RADIOHEAD/2

Por SERGIO MONSALVO C.

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 INDIE Y LA CAJA DE PANDORA

Las transformaciones en el rock significan la desestabilización de viejas formas musicales y de pensamiento, extinción de informaciones anticuadas o su reordenamiento en contacto con los nuevos saberes y tecnologías, que confluyen en nuevas agrupaciones y senderos. Ahí es de manera precisa donde brotan los artistas independientes (indies) y las compañías disqueras que canalizan sus expresiones al margen de lo comercial.

No obstante, de manera paulatina y con el paso del tiempo, la palabra indie empezó a referirse menos a la industria que al estilo. Los investigadores, estudiosos y analistas serios de la música se mantuvieron fieles a la primera definición, pero la percepción pública, la vulgarización, promovida en mucho por las grandes disqueras que vieron en ello un lucrativo negocio, habló ya de indie como de un rock quejumbroso apoyado por retumbantes guitarras, y ese es el uso común que se le da hoy en día.

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En 1984, Thom Yorke fundó al grupo On A Friday con su compañero de escuela Ed O’Brien. Colin Greenwood más Phil Selway y el hermano de Colin, Jonny, se unieron a la postre. Originarios de Oxford, Inglaterra, los cinco miembros de la banda provenían de familias de clase media. Se conocieron a mediados de los años ochenta en la Abingdon School, centro educativo de una pequeña ciudad cercana a Oxford.

Thomas Edward Yorke (nacido el 7 de octubre de 1968) se convirtió en el vocalista, compositor, guitarrista, tecladista y con el tiempo en el realizador del trabajo artístico de las portadas de sus discos y videos. Fue a la Universidad de Exeter donde estudió Bellas Artes y Literatura Inglesa. Ahí tocó la guitarra en un grupo de techno —su primer amor en realidad— llamado Flickemoise.

Jonathan Richard Guy Greenwood (5 de noviembre de 1971), a su vez, estudió Psicología en Oxford Poly (sin graduarse). Ejecuta toda clase de instrumentos de cuerda, percusión y demás. Cuando entró al grupo tenía 14 años y ya era multiinstrumentista. Tocaba los teclados y podía escribir arreglos para cuerdas. Incluso sabía leer partituras (de hecho todos lo saben hacer). Jonny crea música con todo lo que toca. Su guitarra preferida es la Fender Telecaster.

Por su parte, Edward John O´Brien (15 de abril de 1968) estudió Ciencias Políticas en Manchester y se erigió en la segunda guitarra y segunda voz del grupo. Colin Charles Greenwood (6 de junio de 1969) tomó para sí el bajo y se licenció en Literatura Inglesa en Cambridge. Y Philip James Selway (23 de mayo de 1967), se hizo cargo de la batería y estudió Literatura Inglesa e Historia en el Liverpool Polytechnic.

Durante los primeros cuatro años sólo tocaron en ocasionales conciertos durante las vacaciones de la universidad. En aquel entonces el grupo interpretaba un pop pulido y durante algún tiempo incluso mantuvo una sección de metales. No obstante, después de graduarse se presentaron en julio de 1991 en un pub de Oxford lleno de cazatalentos de las disqueras.

Para septiembre del mismo año ya habían firmado con Parlophone y cambiado el nombre a Radiohead, sacado del título de una canción de los Talking Heads que aparecía en el disco True Stories. Sus primeras piezas con tintes de grunge, “Drill EP” y “Creep” (ambas de un EP de 1992), tuvieron poco impacto, mientras que el sencillo “Anyone Can Play Guitar” y el disco Pablo Honey de 1993 se hicieron notar apenas en las listas británicas.

Sin embargo, hay que señalar que en Pablo Honey el grupo halló un buen equilibrio entre un indie-pop frágil y un rock alternativo exorcista, con los textos misántropos y melancólicos de Yorke como marca distintiva. Las críticas, es cierto, fueron positivas, pero el grupo, por no estar “a la moda”, prácticamente no impactó a la prensa musical británica. Los sencillos “Anyone Can Play Guitar” y “Pop Is Dead” entraron a las listas de éxitos de su país natal en posiciones muy modestas.

No obstante, durante una gira por los Estados Unidos “Creep” se convirtió en un todo un fenómeno. En la Unión Americana el público se volvió loco por el tema. Era un track perfecto para los lánguidos escuchas llenos de conmiseración por sí mismos, adicionado con las cantidades justas de angustia y ruido.

Era la canción perfecta acerca de la sensibilidad de una generación, aderezada con elementos del grunge, nostalgia por la lejanía y guitarras emotivas. MTV tocó tanto “Creep”, al derecho y al revés —así como las demás canciones del álbum debut—, que en un dos por tres Radiohead se convirtió en un grupo respetado y solicitado en la tierra del Tío Sam. No obstante, el éxito también conllevó  problemas.

VIDEO SUGERIDO: Pop is Dead Radiohead, YouTube (jerollen)

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RADIOHEAD/1

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (INTRO)

 INDIE Y EL TEMPLO DE LA PERDICIÓN

En la antigua Grecia, el espacio existente entre el hombre del saber y el de la experiencia era considerado como “misterioso” y sin leyes definidas; ni por la lógica (conocimiento) ni por la tradición (experiencia). Dicho espacio era el de la imaginación y funcionaba como un péndulo que aseguraba el vaivén entre las dos situaciones.

En la actualidad se le llama el espacio de lo imaginario, uno que no pertenece al saber pero tampoco a la experiencia, sino que actúa en ambos y los conoce por ser la zona que los separa y mantiene distintos. Es el espacio del sentido y los sentimientos, elementos que organizan la vida afectiva y cognitiva. Así nació la problemática de esta época hipermoderna: con la incapacidad del hombre afectivo para vivir al mismo tiempo que el hombre cognitivo y viceversa.

El éxito del rock llamado indie (por independiente) tiene sus raíces en el hecho de ser la primera música que puede localizarse en esa ruptura de la armonía entre ambos sujetos. Es la disciplina artística que vive de varios modos el resquebrajamiento de esa armonía. Es por esa razón que resulta complejo hablar de tal estilo en términos simples.

Bajo la bandera indie, la función de la música será siempre doble: expresar al mismo tiempo la alegría y la pena. Hacer lo primero con los medios de la segunda, es decir: llorar de alegría y reír de pena. Es a lo que conocen los antropólogos sociales como “estados luminares”. El grupo que representa mejor esta circunstancia existencial en la música es Radiohead.

Quinteto británico de guitarras con una obra independiente, supramoderna y luminar, de meditaciones desengañadas, profundas, sobre las expresiones del patetismo y la muerte en la cultura, en lugar de las románticas y tradicionales del pop sobre el sexo y el desenfado. Así como Oasis y Blur animaron la música indie con su alegre britpop, Radiohead devolvió al género a su estado natural, la autocompasión épica, y lo hizo trascender.

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El término indie surgió en la Gran Bretaña —y enseguida pasó a los Estados Unidos— hacia finales de los años setenta. Es una abreviatura que nació en la industria de la música y significó “sello discográfico independiente”, a diferencia de los llamados majors (las compañías grandes, las institucionales).

El indie implica todo lo que no es mainstream, es decir, que se ubica fuera del gusto masivo, aunque ahora con el correr de los tiempos muy bien puede darse —en contradicción— con una compañía trasnacional. Históricamente, el término es un subproducto de la ética punk del “hazlo tú mismo” y significó el crecimiento de los sellos independientes fundados por fans de la música —al margen de los gigantes como EMI, Sony, Universal, BMG, Warner, etcétera—, motivados por la pasión y no por el lucro.

Conceptualmente, su límite es aquello a partir de lo cual algo distinto empieza a manifestar su esencia. Nuevos sonidos, nuevas voces, diferentes lenguajes que están inscritos más allá. Ahí es de manera precisa donde surgen, trabajan y crean los “independientes”. En el sentido musical de forma específica los independientes son aquellos que buscan, que exploran, que descubren nuevos modos, nuevas formas de la experiencia artística.

Es indiscutible que quienes han sacado mayor provecho de los públicos mayoritarios a través de las épocas han sido los músicos y las compañías populares y por completo comerciales del mainstream. Sin embargo, esta misma historia comprueba que es a las figuras que provienen del terreno underground, de lo independiente, a quienes se debe la riqueza de ideas y propuestas que ensanchan los horizontes y proveen de sustento a los primeros.

Desde el comienzo del punk ha sucedido esto: las ideas, las personalidades, las imágenes, los sonidos y las técnicas surgidas de los independientes han visto traslapado su primordial objetivo artístico-cultural en beneficio exclusivo de lo comercial.

Las músicas alternativas e independientes por sus aportaciones a través de las décadas exigen ser valoradas por sus significados, por sus palabras, sus relatos, testimonios, tecnologías, intenciones artísticas, consecuencias socioculturales, y no sólo por las fuerzas comerciales que desatan. No debe olvidarse que tales músicas, aunque sujetas a dichas fuerzas, no equivalen a ellas.

El género indie, con sus derivados, paralelos y ramificaciones, como cualquier forma de cultura viva, va desarrollándose porque el valor de los viejos modelos se desgasta y debe ser superado por los nuevos. Las direcciones en que lo haga tienen, a todas luces, motivos sociales. La complejidad de éstos ha ido en aumento, al igual que los cambios que se presentan en ella.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead Bones Subtitulado, YouTube (clkira1990)

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DAYNA KURTZ

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL EXILIO INTERIOR

He aquí una de las mejores voces de la música estadounidense, una mujer capaz de hacer temblar al misterio con su garganta, una poeta sensible, atenta, desgarradora y, sin embargo, poco reconocida. Su nombre: Dayna Kurtz.

Kurtz es hoy una artista que busca un lugar con el cual identificarse dentro de su propio entorno (los Estados Unidos).

La situación social y política de la Unión Americana tras la confusión, el miedo y el engaño al que la tuvo sometida el gobierno de George W. Bush, las ambigüedades del de Obama y el esperpento de Trump es tal que sus mentes pensantes se han planteado las preguntas primigenias sobre su razón de ser y estar. Un signo de los tiempos.

Esta cantante y compositora lo ha hecho desde su propio trabajo, desde la escritura misma de las canciones y desde los lugares que escoge para presentarse (salas pequeñas, realizando giras sola o abriendo para otros artistas como Chris Whitley, Richie Havens, B.B. King o Ladysmith Black Mambazo, entre otros), para grabar (con compañías independientes) o para vivir (en un molino de seda en New Jersey).

Luego de sus anteriores producciones –Otherwise Luscious Life, Postcards from Downtown, Beautiful Yesterday-, en las que mostró su vocación vanguardista, Dayna se trasladó al Viejo Continente para realizar una larga temporada de conciertos acompañada del trío Tarántula.

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Los aires de descomposición que marcaban a la tierra del Tío Sam (comenzando con la damnificada Nueva Orleáns) la hicieron retornar para ver directamente lo que sucedía en su país.

El shock que recibió fue tal que escribió de un tirón el material para su siguiente disco: Another Black Feather (2006), en el cual dejó en claro sus sentimientos y pareceres sobre la situación. Vaciadas las impresiones quiso extender las alternativas para su escritura, una búsqueda interior.

Hizo un máster de poesía en Nueva York, al que se dedicó varios años. Tras ello retomó de nuevo la música y a la carretera por la que se había movido antes de su periplo europeo, y viajó por todo el territorio para encontrar su ubicación en él.

El Sur profundo, del que está empapada la literatura de William Faulkner o Flannery O’Connor, y la música del Mississippi colmaron sus expectativas.

En los estados sureños recobró el espíritu social y el compás que siempre le ha gustado tener cual “animal de carretera” (así le gusta definirse), como cuando pasó la última década del siglo XX actuando en las pequeñas salas de conciertos y recorriendo el país en coches de segunda mano enfrentándose a audiencias desinformadas.

De esta manera constató el cambio que se había propagado desde la cúpula gubernamental: vivir en la duda de los hechos, con una opinión pública a la que se movía por estratagemas y convicciones falaces o con una clase dirigente que consideraba la religión como un asunto público, etcétera.

Situada en tal tiempo la cantautora tuvo que conquistar un nuevo balance con la herejía del artista observador para mostrarle al escucha la dimensión de la realidad de esos males.

Su siguiente disco, American Standard, está impregnado de dicha tensión, de sexo voraz y amores rotos, de personajes desquiciados que dan vida a un paisaje de confusión doloroso.

Los desesperados protagonistas de sus canciones buscan alguien o algo a lo que aferrarse, aunque también hay un olorcillo a esperanza que habla del futuro relevo en la actual clase dirigente.

Todo ello impregnado con el aroma de Memphis, del rockabilly, el soul y el blues y el apoyo de los estudios de la Sun Records, de cantantes legendarios como Sonny Burgess o los Nightcrawlers de Nueva Orleáns.

La voz de Dayna Kurtz, con sus amplios registros, dota esos panoramas con la belleza de sus textos; con la rasposidad y calidez de las viejas divas del jazz; con el ingenio poético, la intensidad y el efecto dramático que sólo algunos artistas, como ella, poseen.

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