MASA Y PODER

Por SERGIO MONSALVO C.

MASA Y MUERTE (FOTO 1)

 ELIAS CANETTI

Imaginen por un momento, queridos escuchas/lectores, a un grupo de homnímodos (en la taxonomía biológica se incluye en tal apartado a los hombres en el momento justo de diferenciarse de los gorilas y orangutanes).

Imaginen, repito, a una numerosa tribu de ellos, reunida alrededor de la primera fogata. Ante el poder de tal visión les da por golpear piedras entre sí u otros objetos para manifestar su emoción. Gritan, aúllan o emiten otros sonidos al unísono, sienten algo en común.

Viendo el fuego, haciendo ruido, también comienzan a pensar. ¿Y en qué lo hacen? Supongo que en lo elemental, pero también en lo que a su vez está pensando el que tienen a su derecha, y a su izquierda y frente a ellos. ¿Brotó ahí, con tal intuición, el sentido de ayuda, de unión? Es probable.

Pero igualmente el de intentar controlar ese pensamiento ajeno, para llevar a cabo las propias ideas o contrarrestar las de otro. La intención de convencer o manipular. Un hecho (muy sintetizado aquí) que a partir de entonces, y de muchas maneras (nazismo, fascismo, populismo), se ha repetido a lo largo de miles de años de historia humana.

De ahí la necesidad de estar al pendiente de todo ello y de reflexionar consiente y críticamente sobre los convencimientos y las manipulaciones a que nos vemos sometidos de forma constante. Ya sea de manera oral, visual  o escrita. Sobre el potencial de las herramientas utilizadas para ello.

Entre las muchos libros que nos dieron los años sesenta, cuando se iniciaron los estudios sistemáticos sobre la comunicación y la información, se encuentra uno de Elias Canetti, titulado Masa y Poder (de 1960, cuyo nombre original en alemán fue Masse und Macht).

Éste, como los buenos libros del pensamiento humano son de relectura obligada en cualquier época. En la que estamos viviendo es una necesidad fundamental y más aún ante la progresión incontenible de la tecnología y de su poder de influencia, el de quienes la crean y el de quienes la usan.

Hablo de Internet, de sus plataformas, sitios y demás, y de los cientos de millones de intercambiadores y consumidores de información que ahí se dan cita, para bien y para mal.

El texto mencionado aborda como materia principal las definiciones y los lazos entre los diferentes tipos de “masa”, y las estratagemas de control y poder por medio de las cuales los gobernantes y líderes políticos pretenden dirigir dichos conglomerados en su beneficio.

En la masa se aglutina la animosidad puramente física de los cuerpos que la integran. Se revierte el temor a trasgredir los límites individuales para hacer prevalecer el sentimiento y la emoción igualitaria, con el objetivo de alcanzar una meta, por encima de cualquier valor social.

VIDEO SUGERIDO: John Lennon – Power to the People – Official Video – HQ, YouTube (JohnLennonHQ)

La disección a fondo de la masa y de sus formas constituye uno de los aportes más importantes de Canetti al mundo del pensamiento contemporáneo, del cual se han beneficiado tanto la sociología como la antropología, materias que regularmente habían estado atrás en el estudio de dichos fenómenos.

Gracias a él se comenzó a investigar sobre la producción en masa, la estandarización, la expansión global de la industria cultural, etcétera, lo mismo que la negativa falta de compromiso con lo desconocido, las fobias sociales y las metafísicas.

Ahí es donde la cultura del rock también se benefició de sus conocimientos y personajes destacados de la misma, digamos su intelligentsia (esa clase de personas involucradas en complejas actividades creativas orientadas al desarrollo y la diseminación de la cultura), han aplicado sus axiomas.

Lo han hecho en sus discursos estéticos, en sus actuaciones y en la solidificación del concepto y espíritu rockero, en su convencimiento. Jim Morrison, Bob Dylan, David Bowie, Ray Davis, Lou Reed, Leonard Cohen, Nick Cave, Patti Smith, Radiohead, et al, se han significado por ello, al igual que los escritores, investigadores, historiadores, biógrafos y críticos especializados en ese amplísimo campo.

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Cincuenta años después de aquel tomo apareció El libro contra la muerte, un texto post mortem del mismo autor publicado en el 2010, originalmente escrito en español, y que complementa el famoso triángulo de Canetti: Vida, muerte y luego, el tercer elemento que las une, la violencia, que sirve para establecer las reglas del juego.

“Mi esencia –escribió– es rechazar y odiar cualquier muerte. No considero imposible que en algún momento llegue a aceptar más o menos la mía, pero jamás la de otro. Es tan seguro, lo siento con tal intensidad, que podría encabezar con ello mi pensamiento y mi mundo”.

Y, efectivamente, esa terminó siendo su mayor preocupación, su verdadera obsesión. Acabar con ella. Liquidarla. Fulminarla a base del recuento incansable de palabras y palabras, lo que no dejó de hacer de manera infatigable: escribir y escribir contra ella.

Contra la violencia que la legitima (“El hombre enemigo del hombre”), por la vida y contra el olvido (“la supervivencia del difunto en la memoria del superviviente”), sobre la repugnancia de la violencia que produce la muerte, etcétera. Compartió aquello de lo que “morir es por doquier y en cualquier circunstancia igualmente desconsolador, triste y atroz”.

En fin, un singular y colosal desafío el suyo, que se tradujo en pacifismo, contracultura, antibelicismo y la protesta. El lugar y tiempo justos para engancharse con el rock, en una época en que luchaba por esas utopías.

Como coda citaré algunos de sus famosos apuntes al respecto. Sus aforismos de vida. Canetti escribió: “Aprender otra vez a hablar. Aprender no un idioma nuevo, sino aprender de nuevo a hablar. Tirar por la borda los prejuicios, aunque al final no nos quede nada. Leer otra vez los grandes libros, no importa si ya los leímos o nunca lo hemos hecho. Escuchar a la gente sin dar consejos, sobre todo a la que nada tiene que enseñarnos. No reconocer jamás a la angustia como un medio para la realización. Combatir a la muerte sin proclamar el combate. En una palabra: valor”.

Sentencias rockeras: “I Don’t Wanna Die”, “I Wanna Live Forever”, mismas que se repiten como mantra en muchas de sus canciones desde el comienzo de su historia. Canciones que pasan como legado de una generación a otra y a las que se agregan nuevas, como forma de perseverarse contra la muerte, como le hubiera gustado escuchar a ese rockero camuflado llamado Elias Canetti.

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VIDEO SUGERIDO: “People have the power” di Patti Smith, YouTube (FrederikGemard01)]

 

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VEZA CANETTI

Por SERGIO MONSALVO C.

VEZA CANETTI (FOTO 1)

 EL MISTERIO

El misterio de Veza comienza a despejarse. En la trilogía autobiográfica de Elías Canetti (La lengua absuelta, La antorcha al oído y El juego de ojos) aparece sólo como una princesa literaria “cuya belleza lo dejaba a uno sin palabras”. Vivía en el texto, etérea y amorosa. Sin embargo, muchas décadas después se inicia el descubrimiento de una Veza escritora, aguda y productiva, que deambuló entre libros de por medio con los más diversos nombres.

A principios de los años treinta, Veza comenzó a escribir; era la misma época en que Elías Canetti buscaba editor para su primera novela. Ella en aquel entonces se llamaba Venetiana Taubner-Calderon, narradora con bastante éxito. Sus textos eran conocidos a través del periódico Arbeiterzeitung, en las Neue Deutsche Blätter y en la editorial Malik, todas publicaciones vienesas.  Había ganado un concurso literario con el cuento “Ein Kind rollt Gold” (Un niño fabrica oro) y publicado una novela por entregas en algún periódico.

No obstante y debido al consejo del editor del Arbeiterzeitung, tuvo que empezar a utilizar pseudónimos dado el antisemitismo latente en el gobierno y la sociedad austriacos. Así, uno de sus cuentos, “Geduld bringt Rosen” (La paciencia produce rosas), fue incluido en una antología de escritores austriacos junto con una vaga nota autobiográfica: “Nací como Veza Magd en 1897 en Viena, como hija de un comerciante; fui maestra e hice traducciones. Mi primer libro fue una novela que no encontró editor y después publiqué cuentos y la novela Die Geniesser (Los hedonistas).”

Al de Veza Magd se agregan otros pseudónimos, como Veronika Knecht y Martha Murner. “El de Veza Magd (Veza servidora) –explica Elias Canetti– hace referencia a la dedicación y a la entrega de cualquier naturaleza; entrega a la persona amada, a aquellos por quienes se debe velar, pero también a los desfavorecidos por su nacimiento o por la infamia de los demás”.

La novela inédita había sido escrita en 1934 con el título de Die gelbe Strasse (La calle amarilla). Ya casada con Elías Canetti, la agitación política del momento en Austria y de Europa en general redujo su trabajo literario al anonimato. Tras muchos años de enfermedad, deshecha física y psíquicamente, Veza murió el primero de mayo de 1963.

Descubierta la novela inédita, Elías la llevó a su editor y escribió un prólogo. En él habla de su insoslayable compromiso con la época; de la complejidad de su narrativa; del tono sarcástico y grotesco de sus descripciones y reproducciones del lenguaje coloquial; de su particular modo de confrontar al hombre moderno “consigo mismo y su mundo subyacente” y de su estilo extraordinariamente escueto y sintético.

“Veza –escribe Canetti en dicho prólogo– sentía admiración por los seres marginales. En las historias que escribió en el curso de los años siguientes dibujaba con frecuencia a este tipo de personas. Se trataba siempre de víctimas de las injusticias de otros, seres indefensos, disminuidos, poco hábiles; le gustaba por encima de todo escribir sobre mujeres que sucumben por servir a otros a cambio de un matrimonio desgraciado. Solía glorificar a estas víctimas haciendo que su belleza fuera creíble y, aunque ninguna de sus criaturas estaba hecha a su imagen y semejanza, ninguna se le parecía en el menor detalle, las conformaba siempre en torno al mismo núcleo, el de su propia inviolabilidad”.

Die gelbe Strasse (La calle amarilla) es en realidad la Ferdinandstrasse, la calle de los mayoristas talabarteros, en el barrio de Leopoldstadt de Viena donde Veza y Elías Canetti vivieron durante muchos años. Veza escribió sobre la vida que se llevaba a cabo directamente fuera de su puerta, poniendo de manifiesto las influencias que había recibido de sus autores favoritos: Upton Sinclair, John Dos Passos, Alfred Döblin y Robert Musil.

Al respecto Elías Canetti anotó lo siguiente: “Cuando releo La calle amarilla me acuerdo del modelo de cada uno de sus personajes, pero estoy seguro de que me habría olvidado de todos si ella no los hubiera reinventado a su modo, si no los hubiera hecho renacer gracias a su inquietud y su agudeza”.

Die gelbe Strasse de Veza Canetti apareció publicada en 1990 en la editorial Hanser Verlag de Munich. La traducción al español (La calle amarilla) se encuentra en la Muchnik Editores de Barcelona. Su otra novela Die Geniesser (Los hedonistas) continúa perdida en el periódico donde la publicó originalmente.

VEZA CANNETI (FOTO 2)

ExLibris