CIENCIA FICCIÓN

Por SERGIO MONSALVO C.

CIENCIA FICCIÓN (FOTO 1)

 UNA MINUCIA MUY IMPORTANTE

La más importante herencia de la ciencia ficción al modo de vida en este siglo siempre ha tenido menos qué ver con la literatura que con un hábito de la mente a ver con escepticismo la alharaca que se hace en favor del progreso y la tecnología.

La ciencia ficción moderna es hija de pensadores utópicos quienes aseguraban hace casi cien años que las máquinas y la marcha a la igualdad social eran el orden del futuro y el camino a la felicidad humana de todo el orbe. Mientras esa causa se sostenía en innumerables manifiestos, surgió una nueva clase de novela, relatos científicos se les denominaba, algunos de los cuales sugerían que tal optimismo era un peligroso engaño.

H. G. Wells logró escribir exhortaciones al socialismo con una mano mientras con la otra creaba sombría ciencia ficción. “Un ataque a la autosatisfacción humana”, dijo de La máquina del tiempo, su obsesionante historia de la degeneración final de la sociedad humana. Hubiera podido decir lo mismo de La isla del doctor Moreau, que dramatiza la tragedia en que se convierte la tecnología cuando un asunto aparentemente tan benigno es llevado a su extremo lógico.

Llevar las posibilidades a su extremo lógico es una importante labor de la ciencia ficción. “Es la única forma de literatura que tiene como premisa básica el hecho de que habrá cambio”, dijo Isaac Asimov, y agregó: “El género puede ayudarnos a entender la necesidad de cambiar nuestras maneras si deseamos evitar la destrucción de la humanidad”. No obstante, Asimov no contó con la televisión ni con Hollywood.

La ciencia ficción de la actualidad se puede dividir aproximadamente en cuatro categorías. Cada una tiene sus propios fanáticos que a menudo desdeñan los juegos que se establecen en los otros tres estadios. Dos de ellas, las categorías del dinero fuerte, son producidas por la televisión y por Hollywood. Las dos menos opulentas son literarias: una es la tradicional historia de los aparatos o espacial. La otra, más ingobernable, desea reconocimiento como arte.

Star Trek characters

Star Trek (Viaje a las estrellas) es más que una serie de televisión que murió y fue resucitada, es un modo de vida. Hoy, le va mejor en las secuelas que en su encarnación original: setenta y nueve episodios producidos entre 1966 y 1968.  En su autobiografía, el actor Leonard Nimoy admitió todas las dificultades que tuvo para disociarse del papel del imperturbable señor Spock que representó en la serie. Con respecto a ésta se han hecho convenciones y seminarios desde entonces en diversas partes del mundo. La empresa Paramount, que pensó en un fracaso para la misma, vendió y destruyó los decorados originales. Luego tuvo que reconstruirlos para las multimillonarias películas secuelas y la consiguiente reposición televisiva.

La serie se inició con cierto tono científico juguetón, pero a medida que los presupuestos y la imaginación se encogieron el montaje se tornó más “realista”. En teoría, la nave espacial Enterprise se desliza por el universo con la misión de “ir osadamente adonde el hombre nunca fue antes”. Era más fácil dividir un infinitivo que una infinidad. En todo caso, su misión más precisa era imponer normas de vida de mediados del siglo XX (léase democracia estadounidense) en las civilizaciones ajenas. En la ciencia ficción de la TV, a todo costo se debe evitar la innovación.

Los fanáticos alfabetizados de la ciencia ficción desdeñan el género televisivo y también saben que el dedo hollywoodense rara vez apunta al arte: apunta al dinero. La tendencia es la cosa: se le percibe, se le explota, se le deja arruinarse y se pasa a la siguiente. Son oleadas. La gente está interesada en toda clase de fantasías: meditación trascendental, Carlos Castaneda, literatura feminista, etcétera. Es como las cintas de horror. Siempre hay cierta demanda, y cuando les va bien se les produce en exceso.

Nadie en Hollywood parece dispuesto a defender a la ciencia ficción como una forma de arte, y sin duda tampoco el mismísimo George Lucas, que considera a su película La guerra de las galaxias como una historia del enfrentamiento de una pandilla juvenil contra opresores fascistas de la galaxia. Ni siquiera le importó llamarla ciencia ficción al principio: “Fue una película de acción con rayos láser –dijo–, una fantasía romántica casi tan seria como un spaghetti western“.

CIENCIA FICCIÓN (FOTO 3)

 

Exlibris 3 - kopie