COSAS DEL FUTBOL

Por SERGIO MONSALVO C.

 COSAS DEL FUTBOL (FOTO 1)

 “COSAS DEL FUTBOL”*

El sol cae a plomo. Molesta de tanta brillantez. El pavimento hierve y emite reflejos plagados de espejismos. Recargado en la pared de la entrada a la vecindad medita en ello, en realidad sin querer hacerlo. Un pelotazo en plena cara lo saca abruptamente de tales sensaciones.  “¡No se duerma, mi buen, que ya vamos a entrar!” le dice el compañero de junto entre las carcajadas del resto de la retadora.

¡Uta, está dura la cruda!, piensa, cerrando los ojos y pasándose la mano por la cara. Los gritos de los jugadores en la calle poco a poco lo vuelven a poner alerta. Le duele la cabeza y la sed, siente, lo está haciendo ver alucinaciones. Mi reino por una chela, suspira shakespereanamente. Sin embargo, las aclamaciones a un gol hacen que todos se levanten para iniciar un nuevo cotejo.

Apenas puede darse buena cuenta del bote de la pelota que abre las hostilidades.  “¡Muévete carnal!” y el pase largo que atraviesa la calle y obliga al jugador a subirse a la banqueta, por donde van pasando unas viejitas que a base de alaridos obligan a suspender el accionar.  “¡Muchachos del demonio, lárguense a otro lado a darse de patadas!  ¡Vamos a llamar a la policía para que se los lleven, desgraciados!”

Mientras tanto, las retadoras en espera responden con abucheos y groserías la alharaca de las veteranas. Apenas libran el terreno de juego, se reanudan las actividades.  “¡Mírame, mírame!  ¡Desmárcate, hijo!”  Uno, dos quiebres y el tiro raso que pasa junto a uno de los botes que marcan la portería: ¡¡Gol!!

El anotador corre hacia los espectadores sentados en la banqueta y les hace con la mano una seña grosera: “¡Tomen sus cremas!” Los chiflidos, mentándosela, no se hacen esperar, lo mismo que las burlas de los otros coequiperos.

Se reanuda el trajín futbolero, pero de nueva cuenta es interrumpido por el paso de un coche que toca reiteradamente el claxon para despejarse el camino.  “¡Ya, pinche escandaloso!” dicen al unísono varios cascareros, y uno de ellos lanza la pelota contra la carrocería. Luego de un rápido intercambio de insultos, el conductor sube la ventanilla y acelera, derribando en su trayecto la “portería”. El tatatatáata resuena fuerte por toda la calle, acompañado de las respuestas a chiflidos.

Nuevo bote y el ir y venir de vestidos y descamisados, manera de diferenciar a los equipos. “¡Pásala güey, no te engolosines!” Vuela la pelota y rebota contra un coche estacionado. Rebote que aprovecha uno de los descamisados para sorprender de zurda a los contrarios y marcarles el tanto de la victoria.

La siguiente retadora no se decide a entrar, cosa que muchos agradecen, incluyéndolo a él, el de la cruda que a base de sudar ha menguado sus efectos.  Mientras algunos se quedan sobre la calle echando dominadas, la mayoría de los contendientes se ha retirado a las paredes, buscando un poco de sombra y el merecido descanso.

“¡Coopérense para las chelas!”  Y se hace la vaquita. Los perdedores de mala gana se enfilan hacia la tienda cercana. Las caguamas se sacan del refrigerador. Se destapan refrescos, ante la vigilante mirada de la ñora dueña del establecimiento, quien a pesar de la atención pierde en las argucias del entrar y salir de los sudorosos futbolistas.

Ya con unos tragos de la cerveza fría se recuperan los ánimos y los cábulas, recargados en la pared, observan el paso de los transeúntes. A éstos no les queda otro remedio que pasar por ahí y aguantar la pulla, la trompetilla, el albur y las miradas socarronas.

Restauradas las energías sale una pelota rota de sepa dónde y dos o tres de esos gandallas buscan una buena piedra para ponerla dentro. Una vez que todos se dan cuenta de ello, la hacen correr y gritan “¡bolita!” al que vaya pasando para que se las regrese.  Este, sintiéndose diestro en el toque de balón a pesar de los zapatos, le mete toda la pierna y los huesos del pie truenan, ante la carcajada multitudinaria. Cosas del futbol, ¿o no?

 

*Extracto del libro de relatos Cosas del futbol, de próxima publicación en la Editorial Doble A.

 

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