EL PRÍNCIPE CANGREJO

                                 Por SERGIO MONSALVO C.

ITALO CALVINO (FOTO 1)

 (ITALO CALVINO)

Estás a punto de empezar a leer El príncipe cangrejo de Italo Calvino (CNCA/Espasa-Calpe, 1990).  Relájate, aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Adopta la postura más cómoda: sentado, tirado, ovillado, acostado. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la cama, en el puf.

Extiende las piernas, alarga los pies sobre un cojín, sobre dos cojines, sobre los brazos del sofá, sobre la mesita de centro, sobre el escritorio. Quítate los zapatos o vuélvetelos a poner, es igual. Regula la luz de un modo que no fatigue la vista. Hazlo ahora, porque en cuanto te hayas sumido en la lectura ya no habrá forma de moverte. Haz todo lo posible por prever lo que pueda interrumpir la lectura. De una vez ve al baño y haz lo que tengas que hacer; si no, tú sabrás.

No es que esperes nada en particular de este libro en particular. Eres alguien que por principio no espera ya nada de nada. Ni de la selección de futbol. Hay muchos, más y menos jóvenes que tú, que viven a la espera de experiencias extraordinarias. Tú no. Sin embargo, dale una oportunidad a este volumen de cuentos italianos recopilados por el escritor de la misma nacionalidad Italo Calvino (1923-1985).

En ellos se narran historias inimaginables, cuyos protagonistas siempre son princesas, brujas, animales hechizados, madrastras, dragones, hadas y reyes. Son treinta narraciones del folklore italiano que se dividen en cuentos a caballo, cuentos de mar, cuentos de encantamiento, de animales y objetos mágicos y cuentos de niños hechizados.

Italo Calvino se graduó en letras en la Universidad de Turín. Al estallar la Segunda Guerra Mundial se incorporó a la resistencia y al terminar se dedicó a la literatura. Poco a poco sus escritos se alejan del neorrealismo y evolucionan hacia otros planteamientos: incorpora la fantasía a sus narraciones para poder reflejar con mayor profundidad los problemas existenciales del ser humano. Consciente de la importancia y el valor de los cuentos tradicionales, dedicó muchas horas de su vida a recrear literariamente esa rica herencia del pasado. El príncipe cangrejo es ejemplo de ello.

ITALO CALVINO (FOTO 2)

 

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