MIEDO AL SAX

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL SWING DEL REICH/ 6

 El 12 de octubre de 1935, el Director de Emisiones del Reich, Eugen Hadamowski, emitió un decreto que ordenaba lo siguiente: “Se prohibe presentar el jazz de los niggers en cualquier tipo de programas en Alemania”.  A consecuencia de ello desaparecieron de la radio las grabaciones estadounidenses de todos los géneros musicales, entre ellos las de Duke Ellington, Jimmie Lunceford, Fats Waller, etcétera.

Al mismo tiempo se inauguró un programa “anti jazz”, cuyo objetivo era presentar el jazz como “barbarie”. No obstante, abundaba en errores e imprecisiones. Se llamaba Del cakewalk al hot. En lugar de utilizar los discos originales de jazz para los ejemplos musicales, se contrató al conjunto de Erich Börschel de la radio de Königsberg.

Tal grupo cumplió con tal calidad y empeño con su cometido que los “ejemplos de disuasión” del programa tuvieron el efecto contrario y el jazz ganó muchos y nuevos amigos. Los nazis de cualquier manera siguieron sin apreciar en absoluto la atractiva fuerza de esa “música torcida”, según les gustaba llamar al jazz, el swing o el hot.

El decreto de Hadamowski fue una sola de las muchas prohibiciones parciales sobre el género. No hubo nunca una prohibición con la fuerza plena de una ley.  El jazz sólo era considerado como “indeseable”.  Este hecho es importante y suele ser pasado por alto hoy en día al buscarse un pretexto para justificar el atraso de Alemania en materia del jazz en esa época. Muchas de sus dificultades han sido dramatizadas y exageradas.  Lo seguro es que el gobierno nazi no tomaba en serio a los aficionados al jazz, viéndolos únicamente como tontos soñadores, al menos hasta el inicio de la guerra.

Desde el punto de vista de los funcionarios de dicho estado fascista, el jazz era demasiado insignificante y frívolo. Por ello sólo los grupos que insistían en tocar demasiado “hot” en público recibían reprimendas. Además, hasta los Juegos Olímpicos de 1936 las autoridades ejercitaron cierta tolerancia a fin de mostrar a los extranjeros la tranquilidad que reinaba en la “Nueva Alemania”.

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Entretanto se había encontrado una manera de salvar al jazz por un tiempo en público: se hizo la distinción entre “jazz” y “swing”. La separación fue aplicada primeramente en Inglaterra, donde los interesados en el género ya trazaban una clara línea divisoria entre el antiguo hot jazz de los años veinte y el swing moderno.

Este ejemplo fue seguido en Alemania, al calificar el “swing como un medio culto que ha superado al jazz de corte salvaje, desenfrenado y primitivo de tiempos anteriores”. Fue una manera de abrirle al jazz una puertecita trasera a través del swing.

Desde 1933 las grandes compañías discográficas habían lanzado todo tipo de discos de jazz y de swing. El término “swing” resultó muy oportuno para seguir editando y vendiendo la música “caliente” tan apreciada por muchos.  Se imprimía la palabra “swing” sobre las etiquetas e incluso se llegaba a afirmar que el jazz y su época por fin habían sido superados y sustituidos por el buen (!) swing.

Cuando un nombre sonaba demasiado judío o “no ario”, simplemente era modificado omitiendo del apellido. Tal fue el caso, por ejemplo, de Jean Goldkette, producido por Electrola como Jean’s Orchester. Los discos de “swing” venían acompañados por folletos informativos que sustituyeron a las publicaciones comerciales ya imposibles (revistas y libros sobre el tema), y que dieron a conocer términos como “fan”, “growl”, “wah-wah”, “hotstyle”, “sweet”, “riff”, etcétera.

Esta bibliografía indeseable, desde el punto de vista oficial, culminó con un librito editado por la compañía disquera Brunswick e intitulado Wir stellen vor (Presentamos…), el cual contenía biografías y retratos de todos los músicos importantes del jazz y del swing tanto negros como blancos. En este texto sobre el jazz, prácticamente el único publicado en Alemania durante la época nazi, participó también Dietrich Schulz, también conocido como “Swing-Schulz”.

La difusión de estos discos y la publicidad con que fueron promovidos despertó el interés de muchos y permitieron la fundación de nuevas compañías discográficas, entre ellas Gloria e Imperial. Asimismo, aparecieron nuevas colecciones de jazz bajo sellos como  Kristall, Electrola, Columbia y el mencionado Brunswick.

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