EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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(1962)

En 1962, se produjo el lanzamiento del Telstar, primer satélite de comunicación de Estados Unidos.

Ante la posible instalación de misiles soviéticos en Cuba, el presidente Kennedy ordenó un bloqueo militar de la isla. La Guerra Fría estaba en su momento más álgido y se corría el peligro de una confrontación nuclear.

U Thant fue elegido secretario general de las Naciones Unidas.

El de 1962 fue el último de los años estáticos para el rock. Muchas de sus estrellas consagradas habían decaído, pero también se comenzó a anunciar un periodo de cambios y de sonidos.

Los integrantes de Booker T. and the MG’s, con “Green Onions”, se convirtieron en uno de los grupos instrumentales más conocidos y respetados de los años sesenta. Su impacto e influencia sobre el siguiente boom del rhythm & blues británico fue enorme, especialmente cuando se descubrió que —contra lo que se había supuesto— Cropper , uno de los integrantes del grupo, no era negro, hecho que animó a más de un discípulo blanco.

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Los placeres de los coches, las fiestas, la playa y el deporte del surf fueron la fórmula mágica para lograr discos exitosos por parte de los Beach Boys, un grupo californiano. Brian Wilson, el principal autor de las canciones, partió de un amplio espectro de influencias que iba desde The Four Freshmen a Chuck Berry, y logró crear un estilo extraordinario caracterizado por su poderoso vuelo melódico y unos complejos arreglos vocales.

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La compañía Capitol fichó al grupo en el verano del 62 y en pocas semanas el primer sencillo que grabaron, “Surfin’ Safari”, ascendió a los primeros puestos de las listas y marcó un estilo que predominaría en toda la década.

Aparte de los Beach Boys, el más brillante de los nuevos grupos estadounidenses fue The Four Seasons. El núcleo de este grupo estaba constituido desde los años cincuenta, pero cuando su productor Bob Crewe los convenció de adoptar una técnica vocal similar a la de Maurice Williams y The Zodiacs, The Four Seasons entraron en órbita, produciendo 18 discos que estuvieron entre los primeros 25 que vendieron más de un millón de ejemplares los cinco años siguientes.

Entre los temas que obtuvieron un primer puesto estaba “Sherry”. Muchos de los principales éxitos fueron escritos en colaboración entre los miembros del grupo y su productor, pero lo que caracterizó al conjunto y lo convirtió en el más influyente de los de la Costa Este fue el incomparable falsete de su cantante principal, Frankie Valli.

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Los vientos del cambio eran aún sutiles en 1962 y procedían de allende el Atlántico. En Liverpool, un energético circuito de clubes estaba en pleno funcionamiento, y un ejército de grupos de rock estaba listo a lanzarse a la conquista de la Gran Bretaña, primero, y del mundo, después. Al frente de ellos, preparándose para dirigir el ataque, se hallaba un cuarteto destinado a convertirse en el más famoso grupo musical de toda la historia: los Beatles.

Su repertorio estaba compuesto casi enteramente por rock y r&b procedente de los Estados Unidos, pero en esa época poseían ya un cierto número de notables canciones de su propia cosecha. Dos de ellas: “Love Me Do” y “P.S. I Love You” fueron escogidas para su primer sencillo, grabado en noviembre de 1962. Nadie tenía idea de lo que iba a suceder al año siguiente.

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El hecho de que Tommy Roe, con “Sheila”, fuera el intérprete de más éxito aparecido en 1962 es un hecho indicativo del declive del rock estadounidense. Muchos jóvenes aspirantes a músicos buscaron otros caminos. Para ellos, la respuesta estaba en la música folk, ya que por debajo de la superficialidad comercial entonces en desarrollo había en ella una profundidad capaz de motivar la exploración y sostener el interés.

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Bob Dylan, en sus tempranas actuaciones en clubes locales de Nueva York, usó material tradicional, viejos blues campiranos y de su ídolo Woody Guthrie. Esto se reflejó en su primer álbum, Bob Dylan, de marzo de 1962, que contenía el tema “Blowin’ in the Wind”, que se convertiría en el himno del movimiento pro derechos civiles. Había nacido el primer poeta del rock and roll.

VIDEO SUGERIDO: Bob Dylan – See That My Grave Is Kept Clean (1961), YouTube (Peter Sugarman)

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GARAGE/40

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LO RETRO

 El garage revival cobró nuevas fuerzas en la época de los noventa. Hacia 1996-1997 la corriente se había convertido en un movimiento de dimensiones mundiales. Grupos de todos los puntos cardinales del planeta confluyen en los sellos discográficos pequeños para sustentar sus necesidades expresivas. Y fue gracias a estas compañías diminutas que dicho movimiento revivalista nutrió la voracidad de la industria mayor por tal música.

Nombres de grupos como The Lyres, Fleshtones, Fuzztones, Headcoates, fueron moneda común en el mundo del garage. El surf-rock, el soul, el pop y el garage sesentero, nutrían con su savia los organismos que conformaban los nuevos grupos, quienes echaban mano de la estética de antaño en la espiral ininterrumpida del rock durante cuatro décadas. El fin del siglo y del milenio inquietaban aún más las existencias.

El sonido surgido como del fondo de una lata, con pegajosos riffs de la guitarra emulando a los viejos ídolos del rhytmn and blues clásico, las líricas sexoamorosas, la inspiración en el frat, la finalidad bailable de las ejecuciones, el Merseybeat renavegado, la vuelta al trío de guitarra, bajo y batería o al cuarteto con teclados, le agregan otra muesca al fenómeno que para nada disminuye su fuerza, al contrario, cobra nuevas energías.

Uniendo todos los factores mencionados se puede obtener una razón para la existencia de miles de bandas alrededor del mundo, que graban sus demos en las salas de sus casas gracias a la democratización de la tecnología, la cual le permite a cualquier adolescente acceder al ciclo giratorio de la producción a muy bajo costo. De esta forma los sencillos circulan y facilitan su exposición y engrandecen la oferta y la demanda.

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Las listas de hits locales adquieren importancia. La luz del mainstream ilumina los aspectos que más le agradan de la corriente y evita cualquier asomo a las catacumbas, al abismo o a los rincones sórdidos donde supuran sonidos más reales, crudos y rijosos. De esta forma suben a la palestra grupos con nombres como Flaming Stars, The Humpers, Save Ferris o Revillos. El lado soleado de la calle.

Sin embargo, el revival mantiene su lado auténtico, el de los tipos y las tipas que quieren tocar para divertirse y para que los demás también se diviertan, liguen, se rían, se embriaguen. Tienen la diversión y el sexo como sus motivos principales y eso hace que se sigan reuniendo en los garages del rumbo para evocar a sus ídolos de la música negra y crear, ¿por qué no?, el hit del momento.

El revival se cuela por todos los intersticios de la efervescencia post-rock de fines de los noventa, y lo hace, por supuesto también, con el rock instrumental que a pesar de no ser difundido por los canales del mainstream ordinarios (radio, MTV), debido a que no hay estribillos que cantar o slogans machacones, continúa teniendo aceptación entre los fans que lo interpretan y escuchan sobre todo en los clubes y antros para bailar.

El resurgimiento, la réplica, el estilo y el look. Con tales ingredientes el garage se divierte y nutre al movimiento revivalista del segundo lustro noventero.

 VIDEO SUGERIDO: The Smithereens “Strangers When We Meet”, YouTube (William McKeekan Jr)

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GARAGE 40 (REMATE)

JULIO TORRI (RODAR Y RODAR)

Por SERGIO MONSALVO C.

JULIO TORRI (PORTADA)

 DIFUNTO QUE GOZA DE CABAL SALUD*

 “Toda la historia de la vida de un hombre está en su actitud”

Julio Torri

Un viejo y sabio poeta (ensayista, novelista y muchas cosas más), escribió que ante la falta de seriedad de la mayor parte de la humanidad, los hombres serios han adoptado diferentes posturas. La primera, una especie de tolerancia intelectual, que se traduce en una forma superior de la sonrisa, tan cauta, que los hombres poco serios, por exceso de seriedad, ni se percatan siquiera, y presumen de que se les toma en serio. Es lo que se llama ironía.

La segunda, es una especie de simpatía sentimental y cordial hacia la falta de seriedad de los demás hombres, y como un deseo arrebatado por estrechar la hermandad humana, tomando en serio su falta de seriedad, y dejando de tomarse en serio a sí mismo. Es lo que se llama humorismo.

Y la tercera, una especie de vehemencia intelectual al emplear la propia inteligencia en aquello en que los demás no la usan, o sea, en corregir la falsa y vana seriedad, reduciendo la infatuación personal a su justa medida y señalando las ficciones como tales. Es lo que se llama sátira.

Las tres posturas fueron siempre los ingredientes de la breve pero excelente obra de Julio Torri (1889-1970), uno de los escritores mexicanos más finos y delicados, cuya obra es corta pero llena de fulgores y de señas, hija de la curiosidad y la ironía, delgado y oblicuo reflejo del espectáculo de la vida.

“Todos somos un hombre que vive y un hombre que mira…—escribió—.  Nos interesamos en el vivir como por el desarrollo de una novela; novela singular en la que el protagonista y el lector son una misma persona; novela que leemos a veces de mala gana, y cuya narración se anima muy de tarde en tarde…  El actor es siempre esclavo del espectador y en los hombres extravagantes esta esclavitud se vuelve tiránica. Representa el actor en nosotros la pequeña sabiduría y lo mueven exclusivamente bajos intereses…El espectador, al revés, piensa ante toda pérdida en variar…  Para él perder es como abrir una ventana a las sorpresas”.

 *Fragmento del libro Julio Torri (2 textos: Muerto que goza de cabal salud / Rodar y Rodar), publicado por la Editorial Doble A.

 

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Julio Torri

 

Julio Torri

(Rodar y Rodar)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2019

 

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BIRD

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL BIOPIC FALLIDO

La película Bird (1988) nos dice que la obra de Charlie Parker era grande, pero no explica nunca los criterios por los cuales se mide la grandeza en el jazz, o la de Parker en particular: Tales criterios son la sonoridad y el espíritu, el binomio indiscutible.

Cuando la gente ve la película escucha también la música. Con el soundtrack de Bird, Clint Eastwood y Lennie Niehaus –sus realizadores– debieron haber pensado que su única opción era la de “corregir” las grabaciones de Parker (la carrera del músico se desarrolló antes de darse los avances tecnológicos en los que los consumidores de discos y de cine insisten hoy en día).

Quizá hubiera sido más fácil contratar a un saxofonista que tocara por Forest Whitaker, pero tal procedimiento hubiera ido en contra de la intención fundamental: convencer a los públicos contemporáneos del impacto revolucionario que inicialmente tuvo un estilo jazzístico que ha representado el status quo desde hace casi cuatro décadas.

Ninguno de los saxofonistas que actualmente tocan con el estilo de Parker hubiera sido capaz de igualar su virtuosismo en el instrumento, su imaginación armónica y resonancia tonal. El problema insuperable hubiera sido el de encontrar a un saxofonista capaz de tocar como Parker sin causar la impresión de estar reciclando tonadas de los años cuarenta.

Con todo, un sustituto de Parker hubiera sido preferible a lo que Eastwood y Niehaus produjeron al alterar la música de Parker, en el intento descaminado de revivirla. Sólo logran darle un sonido más fantasmal, a causa de la baja evidente en la calidad de grabación cada vez que comienza una improvisación (cabe admitir que esta falla es más obvia en el disco que en el cine, donde el ojo tiende a distraer al oído).

El término “solo”, utilizado con frecuencia para describir una improvisación de jazz con acompañamiento rítmico, resulta engañoso al insinuar que es posible aislar una improvisación del entorno en el que se desarrolla, sin entender que esas notas se acoplaban al tempo y al contexto móvil de un grupo.

Al eliminar de las grabaciones de Parker en el soundtrack a acompañantes como Miles Davis y Max Roach, la cinta borró la historia. Por mucho que Parker se haya adelantado a todos sus colegas salvo los mejores, el bebop constituía un movimiento en forma en el que los seguidores desempeñaban un papel tan significativo como el de los líderes.

La presión que los acompañantes de Parker debieron experimentar en el intento de mantenerse a la par tuvo significado en la emoción palpable de sus grabaciones. Es de comprender que Parker y sus “nuevos” acompañantes (para la banda sonora de la película) nunca logren un entendimiento comparable con aquél. ¿Cómo lo iban a lograr si 40 años mediaron entre sus respectivas sesiones en el estudio? Era imposible que esta empresa diera resultados satisfactorios, pero la elección aparentemente arbitraria de los músicos selló su suerte.

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John Guerin, un nombre común en los estudios de grabación de California cuya batería acompaña a Parker a veces en forma rutinaria y luego de manera dominante, no tenía por qué reemplazar a Max Roach. Al contrario de Guerin, el pianista Monty Alexander es muy consistente; siempre sudoroso, agitado y lleno de clichés, proporciona una acentuación rítmica demasiado enfática a las líneas de Parker.

Incluso cuando el acompañamiento proviene de músicos más o menos en la misma onda de Parker (incluyendo a los pianistas Walter Davis, Jr., y Barry Harris), el resultado es totalmente anacrónico, puesto que estos boperos actuales tocan con un estilo algo anticuado que Parker aún estaba en proceso de definir. El filme tiene la técnica Dolby y digital de su lado, pero Parker es el que comunica la sensación de riesgo, pese a su sonido borroso.

En sus apuntes para el cuadernillo del soundtrack, el crítico y fotógrafo Leonard Feather aportó un ejemplo clásico de lógica alrevesada al afirmar que el álbum le dio a Parker la oportunidad de tocar “al lado de hombres cuya compañía y su muerte prematura no le permitió disfrutar”. Creo que el placer fue exclusivamente para los músicos modernos, y Feather –amigo personal de Parker y uno de sus primeros defensores– debió ser el primero en admitirlo.

“Si [Parker] estuviera entre nosotros en la actualidad, indudablemente querría sonar así”, escribió Feather. Si Charlie Parker, que nació en 1920 y murió en 1955, hubiera estado vivo en 1988, fecha de estreno de la película, contaría con 68 años. Suponer que uno sabe más que eso es en definitiva una arrogante necedad que va a molestar y mucho a Feather en su tumba por toda la eternidad.

Si eso pasó con la sonoridad, lo biográfico también sufrió. Y no en cuanto a anécdotas, sino en lo que se refiere al espíritu de la música que Parker personificó. El bebop creó un lenguaje hablado y musical, un estilo generacional y una estética grupal para la que nunca hay referencia. Como la generalidad de los biopics musicales, éstos sólo se enfocan en el lado oscuro del biografiado y nunca en sus luminosidades, que es por lo que se le aprecia y recuerda. Para el arte que crearon no hay un qué ni un cómo. Jamás se explica ni reflexiona sobre la genialidad.

A los veinte años Charlie ya era un maestro absoluto de su instrumento, el sax alto; conocía perfectamente la armonía, que había estudiado por su cuenta, y era dueño y señor de una sonoridad potente, elaborada y definida: su propia voz, a través de la cual expresaría su visión del mundo y nos ayudaría a comprenderlo un poco más. Era un artista.

En la cinta siempre sale deprimido, exhausto, iracundo, cuando en realidad no lo era. Vivía para el momento, Aquí y ahora: era un hedonista consumado y no se preocupaba por futuro alguno, sentimiento existencial heredado de la situación de guerra y posguerra que experimentó aquella generación.

A Charlie le gustaba comer, le gustaba beber, le gustaban las mujeres, los excesos en todo ello y en la droga, y lo disfrutaba sin culpa alguna. No era el aprehensivo que Eastwood reflejó en la pantalla. Una lástima que personaje semejante se le haya escapado a un buen director, que también es músico y gran degustador del jazz. La mano en la producción y colaboración de la viuda de Charlie en el guión tuvo mucho que ver en ello.

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JERSEY BEAT

Por SERGIO MONSALVO C.

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 THE MUSIC OF FRANKIE VALLI & THE FOUR SEASONS

 New Jersey se encuentra entre los estados de Nueva York y Pensilvania y tiene frente a sí al océano Atlántico, con puertos estratégicos para el movimiento de productos, así como a los ríos Hudson y Delawere para lo mismo. Sus playas son atracción turística, interna e internacional, desde hace casi un siglo y un gran generador de ingresos para la zona.

Debido a ello, sus jóvenes músicos han tenido el espacio necesario (en clubes, restaurantes, auditorios, etcétera, a lo largo de sus playas) para exponer sus ideas y adquirir experiencia escénica, dando como resultado la creación de un sonido particular conocido como “Jersey Shore Sound”. Pero no sólo la economía ha tenido que ver con ello. La demografía, por su parte, ha aportado el elemento cohesionador para tal resultado.

Su población de nueve millones de habitantes se ha forjado con la inmigración paulatina de diversas culturas: hispanohablante, china, haitiana y fundamentalmente italiana. Esta variedad étnica ha propiciado la mezcla y asimilación de sonoridades variopintas, entre otras de las piezas que la conforman.

El Jersey Shore Sound se ha erigido a lo largo de más de medio siglo en un auténtico género musical por derecho propio. Diferentes épocas y representantes lo han colocado dentro de la historia del pop, el rock y otras vertientes. Y su presencia ha sido notoria a través de las décadas, al igual que su influencia.

Las raíces de su arranque y evolución se hallan en el los años que van de 1958 a 1966. Es decir, la primera era beatle y de la Motown, teniendo al rhythm and blues como manantial primigenio y sustentador. Y su síntesis llegó al clímax en la década de los ochenta (con Bruce Springsteen), dando lugar desde entonces a desarrollos más avanzados y al conocimiento mundial de sus formas y nombres.

El r&b en su manifestación de doo-wop fue el crisol donde se forjó dicho sonido a finales de los años cincuenta, producto de una cultura netamente urbana, con la influencia manifiesta de grupos negros de esta especialidad procedentes de las dos Carolinas y de Filadelfia, lugares donde se creó tal estilo. Aquí no fue el Mississippi sino el Hudson, el río tutelar para la difusión de tal expresión artística.

Una vez que el doo-wop desembarcó en New Jersey fueron los italoamericanos, en específico, quienes lo tomaron para sí y lo unieron a sus propias tradiciones vocales. Pulularon entonces los cuartetos por doquier. No había bar, club o auditorio donde no se presentaran constantemente formaciones de dicha naturaleza ambientando a los públicos tanto nativos como vacacionales.

Sin embargo, fue el de Frankie Valli & The Four Seasons el que destacó sobre todos los demás. Y el que impuso las pautas a seguir de lo que sería una marca del estado con registro de autenticidad en el origen.

El cantante Frankie Valli fue el centro de atención de los Four Seasons, un cuarteto que durante los años sesenta, y luego de manera discontinua en los setenta, colocó infinidad de éxitos en los más altos lugares de la listas de popularidad, con su característico sonido (aportación al doo-wop blanco), apuntalado por el reconocido falsete de Valli.

La caja recopilatoria de su obra titulada Jersey Beat… The Music Of Frankie Valli & the 4 Seasons es la más completa y satisfactoria antología que se haya hecho sobre este grupo. Historia sonora de una épica musical.

Además de los tres CD’s , la exhaustiva compilación incluye un DVD que abarca desde los primeros días de su fundación hasta la tour a nivel mundial que Frankie Valli llevó a cabo con la edición más reciente de la formación con tal nombre (y distintos componentes) en el año 2007.

Misma fecha que marcó la aparición en los escenarios de Broadway del musical Jersey Boys, fundamentado en tal caja y con un éxito de crítica y público que lo mantuvo mucho tiempo en cartelera y luego en el cine con un (fallido) biopic de Clint Eastwood.

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Tornamesa

EL DÍA DE LOS ESCORPIONES

Por SERGIO MONSALVO C.

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 Al mediodía de aquel 23 de marzo de 1994 era la cita con los integrantes del grupo Scorpions en el Salón Andrómeda del Hotel Nikko, ubicado en la Avenida Reforma de la Ciudad de México.

Un pequeño grupo de periodistas especializados nos reunimos en el habitáculo donde ya se instalaban cámaras, micrófonos y grabadoras. El grupo alemán llegó casi puntual y dispuesto. Klaus Meine, el cantante, llevaba una boina que pudorosamente le tapaba la muy avanzada calvicie. El cuero negro y los estoperoles eran su atuendo preponderante.

Este grupo germano fue fundado en 1965 por Rudolf Schenker en Hannover. Con una formación cambiante a lo largo de los años, se han dedicado a tocar un heavy metal que destaca por la excelente labor de sus diversos guitarristas; la del líder y autor de las composiciones duras y severas; por la voz de Meine que no se ha cansado de vibrar, y en contraparte también por la contradicción de incluir piezas seductoras, baladas inofensivas en su repertorio. No todo en la tierra del Metal es parranda y anécdotas depravadas. También laten los corazones con el acicate amoroso.

Ante cada nuevo álbum, estos alemanes siempre se encuentran con el mismo dilema: satisfacer al mismo tiempo a los batallones de rabiosos que sólo quieren ver en ellos a los feroces creadores de un subgénero voraz, y a las cohortes menos iracundas del gran público, esperanzadas a dejarse derretir dulcemente por sus insinuantes ternezas. Difícil paradoja que requiere de mucha habilidad.

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Y ahí estaban ahora, ante nosotros, la prensa, con motivo de su primera visita al país.

Como siempre hubo algunas preguntas idiotas y babosas de parte de los representantes de las revistas para niñas y adolescentes y de las televisiones privadas, así como las fallas acostumbradas del intérprete. No obstante, destacaron un par de cuestionamientos de los medios escritos que ubicaron el contexto de los Scorpions en su real medida.

Una de las preguntas (de un colega) fue que ¿cuál era su sentir ante el derrumbamiento del Muro de Berlín y sus secuelas? Y la otra (mía): ¿qué opinaban de las declaraciones de Günter Grass al respecto de la reunificación alemana, y sobre la xenofobia ideológica y racial que se había desatado en su país recientemente, con la llegada de tantos europeos orientales?

Sobre la caída del Muro, Rudolf Schenker opinó, con una serie de frases hechas y lugares comunes: felicidad, hermandad, momento histórico, esperanza, etcétera, etcétera. Ya todo tomaba el curso de lo anodino y lo banalmente simpático, cuando se le inquirió a contestar la segunda pregunta. Ahí guardó un largo silencio y luego expresó algo así como: “…No sabría qué decir…” Al auxilio de su compañero acudió Klaus Meine, el cantante, quien dijo: “Creo que Günter Grass es un amargado y un tipo sin amor por su patria”. La sentencia quedó flotando en el aire.

VIDEO SUGERIDO: Scorpions – Belive In Love (Official Music Video), YouTube (Scorpions)

Pedí la palabra y le expresé que me parecían palabras muy duras contra un intelectual que había dado, con su obra y opiniones, un aire fresco a la literatura y a la crítica de su país, y cuyas exactas visiones habían sido merecedoras del Premio Nobel y otros reconocimientos humanísticos.

Aquí habría que hacer un paréntesis para dar a conocer lo que Günter Grass escribió al respecto de los efectos de la unificación:

“Los políticos en el poder –señalaba Grass– no se dan por satisfechos con la derrota del opositor ideológico, sino que también quieren verlo desaparecer, llegar a su fin. Ésta es una característica que siempre compartieron capitalistas y comunistas: condenar, en forma tajante, cualquier opción diferente a ellos.

“Por eso cualquier señalamiento sobre la autonomía que la Alemania Oriental haya ganado mediante la lucha de sus ciudadanos, fue sepultada por la propaganda. La conciencia de sí como pueblo, que a pesar de los cuarenta años de represión fue desarrollándose poco a poco y por fin se impuso en forma revolucionaria al principio de la presente década, sólo es mencionada con letra menuda.

“¿Quién no va a levantar los puños y enfrentarse ante tal indecencia? Evidentemente es muy poco para ellos –los políticos– constituir tan sólo una nación respetuosa de las diversidades”. Hasta aquí Grass.

Regresando a la conferencia de prensa con los Scorpions, el cantante, contrariado, argumentó que de cualquier manera ellos se la pasaban de gira casi todo el tiempo, y tampoco recibían muchas noticias de lo que ocurría en Alemania en fechas recientes: “Es cosa de los políticos. Nosotros somos músicos”. De la xenofobia opinó que estaba muy mal y que habría que hacer algo al respecto. Dio rápido las gracias por la asistencia y les señaló a sus compañeros y promotores la salida del recinto.

Aquel 23 de marzo en la noche, el Palacio de los Deportes fue una auténtica olla express. Fue un gran concierto el que los Scorpions ofrecieron ante un  repleto foro. Afuera, mientras tanto, se confirmaba la noticia del asesinato de Luis Donaldo Colosio, aspirante a la Presidencia de la República. La zozobra y la desazón hicieron presa del país. El respeto a las diversidades, que pedía Grass a los gobernantes en su ensayo, en esta geografía tercermundista también se rompía brutalmente, y como nunca la política y la criminalidad dejaron sentir su contubernio. La lista de bajas sólo comenzaba (Habría desde entonces y hasta hoy cientos de miles de fenecidos por ambas causas).

Siglos hace que a un griego llamado Platón se le ocurrió estudiar cómo se ordenaría políticamente a un grupo humano en el que prevaleciera el individualismo. La forma, dijo, recibirá el nombre de Democracia y sus sostenes serán la libertad y la igualdad.

En la época actual la democracia es lo que se supone vivimos nominalmente, puesto que es el dogma político al que el mundo entero rinde pleitesía, aunque su presencia regular brille por su ausencia. Carente de moral, muchas veces la democracia se extralimita en las funciones para conservar el poder. No imparte justicia sino que separa sus intereses. Y cuando éstos se contraponen se vuelve del dominio común que el régimen produce dirigentes con un margen insospechado para hacer lo que se les dé la gana, y la masa de gobernados sufre las consecuencias gracias a su propio voto.

Entre las consecuencias se encuentran la violencia y el crimen como apuntaladores del sistema. Al respecto se sabe que el crimen es una arma esgrimida para ocupar el poder y para conservarlo, pero eso no es todo. Los mismos métodos se utilizan en igualdad tanto para el vulgar raterillo como para el opositor político. Ahí, en el uso de los mismos métodos para eliminarlos, es en donde radica tal democracia.

Y diariamente se comprueba que en el juego inseguro e insolente de la política en el que nos han enseñado a confiar crédulamente el porvenir, los únicos que salen beneficiados son esos profesionales del quebranto llamados “políticos”.

Alguien lo señaló: “El asesinato de Luis Donaldo Colosio fue un crimen de origen oligárquico”. Alguien lo dijo: “El asesinato de todos los demás es de origen político”. Las voces desde entonces siguen escuchándose. Las diversidades acallándose violentamente, sin los vientos de cambio (“Wind of Change”) a los que alguna vez le cantaron los Scorpions.

VIDEO SUGERIDO: Scorpions – Wind Of Change, YouTube (Musicancion)

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JANELLE MONÁE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL COMPROMISO

La música de la negritud afroamericana del siglo XXI nació mezclada y ahí han vivido desde entonces sus más importantes manifestaciones. Creció con los textos de James Baldwin, Walter Mosley o Toni Morrison y las canciones de rap, r&b, cool jazz, pop y hip hop.

Tal música es también la literatura de Raymond Chandler con un beat de fondo; usando descripciones desnudas y duras de la vida en la ciudad: crónicas que no tienen miedo a decirlo todo (sobre el racismo, la sexualidad, la represión estatal, el separatismo). Descripciones, tanto de la vida exterior en la ciudad como del paisaje mental de sus individuos.

Ese es el compromiso del mundo musical de tales manifestaciones. Una de las más interesantes expresiones de las surgidas con el siglo, por su influencia no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Creció con el r&b de nuevo cuño, el rap, el pop y el renacimiento del cool jazz. Esas experiencias musicales fueron una gran inspiración para los nuevos creadores al empezar a escribir y componer.

Actualmente, dicha música es la voz “auténtica” de una generación desilusionada. Algunos ideólogos negros radicales en los Estados Unidos han afirmado que es la televisión de la comunidad negra; que los negros no están satisfechos con la información que reciben de los medios institucionales y por medio de ella la complementan con los avisos brindados por sus letras. Para eso se requiere ser totalmente honesto con los mensajes. Tal es el compromiso también musical.

Como en todo hay músicos auténticos y músicos impostores. Muchos de los primeros son increíbles y hacen una música magnífica (como Kendrick Lamar). Pero también hay representantes de la misma que propagan imágenes oportunistas (pornografía emocional) y de dudosa legitimidad (sobre el feminismo, la identidad, o la filiación política, como Beyoncé o Kanye West, por ejemplo) o en extremo violentas, sexistas, homófobas o antisociales (los gangstas).

Tales actitudes se basaban sobre todo en la agresividad sexual contra las mujeres y en su incitación a la violencia general con fines netamente lucrativos y comerciales. “Pura pose de adolescentes imbéciles”, han comentado algunos de sus ideólogos históricos al respecto (como The Last Poets, como muestra). Ellos argumentan que el r&b, el hip hop, el funk, como el rock, deben ir contra las convenciones, pero el aspecto sexista sólo beneficia los intereses de los productores amafiados y fomenta la opresión del sistema.

Nadie tiene necesidad de una cultura underground que haga cosas así. Pero también está la música que se dedica a crear reportajes realistas sobre las calles de la urbe, sobre la intimidad emocional de las personas, sobre su vida cotidiana o de personajes que no difieren mucho de los de una novela, como el caso de Jenelle Monáe.

VIDEO SUGERIDO: Janelle Monae – Sir Greendown – (The Arch Android 2010), YouTube (TrippinginDenver)

Con ella (una mujer nacida en Kansas City en 1985) la mezcla genérica le agrega a la realidad un nuevo beat de fondo, para gente que además de escuchar música y/o bailarla, pone el cerebro a funcionar.

Ella ha revolcado el lenguaje convencional de dicha música para ponerlo a otro nivel, ha creado un mundo donde la ficción se funde con la realidad, donde los androides optan y actúan (como en sus dos primeros discos: The ArchAndroi, del 2010 y The Eectric Lady, del 2013 o su EP: Metroplis, Suite I: The Chase, con la clara ascendencia en su estética del cineasta Fritz Lang).

En sus manos, ese mundo se convirtió en un instrumento de liberación identitaria del que hizo gala en el siguiente: Dirty Computer (2018), tanto para crear su propio hábitat lleno de paradojas, o bien para excluir al mundo “superfluo” de afuera.

Si los creadores afroamericanos de los años noventa llevaron la inventiva lingüística un paso más allá: crearon toda una subcultura basada en el manoseo del idioma inglés, expresándola mediante ingeniosos juegos de palabra y una eficaz rítmica. En igual medida, en el siglo XXI, la experimentación con ello que hace Monáe ha elevado el listón con sus relatos y testimonios.

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Con ella, entre sus mejores representantes, el espacio musical cúbico entre el funk, el soul, el hip hop o el r&b,  cuenta la historia de una generación global que ha vivido a la deriva, en la incertidumbre sociopolítica, perdida dentro de comunidades deterioradas por la economía, por el regreso de actitudes derechistas y reaccionarias o de retorcido izquierdismo (plagado de lo políticamente correcto), por el populismo rampante, el separatismo fascista, la posverdad y otras cuestiones derivadas de la fragmentación o manipulación de la realidad.

Al proyectar su ira, experiencias y necesidades, los auténticos, los verdaderos artistas de la música afroamericana, como Janelle Monáe, han inyectado poder a toda una generación y llegado a la gente donde el sistema de educación, las iglesias y las organizaciones políticas establecidas han fracasado. Más que música para bailar, la suya es hoy por hoy un movimiento cultural.

Su sonido. Sus collages auditivos, con sus remolinos de beats sobrecogen la mente. Pero la verdadera atracción es la letra, densa, con doble (y muchas veces) triple sentido y sincopada con ritmos asimétricos. Las palabras y frases son familiares, quizá, pero su significado se ha echado a volar por senderos nuevos.

La pasión, la sinceridad y su ritmo han atraído a muchos de fans que no son únicamente negros, pero que viven igualmente en zonas urbanas. Ya son hombres y mujeres que abarcan todas las razas, viven en el centro de las ciudades y pertenecen a todas las edades.

La música de Janelle Monáe –además de la moda, el humor, la actitud y la forma de vida que la rodean, incluyendo sus influencias del Northern soul, del pop electrónico y de la escuela de Prince– es más que beats funky y rimas ingeniosas o punzantes. La suya es una inexorable fuerza de cultura contemporánea. Es también una forma de vestir, de peinarse, de construirse una y otra vez y un modo de ver el mundo que se expresa en la voluntad de las audacias musicales y en su contenido de activismo social.

VIDEO SUGERIDO: Janelle Monáe – Dirty Computer (feat. Brian Wilson), YouTube (Janelle Monáe)

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