BIBLIOGRAFÍA: CARTAPACIO (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

ENTREGA XI (FOTO 1)

(RELATOS)

ÍNDICE

Éste era un gato

– El blues de Luz

– Una bolsa de París

– Divino Tesoro

– Paseo nocturno

– El cocodrilo del Capitán Garfio

– Carrera con la fugacidad

– El viaje del exiliado

– La Certidumbre

– Cosas del futbol

– El deseo

– La huella de los días

– Espolón perdido

– La Casa del Poeta

– Sally

– Extraños en el Paraíso

– Uno x Uno

– No Reply

– Rigor Mortis

– The Wanderer

*Esta primera antología de relatos cortos fue publicada de manera seriada a través del blog “Con los audífonos puestos” en la categoría “Cartapacio”.

Cartapacio I

(Relatos)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

The Netherlands, 2020

ENTREGA XI (EX LIBRIS)

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Por SERGIO MONSALVO C.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS (FOTO 1)

 (RELATO)

¿Anduviste con otra mujer en mi ausencia?

-Sí.

-¡Qué cínico!

– No es cinismo. Pudiera parecerlo, pero no lo es. Lo que pasa es que me molestaría ocultártelo y creo que fue una experiencia de la cual debías estar enterada. Para mí resultó fundamental.

-¿Hubo otras?

-¿Otras mujeres?

-Sí, de eso estamos hablando, ¿o no?

-No. Fue la única.

-¿Y cómo es ella?

-Bonita, simpática e inteligente, me lo puedes creer. La pasamos bien.

-Por eso nunca te encontraba. Siempre estaba puesto tu buzón de voz en el teléfono o en la contestadora del departamento. Pensé que tenías mucho trabajo, eso me dijiste.

-Lo tenía, pero lo dejé botado.

-¿La conociste antes de mi viaje?

-No. La conocí en el aeropuerto luego que te despedí. Me pidió mi celular para hablar por teléfono. Una urgencia o algo así y el suyo se había quedado sin batería. Me invitó un café para compensar el favor y una cosa siguió a la otra.

-¿Te acostaste con ella?

-Sí.

-¿Y ahora qué…la sigues viendo?

-No. Eso se acabó. Duró sólo el tiempo que estuviste fuera. Quería averiguar cómo me sentiría sin ti y ya lo sé. Descubrí, al volver a verte, que prefiero la parte de mi persona que te desea al yo en que me convertiría con ella. Lo demás ahora depende de ti, de tu respuesta…

 

 

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“EL NOSFE”

Por SERGIO MONSALVO C.

EL NOSFE (FOTO 1)

Los últimos rayos del sol marcan el momento de alistarse. En este cuartucho de azotea espera el lento transcurrir de las horas. Se la pasa ahí tirado desde que regresa al amanecer. Con el primer movimiento que hace dentro de esas cuatro paredes espanta a las cucarachas por un instante.

Luego, éstas continúan con su labor por doquier y él se entretiene durante un rato interminable pisándolas y oyendo el sonoro crujir de sus caparazones. Los cadáveres de innumerables animalejos se suman a otras tantas capas de polvo y basura diversa regada por aquí y allá. “Una alfombra cool“, se dice cada vez que termina con los aplastamientos.

Camina unos pasos hacia la tabla que encima de unas cajas de madera le sirve de mesa. Deposita la coca cola y los tuinkys que trae en las bolsas del largo abrigo que antaño perteneció a otro velador. Se lo quita y avienta al camastro mientras busca el destapador.

Como no lo encuentra, se dirige hacia un clavo largo y oxidado que sobresale en la descarapelada y verdosa pared. Abre el refresco con un golpe rápido y certero, toma los pastelitos y se acuesta. De una desvencijada silla escoge alguna de las revistas del montón y se dispone a leer mientras desayuna.

Es una revista de la semana anterior pero no importa, da lo mismo en espera del sueño.

Una vez que termina de comer, arroja la envoltura al suelo y se tapa con el abrigo. Le sobresalen los zapatos, pero no se los quita para evitar que las cucarachas se les metan.

Cierra los ojos pero no duerme, prefiere repasar las peripecias de la noche.  Sobre todo cuando subió al segundo piso de la bodega y descubrió en la azotea del edificio de enfrente a aquella pareja que retozaba al amparo de la oscura soledad de la madrugada.

Se puso contento, pues no tendría que recurrir a las revistas de siempre para satisfacer sus ansias. No era necesario forzar la vista para adivinar las formas y los movimientos. Succionó la savia del hecho y nutrió de espejismos los huecos de su existencia, por una noche más.

La primera luz lo sorprendió de espaldas rumbo a su casa.

ExLibris