68 rpm/5

Por SERGIO MONSALVO C.

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 El rock sinfónico, también conocido como rock progresivo, nació a fines de los años sesenta, cuando por primera vez los grupos integraron temas de la llamada “música clásica” al pop y al rock. Una de las primeras agrupaciones basadas en este principio fue The Nice.

El desarrollo sucesivo del rock sinfónico se encuentra estrechamente relacionado con la introducción y evolución de los teclados. El uso abundante de estos instrumentos otorga un carácter mayor y con frecuencia más bombástico a las piezas.

También en el empleo de temas clásicos, variaciones de ellos y ritmos y tempos distintos dentro de una sola pieza, la omnipresencia de los teclados, las canciones muchas veces largas y la lírica de corte heroico, epopéyico, mitológico o sci-fi, entre otros, son las características más importantes de este género en su época dorada (primera mitad de los años setenta).

El tecladista Keith Emerson, veterano del rhythm and blues inglés, fue el miembro clave de Nice, cuyos otros integrantes eran Lee Jackson y Brian Davison. (El guitarrista David O’List abandonó al grupo tras el primer disco: The Thoughts of Emerlist Davjack, del 67)

Originalmente había sido el grupo de acompañamiento de la cantante P.P. Arnold (ex corista de Ike Turner, una de las Ikettes), con la cual aparecen en su éxito “The First Cut Is the Deepest”, canción original de Cat Stevens.

Después de dejar a Arnold, The Nice desarrolló su concepto artístico con una intensa mezcla de brío musical e histrionismo escénico: durante sus interpretaciones de la pieza “America” del académico Leonard Bernstein, por ejemplo, Emerson le prendía fuego a la bandera estadounidense como protesta contra la guerra de Vietnam. Como represalia nacionalista, el compositor se aseguró de que la grabación de su obra hecha por el trío británico no se editara en la Unión Americana.

Los primeros álbumes del grupo en Inglaterra salieron bajo la etiqueta de Charisma e incluyeron Ars Longa Vita Brevis (1968) y Five Bridges Suite (1970), una serie de composiciones de Emerson inspirada en su ciudad natal de Newcastle-upon-Tyne.

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ARS LONGA VITA BREVIS

THE NICE

(Charisma/Immediate Records)

Sólo los grandes espíritus son capaces de preservar por siempre el don de la dádiva. Aún menos son aquellos que la otorgan incondicionalmente. Místicos en estado salvaje, diría Claudel de individuos así. A éstos pertenece la profética trinidad de The Nice. Nombre –y hombres– entregados a mundos de atmósferas y panoramas fabulosos, de fantasías tan predilectas y maravillosas como la música que destilaban.

Artistas a los que ─elegidos por los dioses gobernantes del destino─ se les dio de manera afortunada la necesidad de explorar vastas latitudes de la imaginación musical, tanto en los temas cortos: “Daddy, Where Did I Come From”, “Little Arabella” o “Happy Freuds”, del lado A, como en los extendidos en el lado B, incluyendo el que da nombre al disco.

The Nice fue la formación que preparó al escucha para que con la mente y todos los poros abiertos recibiera a Keith Emerson, quien enfundado en diversos atavíos se liaba con los teclados en fiera lucha por sacar lo mejor de ambos.

Aquel instrumento era el noble órgano Hammond, con el que combatía cuerpo a cuerpo (en vivo hasta en el suelo) y sin limitantes ni fársicas ni interpretativas, en un elaborado y emocionante lance de virtuosismo, con citas atemporales (“Intermezzo from the Karelia Suite” de Sibelius, por ejemplo) y teclados con un fuerte y poderoso volumen: Emerson jamás se dio por satisfecho con tocar una sola nota musical si en su lugar podía tocar diez.

Luego de disolverse Nice (ya sin el The), junto con el ex bajista de King Crimson, Greg Lake, y el anterior baterista de Arthur Brown y Atomic Rooster, Carl Palmer, Emerson fundó en 1970 un grupo que llevó los tres apellidos como estandarte, además del prurito de super trío.

A partir de ahí Emerson, Lake and Palmer se tornaría la quintaesencia del rock progresivo de los años setenta, combinando el rock con sus influencias de la música sinfónica. Con dichos elementos ELP hicieron furor. The Nice fue el fundamento.

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 Personal: Keith Emerson, voz y teclados; Lee Jackson, bajo y coros; Brian Davison, batería. Robert Stewart, arreglista y conductor de orquesta. Portada: Gered Mankowitz, diseño con fotos y rayos X de The Nice.

[VIDEO SUGERIDO: The Nice – Ars longa vita brevis (live 1968), YouTube (Stezzi333)]

Graffiti: “La acción no debe ser una reacción sino una creación“.

68 rpm/3

Por SERGIO MONSALVO C.

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Si aquel año fue candente en lo sociopolítico, el talante dionisiaco del 68 igualmente se opuso al orden sexual que reinaba en la sociedad conservadora. Y ahí fue encendida otra hoguera fundamental desde el sexo, gracias al movimiento de liberación de la mujer, que literalmente se quitó el sujetador y usó la píldora: nada de timideces o de aguantarse el sexo hasta la boda. Con su complicidad fueron reventados los diques del tradicionalismo y se pudo hacer el amor igual que la revuelta.

De ello dio poética cuenta Van Morrison en su L.P. Astral Weeks. En él su voz desgrana historias, melancolía, resonancias emanadas de lugares idílicos. Los jóvenes querían en el 68 hacer la revolución, pero también buscaban un rincón en la noche, el tiempo verdadero, para amarse.

Es lo que cuenta Van en “The Way Young Lovers Do”, una de las ocho canciones que componen el álbum. La noche para amarse, y para voltear hacia el firmamento nocturno y soñar en lo que se es y en lo que habrá uno de convertirse.

En tal obra hay mucho folk-rock: rasgueos de guitarras acústicas, flautas y violines, arreglos de cuerda y metal, un majestuoso contrabajo. El músico irlandés, su creador, estaba en Nueva York, en el puro vértigo, grabando ese disco en dos días.

Pudo visitar a su amigo, el pintor Cecil McCartney (también irlandés), cuyos lienzos en ese momento se encontraban imbuidos en las proyecciones astrales. De ahí le vino la inspiración al cantautor para el título del disco y del tema abridor.

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ASTRAL WEEKS

VAN MORRISON

(Warner Brothers)

La principal razón por la que Van “The Man” Morrison (también llamado “León de Belfast”), impuso su poesía y su visión a partir de éste su segundo disco radica en que ningún otro cantante era capaz de irradiar tanto como él en ese entonces (con un cosmos musical de creación propia). La segunda razón es que sería difícil encontrar a otro intérprete blanco que lo superara en flexibilidad vocal y ritmo.

El virtuosismo vocal (sobre todo en presencia de influencias jazzísticas) su exaltación y sus argumentos, son la celebración de la vida errante y de la radio, las emisoras de rock y rhythm & blues que Van escuchaba de pequeño, en Cyprus Avenue, y su mantra central se refiere a una conexión con la platónica “música de las esferas” pitagórica, de la que se hablaba mucho en aquellos días.

Todo el material que compone el álbum suena lleno de fervor. La combinación de dichas cualidades se aprecia grandemente en él. Una bella mezcla de folk, blues, jazz y soul (celta), dotada de una orquestación ad-hoc. Aquí se encuentra el Van Morrison excelso, un digno heredero de las letras irlandesas con el que W.B. Yeats intercambiaría cosmogonías de manera gustosa.

El escritor austriaco Peter Handke dijo acerca del cantautor: “A él lo seguiré hasta el final de los días, los míos o los suyos. Lo he seguido siempre. Es imposible no creer en el sentimiento de algo cantado por él. Sus canciones crean absolutas epifanías: acontecimientos que consisten en mantenerse atento; en percatarse de las cosas; en ser abrazado y atrapado por un sol suplementario, por un viento refrescante, por un acorde silencioso, dulce, que afina y pone de acuerdo todas las disonancias”.

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Personal: Van Morrison: voz y guitarra rítmica; Jay Berliner, guitarra; Richard Davis, contrabajo; Connie Kay, batería; Warren Smith Jr., percusión y vibráfono; Barry Kornfeld, guitarra en “The Way Young Lovers Do”; Larry Fallon, clave en “”Cyprus Avenue”, John Payne, flauta en “Astral Weeks” y sax soprano en “Slim Slow Slider”.

Portada: La foto de Van Morrison incluida en la portada del álbum fue tomada por Joel Brodsky. El círculo adscrito al cuadrado de la misma simboliza místicamente, según el autor, la unión de los opuestos: “el sagrado matrimonio entre el cielo y la tierra”.

Van Morrison – The Way Young Lovers Do (Fillmore West, CA, 26 April 1970), YouTube (Apostolis Giontzis)

Graffiti: « Haz el amor, no la guerra »

68 revoluciones por minuto (rpm)/1

Por SERGIO MONSALVO C.

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 El de 1968 fue declarado oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el Año Internacional de los Derechos Humanos. Fue una año bisiesto. Sin embargo, para la historia social del mundo y para su memoria fue el año de la revuelta. Ésta se dio por doquier, con resultados ambivalentes en sus diversos escenarios. Dicha circunstancia tuvo en la música su pulso y su sonoridad, su soundtrack: 68 revoluciones por minuto (rpm).

El profesor británico Tony Judt (Londres, 1948-Nueva York, 2010), el más reconocido historiador del siglo XX a nivel mundial, escribió lo siguiente en su libro Postguerra: “El contenido de la música popular en aquellos años era muy importante, pero su estética contaba aún más. En los sesenta la gente prestaba una atención especial al estilo. La novedad de la época fue que éste podía sustituir directamente al contenido. Se trataba de una música que se rebelaba en su tono, se amotinaba. La música, por decirlo así, protestaba por uno”.

Por su parte, Hector Zazou, el artista de la vanguardia y la experimentación tanto de la música como del performance y del video, además de partícipe del mayo francés del 68, reflexionó en uno de sus libros sobre la estética sonora: “Cuando yo era adolescente, igual que mis amigos universitarios, escuchábamos el rock y lo cantábamos fuerte en nuestras barricadas callejeras. Desde entonces he oído nuevos discos durante décadas, sin olvidar aquellos temas, y nunca dejo de preguntarme lo mismo: ¿Qué hay tan fuerte, tan auténtico, en la música de los años sesenta para que se puedan sentir aún hoy sus grandes ecos?”.

La respuesta a esa pregunta es que no hay movimiento alguno sin banda sonora, sin soundtrack. Es decir, ninguna corriente sociopolítica, ninguna acción cultural, ningún levantamiento de voz en el ámbito que sea tendrá significancia o trascendencia si no es acompañado, envuelto y avalado por una música característica.

Los discos que a la postre serían clásicos y emblemáticos de ese año de definiciones, estilos, creación de géneros, corrientes, movimientos y revoluciones grandes y pequeñas hicieron de dicho lapso en el tiempo un hecho histórico irrepetible, el cual comenzó en enero con dos buenas noticias: el segundo trasplante satisfactorio de corazón humano realizado en Sudáfrica y en Checoeslovaquia el inicio de La Primavera de Praga. La revuelta brotaría aquí, allá y en todas partes en el mundo durante los siguiente meses. La sonoridad de aquellos días aún reverbera en la bitácora humana.

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ANTHEM OF THE SUN (1)

GRATEFUL DEAD

(Warner Brothers)

El segundo L.P. de Grateful Dead, Anthem of the Sun, sería un pastiche aural con numerosas fuentes estéticas que pusieron a la improvisación (psicodélica) como fin y como medio. La insatisfacción generalizada de los miembros del grupo con su debut discográfico de 1967 impulsó la búsqueda de un método de trabajo que yuxtapuso refinadamente los inspirados momentos de las actuaciones en vivo con el trabajo de estudio.

En tal mixología ácida incorporaron a su carisma y conceptualización a Robert Hunter como letrista; a Mickey Hart como segundo percusionista; las enseñanzas de John Cage y el uso de un variado instrumental alternativo, todo lo cual matizó la experimentación musical de sus largas jams y canciones hipnóticas. Este disco “es un producto de las alucinaciones”, diría al respecto Jerry García, el líder de esta banda de San Francisco.

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Personal: Jerry García, guitarra principal, guitarra acústica, kazoo, voz; Bob Weir, guitarra rítmica, guitarra de 12 cuerdas, guitarra acústica, kazoo, coros; Ron “Pigpen” McKernan, órgano, celesta, claves, coros; Phil Lesh, bajo, trompeta, harpsicordio, kazoo, piano, timpani, coros; Bill Kreutzmann, batería, percusiones, gong, campanas, crótalos, piano preparado, címbalos; Mickey Hart, batería, percusiones, gong, campanas, crótalos, piano preparado, címbalos, y Tom Constanten, piano preparado, piano y grabaciones electrónicas. Portada: “Anthem”, ilustración de Bill Walker.

Grateful Dead – Alligator 1968-01-22, YouTube (AlligatorWhine)

Graffiti: “Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar”
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