ATRACO (DE LIBROS)

Por SERGIO MONSALVO C.

ATRACO (FOTO 1)

 (CRÓNICA)

Sentado, circunspecto, intentaba manifestar su descontento “por la penosa situación que reina en el país con respecto al precio de los libros; por la consciente transigencia de las autoridades gubernamentales en este sentido para con los editores y libreros. Dichas autoridades –subrayó enfático—hacen caso omiso de esta circunstancia y dejan hacer libremente a los buhoneros de la industria editorial, a los dueños de las librerías y a los intermediarios lo que se les pega la gana en cuanto al precio que imponen a los libros.

“Es obvio que resultaría idiota esperar su intervención favorablemente en este asunto –dijo y sacó un papel con anotaciones–. Uno como lector, como consumidor de esta necesaria mercancía, ya como diversión, como actividad vital o como incremento cultural, se plantea el asunto al estar dentro de la librería y escoge alguna de las siguientes opciones: 1) resignarse a la situación y pagar sin chistar el desmedido precio del ejemplar; 2) abandonar el objeto con desencanto o enojo y salir del establecimiento rumiando un visceral ‘Fuck Off’, o 3) ingresar o reincidir en la práctica de las expropiaciones en nombre de la cultura, llamadas vulgarmente atraco de libros.

“Si se decide realizar la tercera opción, que a final de cuentas es la más atractiva y justiciera, hay que saberlo hacer –apuntó, acomodándose los anteojos–.  En primer lugar se debe estar convencido de que el fin justifica los medios; estar consciente de que tal acto está tipificado; recordar aquello de que ‘no da pena robar sino que te atrapen’; saberse poseedor de la suficiente sangre fría para no ser traicionado por los nervios a la hora de la hora y, lo más importante, tener un estilo poco ortodoxo para llevar a cabo la acción.

“Reunidos tales requisitos y fríamente considerados en el momento indicado, si se opta por la expropiación, seguro se podrá anotar otra victoria contra los mercachifles.

“Pero en caso de que la práctica llegue a fallar, hay que saber salir bien librado de tan penosa circunstancia –señaló con el dedo a los escuchas–. Recordar las anécdotas de los amigos o conocidos en este sentido es una buena costumbre.

“Para comenzar, si se es atrapado el trato será como al más despreciable de los delincuentes, humillado, acusado de todas las desapariciones, amenazado y quizá hasta golpeado si uno no se pone listo o se pasa de cínico. Ante todo hay que conservar la calma, la dignidad de quien ha sido capturado en dispareja lid al luchar por el acceso a la cultura, aunque sea de manera ilegal.

“Conocer el hecho de que en estos casos lo recurrente es que le pidan a uno pagar el precio del o los ejemplares al doble de lo que valen y, por si eso fuera poco, dejarlos ahí.

“Puede suceder también –afirmó ante el auditorio– que en plan vengativo, o sea joder de más, abusar pues, los captores llamen a la policía para sentir que han cumplido con el deber de entregar a un mal elemento social y ganarse así una palmada del dueño por ser un buen empleado.

“Si esto sucede, no olvidar que siempre se puede llegar a un acuerdo con los paladines de la justicia (“Ayúdenos a ayudarlo, joven”) a una o dos cuadras de distancia del lugar de los hechos. Se recomienda no hacerle al arrogante, al mártir ni mostrar radicalismo alguno, por motivos de seguridad física.

“Quizá la solución a todos estos problemas –dijo el especialista recargándose en la silla–  sea la formación de un organismo filantrópico que proteja en dichas situaciones a los expropiadores en nombre de la cultura, y mantenga constantemente una campaña de apoyo y reivindicación a favor de los derechos humanos de los atracadores de libros.

“Si los funcionarios públicos, industriales y banqueros que son descubiertos en fraudes millonarios y otras transacciones criminales quedan libres y salen con la frente alta alegando falsedades, traiciones o trampas políticas de las que la historia los exonerará, para luego disfrutar del producto de su ratería en forma tranquila, aunque con la imagen un tanto empañada, ¿por qué no hacerle igual justicia a quienes sustraen libros en nombre de la cultura?”

 

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