EL CUMPLEAÑOS

Por SERGIO MONSALVO C.

EL CUMPLEAÑOS (FOTO 1)

 (RELATO)

Salió a la calle con la cara descompuesta por el mal humor.  Era su cumpleaños y su mujer no dijo ni hizo nada, ni la más mínima alusión a la fecha. De las hijas ni hablar, también se habían olvidado. Es más, ni siquiera estaban despiertas para desayunar con él. Así salió de su casa.  “Al parecer no merezco ni un beso, ni una palabra siquiera”, pensó.

Sin embargo, en la oficina lo esperaba un ramo de flores sobre el escritorio, así como la sonrisa y el abrazo de la secretaria. Ella, que no tenía por qué, lo había recordado. Era más que una auxiliar atenta, práctica y eficiente, era su mano derecha, como hasta entonces la había considerado. “Un corazón comprensivo”.

Pero pasada la impresión se sintió aún peor: el gran detalle de la secretaria, en vez de cerrar la herida, la abrió más. Una extraña lo recordaba mientras que su familia, nada.

A través del día, la secretaria redobló sus atenciones. Parecía querer consolarlo, como si intuyera lo que le estaba pasando. Sonreía y decía palabras amables. “¿Dónde va a celebrar, señor, en su casa o en un restaurante?”  Molesto, él contestó incómodo que en ningún lado. Cumplir años era una lata que a nadie le importaba y que pasaría la noche solo como un lobo estepario.

“Y si cenáramos juntos?”, insinuó ella, inocente. Él, más obnubilado que consciente, aceptó. En vez de pasar la noche aburrido, resentido con los de su casa, pasaría mejor unas horas agradables en compañía de una mujer que –viéndola bien– no estaba nada mal. De ahí en adelante trabajó con impaciencia y el placer ansioso de la espera.

“¿A dónde le gustaría ir?”, preguntó él, caballeroso, cuando salieron. Ella dijo que si no le importaba pasaran primero a su departamento, necesitaba arreglarse un poco. Excelente, pensó él, a lo mejor y… “Pero antes necesito tomar algo, para animarme”, agregó ella.  Entraron al bar. El no sólo recuperó la alegría de vivir y de cumplir años, rejuveneció.

En su casa, mientras tanto, la fiesta sorpresa que habían preparado, realmente resultó una sorpresa: el festejado nunca se presentó.

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