primeros discos se le había reconocido algo muy difícil en el medio: la autenticidad. Es desde entonces su representante y sinónimo.

 

Este músico se presenta sin adornos, nunca es sospechoso de hacer ficción sobre sí mismo (como los intérpretes del pop, por ejemplo). Lo que hay es lo que se ve, no hay otro Springsteen ni más verdadero, ni artificial por descubrir, es un tipo que define al mundo defendiendo su estancia en él, desde que apareció en la música. Es alguien que se comporta como un compañero al que acudir, en las grabaciones, y aún más en vivo. A partir de su poso de autenticidad es que se construye y disemina.

 

Y sólo alguien que sea auténtico puede marcarse un objetivo propuesto, forjarse una reputación como garante de los valores esenciales del rock and roll en cada concierto. En cada uno de ellos, desde que comenzó, se entrega con toda la energía y el entusiasmo que es posible durante tres horas en promedio, desde entonces. Su voz desgarrada e incandescente tiene la cualidad de disminuir la distancia entre él y el público, de trasmitir toda su camaradería e identificación con su presencia mítica. Misma que ha quedado reflejada en sus discos en vivo, impresionantemente ilustrativos de su prestancia, y en donde “Because the Night”, tiene un papel protagónico a la hora de hacer y mostrar comunión.

 

 

Por su parte, la versión de Patti Smith tiene sus propias características. En enero de 1977, Patti se cayó del escenario en Tampa, Florida, fracturándose el cuello. Pasó el siguiente año con un aparato ortopédico, sometiéndose a dolorosa terapia física. Aprovechó el tiempo para escribir un libro de poesía visionaria, Babel, una antología de poemas, prosas y canciones.

 

La sensibilidad de la Smith estaba (y está) muy próxima a las heterodoxas, gnósticas ideas y sensaciones que aparecen en la cosmología de William Blake, al virtualismo y paranoia de Baudelaire, a las iluminaciones de Rimbaud, a las amenazadoras fantasías sexuales de Lautréamont, Bataille y Genet, sin olvidar la incalculable deuda de su programa estético con Artaud. Es decir, conectada a la poesía a la que desde su aparición quiso electrificar.

 

En aquellos años tenía muchas teorías acerca del rock y el lenguaje. Era incontenible en ese sentido (eso siempre la ha fascinado). Soñaba con un tiempo mítico en que todo el mundo hablara un mismo idioma. Así que sostenía la tesis de que el rock había sido enviado como idioma universal que se entendía en todas partes. Ya se podía demostrar que había grupos de rock en Zimbabwe, Japón o Islandia.

 

Declaraba que las generaciones futuras necesitarían entenderse para poder sobrevivir juntas. Esto fue lo que escribió al respecto: “como la escultura, el rock es el cuerpo sólido de un sueño, es una ecuación de voluntad y visión”. El hecho de haber podido trabajar junto a Bruce Springsteen en la hechura de una canción que simbolizaba todo aquello confirmó sus esperanzas.

 

En abril de 1978 fue ocasión del lanzamiento de su nuevo álbum, Easter, que incluía «Because the Night», la cual se convirtió en un gran éxito. El álbum la proyectó entonces desde a la posición de una artista de culto a la de paradigma del rock and roll.

 

Por otro lado, está la versión de los 10,000 Maniacs que no tiene otra pretensión que la de poner en perspectiva tal obra, con la finalidad de hacer evidente que cada vez que se ejecuta, se reescribe. Al interpretarla, sin querer variar la forma, pero sí la textura, con la voz y los instrumentos, se lleva a cabo una versión, no un simple cóver.

 

Lo sintomático de la música contemporánea es el papel determinante que se le atribuye a la voz, dado que las diferencias entre unos músicos y otros, no se encuentra en la música propia sino en el juego de texturas que las diferentes voces ponen en práctica.

 

Por ello, y a diferencia de lo anterior, quien escuche la propuesta de los 10 000 Maniacs quedará atrapado por la presencia del violín al ocupar el lugar de la guitarra eléctrica. El solo del mismo, a través de sus diferentes tonos podrá trasladar al receptor a las redes de la pasión que desata la canción en el presente de la versión maniaca, esto es, una especie de conexión entre el modernismo y la posmodernidad, entre el punk y el beat.

 

En el caso concreto de Because the Night” de los Maniacs se deja que la voz sea lo más parecida posible en su declamación a la de Patti Smith, mientras que el componente instrumental –el violín sobre todo—sea el que juegue con el tono y haga posible que se subraye la diferencia con toda su fuerza a través de ese rasgo peculiar. El receptor será el que dé el visto bueno a tal tentativa. La posición del receptor, es decir su pasión, su propia imaginería simbólica al respecto del tema será, finalmente, el que elija quien la representa mejor al cumplir con el movimiento de encuentro.

 

VIDEO: Bruce Springsteen – Because the Night ) Live n Houston, 1978), YouTube (BruceSpringsteenVEVO)

 

 

 

 

75 AÑOS EN LA HISTORIA DEL ROCK (III)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

RHYTHM & BLUES

LA ENERGÍA PREMONITORIA

 

El swing hot, el jazz y el country blues se condensaron en forma del rhythm & blues al final de los años cuarenta del siglo XX, empujando a las pistas de baile a una población cansada de la guerra (la segunda mundial) y la inflación. Los pequeños y animados grupos que tocaban secuencias de blues con una energía y un entusiasmo sin precedentes eran acompañados por cantantes gritones de ambos sexos.

 

El ánimo de los intérpretes se reflejaba en el del público. Los saxofones tenores graznaban y chillaban, los pianos ejercían un papel percusivo y las guitarras eléctricas vibraban y punteaban. Las letras de las canciones eran sencillas y elementales, dirigiéndose a los corazones de los adolescentes mientras el estruendoso ritmo los hacía mover los pies.

 

Al aumentar la popularidad de la música, atrajo a hordas de imitadores y admiradores. En pocos años, el rhythm & blues (aquella herencia parkeriana) cambió el rumbo de la música popular en los Estados Unidos, aunque para entonces (al inicio de los años cincuenta) ya se le denominaba «rock and roll».

 

Durante su auge, el poder de convocatoria del rhythm & blues abarcaba a todas las razas y situaciones económicas, al contrario del country blues y del blues eléctrico urbano, de público en su mayoría negro. Era capaz de llenar los salones de baile con cientos de fans eufóricos.

 

La pieza «Choo Choo Ch’Boogie», monopolizó el primer lugar de las listas de éxitos por más de cuatro meses en 1946. Los autores eran dos compositores de country, Denver Darling y Vaughan Horton, pero hizo falta Louis Jordan, el abuelito del rhythm & blues y del rock and roll, para dar vida a la canción.

 

Ruth Brown, la «señorita ritmo», fue la cantante más importante de rhythm and blues durante la primera mitad de los años cincuenta y vendió millones de discos con jump blues como «Teardrops from My Eyes», «5-10-15 Hours» y «(Mama) He Treats Your Daughter Mean», entre otros grandes éxitos. Su carrera musical llegó a su fin a comienzos de los cincuenta.

 

Big Joe Turner, por el contrario, se mantuvo bajo la luz de los reflectores durante 50 años, anticipándose a todos los cambios en las modas musicales.  Fue una de las estrellas del revival del boogie a finales de los treinta, por ejemplo, así como un «ídolo adolescente» en 1954, a los 43 años, con «Shake, Rattle, and Roll». Durante dicha década, su colaboración con el innovador pianista Harry Van «Piano Man» Walls fue un factor importante en la consecución de muchos grandes éxitos.

 

Louis Prima convirtió un estilo vocal salvaje e incoherente en uno de los espectáculos más electrizantes, al combinar su interpretación vociferante del r&b con un ruidoso sax tenor y un intenso ritmo de fondo. Prima llegó a Nueva York con su trompeta y voces en 1935. La gran energía y el virtuosismo musical sirvieron de base al gran éxito y la popularidad continua de su grupo The Witnesses.

 

 

La pieza más importante de rhythm and blues de 1950 fue «Pink Champagne», un jump dirigido por el pianista Joe Liggins que debió su fuerza a la solidez de su grupo, con la destacada participación del saxofonista Little Willie Jackson. A Joe Liggins se atribuye la hazaña de prender la mecha del rhythm and blues en Los Ángeles a mediados de los años cuarenta (unos meses después que lo creara Charlie Parker en Nueva York).

 

Un aspecto importante el jump blues eran las piezas instrumentales, herencia de los comienzos del rhythm and blues, cuando el principal interés de los fans era bailar.  Uno de los más destacados representantes de esta ramificación del género fue Sam Price, autor de grabaciones como «Rib Joint», caracterizadas por su contagioso ritmo que en este caso contó con el apoyo de las superestrellas Mickey Baker en la guitarra y King Curtis en el sax. Además, el piano de Price se escucha en cientos de discos de jazz, blues y gospel, acompañando a intérpretes tan diversos como Cow Cow Davenport, Nappy Brown y Sister Rosetta Tharpe.

 

Mabel «Big Maybelle» Smith atacaba las letras de manera única con enorme fuerza, cruzando las fronteras del jazz, el blues y el rock. El tamaño de su voz la hacía idónea para el jump blues, género en el que gozó de cierto renombre, antes de perder fuerza su carrera debido a la diabetes y la adicción a la heroína.

 

Lloyd Price compite con Fats Domino por el título del máximo exponente del rhythm and blues originario de Nueva Orleáns. Su interpretación de «Lawdy Miss Clawdy» tuvo gran éxito en 1952, pero su carrera se interrumpió bruscamente al ser reclutado para el ejército. Al regresar de Corea, respondió a las nuevas exigencias del rock and roll con «Forgive Me, Clawdy» de 1956, canción que hierve y chisporrotea de principio a fin.

 

Pocos artistas de jump blues alargaron sus carreras por tanto tiempo como Willie «Piano Red» Perryman, pianista hermano del rey del boogie Rufus «Speckled Red» Perryman. Después de unas grabaciones iniciales en los años treinta, trabajó como tapicero y presentándose ocasionalmente en los clubes de Atlanta hasta ser redescubierto en 1950. Sus éxitos «Rockin’ with Red», «Red’s Boogie» y «Laying the Boogie» le permitieron concentrarse en el piano a partir de entonces.

 

Wynonie Harris hizo sonar el grito de guerra de la revolución del rock en 1948, con el éxito «Good Rockin’ Tonight», trascendencia que igualó en 1956 con la arrolladora pieza «Destination Love». Las hazañas de este artista, dentro y fuera del escenario, hicieron de él el «chico malo» del blues, y produjo una serie de maliciosas melodías de jump que mantuvieron encendidas las rockolas y en estado de apoplejía permanente a los guardianes de la moral pública, hasta que se distrajeron con Elvis Presley.

 

Por otra parte, Roy Brown, el apacible autor de «Good Rockin’ Tonight», fue un gran intérprete del jump blues por derecho propio, como lo demuestra «Rockin’ at Midnight», entre otras.

 

Al llegar el año de 1960, el jump blues había desaparecido prácticamente.  Algunos de los exponentes del demoledor arte del jump encontraron un lugar temporal en el rock and roll; la mayoría desapareció. Entre los temas profundos del soul y el rock de «mensaje», no había espacio para la alegre convocatoria a divertirse. La transformación del rhythm and blues en rock and roll vistió con ropa nueva al genio a la botella.

 

VIDEO: Roy Brown Rockin’ At Midnight, YouTube (Heath Wilson)

 

 

 

HISTORIA DE UNA CANCIÓN: THE RAVEN (LOU REED)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

Los poetas románticos fueron los que dieron curso al hábito de reflexionar sobre la creación poética, de hacer de la literatura un tema literario o de la poesía motivo de un poema. Edgar Allan Poe fue un poeta romántico, solitario y maldito.

 

Vivió en el desasosiego; hizo de su vida un escándalo; frecuentó y sucumbió a los paraísos artificiales, siempre estuvo acosado por la miseria y supo también que la sociedad en la que le tocó existir crecía como un monstruo insensible.

 

En medio de todo ello quiso que el signo de su vida fuera hasta el final el de la inteligencia. Y ésta le exigió de manera constante un dominio consciente y minucioso de la composición; el conocimiento pleno de su lengua y de sus posibilidades estilísticas.

 

El rigor que le permitiera extraer de cada vocablo la interminable variedad de sus matices, porque la hechura de un poema —a final de cuentas para él— era un acto de rigor y de lucidez.

 

Poe compuso el poema The Raven (El Cuervo) bajo una severa disciplina. Meditó en todos sus detalles, desde la gradación de las estrofas hasta el sonido y la extensión de las sílabas; desde el tema hasta la combinación de los símbolos que expondrían los diversos ángulos de su significado.

 

La modernidad que caracterizó su trabajo artístico estuvo determinada por su capacidad para moverse entre lo preciso y lo indeterminado, entre la geometría y el sueño. Por eso se volvió universal y trascendente, un autor al que habría que revisitar una y otra vez.

 

Hoy podemos ubicar a ese poema en otra red de relaciones y desde luego no será la última. Eso es lo que tienen las obras clásicas, siempre admiten nuevas lecturas.

 

Poe lo sabía e hizo que la lucidez aplicada a su composición poética no fuera incompatible con el hecho de que el poema continuara siendo un objeto indeterminado, infinito y cuyo sentido fluyera en distintas direcciones.

 

Lo que él escribió fue una partitura que los demás deben ejecutar para extraer de ella sus innumerables posibilidades, para reconstruirla cada vez que se lea, para hacer de ella un patrimonio de todos y de nadie.

 

(Fragmento)

…Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. /Aún sigue posado, aún sigue posado /en el pálido busto de Palas. /En el dintel de la puerta de mi cuarto. /Y sus ojos tienen la apariencia /de los de un demonio que está soñando. /Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama /tiende en el suelo su sombra. Y mi alma, /del fondo de esa sombra /que flota sobre el suelo, /no podrá liberarse. ¡Nunca más!

 

El rock es heredero directo del romanticismo y sus poetas también lo son. Se han negado a hacer una distinción entre el arte y la vida. Personalidad sobresaliente de dicha escena fue Lou Reed desde los años sesenta con sus letras crudas, incisivas y cargadas de poética urbana.

 

Reed durante todos esos años rindió tributo a sus maestros primigenios: Delmore Schwartz, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y sobre todo a Edgar Allan Poe, hombres señalados para un extraño destino y una extraña actividad: la escritura, misma que los convirtió en seres angélicos o demoniacos, según se quiera ver: entes que sufrieron el desgarramiento de pertenecer a una sociedad hostil hacia la poesía. Por eso se volvieron sus impugnadores y disidentes.

 

 

Reed le brindó un homenaje al último con el disco titulado The Raven (Sire/Reprise, 2003): “Estos son los relatos de Edgar Allan Poe/ quien no era exactamente el chico de al lado”, canta el rockero neoyorquino después de una introducción dramática saturada del estruendo de los saxofones.

 

Y vaya que tenía razón. Poe, el cual murió producto del alcohol y las drogas, escribió sobre el mal, los crímenes, la amenaza de la muerte y la vida después de ésta. Fue creador de géneros. Sus poemas y relatos están empapados de angustia y de visiones aciagas, ni más ni menos.

 

Hace años se estrenó en Hamburgo, Alemania, la producción POEtry, la segunda pieza de teatro musical escrita por Lou Reed (la primera fue Time Rocker), con una puesta en escena en colaboración con el director Robert Wilson que se basa en la vida y obra de aquel autor decimonónico. El disco de Reed, que lleva el nombre del poema más famoso de Poe (“The Raven”), fue el soundtrack de dicho montaje.

 

En sus textos Reed entretejió detalles biográficos de la vida del atormentado autor con sus escritos más conocidos, poniendo énfasis en la  ironía presente y sombría en todos ellos, así como en la capacidad de Poe de asomarse a las profundidades del alma humana, con sus miedos y temores.

 

Muy atractivo el punto en sí mismo, pero lo mejor del tema es que viene empacado en una colección de canciones muy sólidas.

 

Además, The Raven (el disco) cuenta con la producción de Hal Wilmer, encargado de gran número de bandas sonoras y discos de tributo, y una gran lista de invitados especiales: Laurie Anderson y el actor William Dafoe se encargan de los tracks de spoken word, por ejemplo.

 

A David Bowie se le escucha en la carta “Hop Frog”. Al cantante indie Antony (de Antony and the Johnsons) con una versión bizarra de un tema imperecedero de Reed “Perfect Day”. El actor Steve Buscemi canta “Broadway Song”, que resulta sarcástica en este contexto, mientras que Kate y Anna McGarrigle prestan la libertad de sus voces a por lo menos tres cortes.

 

Asimismo, el legendario jazzista Ornette Coleman y su sax alto trazaron intrincados círculos en torno al riff repetido de la guitarra en la pieza “Guilty” y The Blind Boys From Alabama catapultan hasta el cielo, con sus conocidas acrobacias vocales, el groove del blues gospel “I Wanna Know (The Pit and the Pendulum)”.

 

Entre todo eso Lou Reed siguió sonando como él mismo, a veces con un rock duro o bien cantando con delicadeza, siempre inspirado. Lo acompañó como siempre su grupo formado por Mike Rathke (guitarra), Fernando Saunders (bajo) y Tony Smith (batería).

 

Es un homenaje a Poe como una colección temática de canciones, donde “The Raven” es una pieza de grandes proporciones. La sensación del misterio escondido en el acto de la creación lleva a los poetas (Poe y Reed) al hallazgo de estados recónditos, pertenecientes a ciertos momentos emocionales que cambian las letras comunes y corrientes en valores del espíritu:

“¡Quita el pico de mi pecho!/

¡Deja mi alma en soledad!/

Dijo el Cuervo: ‘Nunca más’.

 

 

VIDEO: Lou Reed The Raven (HQ), YouTube (MetalMachineManiac)

 

 

 

 

 

 

REMAKE (44): POP DE CÁMARA

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

El concepto actualmente denominado “Pop de Cámara” forma parte de una larga tradición de la música popular, la cual se remonta a los años sesenta del siglo XX (una década muy productiva en cuanto a la creación de géneros musicales).

 

En esos albores sesenteros, al enriquecimiento que hicieron del pop compositores, productores y músicos como Burt Bacharach, Phil Spector y Brian Wilson, entre otros, se le conoció bajo el epíteto de “barroco”, por el uso orquestal en sus canciones de instrumentos hasta entonces ignorados por el género (cuerdas y alientos de madera y bronce, sobre todo).

 

Luego, como ha sido usual en la historia de la música popular de los últimos cincuenta años, el concepto se desarrolló mayormente en la Gran Bretaña, con la influencia del rock psicodélico, para convertirlo en English baroque (de los Zombies a Procol Harum, pasando por los Beatles y George Martin).

 

La progresión de tamaña corriente, o mejor dicho, de postura estética, derivaría poco a poco a través de los años (y con afinaciones cada vez más sofisticadas) en el actual y cosmopolita Pop de Cámara. Un subgénero que le otorga un lugar privilegiado (VIP) a la créme de la créme de los autores contemporáneos.

 

Un estilo que requiere tanto de armonías vocales como de elementos instrumentales como el harpsicordio, el oboe, la flauta, el violín, el cello, la viola, el arpa o el corno francés, entre otros. Así como de orquestaciones de la música clásica (del periodo barroco y del consecuente romanticismo).

 

Lo más característico de su actual andanza es el afán incluyente (en tiempo y espacio) y sus aportadores se inscriben desde el indie pop al alternativo, pasando a veces por el pantano de las listas de popularidad sin ensuciarse las alas, y con una infinidad de intérpretes y matices, entre cuyos ejemplos señeros están los de Divine Comedy y John Grant.

 

Nunca será ocioso volverse a plantear la pregunta sobre quién es Neil Hannon. Es más, creo que debe hacerse cada vez que este artista saca a la luz un nuevo disco, porque con cada obra producida los adjetivos elogiosos se multiplican sobre su persona, merecidos a cual más.

 

El dandismo que caracteriza a este irlandés del Norte (nacido en 1970) es un fenómeno que une vida, literatura y música. Porque no sólo la vida se refleja en su arte sino que, por lo regular, el arte se refleja en su vida.

 

La actitud de Hannon es social y culturalmente una pose, un desafío y una arrogancia. Pero es también signo de una actitud de iconoclastia (musical, sobre todo).

 

El triunfo de dicha actitud, y la manera en que la vive, se percibe en las líneas de sus canciones o en la disquisición teórica del concepto que plasma cada vez. Es, en fin, tanto un observador como un protagonista de la dantesca comedia del vivir.

 

De ahí el nombre de su proyecto: The Divine Comedy, con el que ya ha cumplido varias décadas de existencia.

 

Un proyecto que lo mismo abarca la participación de un buen número de colaboradores –más que grupo— que el accionar solitario. Por ello Hannon puede parafrasear lo que Flaubert dijo con respecto a sí mismo (en relación con Madame Bovary): “Yo soy The Divine Comedy”.

 

Divine Comedy se encuentra entre lo más destacado del rubro “Pop de Cámara”, al que Hannon le ha agregado su ilustrado referencialismo, producto de una vasta cultura individual.

 

Por sus letras transcurre poesía moderna, romántica y simbolista, literatura de entre siglos; pintura prerrafaelista, expresionista y abstracta; cinefilia (surrealista, nouvelle vague, musical y de época) y del pop musical contemporáneo.

 

Una especie de gentleman sin tiempo, en pleno siglo XXI. La seducción del arte es su consigna bélica de músico y hombre airado, que se viste, habla, perora, canta y escribe elegantemente, como una forma de manifestar su disgusto y disidencia contra el hoy (contra el poder del vulgar ahora) expresándolo en la estética de la creación.

 

Con cada disco Neil Hannon (alias Divine Comedy) corrobora los acentos que lo han caracterizado en lo musical desde sus primeras muestras: clase, refinamiento, sofisticación, excentricidad con sus propias leyes a contracorriente; y, en lo lírico, con escanciadas dosis de ingenio, inteligencia y escepticismo en su observancia del mundo actual.

 

 

John Grant, por su parte, es un tipo que tiene en sus genes la languidez y el decadentismo romántico de la muy beat ciudad de Denver, de la que es originario.

 

Si Kerouac la puso en el mapa literario, Grant lo ha hecho en el musical de la última década. Ahí nació, se crió y educó en lo básico: la dureza de la vida contra los que son diferentes.

 

Sin un panorama factible en dicho entorno, John prefirió abrirse los horizontes, emigrar a Alemania con su diploma universitario en Lengua Inglesa y buscar trabajo como traductor de poesía.

 

Tras una larga estadía en el país teutón (donde se empapó de la escritura de Schiller y Goethe, además de las visiones y los aromas de la Selva Negra) Grant optó entonces por seguir otro de sus deseos: regresar a Denver y formar un grupo.

 

Una vez pisar de nuevo aquella urbe al comienzo de los años noventa llamó para colaborar con él a dos antiguos amigos, Chris Pearson (bajista) y Jeff Linsenmaier (baterista). Con ellos integró al iniciático Titanic, de muy efímera duración y muchos cambios de personal.

 

A pesar del fracaso, decidieron continuar con su ecléctico proyecto de rock alternativo, sin etiqueta definida. Cuando sintieron que por fin tenían a la formación ideal para llevarlo a cabo, cambiaron el nombre de la banda por el de Czars, con el cual debutaron en 1994.

 

Lidereados por Grant en la voz y las composiciones, este quinteto (complementado con Andy Monley y Roger Green en las guitarras) fue in crescendo con cada uno de los 6 discos que publicó durante los siguientes  diez años: del Moodswing (1996) al Goodbye (2004).

 

En ellos la agrupación desplegó un estilo indie que jugó con los interludios electrónicos, con el folk, el country-rock, el soul, el academicismo del jazz, con los pasajes agridulces, sin brumas turbias, muy cristalinos y haciendo una música atemporal, impregnada igualmente de un art-pop muy clásico, heredero de la mejor tradición del mismo.

 

Luego del álbum Goodbye, uno a uno de los miembros del grupo fueron desertando hasta dejar solo a Grant (la última producción de The Czars se llamó Sorry I Made You Cry, del 2005, en la que sólo participan los miembros originales y el violinista David Devine, que se les había unido en el 2003).

 

Tras la disolución del sexteto, John Grant (de quien se llegó a decir que poseía el canto de un ángel drogado) se mudó a Nueva York y allí participó en las giras de bandas como The Flaming Lips y Midlake.

 

Estos últimos se lo llevaron consigo a Denton, Texas, durante varios meses, y allí grabaron su disco debut como solista, Queen Of Denmark, de forma paralela al tercer álbum del grupo, The courage of others.

 

En el primer álbum como solista del músico de Denver, del 2010, bastante autobiográfico y donde Grant exorciza varios demonios de su infancia y juventud, se puede escuchar de entrada una sublime tripleta de canciones como apertura a la solidez romántica de Grant, en un prodigioso ascenso emocional que se legitima en cada track.

 

Escuchamos curativos arpegios de guitarra y voces, vibraciones otoñales en el canto, atmósferas creadas por el piano, que ceden el paso a flautas pastorales, límpidos y delicados sentimientos a flor de piel que hablan con arte del desmayo.

 

Queen of Denmark es un álbum de medios tiempos en clave alternativa de soft-rock, de dream pop, de americana, en donde se escuchan las referencias y evocaciones (muy FM) de grupos o solistas como Supertramp, Clifford T. Ward, Jackson Browne o Harry Nilsson, entre otros.

 

Grant posee una voz pura, transparente, de ensoñadora melancolía, que emite señales ambiguas (sentimientos angelicales proyectados con los ecos de un sucio callejón del ríspido Denver) en una obra que resulta una exquisitez para los oídos.

 

VIDEO: The Divine Comedy – Everybody knows that I love you, YouTube (frousstax)

 

 

 

CANON: CHUCK BERRY (100 AÑOS / III)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

Chuck Berry hubiera cumplido 100 años en el 2026. Un centenario fastuoso dada la importancia del personaje para el género rockanrolero y para la música en general. Vaya esta serie como un sentido homenaje a quien le proporcionara al rock sus historias, su guitarra, su riff y sus gestos. Un legado inconmensurable.

 

LA COSMOGONIA DEL ROCK & ROLL (III)

 

La carrera de grabación del guitarrista y cantante empezó en 1955 en Chicago, cuando Muddy Waters mandó a Chuck Berry con su demo del tema «Ida Red» a ver a Leonard Chess. Dicha grabación se basó en un country que el originario de St. Louis había escuchado en la radio. Chess hizo que la regrabara bajo otro título: «Maybelline», el homenaje a un coche caracterizado por la bulliciosa guitarra del músico.

 

Alan Freed, creador del término «rock and roll» y destacado disc jockey, ayudó a difundir el disco (además de recibir el crédito como coautor), que se convirtió en uno de los primeros éxitos del recién inaugurado género.

 

Resultó evidente que ni Chess ni Berry estaban seguros de qué fue exactamente lo que atrajo al gran auditorio adolescente, pues de los cinco sencillos editados en 1956 sólo el himno dedicado a la nueva música, «Roll over Beethoven», fue un hit. Los otros tracks carecían de la temática teenager: «No Money Down» fue una queja humorística al estilo de Louis Jordan; «Thirty Days» un blues convencional; «Brown Eyed Handsome Man», la primera de las piezas en que Chuck se retrató a sí mismo como héroe; y «You Can’t Catch Me», una pieza más sobre carreras de autos.

 

 

En 1957-1958, el músico colocó cinco éxitos en el Top Twenty, además de sacar otros seis sencillos que sólo aparecieron en los rangos inferiores de las listas. En el bienio siguiente, tuvo seis pequeños logros y cinco piezas fallidas.

 

Los grandes triunfos hablaban de temas dirigidos a un público adolescente en edad escolar: «Rock and Roll Music» reiteró el mensaje de «Roll Over Beethoven», en tanto que «Johnny B. Goode» contó la historia de una estrella del rock; «School Day» expresó las frustraciones universales de los jóvenes sujetos a una educación obligatoria; «Carol» y «Sweet Little Sixteen» fueron canciones de amor adolescente.

 

No obstante, aunque la mayoría no obtuvieron grandes ventas, ejercieron una enorme influencia en el campo musical. Según lo demostraría la siguiente década, la obra de Chuck Berry fue estudiada ávidamente por los jóvenes músicos. Durante los años cincuenta, la popularidad de éste como intérprete en vivo y sobre la pantalla cinematográfica no disminuyó  debido a sus éxitos grabados.

 

VIDEO: Berry Chuck – Little Queenie (Chess, 1954-55), YouTube (Icarus Lazulli)

 

 

PLUS: ROCK Y POESÍA (SUSTANCIAS CONCATENADAS/III)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Jim Morrison

 

Durante esos años sesenta se lanzaron álbumes, cuyos compositores han ejercido una influencia inmensa desde entonces (y que continúan haciéndolo en las nuevas generaciones de grupos y sus creadores), entre otros el mencionado Bob Dylan, Lou Reed, John Cale, Nico, Jim Morrison, Leonard Cohen, Neil Young, Van Morrison, Mark Sandman, Tom Waits, por mencionar algunos, que continúan siendo análogos con las principales obras de la poesía modernista.

 

De manera semejante, en los años setenta aparecieron el punk y el post-punk, y los piercings y estoperoles de Johnny Rotten de los Sex Pistols eran muy distintos de los vestidos de lamé dorado de Donna Summer.

 

El punk se empeñó intencionalmente en reproducir el sentido original del peligro presente en el rock, la vanalidad, y por ahí surgieron Joe Strummer, Pete Shelley, Nina Hagen, Blixa Bargeld, Tom Verlaine, Patti Smith. En los ochenta y noventa aparecieron Nick Cave, Ian Curtis e infinidad de compositores del estilo gótico y dark wave, Peter Murphy, Daniel Ash, etcétera.

 

VIDEO: Jim Morrison – Poetry, YouTube (AfromanDisco)