“STRANGERS IN THE NIGHT”

Por SERGIO MONSALVO C.

STRANGERS IN THE NIGHT (FOTO 1)

(CRÓNICA)

Fueron muchos que en algún momento de la vida acompañaron cantando a Frank Sinatra, que tantos dúos hizo, en foros o escenarios diversos. Sin embargo, para uno de ellos el dueto más importante, y que no aparece ni aparecerá en ninguna compilación, fue el que había realizado su ex amigo Roberto (un poeta laureadísimo a la postre) en la ciudad de París durante la década de los ochenta.

Alguna vez fue testigo de ese privilegio. Entonados por el vino y la alegría de estar en una de las metrópolis más importantes del mundo, se dirigían, luego de cenar, a un barecito ubicado cerca de Abbesses, y armados con muchas monedas las introducían en la ranura de aquella rockola que poseía tal recinto como un tesoro.

El hecho resultaba todo un agasajo. Se hartaban de escuchar “Strangers in the Night” ante la complacencia de los parroquianos que impávidos los miraban disfrutar de la canción una y otra vez, sin emitir un solo juicio de valor.

(A uno de ellos, igualmente, le complacía repetirle también a su amigo, para masajear su envidia, obvio, que también lo había hecho con Allen Ginsberg, en un pequeño auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, cuando tal poeta beat estuvo en la Ciudad de México unos meses antes para ofrecer una de sus legendarias lecturas).

Ese bar, que curiosamente se ubicaba en uno de los puntos más atacados por los terroristas de la época y hasta en un momento dado estuvo a punto de desaparecer por obra y gracia de un bombazo, Sinatra cantó para ellos y sus mujeres en infinidad de ocasiones como remate a un día trajinado, a una celebración impostergable o a la culminación de una embriaguez sanadora.

Luego, a la hora de cerrar, abogaban por la del estribo y el dueño del lugar los complacía con una última ejecución por su cuenta.

Saliendo de ahí, caminaban por las calles de Pigalle entonando la canción y deambulando por entre las pirujas, los proxenetas, los asaltantes árabes, los bares de mala muerte y una necesidad de seguir con vida que les desbordaba la existencia de aquellos momentos.

Curioso. Frank Sinatra para acompañar los reventones de dos expatriados, empecinados en tragarse a una ciudad tan disfrutada en los libros, el cine, la chançon, los poemas y la imaginería. Duetos que no fueron capturados por las grabadoras, pero que irrumpieron de alguna manera, en un momento de la noche de una ciudad alucinante.

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