DISCOS EN VIVO: UNA LEYENDA (DIABLOS Y MARGARITAS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

El corpus del rock está hecho de sus mitos y leyendas. He aquí una de ellas. Dícese que allá, en los lejanos tiempos de fin del siglo XX había un rockero veterano que mascullaba sus desgracias en lujosos cuartos de hotel y en sus casas palaciegas. Su grupo ya no hacía giras mundiales continuas, ya no grababa discos, él ya ni se reunía con ellos para nada hacía años, o sea que prácticamente ya no había grupo.

 

Su crédito como representante de aquel género ya se basaba tan sólo en el débito, con el que desfilaba orondo por el jet set internacional y sus alfombras rojas, pero era una entelequia más que otra cosa. Tal situación no era de su agrado. Si su voraz Ego aceptaba tan procaz alimento su espíritu de artista no, y frente a sí no veía salida alguna al callejón en el que él solo se había metido.

 

 

Ahora era habitué de una corte que en el pasado buscó por todos los medios refundirlo en la cárcel y dar un escarmiento generalizado a los de su estirpe. Masivamente el mundo artístico lo defendió y la sofocante persecución aflojó y sólo fue castigado con el látigo del desprecio. Sin embargo, con el paso de los años aquella misma corte lo atrajo como uno de los suyos (ya era famoso y millonario). Él ni pestañeó a la hora de aceptar el envite.

 

Se subió a esa hamaca y se meció sin reparar en su entorno hasta entonces cercano. La dejadez y el canto de las sirenas lo arrullaron y él se dejó llevar al espacio del Nunca Jamás. No obstante, ahora, sentado al filo de la cama, con la mujer en turno durmiendo detrás suyo, reconocía que algo le faltaba o le sobraba. Se levantó y abrió la ventana hacia la noche cálida y el olor del afuera le comenzó a masajear la memoria y recordó.

 

 

Viajó hasta aquellos años en que alcanzó el pináculo y estaba a punto de entrar en la mejor etapa artística de su carrera, cuando desarrollaría todas sus capacidades y crearía canciones importantes, representativas y tan evocadoras como trascendentes junto a sus compañeros de grupo. Otros tiempos.

 

Al oír suspirar entre sueños a la mujer de hoy recordó que ante las tribulaciones y dudas que tenía en aquel pasado la mujer de entonces lo abrazó y le susurró cariñosas palabras en apoyo, pero hubo más que eso: lo llevó a una librería y le compró tres libros: uno, el Fausto de Goethe y los dos tomos de El Maestro y Margarita de Mikhail Bulgakov.

 

 

Leyó aquellos volúmenes sin parar y de forma insaciable. Los comentó en noches enteras con esa compañera, con entusiasmo y admiración ante lo escrito por aquellos románticos autores. Y se inspiró. Se sentó en la cama junto a ella y comenzó a escribir el esbozo de una posible canción. Una que reflejaba la misma cuestión esencial. La relación del arte con el artista y las sombras y luces que éste veía en tal oficio. En lo que sería capaz de hacer, de mantener de sí, en una conversación diabólica semejante y lograr la malévola dádiva de crear o destruir algo a cambio de algo vital.

 

Se enfrentó a su realidad, luchó con el escrito, echó mano de su mejor lenguaje para construir las metáforas y los símbolos. Goethe y Bulgakov lo hicieron en cientos de páginas magistrales, eran escritores. Él lo tendría que hacer en minutos, era un compositor de canciones. Y lo hizo. De las dudas existenciales, del apoyo femenino, de la literatura y de su propio talento, surgió una pieza que se convertiría en emblemática.

 

 

Tanto que un cineasta quiso filmar su gestación y aprovecharla como vehículo para sus soflamas ideológicas, y lo filmó, pero aquel vehículo tenía sus propias reglas y una de ellas era no servir de soporte a propaganda alguna. La película sobrevivió como testimonio de una creación musical, artística,  y también como testigo para señalar lo que no era, ni podía ni debía ser: un panfleto.

 

La canción pasó a formar parte de un disco muy importante, sirvió para abrir ese álbum del grupo que sería a la larga la primera parte de una tetralogía magistral en la historia no únicamente del grupo, sino del rock en general. Un tema que condensaría orígenes y destinos, que contendría dramas y tragedias, que se usaría para remarcar la existencia del Mal y su relación con el hombre (la empatía con el primero) en otras canciones, en otros filmes, en sesudos ensayos, en referencia obligada para rememorar tiempos idos o en reflejos por venir, en tributos posteriores.

 

VIDEO: “Just Your Fool” – The Red Devils at the King King 1992, YouTube (nofightindotcom)

 

Ahora había pasado ya un cuarto de siglo. Estaba empantanado en dudas existenciales y artísticas como entonces, su grupo era un fantasma burlón y sus miembros estaban involucrados en proyectos individuales. Él estaba enredado en la alfombra roja que tanto lo seducía de manera voluntaria, pero el músico que era le pedía alimento para sobrevivir, agonizaba.

 

Ya no compartía sus cuestionamientos con una compañera como entonces, culta en todos los sentidos. No. Ahora estaba con una modelo, una top ten del medio, que como buen maniquí no contenía nada, ni tenía nada qué decir, sólo servirle como visutería para lucir en las fiestas y en las Discos de moda. Volteó a verla y se preguntó cómo ella podría apoyarlo. De ninguna manera. Era incapaz. Quizá nunca hubiera leído libro alguno, ni supiera quién era Margarita, ni de literatura alemana, menos rusa. Era sexy y punto. No le pedía nada más. Eso lo decidió.

 

 

Fue a otra habitación, tomó el teléfono y llamó a su antigua novia. Se disculpó por todo aquello que la había lastimado y separado de él, aceptó las palabras que ella le lanzó (cargadas de dosis de locura, excesos y deslealtades) y luego de la tormenta vino la calma. Entonces él pudo explayarse sobre su pasmo presente sin mencionarle aquella otra ocasión en el reino del pasado. Ella lo escuchó atentamente y le hizo preguntas.

 

Vino un silencio reflexivo y le sirvió entonces el viejo adagio del género: “Cuando no sepas hacia dónde moverte vuelve a las raíces”. “Eso es lo que debes hacer”, le dijo. “Ponte a hacer lo que más te gustaba cuando comenzaste con la música. Pregúntate ¿por qué lo hacías, qué te motivaba?

 

 

 Si eso no te saca del atolladero, por lo menos volverás a divertirte y, si tienes suerte, el tiempo invertido  probablemente te brinde la posibilidad de pensar en lo que quieres hacer de ti y de tu carrera, además de seguir seduciendo mujeres. Te mando un beso”, dijo y colgó. Él se quedó pensando en la conversación y supo que ella tenía razón. Ahora el asunto era otro. ¿Con quién podría llevar a cabo tal terapia, sin tener que estar peleando y sólo disfrutar de ello?

 

En sus inicios había sido junto a sus amigos y compañeros un misionero del blues, una música de culto minoritario y fuera del mainstream. En ese coto encontraron su plataforma de lanzamiento y realizaron proezas como introducir aquel material casi ignoto, por sus lares, en las listas de popularidad. Ahora debía hacer lo mismo, pero para su propia satisfacción.

 

 

Hacía ya tiempo que había finalizado la última gira con el grupo, sus desencuentros habían sido aireados por doquier y ahora a pesar de encontrarse en plena grabación de su siguiente álbum como solista, tenía serias dudas con respecto a la calidad de ello.

 

Llamó al productor con el que estaba trabajando y le expuso la idea de realizar de manera expedita una sesión de blues a la vieja usanza, directa y sin refinamientos, con él en la voz y la armónica. ¿Tenía músicos para la ocasión? Aquél le dijo que sí a todo.

 

 

Entre las recientes ocupaciones del productor estaba la de grabar en vivo a un grupo local de tal género. Le sugirió que se diera una vuelta por el club King King en el que esto se llevaría a cabo para, en caso de aprobarlo, hacer el procedimiento consecuente. Así lo hizo nuestro obnubilado personaje. Fue esa misma noche. Le gustó aquel quinteto que se hacía llamar Red Devils y hasta hizo con ellos una jam con “Who Do You Love”, de Bo Diddley.

 

Unos días después, a comienzos de mayo, se volvieron a reunir en un estudio de Los Ángeles. Él llevó los discos que más le gustaban para que productor y músicos escucharan lo que quería hacer. Interpretar piezas no manoseadas de tal música. No habría una segunda ocasión, les informó. Tras ello se dieron a la tarea de grabar varios temas.

 

 

Lo hicieron con el oficio y ardor necesarios. En trece horas de sesión grabaron una docena de títulos como en los viejos tiempos. “Blues With a Feeling” (de Rabon Tarrant) fue la canción insignia. Quedó tan satisfecho con el resultado que incluso se atrevió a hacer planes con dicho material. La terapia le había servido. Se sentía animado de nuevo.

 

No obstante, un demonio menor enviado por su Ego se dio a la tarea de susurrarle las inexistentes cualidades de su accionar individual. “El Mundo entero espera, no, reclama, tu obra solista”, le dijo. Las mieles del agazajo surtieron el efecto deseado. El material grabado aquella jornada no fue editado oficialmente.

 

 

Él se fue a terminar su segundo álbum como solista, mientras el productor y la banda se embarcaban en otra llamada igualmente sin una segunda oportunidad, ésta del Más Allá, con un vaquero camino del ocaso. La banda editó su propio King King y luego desaparecería en el desierto del ninguneo, el productor llegaría al Oasis y al Reino Lejano. Nuestro personaje volvería a las andadas, a las cuchilladas con su amigo y alma gemela, a las modelos, a las Discos y a las alfombras rojas. Pasaría otro cuarto de siglo antes de sentir la misma nostalgia.

 

El inédito material se inscribió como de culto y siguió su propio camino hacia la luz y la leyenda. Yo lo encontré publicado con el nombre de The Famous Blues Sessions, bajo el sello Rabbit Records, en el sótano de una tienda de discos de segunda mano llamada Ďábel, en Praga, República Checa.

 

VIDEO: Mick Jagger & The Red Devils – The Blues Sessions (June 1992), YouTube (Austir Curtis)

 

 

DISCOS EN VIVO: BAND OF GYPSYS (JIMI HENDRIX)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

Durante sus tres años de existencia —de 1968 a 1971— el auditorio Fillmore East fue uno de los más prestigiados lugares de música en vivo dentro de la Unión Americana. El promotor de rock Bill Graham abrió el lugar como una sucursal neoyorkina de su famoso teatro de San Francisco (el Fillmore West), donde se presentaban grupos como el Big Brother & The Holding Company con Janis Joplin, Grateful Dead y Crosby, Stills, Nash and Young, quienes hicieron ahí su debut en 1969.

 

Gracias a su fino sistema de sonido y a su entusiasta promotor, el Fillmore East se convirtió además en un estupendo lugar para grabar las presentaciones de las bandas. La primera importante en hacerlo fue la recién formada de Jimi Hendrix, Band of Gypsies, con Buddy Miles en la batería y Billy Cox en el bajo.

 

La intención era grabar el regreso de Hendrix a los escenarios tras una ausencia propiciada por un juicio contractual. Fueron dos conciertos, llevados a cabo la noche del 31 de diciembre de 1969 y la del 1 de enero de 1970. El fin de la riquísima década de los sesenta y el inicio de los setenta, que se suponían años muy promisorios. A la postre Jimi no pasaría de 1970.

 

Sin embargo, esas noches fueron especiales. Hendrix venía con todas las ganas de presentarse en un buen escenario, con dos amigos de años y excelentes músicos. Quería que la gente olvidara su actuación en el Festival Pop de Monterey y le dejara de pedir que siempre hiciera lo mismo (aquella versión de «Wild Thing» donde le prendió fuego a su guitarra).

 

Ahora con Band of Gypsies en el Fillmore East quería que la música lo atravesara todo, de forma que la gente se sentara, cerrara los ojos y se diera cuenta de lo que sucedía, sin tener que importarle nada de lo que ellos hicieran mientras estaban en el escenario. Sólo la atención a la música.

 

A temas como «Stone Free», «Hear My Train A Comin’ «, «Voodoo Child», etc., donde quedara demostrado que, a pesar de sus vuelos musicales por el espacio como gurú sicodélico, su amor siempre sería para el blues. Todas esas intenciones quedaron impresas en el disco doble Band of Gypsies Live at The Fillmore East.

 

A pesar de la idea común y corriente de que Hendrix sólo tocaba rock psicodélico, sus colegas músicos tenían otra opinión. Tanto el saxofonista de jazz Roland Kirk como B.B. King (Jimi tocó con ambos) lo reconocieron inmediatamente como dueño de la esencia más profunda del bluesero.

 

A su vez, el bajista Billy Cox —ex compañero de Jimi con los paracaidistas de Fort Campbell, Kentucky, cuando cumplió su servicio militar a principios de los sesenta, y luego del grupo Band of Gypsies— en cuanto escuchó tocar a Hendrix por primera vez estimó los alcances de su genio «entre Beethoven y John Lee Hooker». Casi diez años más tarde, Cox ya como miembro de los Gypsies lo confirmó: «Casi todo lo que Jimi y yo grabamos era blues. Todo salió de la tierra, directamente de las cavernas de la humanidad.  Todo lo que Jimi tocó estaba arraigado en el blues».

 

El blues de Hendrix fue por igual terrestre, sobrenatural y absolutamente personal. La fuente de muchas de sus composiciones emergía del Delta del Mississippi. Tanto las piezas como «Voodoo Chile», como la muy hookeriana «Voodoo Child (Slight Return)» fueron variaciones muy evolucionadas evolucionadas del género.

 

Lo que ante todo Jimi tomó prestado del country blues fue la emoción que canalizó de manera única, y que luego puso a colaborar con nuevos compañeros musicales.

 

Band of Gypsys fue el primer álbum de Jimi Hendrix sin su grupo original, la Jimi Hendrix Experience. En él se mezclan elementos del funk y del rhythm and blues con el hard rock y la improvisación, un enfoque que luego se convertiría en la base del funk rock.

 

Contiene canciones inéditas y fue el último álbum de larga duración de Hendrix lanzado antes de su muerte. Después de su aparición en Woodstock con un grupo provisional que incluía a Cox, Hendrix comenzó a desarrollar nuevas canciones y a grabar demos.

 

Cuando Miles se involucró, él y Cox acordaron grabar un álbum en vivo con Hendrix para usarlo para resolver una disputa contractual con un ex manager. El nuevo material, influenciado por los enfoques musicales de Cox y Miles, señaló una nueva dirección para Hendrix.

 

 

Canciones como «Power of Soul» y «Message to Love» (originalmente «Power to Love» y «Message of Love») aún mantienen el papel dominante de la guitarra de Hendrix, pero muestran influencias funk y del R&B. Líricamente, también exploran temas nuevos y más humanistas para Hendrix.

 

Las dos canciones escritas y cantadas por Miles tienen el estilo de la música soul. «Machine Gun», antidisturbios y antiguerra, se basa en las anteriores aspiraciones de blues de Hendrix, pero incorpora nuevos enfoques a la improvisación de guitarra y los efectos tonales.

 

Como productor del álbum, Hendrix tuvo dificultades para organizar el material. Cuando le presentaron las grabaciones, descubrió que algunas tenían problemas técnicos, así que se resignó a entregárselas a otra compañía discográfica, para que los resolvieran.

 

Poco después de su lanzamiento, Band of Gypsys alcanzó el top ten de las listas de álbumes en los EE. UU. y el Reino Unido, además de aparecer en las listas de varios otros países.

 

Aunque fue tan popular como sus álbumes con la Experience, recibió críticas mixtas. Algunos lo hicieros por las actuaciones de sus compañeros por considerarlas vacilantes y poco preparadas. Asimismo, señalaban que las contribuciones de Miles en la batería y la voz se caracterizaban como demasiado laboriosas. Sin embargo, y a pesar de lo dicho, «Machine Gun» generalmente se considera el punto culminante del álbum y uno de los mayores logros del grupo.

 

La influencia y legado de Band of Gypsys se escucha a la postre en los desarrollos del funk rock de la década de los setenta y se le cita como inspiración por músicos de rock posteriores. Como dato adicional, hay que anotar que las reediciones del álbum en disco compacto incluyeron tres canciones extras grabadas durante los shows de Fillmore East, y se lanzó, además, material adicional en álbumes posteriores.

                                                       

VIDEO: Band of Gypsys – “Machine Gun” Live at Fillmore East 1970, YouTube (Rock n’ Roll)

 

 

 

 

DISCOS EN VIVO: LIVE AT THE CLUB A GO-GO (THE ANIMALS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

Antes de finalizar el primer lustro de la década de los sesenta, la Gran Bretaña experimentó la propagación del rhythm and blues y del blues. Los más importantes grupos se valieron para ello de los artistas asimilados al terreno del rhythm and blues propiamente dicho, como Ray Charles por ejemplo, o los blusemen originales como Jimmy Reed, Sonny Boy Williamson, Muddy Waters o John Lee Hooker.

 

Gracias a esta actitud, los jóvenes músicos ingleses comprometidos con el blues retuvieron la atención de un vasto público que abarcaba ampliamente también a las minorías de entendidos.

 

Londres, en aquel entonces, tenía a los Yardbirds, a los Rolling Stones, a Fleetwood Mac y a Savoy Brown, Nottingham a Ten Years After, Manchester a los Hollies, etcétera. El nordeste de Inglaterra, Newcastle, para ser más preciso, aportó a un grupo de jóvenes obreros duros y rijosos que vociferaban el blues igualmente fuerte: The Animals. Uno de ellos era Eric Burdon, a quien la música de Ray Charles, Chuck Berry y Bo Diddley lo enloquecía. 

 

Todos los del grupo (Hilton Valentine, guitarra; Chas Chandler, bajo; Alan Price, teclados; John Steel, batería y Burdon, voz) se habían criado en el ambiente minero, con la cerveza oscura espesa y con las difíciles condiciones de vida de su lugar de procedencia.

 

Originalmente se denominaron Alan Price Combo. Tras una presentación en el Down Beat Club de Newcastle, Eric Burdon se integró como cantante. Esto sucedió durante 1962. Una noche de diciembre de 1963, Giorgio Gomelsky, un productor, los descubrió en el club a Go-Go mientras servían de teloneros para Sonny Boy Williamson, que se encontraba de gira por Inglaterra.

 

 

Graham Bond les sugirió el nombre The Animals debido a la fuerza con la que tocaban e interpretaban. De ahí se trasladaron a Londres al año siguiente. Pronto comenzaron a aparecer en las listas de popularidad. Su primera grabación fue «Baby Let Me Take You Home», seguida de la ya hoy clásica «The House of the Rising Sun».

 

Los éxitos de ventas y de lista de popularidad se fueron acumulando en discos como The Animals (1964), Get Yourself a College Girl (1965), Animal Tracks (1965) y Animalisms (1966). Tras ellos Price abandonó al grupo para iniciar una carrera como solista; lo reemplazó Dave Rowberry. A éste le siguió una infinidad de cambios de personal. 

 

VIDEO: The Animals -Club-a Go-Go (Live, 1965), YouTube (Eric Burdon Tribute Channel 6)

 

 

 

 

DISCOS EN VIVO: AT FOLSOM PRISON (JOHNNY CASH)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

En el terreno del country Johnny Cash marcó las diferencias en el siglo pasado. Lo hizo con este disco inaudito y revelador. Dio un concierto en tal prisión y también lo grabó contra todo pronóstico y traba.

 

Cash, salido de un extracto social pobre y sabedor de sus carencias, deseos, frustraciones y resentimientos, del que surgieron muchos personajes de sus canciones, siempre se sintió cercano a los que caminaban por el lado oscuro del American way of life y a sus historias; a los forajidos que medraban fuera de la ley o habían sido atrapados.

 

Cash había enfermado de neumonía en varias ocasiones, caminado con frecuencia sobre esa delgada línea entre la vida y la muerte. Y verdaderamente la presencia de ésta es constante de un modo más menos explícito, a lo largo de todo el disco.

 

La temática de las canciones continúa en esa veta, que siempre había explorado desde «Folsom Prison Blues», su primer éxito, que se abría con la inusitada línea: «Le disparé a un hombre en Reno/ tan sólo para verlo morir».

 

Mientras, los prisioneros (el público) sentían que, con un poco de mala suerte, Johnny hubiera podido terminar también allí. A pesar de que las estancias entre rejas de Cash fueran breves, reiteró su simpatía por los desdichados que debían purgar condenas: «Nunca olvido que, por algunas de las cosas que yo hice en los cincuenta y los sesenta, hoy me hubieran lanzado directamente a una celda. Algo anda mal en nuestro país cuando tenemos millón y medio de personas bajo llave».

 

“Hello, I’m Johnny Cash” fue bastante más que una simple presentación al inicio de un concierto. Durante décadas fue un grito de guerra atronador (todos los presentes sabían que aquel hombre siempre vestido de negro era Johnny Cash y por eso, precisamente, estaban allí) que ha resonado en los más diversos escenarios (de las iglesias a las cárceles) avisando que inmediatamente después iba a desencadenarse una tempestad.

 

Una tempestad a ritmo de country, de gospel o de blues la cual influyó de forma notable en el desarrollo de toda esa música popular de la segunda mitad del siglo pasado.

 

VIDEO: Johnny Cash: Live At Folsom Prison 1968, YouTube (The Lost Archives)

 

 

 

 

PRIMERA Y REVERSA: UNPLUGGED (10,000 MANIACS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

El grupo 10,000 Maniacs dejaba de existir en ese momento. Con este álbum se despidió este grupo estadounidense de folk-rock. También hubiera podido ser un Best of o un álbum en vivo, pero ya que corría el 1993 se convirtió en MTV Unplugged

 

Pese a que los discos de estudio del grupo por lo general eran de calidad bastante aceptable, a veces parecían sobreproducidos y en este sentido el sonido puro y natural de MTV Unplugged constituyó un alivio. 

 

Natalie Merchant había sido bendecida con una voz cálida y lírica, pero sus limitaciones técnicas fueron expuestas en el marco acústico. Sin embargo, esto no desmereció la alta calidad del material que presentaron en este disco, que incluyó desde clásicos de 10,000 Maniacs, como «What’s the Matter Here» y «Trouble Me», a tracks tomados del último álbum de estudio, Our Time in Eden, complementados con un cover de Springsteen (conocido también por la versión de Patti Smith), «Because the Night». 

 

Los momentos en que todos los elementos colaboraron de manera ejemplar se gozan plenamente.  MTV Unplugged fue el convincente acorde final de la que sería su primera atapa. Merchand se despediría para seguir una carrera como solista, mientras que el resto delos miembros se reunieron para continuar sin ella algún tiempo después.

VIDEO: BECAUSE THE NIGHT – remastered – (1993 MTV UNPLUGGED), 10, 000 MANIACS BEST…YouTube (WTV Today)

 

 

 

 

DISCOS EN VIVO: LIVE MCMXCIII (THE VELVET UNDERGROUND)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Diferente, extraño, sublime. Eso fue siempre el Velvet Underground. El año 1993 volvieron a reunirse para realizar una gira alrededor del mundo, un comeback que resultó impresionante para todos los que los vieron. Afortunadamente, tal hecho quedó registrado de varias maneras. Una en video, con imágenes que pasmaron por su fuerza a las generaciones que no los conocían físicamente; y otra, mediante la grabación de sus conciertos en Europa, tanto en Francia como en Holanda.

 

Del primer país, las presentaciones quedaron inscritas en el disco The Velvet Underground Live MCMXCIII, producido por Sire/Warner (1993). Una obra perturbadora del grupo en vivo con nuevas tecnologías. Asimismo, hubo una exposición sobre la obra de Andy Warhol y muchas fotografías durante su época con el Velvet. Este disco abre con «Venus in Furs», una pieza clásica que elevó su trascendencia a los anaqueles del sadomasoquismo expresado con la música.

 

Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker pusieron de manifiesto, una vez más, el hito que significan. «Afterhours», «Sweet Jane», «All Tomorrows Parties», «Some Kinda Love», «Rock’n’Roll», «The Gift»…lo clásico de lo clásico en su repertorio.

 

La grabación resultó así en un documento único plagado de los solos e interpretaciones conjuntas que los volvieron a hacer célebres. Ahí, en perfecta captura los famosos sonidos rechinantes, eléctricos, saturados y distorsionados hasta lo inverosimil. «Heroin», «Waiting for My Man» y «Pale Blue Eyes» son seminarios magistrales para oídos abiertos a la sabiduría.

 

El hecho de la reunión hizo aún más necesaria la visita a la exposición sobre el pintor en la capital gala y saber un poco más acerca del contexto que había facilitado tal reunión.

 

Entre otras actividades, Lou Reed a veces incursionaba en el periodismo. En tal papel fue comisionado por la revista Rolling Stone para entrevistar a Vaclav Havel. Este dramaturgo checo, que durante la Primavera de Praga en 1968 representara obras que ponían en tela de juicio a la dictadura estalinista de Kruschev, se había convertido a fines de los años ochenta por elección popular en presidente de Checoslovaquia —cuando aún se llamaba así—.

 

La historia cuenta que, en 1977, el grupo de rock checoslovaco Plastic People of the Universe había sido encarcelado por subversión. Havel, líder del movimiento de resistencia contra los invasores soviéticos, protestó por el asunto y dio comienzo, con ello, a la oposición organizada en su país, hecho que lo envió también a prisión. De ahí salió para erigirse en el factor de cambio en dicha nación.  

 

Durante la entrevista, Reed le mencionó a Havel que conocía un disco de aquel grupo. El presidente, entonces, le pidió que diera un concierto en compañía de los sobrevivientes de aquel conjunto, que se había rebautizado Pulnoc (Medianoche). El concierto se llevó a cabo los primeros días de mayo, durante la primavera de 1990 en Praga. Al finalizar el evento, Reed animó al grupo a tocar en la exposición que en homenaje a Andy Warhol se efectuaría en la capital francesa.

 

Los organizadores de dicho suceso, la Fundación Cartier, aceptaron de buen grado y prepararon un pequeño escenario en el jardín del castillo Jouy-en-Josas, en las afueras de París. Al lugar asistiría la prensa especializada, amigos y colaboradores de Andy Warhol en la Factory y, en calidad de invitados de honor, los cuatro exintegrantes originales de Velvet Underground, ítimamente ligados al pintor durante la década de los sesenta.

 

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Es decir. Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker estarían presentes en la inauguración del evento, el 15 de junio de 1990. La megaexposición duraría todo el verano en el castillo de Jouy, bajo el título «Andy Warhol System, Pub, Pop, Rock», y al mismo tiempo se haría otra en el centro cultural Georges Pompidou. Asistirían, sí, después de una ardua labor de convencimiento: ninguno tendría que acercarse a los otros si no lo deseaba. 

 

A pesar de recientes encuentros (Reed y Cale, para la grabación de Songs For Drella), había problemas de mucho tiempo atrás entre los excompañeros, debido a egos maltratados o de regalías, por ejemplo. La acariciada posibilidad de hacerlos tocar juntos por parte de los organizadores fue desechada por Reed y Cale enfáticamente. Sin embargo, cada uno de ellos contribuyó al homenaje prestando artículos y documentos de la época, y ante la expectación creciente Reed y Cale se dejaron convencer de tocar algunas piezas de Drella.

 

El día de la inauguración cerca de la entrada al castillo, en cinco casas blancas, estaba expuesta la obra de Warhol. Del otro lado del parque, en un búnker recuerdo de la Primera Guerra Mundial, se encontraba la retrospectiva más importante que se ha hecho al Velvet Underground, incluyendo las raras filmaciones sobre ellos.

 

El Nueva York de los sesenta fue recreado en la habitación central. Los clubes Delmonico, Max’s Kansas City y Chelsea estaban ahí, con los carteles, boletos, discos, recortes de prensa, libros y vestuario. En el cuarto contiguo resucitó la Factory, con las paredes cubiertas de plateado y objetos de culto diverso.

 

Afuera, en el parque del castillo, había un escenario pequeño con un fondo de pinos y la pálida luz del sol. Tras la apertura a cargo de Pulnoc, Reed y Cale interpretaron «Style It Takes», «I Believe» y «Hello It’s Me», en un homenaje personal y conmovedor. Luego, ante el pasmo de los asistentes, alguien subió al estrado dio un aviso: el Velvet Underground tocaría algo para Andy.

 

Reed apareció de nuevo con su guitarra y su chamarra negra de cuero; Cale, con la viola y un saco cruzado; Morrison, de mezclilla y el bajo; y Maureen Tucker (madre ya de tres hijos), con una camisa morada y lentes oscuros, en la batería: ¡el Velvet Underground original, 22 años después! 

 

Abajo, entre la concurrencia, los productos de la Factory: Billy Name y Ultraviolet. Asimismo, Ari, el hijo de Nico (fallecida recientemente después de un accidente en Ibiza, España) en su representación. El milagro se produjo y duró ocho minutos con una interpretación fulgurante de «Heroin», pieza cargada de emoción intensa, mágica y llena de impresiones. Ocho minutos de éxtasis que causaron la euforia del público reunido y que también se negó a oír la despedida igualmente intempestiva: «Gracias, Andy», dijo Reed y bajó del escenario con los otros integrantes. La multitud quedó perpleja y alucinada.  

 

Aquella misma noche, a instancias de Sylvia (la entonces mujer de Lou), Pulnoc se presentó en el club Gibus de París. Reed, Cale, Morrison y Tucker fueron a escucharlos. Luego tanto Cale como Reed juraron que nunca habría otra reunión del Velvet Underground.

 

VIDEO: Velvet Underground – Pale Blue Eyes (Redux Live MCMXCIII), YouTube (ci1025)

 

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BABEL XXI-712

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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“HEY HEY, MY MY”

(EL MANIFIESTO YOUNGIANO)

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/712-hey-hey-my-my-el-manifiesto-youngiano/

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DISCOS EN VIVO: KICK OUT THE JAMS (MC5)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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La ciudad de Detroit, en el estado de Michigan, está ubicada al norte de los Estados Unidos y colinda con la frontera con Canadá y la zona de los grandes lagos (Erie y Saint Clair). A dicha metrópoli se le conoce en lo coloquial como Motor City, por tener como actividad económica principal la construcción de automóviles.

En materia musical se ha distinguido por tres rubros: el sonido Motown, el proto punk de MC5 y el beat del techno dance, influido por el sonido alemán. Sin embargo, fueron los años sesenta el punto climático de su historia, ya que a la música se le ligó de manera estrecha con el contexto sociopolítico de la época. En ello tuvo mucho que ver la presencia de MC5.

En su origen este grupo se hizo llamar Motor City Five y fue fundado en 1964 por Rob Tyner en la voz, Wayne Kramer en el requinto, Fred “Sonic” Smith en la guitarra, Pat Burrows en el bajo y Bob Gasper en la batería. Todos ellos adolescentes nacidos en la ciudad; todos estudiantes de preparatoria que se dedicaban a tocar cóvers de pop para sus fiestas estudiantiles.

La situación cambió en 1965 cuando accedieron a la universidad del estado, localizada en Ann Arbor a 40 minutos al oeste de Detroit; cuando sustituyeron a Burrows y Gaspar por Michael Davis y Dennis Thompson en los instrumentos respectivos, y porque se encontraron en el campus con John Sinclair, poeta y activista político, quien a la postre se convertiría en su mánager y promotor.

En 1966 el grupo había dado a conocer su fusión de rock y rhythm and blues de alto octanaje con los nuevos integrantes, en un disco sencillo de 45 rpm producido por ellos mismos, que circuló de mano en mano y que contenía una versión del tema “I Can Only You Everything” de Van Morrison, que se erigiría en una pieza emblemática para los grupos de garage.

En su calidad de DJ de radio, Sinclair los escuchó y se dio cuenta del potencial que tenían. Los invitó a unirse a su recién fundado Partido de las Panteras Blancas, que buscaba la revolución a través de la expresión libertaria más extrema. Bajo el influjo del LSD, el jazz experimental de Pharoah Sanders y Sun Ra y las consignas políticas de Sinclair, el grupo ahora con el nombre de MC5 se transformaría en un tiempo muy corto en la antítesis de la inmovilista escena hippie.

En 1967, ya formaban parte de la comuna Trans Love Energies Organization de Sinclair, quien redactó un manifiesto para darlos a conocer: “MC5 apoya la revolución plenamente. No se han armado aún porque poseen recursos más fuertes: el acceso directo a millones de jóvenes a través del rock and roll, es uno; la fe en lo que estamos haciendo, el otro. Pero de hacer falta utilizarán los rifles. Harán lo que sea necesario ante la ausencia de ilusiones”.

De tal forma se concibió la controvertida imagen revolucionaria para el grupo, expresada con una hiperrealista vestimenta que portaba la bandera de la Unión Americana y vociferando slogans como: “Rock and roll, dope and fucking in the streets!” (¡Rock and roll, drogas y coger en las calles!”).

Estaban convencidos de que el rock unía a la gente y que podía ser usado para unirla aún más, ganando con ello poder político. “Casi todos los miembros de la contracultura estadounidense están relacionados con el rock and roll –sentenciaban–. Esto lo hace importante para nosotros. La música del rock trata sobre la rebelión”.

Tras la marcha masiva contra la guerra de Vietnam que se dio con motivo de la Convención Nacional Demócrata — convocada por la Youth International Party (The Yuppies) de Abbie Hoffman, en la que participaron muy activamente en conciertos y festivales y que terminó con la feroz represión gubernamental, con muertos, heridos y detenidos–, era muy improbable que alguna compañía disquera se interesara por ellos. No obstante, Elektra los contrató ese mismo 1968.

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El resultado de dicha reunión fue el álbum Kick Out the Jams (1969), un compendio de música durísima, energética, sin transigencias y por demás nihilista, inserto en un clima dominado por el “flower power”. Esto creó por supuesto la polémica, incrementada por la versión que hicieron del tema de Nat King Cole “Ramblin’Rose” con la letra cambiada y por la composición de “Kick Out the Jams” en la que gritan el verso: “Right now it’s time to…Kick Out the Jams, Motherfuckers!”, con lo cual provocaron a los censores.

La pieza finalizó con explosiones de ruidos primarios y la deconstrucción apocalíptica al estilo de “Starship” de Sun Ra. Esto aunado a los encendidos apuntes de la funda, a cargo de Sinclair, y a los anuncios insultantes que publicaron en los periódicos musicales contra una tienda de discos que se negó a vender el álbum, hicieron que Elektra se deshiciera rápido de ellos.

Un mes después de esto, John Sinclair fue sentenciado a diez años de prisión por posesión de drogas. Los cargos lo ocultaban, pero en realidad era un preso político. En el auditorio El Grande, de Detroit, los MC5 organizaron dos conciertos, junto a los Stooges, con el objeto de reunir fondos para la fianza de Sinclair.

Al ser rechazado este derecho por parte de la Corte y ante el poco apoyo de los otros partidos radicales, el grupo, desilusionado del fervor político, pero aún comprometido con la fuerza revolucionaria del rock, aceptó firmar con Atlantic y grabó Back in the USA (1970), producido por Jon Landau. El sonido áspero y lleno de energía del disco le ganó mucha fama a MC5, pero vendió poco, al igual que el siguiente High Time (1971), luego de lo cual optaron por desintegrarse.

Cada uno de los miembros se dedicó a diversas cosas. Dennis Thompson fue hospitalizado a causa de una sobredosis y desapareció del mapa (hasta que volvió a integrarse a la escena con The New Order y otros grupos a la postre, y en una reunión con exmiembros de MC5 entre el 2003 y el 2012, murió como último sobreviviente del grupo el 9 de mayo del 2024); Michael Davis, fue a prisión por tráfico de drogas, al salir colaboró con Ron Ashton, ex Stooges, y con el grupo Destroy All Monsters, sin mayor trascendencia (trabajó en un proyecto educativo hasta su muerte en el 2012, a los 68 años); Rob Tyner trabajó como compositor, letrista y fotógrafo hasta su muerte por ataque cardiaco en 1991; Fred “Sonic” Smith fundó la Sonic Rendes-Vous Band, se casó en 1980 con la poeta y cantante punk Patti Smith, con la que realizó varios proyectos como letrista y acompañante hasta que falleció también a causa del corazón en 1994; Wayne Kramer hizo el intento de seguir en la música como protagonista pero no lo consiguió ni con Johnny Thunders, Ted Nugent o Was (Not Was). Se volvió heroinómano y para financiar su propia adicción vendía coca hasta que lo arrestaron y pasó algunos años en prisión. Al salir grabó un álbum como solista, The Hard Stuff, y luego se unió a Sinclair, quien ya en libertad se dedicó a impartir clases como historiador del blues y del jazz; a relizar performances y lecturas de poesía; a tocar en el Contemporary Jazz Quintet, a organizar conciertos y festivales de música y grabar esporádicamente (falleció el 2 de febrero del 2024).

En los años ochenta se reeditaron los álbumes de MC5, incluyendo las grabaciones de archivo que conformaron el Babes in Arms (1983). Se acentuó así su importancia como representante de una corriente política de música underground que preludió a los punks de la década siguiente, quienes los convirtieron en sus héroes; dieron nueva vida a la tradición de las bandas de garage e inspiraron a los grupos de hard rock (los sobrevivientes anunciaron la publicación de un nuevo álbum en el 2022). Es decir, que con el tiempo se han convertido en objeto de culto. En la actualidad en muchas paredes se puede leer el graffiti: E = MC5.

VIDEO SUGERIDO: MC5 – Kick Out The Jams live 1970 Detroit, YouTube (Charlene Marie Tago)

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DISCOS EN VIVO: LIVE: LET’S WORK TOGETHER (GEORGE THOROGOOD)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Con las primeras notas regresé a la mesa. Aquello era la locura, una utopía, un auténtico Shan-gri-la. Y ahí, descubrí una vez más eso que Hendrix expresó con «Excuse Me While I Kiss the Sky»: esa noche actuaba George Thorogood & The Destroyers.

Thorogood, un guitarrista nacido en Maryland, junto a sus compañeros: Bill Blough (bajo), Jeff Simon (batería) y Ron Smith (guitarra) habían decidido tocar un rhythm and blues rústico, áspero, auténtico y lleno de corazón, bajo el nombre de The Destroyers (el explosivo y energético saxofonista Hank «Hurricane» Carter se acababa de integrar al grupo y realizaba con éste sus primeras presentaciones).

George se dedicaba a los riffs directos y nada pretenciosos de un blues urbano actual y sin tapujos.  Había estudiado hasta sus raíces las obras de influyentes músicos como Elmore James, John Lee Hooker y Chuck Berry.

El «demonio del slide», sobrenombre con el que se le conocía, se mostraba fascinado por el carácter y ritmo del blues urbano y del rhythm and blues.  Su reputación como instrumentista lo elevaba al mismo nivel que Johnny Winter y Rory Gallagher.

Y en esos momentos quien quisiera escuchar la slide tocada como se lo hubiera imaginado el inventor del instrumento, hará bien en elegirlo a él.

La banda mostraba que sabía obtener el máximo efecto con los medios más sencillos. Todo el equipo que llevaban de gira cabía en un camión mediano.  No era de sorprender, pues, que en esos tiempos hayan optado por presentarse exclusivamente en salas reducidas.

En los clubes y pequeños auditorios donde encontraban la mejor veta para explotar su música y el contacto espontáneo con el público que hacía tan vivo y eficaz a su sonido.

Thorogood requería del marco íntimo para poder producir el fragor completo de su propuesta musical: un r&b ortodoxo y atemporal. El sax, la poderosa sección rítmica y la bottleneck eran para él lo que marcaba los acentos.

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“Su música es viril –escribí después–: se puede oler el sudor y el whisky, el polvo del camino en las botas y la ira esencial. El electrizante grupo atiza el fuego y reinventa el acero, con un filo de hard blues que vierte su ruda energía en urgentes y violentas sacudidas. La velocidad es frenética, ansiosa por alcanzar a su guitarra impaciente.

“Sus propias composiciones tienen tanto ardor como las que pide prestadas (y devuelve pagando altos intereses) a John Lee Hooker y Chuck Berry, ya que indiscutiblemente todos están hechos de la misma fibra. Y agrega la cualidad agresiva, esa brutalidad que despierta los sentidos y los sobresalta, sometiéndolos”.

Aquella noche, gracias a George y a sus Destroyers escuchamos cómo nos gustan las mujeres hasta hartamos; filosofamos con ello a todo pulmón, e hicimos caso sin chistar de sus enseñanzas y experiencias junto con el resto de los cófrades: tipos que festejaban estar enamorados de una mujer, con otra; santos bebedores bendecidos por el regocijo de la música o parejas que festejaban los pecados y la vida.

La guitarra de Thorogood y el sax de “Hurricane” Carter hermanó los corazones y demostró que el alcohol bebido con fe sólo admite comparación con el beso de una mujer.

Algunos días después compré el álbum en vivo: Live: Let’s Work Together, para recordar para siempre todo aquello.

VIDEO: George Thorogood Live – Johnny B. Goode (Lorely 1995), YouTube (Allmusic-Vids 2)

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