Por SERGIO MONSALVO C.

Entre décadas Elvis también cambió la coreografía de su espectáculo de maneras conformes al vestuario: tiraba golpes y patadas de karate y recorría el podio como un artista marcial, ya sin un solo giro pélvico.
En 1970, al volver al mismo escenario, se entregó a un glam llevado hasta las últimas consecuencias y a la imagen del hombre sexy y musculoso, con joyas y blancos overoles escotados. Aún tenía la figura esbelta necesaria para ello. Las perlas ceñían su cintura delgada en un cinturón dorado de karate, mientras que enormes y resplandecientes gemas proyectaban rayos fluorescentes color malva y rosa desde sus dedos.

Más perlas le adornaban el torso y acariciaban su cuello. Lo lucía todo de manera favorable adoptando poses clásicas al final de cada número. A partir de ese momento y hasta el final de la carrera de Presley, Belew, el diseñador de aquello, se regodeó con imágenes totémicas adornadas y dibujos abstractos sobre las extensiones blancas de la tela de sus overoles: tigres de rayas negras y anaranjadas, pavos reales, calendarios mayas, pirámides aztecas y el arco iris.
Por último, figuraron las combinaciones fantásticas de tira cómica basadas en los trajes de Supermán y Buck Rogers, altos cuellos napoleónicos, un cinturón de gladiador romano hecho de oro (supuestamente costó diez mil dólares) y muchas alhajas y mascadas para ser arrojadas al público. La esposa de Presley, Priscilla, dio inicio a la fase de las capas cuando en 1971 le regaló una.
VIDEO: ELVIS PRESLEY – I Can’t Stop Loving You (Las Vegas 1970), YouTube (Fabrica Elvis XXI)






















