EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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(1957)

 

En 1957, la Unión Soviética lanzó al espacio el Sputnik I, primer satélite artificial.

A la República del Congo se le reconoció el carácter de república autónoma por parte de Francia.

Jack Kerouac publicó On the Road (En el camino).

 Los Crickets y Buddy Holly logran meter tres temas en las listas de los diez grande: “That’ll Be the Day”, “Oh Boy” y “Peggy Sue”.

Holly realizó una gira formando parte de un espectáculo típico de la época, en el que también figuraban Fats Domino, los Drifters, Paul Anka y un dúo cuya pieza “Wake up Little Susie” encabezaba las listas en aquel momento: los Everly Brothers.

La espectacular escalada de Elvis Presley hizo que los estudios de grabación estadounidenses se lanzaran en una febril actividad en busca de talentos que comercializar.

De todos esos estudios, uno pequeño independiente, ubicado en Clovis, Nuevo México, que pertenecía y era dirigido por Norman Petty, destacó al producir una canción que al entrar en las listas de popularidad abrió el camino a otros artistas para seguir grabando: se trató del tema “Party Doll” de Buddy Knox, una pieza que volvió a arrojar luz sobre el rockabilly.

El paso más espectacular de la música country al rock and roll fue protagonizado por Jerry Lee Lewis, músico y cantante de talento que adoptó una actitud abiertamente rebelde. Irrumpió en la escena con una canción que con el tiempo se volvería un clásico: “Whole Lotta Shakin’ Going on”.

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Lewis, uno de los pianistas más influyentes de la época —el otro fue Little Richard—, era producto de los estudios Sun Records, donde se le anunciaba como “The Killer y su piano percusivo”. La influencia de Lewis se hizo notar en casi todas las grabaciones del rock and roll de por lo menos tres años.

La influencia de Chuck Berry fue aún mayor: no hay un solo músico de rock que no haya sucumbido en alguna ocasión a su hechizo. Muddy Waters fue quien le sugirió a Berry que hiciera una audición para Chess Records, sello que acabó editando la mayoría de piezas de su catálogo. Todas ellas consideradas como auténticas epopeyas de la adolescencia.

En realidad, Berry ya rondaba los 30 años, pero su intuitiva comprensión de la conducta adolescente le permitió escribir algunas de las más exuberantes y ciertamente menos perecederas canciones de mediados de los cincuenta: “Maybelline”, “Roll over Beethoven” o “School Day”, la primera y probablemente mejor canción en contra de la escuela que se haya escrito.

Mientras tanto, Elvis Presley seguía su camino como una auténtica locomotora. En febrero de 1957 llegó al primer lugar de las listas con “Too Much”; en julio hizo lo mismo con “Teddy Bear”, y en octubre con “Jailhouse Rock”, pieza que sugirió el título para una película donde Elvis se reveló como un coreógrafo excelente. No obstante, el tema más importante para él ese año fue “All Shook Up”, mismo que se mantuviera por ocho semanas consecutivas como número 1. Era la segunda vez que un tema de Elvis se convertía en la canción del año —en 1956 lo había sido con “Hound Dog”—. Ningún otro artista desde entonces ha logrado ese gallardete.

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