LIBROS: ELLAZZ (.WORLD) VOL. III

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

LA MUJER EN EL JAZZ*

 

Durante muchos años, las cualidades necesarias para adentrarse en el mundo del jazz se consideraron prerrogativas netamente masculinas. Entre ellas estaba una agresiva confianza en sí mismo, con la disposición a lucir e imponer la capacidad y potencia de interpretación en el escenario. Otra era la concentración exclusiva en la profesión, incluyendo ausencias frecuentes de casa y el derivado abandono de la familia.

A lo ya mencionado se agregaba la capacidad de moverse en ambientes difíciles y peligrosos, como lo eran los clubes nocturnos, infestados de vicios y administrados muchas veces por gángsters. Con frecuencia a las circunstancias mencionadas se sumaba la posibilidad de beber vastas cantidades de alcohol, ingerir drogas duras o las dos cosas juntas, según el caso, sin dejar de tocar de manera coherente hasta el amanecer del siguiente día.

En el pasado, una mujer decidida a formar parte de la comunidad de músicos y a no dejarse intimidar por dicho ambiente duro e impregnado de humo, en el que los compañeros de trabajo solían ser puros hombres, con frecuencia tenía que pagar el precio de su osadía, con costos tendentes a ponerla en su lugar, tales como la pérdida de su respetabilidad, la cual encabezaba la lista, además de la desaprobación social y familiar, y a veces ser relegada al ostracismo.

 

*Fragmento de la introducción al libro Ellazz (.World) Vol. III, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos, bajo ese rubro.

 

 

Ellazz (.World) Vol. III

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2022

Contenido

Cassandra Wilson

Doris Day

Lena Horne

Melody Gardot

Mindi Abair

Mosaic Project

Natalie Cole

Sabina Hank

Viktoria Mullova

LIBROS: STREET MUSIC

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(FOTOGRAFÍAS)

 

INTRO

 

Es verano y pululan por doquier, pero igualmente se les encuentra en otoño, primavera o invierno. Sin embargo, es en el verano cuando junto a los experimentados de la andanza callejera aparecen también los novatos y los primerizos. Así que las calidades varían, lo mismo que las músicas que interpretan.

 

Los folklores de todos los continentes o la adaptación de la cultura popular global a ellos es uno de los atractivos que representan hoy en día, tanto como la variopinta instrumentación. No obstante, el jazz, lo clásico, el pop, el rock, el folklor o el hip hop siguen siendo el repertorio entre tanta mochila aventurera.

 

Aventura que puede perseguir varios fines. Entre lo divertido está el viaje, conocer otros países y formas de vida, autofinanciarse el conocimiento. Entre lo pragmático, para conseguir la colegiatura universitaria o un dinero extra aprovechando las vacaciones; la exposición pública de alguna destreza, idea y su perfeccionamiento; la transformación de la vida en algo alternativo, al margen social, con un objetivo existencial.

 

Pero la opción también puede ser patética, de sobrevivencia pura y dura, como la de muchos inmigrantes o de gente que no encuentra lugar en las ciudades, que malvive en las orillas, sin otra expectativa que resolver el día con día a expensas de una voz o un instrumento, de los permisos, de la generosidad de la gente o de la astucia para evitar la multa o el arresto.

 

La historia de estos músicos nació en la Provenza (antigua región del sudeste de Francia) durante el ocaso del siglo XI. El primer trovador conocido fue Guillermo de Poitiers (1071-1127). El estilo del cual fue precedente floreció a lo largo de dicha centuria, junto a sus mitos románticos y caballerescos.

 

Los trovadores normalmente viajaban grandes distancias y llevaban consigo noticias entre una región y otra, las cuales trasmitían con cantos en las plazas públicas de los villorrios, pueblos y ciudades, aunque también contaban costumbres y otras formas de cultura, ante el pasmo, asombro y festejo de las audiencias.

Estos personajes pertenecían mayoritariamente a la nobleza, a menudo a medio camino entre el caballero andante y cortesano y el soldado mercenario.

Con sus canciones amorosas, sobre todo, pero también con sus composiciones de propaganda a favor o en contra de uno u otro reino, sus debates sociales y, en definitiva, con su visión del mundo, iniciaron una historia cultural y política con una variedad de ejemplos que no encontramos en ningún otro documento de la época en Occidente.

A la zaga de estos personajes surgieron los juglares, que eran artistas del entretenimiento en aquella Europa medieval. Eran hombres dotados también para tocar instrumentos musicales, cantar y contar historias o leyendas.

 

 

Se diferenciaban de los trovadores por sus orígenes humildes y por tener como fin entretener (el término, además de los cantores, abarcaba también a los saltimbanquis, a los lanzadores de cuchillos, equilibristas, domadores, etcétera) y no ser autores de sus versos. Éstos últimos, eran  generalmente copias de versificaciones de trovadores arregladas por ellos mismos, aunque sí llegaron a existir quienes componían sus propias obras.

Dentro de la primera etapa del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII predominaron los juglares épicos (poetas cultos en realidad) que normalmente recitaban tiradas y fragmentos de poesía narrativa o biográfica. Pero a partir de la segunda mitad del siglo XIII y en el siglo XIV predominaron más los juglares líricos que recitaban la llamada «poesía cortesana».

Las diferencias, pues, entre trovador y juglar estuvieron bien marcadas: el primero era un poeta lírico de condición social elevada, que se acompañaba de una melodía fija y cuyo texto se fijaba por escrito y no se transmitía con variantes, además de que no necesitaba utilizar sus facultades artísticas como medio de vida.

 

El juglar, por su parte, llevaba una vida ambulante, recitaba con una entonación específica de acuerdo a la temática, memorizaba los textos e incluso improvisaba a partir de determinados motivos. Además, podía ayudarse con la mímica y la dramatización. La suya se trataba de una narrativa de transmisión oral y carácter folclórico o popular.

 

Sin embargo, a veces hubo mezclas entre los dos conceptos. Los primeros llegaron a dramatizar en ocasiones y los segundos incluían entre su repertorio las creaciones de los trovadores.

 

El epítome de aquellos oficios se dio con François Villon, poeta culto francés que vivió y cantó en París a mediados del siglo XV. La aventura le dictaba sus escritos acerca del amor y sus desventuras, de lo bello y su pérdida, de lo que vivía junto a sus amigos -los marginales de la época-: asiduos a las tabernas de mala fama, las prostitutas y la delincuencia. Su andar se desarrolló en una época de disturbios y violencia urbana que tuvo su epicentro en el barrio latino de la ciudad, y a la que él volvió burlesca con su poesía autobiográfica, puntillosa y crítica.

 

En la actualidad, los trovadores modernos se han vuelto profesionales del canto. Sus estilos van del alt country al folk rock, de la dark americana a la world music, entre otros estilos. En ellos se deposita la poesía que intenta explicar lo cotidiano, mientras que los juglares contemporáneos son los músicos callejeros que repiten los versos de aquellos en toda instrumentación y folklor populares.

 

Su tradición tiene imán y data, según se ha visto, de la Edad Media, en Europa, de cuando vagaban por las ciudades y poblados y por lo tanto tenían una gran influencia en la vida cotidiana de la gente. Desde entonces, el canto y otras extravagancias amateurs han sido un espectáculo regular en los barrios urbanos, con lo intermitentes que pueden ser, y los estilos se esparcen por distintos grupos compuestos por las diversas nacionalidades que se juntan.

 

 

En general son agrupaciones formadas con músicos que practican la música callejera para alcanzar mayor perfección en su área frente al público, y también con la intención de ganarse la vida de manera temporal con dicho oficio.

 

Y ellas se han forjado bajo la filosofía de hacerle llegar al público su música, ganarse unas monedas y al mismo tiempo proporcionarle a la gente un momento agradable durante el día, en su ir y venir por la ciudad.

 

Los músicos que conforman dicha actividad es gente que lo hace por hobby, o profesionales que así ensayan; son viajeros fugaces, turistas mochileros o inmigrantes exiliados por las persecuciones, las guerras y la intolerancia, con los homeless (sin techo) desechados por el sistema.

 

Pero también son activistas sociales que de esta manera hacen propaganda a sus ideas. Son desempleados, lúmpenes o mendigos poseedores de algún instrumento para hacerse de un poco de dinero para comer. En medio de esto cantan sobre el amor y su búsqueda.

 

Siempre han preferido realizar dicha actividad en el exterior y cuando es posible en el Metro. Sin embargo, prefieren los espacios abiertos, donde las personas se toman el tiempo de escuchar con atención, sin tener que correr para alcanzar un vagón o con el estrés de la aglomeración en horas pico.

 

Lo suyo está en la creación del escenario para el sentimiento, para la emoción; en la seguridad para alcanzar ambas cosas con la colaboración del oído atento del escucha.

 

Éste debe poner todo de su parte en el invite que su canto y música representa, y un instante antes de caer en la explosión del encuentro consumado, darse cuenta del disfrute del que goza y saborear lo que sucederá un segundo después en plena conciencia dentro de la pasión, para desplegar su arte en pleno, cual romance de juglar callejero.

 

 

 

 

 

 

*Introducción y fotografías extraídos del volumen Street Music, publicado por la Editorial Doble A y, de manera seriada, por el blog “Con los audífonos puestos”.

 

 

 

 

Street Music

(Fotografías)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Imago”

The Netherlands 2023

 

 

 

 

 

 

 

LIBROS: ELLAZZ (.WORLD) VOL. II

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

LA MUJER EN EL JAZZ*

 

Durante muchos años, las cualidades necesarias para adentrarse en el mundo del jazz se consideraron prerrogativas netamente masculinas. Entre ellas estaba una agresiva confianza en sí mismo, con la disposición a lucir e imponer la capacidad y potencia de interpretación en el escenario. Otra era la concentración exclusiva en la profesión, incluyendo ausencias frecuentes de casa y el derivado abandono de la familia.

 

A lo ya mencionado se agregaba la capacidad de moverse en ambientes difíciles y peligrosos, como lo eran los clubes nocturnos, infestados de vicios y administrados muchas veces por gángsters. Con frecuencia a las circunstancias mencionadas se sumaba la posibilidad de beber vastas cantidades de alcohol, ingerir drogas duras o las dos cosas juntas, según el caso, sin dejar de tocar de manera coherente hasta el amanecer del siguiente día.

 

En el pasado, una mujer decidida a formar parte de la comunidad de músicos y a no dejarse intimidar por dicho ambiente duro e impregnado de humo, en el que los compañeros de trabajo solían ser puros hombres, con frecuencia tenía que pagar el precio de su osadía, con costos tendentes a ponerla en su lugar, tales como la pérdida de su respetabilidad, la cual encabezaba la lista, además de la desaprobación social y familiar, y a veces ser relegada al ostracismo.

 

 

 

*Fragmento de la introducción al libro Ellazz (.World) Vol. II, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

 

 

 

 

 

Ellazz (.World) Vol. II

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2020

 

 

Contenido

 

Jesse (Relato)

Esperanza Spalding

Hülsman-Lavergnac

India

June Tabor

Karrin Alyson

Lisa Bassenge

Lynn Arriale

Madeleine Peyroux

 

 

TIEMPO DEL RÁPSODA: SÓLO LAS NOCHES (VII)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(POEMARIO)*

 

“NADA”

 

Nada

que no sea la satisfacción

los cuerpos marcando el ritmo

las caras aflojándose

la música

paseándose por la piel

Y después ¡basta!

Nada de razonamientos profundos

 

 

PETICIÓN”

 

No me dejes salir

abrir el corazón así

equivaldría a sufrir dos veces

Tu hospitalidad

al contemplar mis ruinas

no exigiría la violación de tus secretos

ni aún bajo la bandera de esta muerte

 

No me dejes salir

porque mi existencia se asfixiaría

con las pesadillas insensatas

que atormentan mis insomnios

porque nada podría hacer

excepto evitar morir

pues si muriera

no contaría más con el aspecto

de mis miserias

 

 

“¿QUÉ HARÉ?”

 

¿El lugar?

Cualquiera donde se expongan

vergüenzas de piedra

sucias y aplanadas

¿Mi aspecto?

El del silencio donde se pasean los años

¿El color de su vestido?

Azul, con olor a zorra

¿Qué haré?

salir a recibir el roce de la tela

 

 

 

 

*Textos extraídos del poemario Sólo las noches.

 

 

 

 

Sólo las noches

Sergio Monsalvo C.

Editorial Oasis

Colección “Los libros del fakir”

Núm. 63

México, 1984

 

 

 

Dibujo: Heraclio

 

 

 

RAMAJE DEL ROCK: ROCK DE GARAGE (VI)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

La originalidad del dúo de Jan Berry y Dean Torrence emergió en 1958 con los arreglos surfin’, las armonías vocales, coros y el uso del falsete. Su música fue un auténtico soundtrack de la diversión veraniega: canciones llenas de briza marina, rayos de sol, olas, tablas de surf, bikinis, fiestas playeras nocturnas y carreras de coches.

 

La aparente superficialidad temática estaba apoyada por la producción cuidada, nítida y compleja de Jan Berry. Su trabajo impactó al jovencísimo Brian Wilson, otro californiano con aspiraciones musicales, que se volvió amigo de Berry y logró colaborar en la construcción de algunos éxitos del dúo.

 

“Dead Man’s Curve”, continuó la cadena de logros. Esta última canción relataba el accidente fatal de un joven corredor de hot rods, y que a la postre significó el tema de despedida del dúo cuando en 1966 el propio Berry sufrió tal accidente mientras manejaba su auto deportivo.

 

Berry sobrevivió al accidente, aunque con una marcada paralización en sus capacidades cerebrales, lo que obligó a la disolución del binomio. De cualquier modo, Jan & Dean fueron una influencia determinante en el surf de aquellos años (con su omnipresente y determinante atmósfera conceptual). 

 

Jan & Dean influyeron en Brian Wilson a la hora de formar un grupo con sus hermanos en Los Ángeles, alrededor de 1960. Se sentía muy impresionado por ellos y por los grupos vocales The Four Freshmen y Hi-Los y decidió fundar un quinteto semejante. Se llamaron The Beach Boys.

 

 

Esta canción, original de Brian, reafirmó la imagen del grupo como unos muchachos estadounidenses despreocupados y alegres para quienes la vida significaba ir a la playa, andar en coche, ligarse a las chicas y surfear. El papá de los Wilson les consiguió un contrato para grabar con Capitol. 

 

«Surfin’ USA» manifestó cuáles eran las raíces de Brian Wilson. La pieza fue copiada prácticamente nota por nota de «Sweet Little Sixteen» de Chuck Berry. Brian le agregó armonías vocales, adaptó el texto a sus propias ideas y creó una producción de sonido ligero. El patrón para un nuevo género, el surf-rock.

 

Después de «Surfin’ USA», una serie de sencillos entraron a los primeros diez lugares en los Estados Unidos: en este periodo, los Beach Boys grabaron 12 discos para la Capitol Records, entre ellos un tema muy exitoso.

 

 Los Beach Boys, como sus antecesores, Jan & Dean, influyeron en el pop con los manejos de la melodía y en el garage proto punk a futuro con los ritmos rápidos, machacones, herencia del rock and roll, el punteo frenético en la guitarra principal y el bajo, uso de efectos como el tremolo y la reverberación que en aquella época comenzaron a ser incluidos en los amplificadores.

 

Sin Dick Dale, Jan & Dean y los Beach Boys no hubieran existido los Ramones, los B-52’s, The Cramps ni Weezer o Supergrass. Sin embargo, hacia el final de 1964, el sonido de la playa agonizaba, mientras los meteorólogos vaticinaban la llegada de una inmensa ola venida de Albión.

 

VIDEO: NEW – Surf City – Jan and Dean (Stereo) 1963, YouTube (Smurfstools Oldies Music Time Machine)

 

 

 

 

LIBRO: ELLAZZ (.WORLD) VOL. I

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

LA MUJER EN EL JAZZ*

 

Para escuchar a las mujeres en el jazz no bastan ni las expectativas ni los manierismos en el dibujo de lo esperado. Ellas generan con sus historias ese placer impagable del desarrollo histórico argumentado y cifrado en sus intersticios creativos, en los relatos biográficos, en las obras conseguidas. En líneas generales, las mujeres en el jazz no traicionan la poética del género como muchos pudieran pensar, es más, le insuflan un interés que trasciende las perspectivas habituales.

 

Uno escucha los discos de las jazzistas no tanto para saber cómo argumentan sino para disfrutar con su transcurso en la construcción del argumento. Esta es una manera de defender un género, desde su esencia Y buscar así el diverso ángulo creativo. Es decir, las mujeres tienen en el jazz el mismo problema que los hombres: la necesidad de un público.

 

El de las mujeres en este género es el arte de acomodar su música a unas leyes que a muchos oídos parecen infranqueables, tanto como una teoría cibernética. Y justamente es en esa maestría, en ese difícil arte de transitar por lo ignoto (original), tanto como por lo transitado (standard), con la sensación de la singularidad y la brillantez, donde estriba gran parte del atractivo mayor de sus propuestas.

 

Un tema como el de ellas en el jazz adquiere existencia gracias a la evolución constante de la que han sido capaces. Quienes se han sumergido en tal evolución las han contemplado a sus anchas y encarnado en la concreción de sus músicas, creando con tal circunstancia un armonioso y preciso encadenamiento de evocaciones, de recuerdos, que siempre sorprenden, y en lo que el tiempo pierde toda consistencia y no impone su rígido orden.

 

La serie Ellazz (.World) ha mostrado la complejidad y riqueza de sus vidas. Con sus ritmos propios y asociaciones entre imágenes, pensamientos, situaciones, sensaciones, amistades, ternuras, amores, nostalgias, y también miedos, ansiedades y a veces el logro del sosiego y la serenidad de lo ejecutado. Y no hay nada en sus discursos particulares que sea indiferente, todo cuanto compone la vida de una jazzista, aun cuando algo parezca nimiedad, adquiere una gran relevancia, cada instante de vida rememorado posee un enorme interés.

 

 

 

*Fragmento de la introducción al libro Ellazz (.World) Vol. I, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

 

 

 

 

Ellazz (.World) Vol. I

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2020

 

Contenido

 

Aki Takase

Andrea Parker

Anita O’Day

Aziza Mustafa Zadeh

Barbara Dennerlein

Bebel Gilberto

Dee Dee Bridgewater

Diana Krall

Dinah Washington

Eliane Elias

 

TIEMPO DEL RÁPSODA: SÓLO LAS NOCHES (VI)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(POEMARIO)*

 

 

“HICE BIEN”

 

Hice bien en decirle

lo que le dije,

para que aprendiera

la muy distante…

para que no se fuera

 

 

“CUARTO PISO”

 

Con la esperanza de no perderte

me acomodé

en el aparador del rito

cuarto piso

de esta tienda de moda

donde me has descubierto

antes de la hora de abrir

como un maniquí

desnudo por tu locura

 

 

*Textos extraídos del poemario Sólo las noches.

 

 

 

 

Sólo las noches

Sergio Monsalvo C.

Editorial Oasis

Colección “Los libros del fakir”

Núm. 63

México, 1984

 

 

 

Dibujo: Heraclio

 

 

 

LIBROS: EL LUGAR DEL CRIMEN

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(ENSAYOS SOBRE LA NOVELA POLICIACA)

Cuando el crimen hace acto de presencia, la sociedad se atemoriza, los individuos se tornan falaces, contumaces, medrosos. Y un hombre entra en acción: el que está dispuesto a restablecer el orden, aclarar el enigma, hacer que el o los criminales paguen cara su osadía: la de haber puesto en jaque a una normalidad aborregada, hastiada, indolente.

“En los ensayos incluidos en El lugar del crimen, Sergio Monsalvo C. se ha dado a la tarea de dilucidar quién es quién en el proceso criminal que corroe el cuerpo social y que ha dado lugar a un género literario donde, con arte, se consignan los motivos del perseguidor y el perseguido para poner en jaque a la totalidad del hormiguero.

“En El oficio de vivir, Cesare Pavese expresa: ‘Todos los hombres tienen un cáncer que les roe, un excremento cotidiano, un mal a plazos: su insatisfacción; el punto de choque entre su ser real, esquelético, y la infinita complejidad de la vida’. En los ensayos que dan cuerpo a este libro, Sergio Monsalvo C. desentraña esa complejidad expresada por varios destacados autores del género negro o policiaco”.

Emiliano Pérez Cruz

(Contraportada)

El lugar del crimen

(Ensayos sobre la novela policiaca)

Sergio Monsalvo C.

Times Editores,

México, 1999

RAMAJE DEL ROCK: ROCK DE GARAGE (V)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

El rock instrumental de fines de los años cincuenta proviene de los intérpretes negros del jazz y del rhythm and blues, sobre todo del jump. Un aspecto importante en el jump fueron las piezas instrumentales, herencia de los comienzos del rhythm and blues, cuando el principal interés de los fans era bailar.

 

Al terminar el auge del jump al final de los cincuenta, su esencia fue retomada por los guitarristas blancos de ambos lados del Atlántico, con los Tornados y los Shadows, del lado del Reino Unido, y con los Champs, Link Wray, The Ventures, Booker T. And The MG’s y decenas más del lado americano.

 

La época de oro del rock instrumental duró hasta la llegada de la Ola Inglesa, a la que influyó, así como lo hizo con el surf y otras corrientes de moda menos importantes y fugaces. En ella diversos instrumentos fueron protagonistas antes de que lo fuera la guitarra: El sax con los Champs, por ejemplo.

 

El subgénero basó su acontecer en el uso exclusivo de los instrumentos y con una mínima o ninguna participación de la letra. Surgió para dar énfasis a la destreza individual sobre los mismos que a la larga derivó en virtuosismo, Como el órgano Hammond con Booker T. And The MG’s.

 

Mientras la industria se afanaba en vender la versión «limpia» del rock and roll, los surfeadores de California preferían la dureza de Link Wray, cuyos discos instrumentales fueron un gran éxito en 1958. Para “ensuciar” el sonido de su guitarra, Wray abrió un agujero en la bocina, descubriendo el efecto «fuzz».

 

Asimismo, gozaban de gran popularidad The Ventures. Cuando este grupo logró llegar a las listas a nivel mundial, las compañías disqueras desde luego presentaron grandes cantidades de bandas y obras hechas al vapor y copiando su distintivo estilo.

 

Reubiquémonos. Estamos en 1958, tiempo en que Elvis entra al ejército. Los Estados Unidos aplauden a estrellas pop aptas para toda la familia. Sin embargo, en la playa californiana de Balboa sucede algo. Se sacude el Rendevouz Ballroom con el primer concierto del guitarrista Dick Dale. Nacía el sonido surf.

 

Por regla general, los beach bums o «vagos de la playa», fans de Dale, no gozaban de una buena reputación. Rechazaban las reglas del trabajo, la disciplina y los valores familiares que el Estado y los padres deseaban inculcar a la joven generación. Preferían la tabla de surf al pupitre escolar.

 

El fabricante de instrumentos Leo Fender abasteció a la comunidad con las obligatorias guitarras Stratocaster y con amplificadores provistos de aparatos de eco, característicos para el sonido de los surfeadores. Dick Dale se convirtió en estrella de culto musical y se le denominó como el «padre de la guitarra heavy metal».

 

 

El surf instrumental retoma con regularidad nuevos aires y practicantes garageros en todo el mundo. Es un camino abierto que siguen docenas de grupos con convicciones semejantes, los cuales rinden tributo al sonido speed instrumental enriquecido por el eco.

 

El acto de surfear nació en Hawai. En el siglo XV se contaba ahí con un amplio repertorio de cánticos para implorar a los dioses las olas adecuadas. No obstante, fue hasta principios del siglo XX que los estadounidenses descubrieron esta diversión de aquellos «nobles salvajes».

 

Sin embargo, el deporte no se desenvolvió plenamente sino hasta los años cincuenta. Desde Los Ángeles hasta México, el clima resultó ideal en las playas para la vida al aire libre.

 

Dicho clima atrajo a muchos veteranos de las recientes guerras en el Pacífico y en Corea, quienes las habían pasado en Hawai. Así que no deseaban acostumbrarse nuevamente a las cadenas de la rutina fabril. Por otra parte, Los Ángeles gozaba del auge económico.

 

Grandes industrias y zonas residenciales brotaron del suelo como hongos y otorgaron un nivel de vida muy alto a la población. De esta manera, las filas de los exsoldados renegados se vieron engrosadas con los adolescentes de las mismas inquietudes, quienes preferían la tabla de surf al pupitre escolar.

 

Dichos jóvenes crearon sus propias modas y normas de conducta. El vodka con jugo de naranja era la bebida preferida, que se acompañaba con un cigarro de marihuana. Su vestuario consistía en pantalones cortos de lona y camisas estilo Hawai o Pendleton, estas últimas a grandes cuadros.

 

Dick Dale, por su parte, mezcló estas influencias con las melodías de sus padres y de esta manera, proporcionó a la música un exotismo auténtico que luego degeneró en kitsch gracias al despiadado efecto de miles de grupos de música ligera.

 

Entre 1958 y 1961, Dick tuvo varios éxitos a nivel local y luego nacional. Sin embargo, la corriente se comercializó y las disqueras empezaron a solicitar letras, el sonido surf entró en decadencia y el olvido…hasta que apareció en el soundtrack de Pulp Fiction, la taquillera película de Quentin Tarantino.

 

Dick Dale se convirtió en estrella de culto musical y la especializadísima revista estadounidense Guitar Player, por ejemplo, lo denominó como el «padre de la guitarra heavy metal».

 

El surf tomó un segundo aire con nuevos seguidores y practicantes garageros en todo el mundo. ¿Y el «rey de la guitarra surf» Dick Dale? En el final de la primera década del siglo XXI, se encuentra celebrando giras constantes por Europa.

 

Dale, de carácter huraño y gustos nada comunes, proclamaba que la música era sexo, y su guitarra, el rugido del puma y el murmullo del océano. El sonido de la naturaleza. Eso era lo que buscaban los jóvenes surfeadores del sur de California: el contacto de los elementos naturales con su música.

 

VIDEO: Link Wray – Rumble -11/19/1974, YouTube (Classic Rock on MV)