JAM SESSION

Por SERGIO MONSALVO C.

JAM SESSION (FOTO 1)

 (RELATO)

-“Una mujer es una presencia blanda y envolvente”, dijo Charlie dándole otra gran inhalación a su cigarro de marihuana.

-“Sí, a veces te envuelve por completo. Y entonces ya no puedes volver a salir a la calle, como no sea para algo importante, como el cumpleaños de su madre, por ejemplo”, argumenté socarronamente palmeando la espalda de Charlie, que en ese momento sacó la boquilla para acomodársela a su saxofón. “Eso sí, con una mujer te la pasas mejor que con una dama”, me extendí volteando a ver a Buddy.

Éste, quizá un poco de mal humor por la cruda hang over que cargaba consigo, señaló a Charlie con las baquetas que traía en la mano: “Un amigo solía decir que nunca había conocido a una mujer que lo hiciera disfrutar más que una buena partida de póker”, sentenció desde la cavernosa voz que podía emitir en su estado. “Todas se la pasan jodiéndote y les importa un bledo todo lo que no constituya su pequeño universo; todo lo que no les toque directamente. Jamás piensan en otra cosa fuera de ellas”, se explayó, al mismo tiempo que golpeaba un platillo de la batería con fuerza.

-“Lo que pasa es que nunca se han encontrado con una mujer sensible y  cariñosa”, exclamó Dizzy. “Hoy les presentaré a una. Después de tocar iremos a mi casa, los invito a cenar”.

Esa noche junto con Lucky y Billy, la banda dio el mejor concierto que había realizado hasta entonces. La música se coló por el cuerpo de todos los presentes en el bar. Fue algo especial, único, histórico, dirían después los críticos. Con los solos de Charlie y Dizzy la gente babeó, alucinó y hasta hubo algunos orgasmos discretos.

Cuando terminamos el turno en aquel club, Dizzy chasqueó los dedos apresurándonos a guardar los instrumentos, todavía en medio de los aplausos y gritos de júbilo. Yo los alcancé en la puerta y nos fuimos a la casa de Dizzy en un taxi. Éste iba feliz por la sesión. Los otros estábamos hambrientos y excitados.

Dizzy abrió la puerta y todos nos encontramos de repente con su mujer, que irritada soltó un: “¿Qué estás haciendo en mi casa con todos estos cabrones?” Y agregó con un grito: “¡Sácamelos de aquí, pero, ya!”

Todo desconcertado le dije: “Oiga, ¿se está dirigiendo así a Dizzy, el rey del bebop, al futuro candidato a la presidencia de los Estados Unidos, por cuenta de muchos; a Charlie, el revolucionario del jazz y personaje de Julio Cortázar y Clint Eastwood; a Buddy, el mejor baterista de todos los tiempos, y a mí, el trompetista sinónimo de vanguardia estética?”

Ella, entonces, sin parpadear y mirándome fríamente dijo: “Sí. A todos ustedes, músicos jodidos, que están ensuciando con sus patotas mi alfombra nueva”.

Nos fuimos a cenar a otro lado.

 

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