MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

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(Enero-Marzo 2018)

Rick Hall transformó aquel sitio de Muscle Shoals en un lugar de peregrinaje, en un tabernáculo, donde los hombres se transformaban (de botones de hotel, camioneros o meseros) en artistas. En los estudios Fame, que dirigió, se definió uno de los profundos cánones del soul, un género, que bajo el brío de una sección de metales asombrosa (Muscle Shoals Horns) y el de una sección rítmica sublime (The Swampers), todo fue corazón y elegancia.

Hall murió el 2 de enero del 2018, pero su contribución a la música es histórica, testimonial y legendaria. Esto dijeron los obituarios sobre él: “La historia de la música norteamericana no sería la misma sin los estudios FAME, todavía abiertos, registrando grabaciones de The Black Keys, Bettye LaVette, Drive By Truckers, St. Paul & The Broken Bones, The Soul Sisters o el último disco del también fallecido Gregg Allman, Southern Blood”.

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Las otras bajas que sufrió el género entre enero y marzo de este año no han sido menos pesarosas: Ray Thomas (de Moody Blues), aquel flautista británico y maravilloso de “Nights in White Satin”, una pieza que los entendidos han señalado como “una que define el momento”, por sus aportaciones y trascendencia.

Eddie Clark (de Motörhead), el guitarrista de una banda clásica de rock duro que influyó en el punk. Eddie participó de ello entre los años 1976 a 1982. El cual, según la comunidad del heavy metal recalca, será “recordado por sus icónicos riffs y por ser un auténtico rocker”, ambas cosas tan difíciles de lograr como de mantener.

También está la desaparición de un ejemplar de esa especie denominada Groupie, tan cara y celebrada por todos los músicos del género, llamada Barbara Cope, la cual ejerció como tal con el apelativo de “The Butter Queen”, y a quien los Rolling Stones, nada menos, mencionan y certifican en el tema “Rip this Joint”, de su obra maestra titulada Exile on Main Street.

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El bajista James Walter Bodford (20 enero) fue parte de otros ex miembros del grupo de los Zombies, con quienes Rod Argent decidió formar una nueva banda que portara su apellido como nombre. El proyecto finalmente se concretó: “Tuve la intención de formar un grupo cuyos músicos no sólo tuvieran dotes técnicas o ideas experimentales, sino que asimismo quisieran crear algo, con entusiasmo y respeto mutuo, que valiera la pena escuchar”, anunció Argent en 1970. El cuarteto tocó un rock clásico de Inglaterra: limpio, fuerte y con la ambición evidente de dejar el mismo espacio a cada uno de los instrumentos.

Mark E. Smith (24 enero). Smith fundó The Fall en 1976 en la ciudad inglesa de Prestwich en Mánchester. La banda cambió varias veces de estilo musical, frecuentemente asociado a los diferentes músicos (66 en total) que pasaron por el conglomerado a lo largo de su historia: desde el post-punk de fines de los setenta de sus primeros discos hasta el rock alternativo de los últimos. Smith siempre permaneció al frente de la banda como vocalista e indiscutible líder.

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En FEBRERO supimos del fallecimiento de Dennis Edwards (día 2) miembro destacado de los Temptations. Éstos fueron el epítome de las virtudes de la Motown. A su disposición estuvieron los mejores equipos de productores y compositores de Detroit; con Norman Whitfield al timón se reciclaron en comentaristas sociales a partir de 1968. Fue entonces cuando Dennis Edwards reemplazó a David Ruffin como vocalista principal. Las piezas  “Cloud Nine” yPapa Was a Rolling Stone” fueron sus temas más representativos.

Pat Torpey (7 febrero) fue miembro de Mr Big, una banda angelina de hard rock que se formó en 1988. Torpey, baterista y miembro fundador de la banda, falleció el 7 de febrero de 2018 y fue reemplazado por Matt Starr. A pesar de caracterizarse por un sonido áspero, su repertorio cuenta con baladas y canciones con diversos estilos musicales. Entre sus éxitos se encuentran las canciones “To Be with You” o “Green-tinted Sixties Mind”. Desde su fecha de fundación, la banda se ha mantenido en actividad interrumpida debido a altercados internos. Tras tomarse un descanso de casi siete años, Mr. Big volvió a los escenarios con un reencuentro de sus miembros originales en 2010, hasta la siguiente…

En MARZO, por fortuna, no murió nadie del medio musical.

Toda la música interpretada por la gente fallecida en este primer trimestre del año y que muchos han elegido para sus viajes vitales, es un bagaje personal e intransferible.

Es la sonoridad que acompaña a las profundidades del espíritu, ahí donde se emociona, se reflexiona, donde soplan los vientos de la vida, pero también los que pasman por la presencia de la muerte, cuando se entera uno de su paso cercano. Allí donde se asume que, a fin de cuentas, ambas cosas forman parte de esta maraña llamada existencia.

Gracias a todos ellos.

ExLibris

CRANBERRIES: RAÍZ IRLANDESA

Por SERGIO MONSALVO C.

(A Dolores O’Riordan In Memoriam)

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The Cranberries eran (¿son?) de un remoto rincón irlandés (Limerick, el medio oeste del país) y producían un introvertido rock alternativo de guitarras, encabezados por la soñadora cantante Dolores O’Riordan. El hecho de ser de la provincia irlandesa los marcó. Según el guitarrista Noel Hogan: “Uno empieza con desventaja porque, en cuanto a la música, toda Irlanda se agota en Dublín. Si uno no es de ahí, tiene más sentido probar suerte primero en Londres”.

Así que enviaron demos a varias compañías discográficas londinenses. Fueron contratados por la Island Records. Se trasladaron a la capital inglesa y su canción “Where’s Me Jumper?” se convirtió en un éxito y en tema de culto. Ahí fue su despegue. Tras editar en Inglaterra su debut con Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We (1993) también se les tomó en serio en su patria.

Conquistaron al público casero mediante giras con The The, Suede, Duran Duran y luego solos. En un concierto Dolores subió al escenario envuelta con una bandera estadounidense. ¿Humor o provocación? Seguro una provocación. Si tal público había sido reticente para aceptarlos, los Estados Unidos no. Ella quiso mostrarles que estuvieron allá y les fue muy bien.

Lo que The Sundays habían sido para Inglaterra, The Cranberries lo eran para Irlanda. La pieza “Sunday” fue muy elocuente en este sentido. Al igual que en el caso de David Gavurin, una influencia obvia del guitarrista Noel Hogan fue Johnny Marr, cuando estaba con los Smiths. Por su parte, la cantante  O’Riordan, a pesar de resultar conmovedora, en sus interpretaciones parecía sufrir una ligera esquizofrenia (por su voz torturada), al sonar a veces tan nerviosa como Sinéad O’Connor y luego tan serena como Harriet Wheeler.

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Tampoco los Cocteau Twins ni los Sugarcubes pasaron desapercibidos en Limerick, por lo cual Everybody Else Is Doing This, So Why Can’t We? sonaba como un popurrí del rock indie inglés (y con gotas de otros lares). Aunque suene paradójico, esto no afectó la belleza de canciones como “Not Sorry”, “Linger” (su himno primario, con el tema del rechazo y el desamor adolescente), “Still Can’t” y “How”, lo cual sólo prueba de nueva cuenta que originalidad y calidad son dos cosas diferentes. Los Cranberries salieron bien parados con este debut, pero debieron también superar sus influencias para ganarse el derecho a la permanencia.

Hubiera tenido que sufrir la burla general quien a fines de 1993 vaticinara que este grupo vendería un total de dos y medio millones de ejemplares de su debut a nivel mundial. Sin embargo, los estadounidenses –el mayor mercado para la música– abrazaron a Dolores O’Riordan como a una Sinéad O’Connor (aún sin romper las fotos del Papa).

Después de convertirse en estrellas con Everybody Is Doing It, So Why Can’t We?, el grupo trató un año después de consolidar el éxito con No Need to Argue (1994). Este nuevo disco sin duda no resultó tan accesible como el anterior para el público masivo. Al escucharse la primera vez no se encontraba nada que lo acercara realmente al oído popular.  Sin embargo, no había otro grupo que poseyera la misma capacidad de introducirse poco a poco en la conciencia, de jugar con los sentimientos del escucha.

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No Need to Argue fue un digno sucesor y causó polémicas. Las debilidades corrieron por cuenta de las poses afectadas de Dolores, que se empeñaba recordar  las cabriolas vocales de la O’Connor (por su tratamiento del yodel y del góspel irlandés). Mientras tanto, los demás Cranberries, en primera instancia el guitarrista Noel Hogan, progresaban a grandes pasos.

El indie guitarrístico del debut, estrechamente emparentado con el estilo de los Sundays –como ya apunté–, adquirió profundidad y variación, desde el pesado muro de guitarras en temas como “Zombie” –la pieza elegida como sencillo– hasta los capullos folk de “Dreaming My Dreams” y “Daffodil’s Lament”.

Por otro lado y juzgando sus llamativos textos, Dolores O’Riordan siempre fue una letrista especial. Escribía sobre la violencia de la guerra, el terrorismo y las armas (la mencionada “Zombie”, un single coreado por los jóvenes en los noventa, compuesto en la estela del atentado del IRA que mató a dos niños, de tres y 12 años de edad), la poesía y el suicidio (“Yeat’s Grave”) y su juventud de dudosa felicidad (“Ode to My Family”).

Las letras contra el terrorismo resultaban comprometidas, pero no se trataba, propiamente dicho, de una condena. No era un discurso político, sólo la puesta en perspectiva de un grave problema doméstico. Cuando se le preguntaba cómo elegía las palabras, por su significado o por sus asociaciones emotivas, Dolores decía que nunca se planteaba esa pregunta. Cantaba como solía hablar. Las palabras se le daban en función del debate interno con el resto de los integrantes del grupo. De ahí derivaba el ambiente de la pieza. Era una escritura casi automática.

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No era una mezcla desagradable. Después de sumar y restar los puntos favorables y desfavorables de No Need to Argue, esta producción de los Cranberries quedaría con una buena calificación. Para esta entrega decidieron volver a trabajar en la producción con Stephen Street.

Después del éxito del primer álbum, les pareció evidente la ventaja de prolongar la colaboración.  “Trabaja bien y sobre todo rápidamente –dijo Noel Hogan–. Eso es lo que buscábamos. No sirve de nada encerrarse varios meses en el estudio. Claro, se sale con un sonido perfecto, pero muchas veces se pierde el feeling. Es contraproducente.”

Tras componer otros tres álbumes de estudio (To The Faithful Departed, de 1996; Bury the Hatchet, de1999 y Wake Up and Smell the Coffee, del 2001) el grupo decidió dejar las cosas ahí detenidas, por un tiempo. Buscaron que las desavenencias internas, sobre todo creadas por la actitud un tanto errática de O’Riordan, se calmaran. Ésta última editó entonces dos álbumes como solista: Are You Listening? (2007) y No bagagge (2009).

Se volvieron a reunir en el 2009 con el único objetivo de actuar en vivo. No obstante entraron a los estudios y realizaron un par de álbumes más: Roses, que apareció en el 2012, con giras y presentaciones eran intermitentes. Y Something Else (una antología de versiones acústicas mezclada con algunos temas nuevos), que vio la luz en el 2017, al mismo tiempo que el anuncio de una tour por Europa y Estados Unidos. Sin embargo dicha gira tuvo que ser suspendida por la mala salud de la cantante: “Razones médicas asociadas con un problema de espalda”.

A fines de año ella misma animó a los fans a asistir a los pequeños conciertos que haría el grupo a principios del 2018. Deseo que no llegó a realizarse. Lo que llegó fue un comunicado de la policía confirmando la información de que el cadáver de Dolores O’Riordan había sido hallado el 15 de enero en el hotel Park Lane de la capital británica a las 9:05 horas. “La familia de Dolores está devastada por la noticia y ha pedido privacidad en este momento tan difícil”, anunció el representante del grupo. La agencia de la BBC acotó, a su vez, que la cantante padecía de trastorno bipolar.

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VIDEO SUGERIDO: The Cranberries – Linger, YouTube (TheCranberriesVEVO)