JUMP BLUES

Por SERGIO MONSALVO C.

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 ENERGÉTICA REUNIÓN DE ESTILOS/II

La pieza más importante de rhythm and blues de 1950 fue “Pink Champagne”, un jump dirigido por el pianista Joe Liggins que debió su fuerza a la solidez de su grupo, con la destacada participación del saxofonista Little Willie Jackson. A Joe Liggins se atribuye la hazaña de prender la mecha del rhythm and blues en Los Ángeles a mediados de los años cuarenta (unos meses  después que lo creara Charlie Parker en Nueva York).

LaVern Baker, que al principio de su carrera cantó con big bands, se estableció como reina del rhythm and blues con piezas como “Tweedlee Dee” y “Jim Dandy”, pero no tenía igual tampoco como intérprete de blues y gospel, y su fuerte voz se adaptaba particularmente al jump blues.  Por errores estratégicos, sus grabaciones en el género no se editaron hasta 1961, cuando los gustos musicales ya habían evolucionado hacia tonos más suaves.

Un aspecto importante el jump blues eran las piezas instrumentales, herencia de los comienzos del rhythm and blues, cuando el principal interés de los fans era bailar.  Uno de los más destacados representantes de esta ramificación del género fue Sam Price, autor de grabaciones como “Rib Joint”, caracterizadas por su contagioso ritmo que en este caso contó con el apoyo de las superestrellas Mickey Baker en la guitarra y King Curtis en el sax. Además, el piano de Price se escucha en cientos de discos de jazz, blues y gospel, acompañando a intérpretes tan diversos como Cow Cow Davenport, Nappy Brown y Sister Rosetta Tharpe.

Robert “Bobby Charles” Buidry fue el primer “soulman ojiazul”, entre cuyas composiciones figuran los éxitos de Fats Domino “Walkin’ to New Orleans” y “Before I Grow too Old”, así como “But I Do” de Frogman Henry. Bobby creó una extensa serie de animados jump blues y baladas antes de abrazar un estilo más influido por el country y el cajun.

Mabel “Big Maybelle” Smith atacaba las letras de manera única con enorme fuerza, cruzando las fronteras del jazz, el blues y el rock. El tamaño de su voz la hacía idónea para el jump blues, género en el que gozó de cierto renombre, antes de perder fuerza su carrera debido a la diabetes y la adicción a la heroína.

Lloyd Price compite con Fats Domino por el título del máximo exponente del rhythm and blues originario de Nueva Orleáns. Su interpretación de “Lawdy Miss Clawdy” tuvo gran éxito en 1952, pero su carrera se interrumpió bruscamente al ser reclutado para el ejército. Al regresar de Corea, respondió a las nuevas exigencias del rock and roll con “Forgive Me, Clawdy” de 1956, canción que hierve y chisporrotea de principio a fin.

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La voz de Faye Adams, una belleza menudita, derrumbó las puertas de su iglesia en Newark, New Jersey, cuando su amiga Ruth Brown la convenció de abandonar el gospel para dedicarse al rhythm and blues. Tuvo gran éxito en 1953 con “Shake a Hand” y “I’ll Be True”.  Desafortunadamente, ninguna de sus grabaciones posteriores de jump blues ni tampoco sus hermosas baladas repitieron ese éxito primigenio y su última grabación data de 1962. Desde entonces limitó sus interpretaciones emotivas y sentidas otra vez al ámbito eclesiástico.

Pocos artistas de jump blues alargaron sus carreras por tanto tiempo como Willie “Piano Red” Perryman, pianista hermano del rey del boogie Rufus “Speckled Red” Perryman. Después de unas grabaciones iniciales en los años treinta, trabajó como tapicero y presentándose ocasionalmente en los clubes de Atlanta hasta ser redescubierto en 1950. Sus éxitos “Rockin’ with Red”, “Red’s Boogie” y “Laying the Boogie” le permitieron concentrarse en el piano a partir de entonces.

Wynonie Harris hizo sonar el grito de guerra de la revolución del rock en 1948, con el éxito “Good Rockin’ Tonight”, trascendencia que igualó en 1956 con la arrolladora pieza “Destination Love”. Las hazañas de este artista, dentro y fuera del escenario, hicieron de él el “chico malo” del blues, y produjo una serie de maliciosas melodías de jump que mantuvieron encendidas las rockolas y en estado de apoplejía permanente a los guardianes de la moral pública, hasta que se distrajeron con Elvis Presley.

Por otra parte, Roy Brown, el apacible autor de “Good Rockin’ Tonight”, fue un gran intérprete del jump blues por derecho propio, como lo demuestra “Rockin’ at Midnight”, entre otras.

Al llegar el año de 1960, el jump blues había desaparecido prácticamente.  Algunos de los exponentes del demoledor arte del jump encontraron un lugar temporal en el rock and roll; la mayoría desapareció. Entre los temas profundos del soul y el rock de “mensaje”, no había espacio para la alegre convocatoria a divertirse. La transformación del rhythm and blues en rock and roll vistió con ropa nueva al genio a la botella.

VIDEO SUGERIDO: Roy Brown Rockin’ At Midnight, YouTube (Heath Wilson)

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