“BLOWIN’ IN THE WIND”

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (BOB DYLAN)

 A finales de 1961, Sis Cunningham, que llevaba involucrado en la escena folk desde los años cuarenta, decidió que había llegado la hora de sacar una  publicación de cuatro páginas que trataría sobre las canciones de protesta. Fundó así Broadside, una revista mimeografiada de cuatro folios que saldría dos veces al mes, con la ayuda de Pete Seeger y de Gil Turner, cantante, escritor y maestro de ceremonias en el Café Gerde’s.

Turner tuvo a su cargo hablar con la gente involucrada en el medio, que deambulaba por el Greenwich Village de Nueva York, e invitarla a escribir canciones en ese sentido y editarlas en dicha gaceta, donde en cada número se imprimirían una docena de ellas, más o menos.

Llevó a los jóvenes cantantes folk a las oficinas del magazine a que interpretaran sus canciones ante los miembros del Consejo Editorial. Entre ellos estaba Phil Ochs –recién llegado de la Universidad de Ohio–, La Farge, Chandler y un joven recién empacado de Minnessota, de aspecto huraño, andrajoso, un poco rudo y con una mirada penetrante: Bob Dylan. Todos ellos trabajaron regularmente para la publicación desde entonces.

En abril de 1962, Dylan escribió “Blowin’ in the Wind”, que se convertiría en el himno de los activistas pro derechos civiles, y que transformó a su autor en un trovador y en portavoz espiritual del movimiento.

“Blowin’ in the Wind” llegó a él durante una larga discusión en el Café Commons, del Village, sobre los derechos civiles y la incapacidad de los Estados Unidos para cumplir sus promesas como Estado. La conversación se apagó finalmente y todos los reunidos se quedaron silenciosos contemplando tranquilamente su cerveza.

Bob de pronto tuvo una idea, un chispazo. Tomó algunas notas en un pedazo de papel y, después de acabarse su cerveza, regresó a su casa y comenzó a escribir.

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Poco tiempo después comentó con sus amigos lo siguiente: “De pronto me asaltó la idea de que el silencio nos traicionaba. De que todos nosotros, los estadounidenses, que seguimos callados, somos traicionados por nuestro silencio. Traicionados por el silencio de la gente que está en el poder. Ellos se niegan a considerar lo que está sucediendo. Los otros toman el Metro y leen el Times, pero no comprenden. No saben y ni siquiera se preocupan, y eso es lo peor”.

“Blowin’ in the Wind” fue publicada en el número seis de tal boletín quincenal a finales de mayo, y poco a poco comenzó a obtener una gran aceptación entre los cantantes de folk, tanto de los profesionales como de quienes no lo eran. Era una melodía simple que no entorpecía el sentido poético de la letra: “¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre? ¿Cuántas millas debe volar una paloma?”.

Y si la respuesta de Dylan era vaga, sus preguntas eran claras y firmes. Con tal canción Dylan demostró su capacidad para escribir una poesía folk tan eficaz y rica en contenido como la de Woody Guthrie.

Aquel tema era realmente algo grande. Bob Dylan, que de manera práctica no pasaba de ser un tipo rústico, de aspecto desaliñado, y que hacía menos de un año había entrado en el escenario de la música folk profesional, creó de pronto algo que estaba al nivel de las piezas clásicas del género.

(Bob Dylan había nacido en Duluth, Minneapolis, el 24 de mayo de 1941, con el nombre de Robert Allen Zimermann. Llegó a Nueva York en enero de 1961 y se involucró de lleno en el ambiente citadino de la canción folk y de protesta actuando en el café Wha)

Él mismo la explicaba así: “La respuesta está en el viento. No está en ningún libro, película, programa de televisión, ni en ningún grupo de estudio. Cuando la gente me lo pregunta yo digo que está en el viento, como un pedazo de papel que cae al suelo. Pero el problema es que nadie atrapa la respuesta cuando cae y poca gente la ve y poca gente la sabe…y el viento se la lleva de nuevo”.

Aunque hubo de transcurrir otro año antes de que el nombre de Dylan y su música fueras ampliamente conocidos, la gente que lo rodeaba comenzó a aplaudir lo que Bob estaba haciendo. Parecía capaz de producir una docena de canciones diarias, sobre cualquier tema y la mayoría de ellos mostraban más rasgos geniales que cualquiera de las canciones que se estuvieran escribiendo por la época.

El álbum Bob Dylan en el que está contenida dicha canción, The Freewheelin’, salió a la venta a mediados de 1963. El periodo de grabación y lanzamiento del disco fue extremadamente corto (3 meses), según los parámetros de las compañías disqueras, de manera especial tratándose de un artista desconocido en ese tiempo.

El primer álbum de Dylan, que lleva por título su nombre, no había sido un éxito sensacional en su aparición (1962): se vendieron sólo 5 mil ejemplares el primer año, lo que no resultó un gran negocio para la compañía CBS. Sin embargo, con el paso del tiempo el disco fue adquiriendo la fuerza del testimonio y una década después ya había llegado a la cifra de medio millón de unidades adquiridas por el público.

(Para el lanzamiento del segundo, The Freewheelin’, el entusiasmo de la compañía con aquel joven cantautor era tan escaso que algunos ejecutivos de la misma no querían lanzar el disco desde un principio. La influencia que ejerció a favor de Bob el productor John Hammond fue definitiva y hasta el momento –casi 60 años después–, Dylan continúa como una estrella del catálogo de dicha discográfica.)

VIDEO SUGERIDO: Blowin in The Wind (Live On TV, March 1963), YouTube (Bob Dylan)

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