MIEDO AL SAX

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL SWING DEL REICH/ 2

Todas las ramas de la industria alemana fueron afectadas por la dura crisis económica de los años treinta, incluyendo la disquera. Muchas compañías desaparecieron en un corto lapso de tiempo.  En 1932 sólo se sostenían ya unas pocas grandes disqueras dedicadas principalmente a editar grabaciones estadounidenses de todo tipo.

Entre ellas destacaban las marcas Brunswick, Electrola, Columbia, Alberti Special Record, Kristall, Odeon y Parlophon, en su mayoría parte del consorcio Lindström. Las últimas tres marcas habían reducido un poco su producción desde 1931 de la edición masiva de grabaciones de la Unión Americana y aumentado la difusión de orquestas inglesas, puesto que era más económico obtener este material de las casas matrices británicas, sin embargo seguían produciéndose buenas grabaciones estadounidenses de jazz en Odeon, Parlophon y Kristall.  La oferta a final de cuentas también se orientaba por la demanda.

El hecho de que en 1932, el último año de un gobierno democrático en Alemania, existiera una asociación sólida y constante de las grandes empresas disqueras con el extranjero, garantizada por contratos de exportación e importación con vigencia de muchos años, permitió la importación sin restricciones de la música extranjera, el jazz inclusive, y aseguró la influencia del jazz y del swing en Alemania incluso durante del “Tercer Reich”.

La importación y edición constante y regular sobre el acetato de grabaciones originales norteamericanas de jazz y de swing desempeñó un papel decisivo en mantener presente el jazz en Alemania e incluso en ganarle un círculo cada vez más grande de adeptos, pese a la demagogia y la violencia de los nazis.

El interés en el jazz incluso había crecido tanto en la Alemania de 1931-1932 que ya empezaban a aparecer los primeros “conjuntos amateurs de jazz” en las escuelas, así como “grupos de jazz estudiantiles” dirigidos por jóvenes maestros de tendencias progresistas.

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El director del Hoch’schen Konservatorium de Frankfurt del Meno, Bernhard Sekles, fue el primero en incluir estudios sobre el jazz en un conservatorio alemán, lo cual le acarreó muchas hostilidades. La materia estaba a cargo de Matyas Seiber, quien se había hecho de cierto nombre por una “revista de jazz” llamada Jim und Jill (uno de los alumnos del jazz en tal conservatorio de Frankfurt fue el trompetista Rudi Thomsen, quien después de 1950 destacó como solista de la Willy-Berking-Orchester).

Se manifestaron así los primeros indicios de un interés amplio y bien fundado en el jazz, el cual fue interrumpido bruscamente por la “toma de poder” de los nacionalsocialistas, la cual obligó a disolver las bandas de jazz estudiantiles y las clases en la materia en los conservatorios antes de poder desarrollarse del todo.

Quedó así el interés de los músicos y los coleccionistas de discos (los amigos del jazz), que mantuvieron su espíritu y siguieron ocupándose con la música que amaban, aunque empezaban los años desfavorables para el género en Alemania con el “Tercer Reich”, el periodo nazi.

A principios de 1933 se produjo una casi epidemia en los gustos musicales de los alemanes con el enorme auge de la música de marcha. Las listas y los catálogos de discos del año casi parecían integrados exclusivamente por esta música. No obstante, a la larga se hizo monótona. Una vez pasado el entusiasmo del principio, la gente empezó a acordarse de otros tipos de música.

La de baile “jazzificada y judeizante” del “periodo del sistema”, según el lenguaje nazi, debía ser sustituida por una “música de baile alemana ligada a las tradiciones populares”. Esta “música de baile alemana ligada a las tradiciones populares” representaba un concepto tan vago e indefinible que muchos músicos ingenuos cayeron presa de gran confusión.

Muchos se apuraron a vender su saxofón, considerado por regla general como “instrumento típico del jazz”. Otros más se negaron a seguirlo utilizando y adoptaron otros instrumentos. El miedo al sax llegó a tales extremos que una rama de la manufactura alemana de instrumentos enfrentó serios problemas de venta y se vio obligado a intervenir el Ministerio de Economía para tranquilizar a los músicos asustados.

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