DIVINO TESORO

Por SERGIO MONSALVO C.

 DIVINO TESORO (FOTO 1)
S
e gana la comida y algunos centavos matando ratas en uno de los mercados del barrio. Tiene nueve años de edad y toda la vida –prácticamente– realizando este oficio.

Él no lo sabe con certeza, pero intuye que sobrevivió a un parto mal realizado; a una progenitora que lo abandonó recién nacido en un basurero y al ataque de roedores hambrientos.

Fue rescatado del tiradero por unos pepenadores* que lo criaron para que en el futuro los ayudara en el trabajo. Sin embargo, el constante maltrato hizo que se independizara de manera prematura.

Vagabundo, como los perros del rumbo con los cuales aprendió a procurarse el diario alimento, llegó hasta el mercado en cuestión.

La experiencia con las ratas, que bien podía presumir tenía desde pequeño, ayudó a convencer a los locatarios, quienes a cambio de la matanza de una plaga que rebasaba ya los niveles tolerables –tanto para ellos como para los clientes que se habían quejado desde hacía mucho–, le proporcionan mercancía de desecho, a veces francamente pasada de maduración, o unas cuantas monedas, que de alguna manera también calman al inspector municipal en cuanto a la labor iniciada por los comerciantes contra “el dañino e insalubre agente nocivo”.

De tal forma es cotidiano verlo pasearse por todos los rincones del galerón ese con su mazo y un pequeño costal, en donde va coleccionando sus piezas de caza para luego canjearlas por la fruta, verduras o carne tan necesarias para su sano crecimiento.

Al término del día pernocta en el ala de las flores, donde las esencias son menos taladrantes. Recibe también la ropa usada de los hijos de sus patrocinadores.

Así, las tres providenciales peticiones de casa, vestido y sustento están cubiertas. Los peculiares vicios del ambiente aún no lo avasallan demasiado y el gobierno lo ha anotado estadística y convenientemente como parte de su promisoria juventud: el divino tesoro.

*”Reciclador de base”, eufemísticamente llamado también “recuperador primario”. Es una persona lumpenproletaria cuya labor es la de recolectar, seleccionar, recuperar y comercializar los residuos sólidos. Es decir, lo que hace es rescatar de entre los gigantescos depósitos de basura de la ciudad (vertederos) lo rescatable, para reciclarlo. En muchos países los hay por millones y sólo existen oficial o socialmente si alguna estadística los necesita.

 

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